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Hoy no ha pasado nada

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Estoy en Bilbao, patinando cerca del Guggenheim cuando suena la alarma del móvil. Son las seis y media, es Tokyo y estoy durmiendo encima de dos futones.

Atraso por dos veces la hora de levantarme, media hora cada vez, y cuando por fin lo consigo, enciendo el ordenador y de mientras voy a la cocina a preparar café.

Con la taza en la mano, voy directo a leer los nuevos comentarios del blog. Releo siempre el post y después, ayudado por sorbos de café, consigo despertarme del todo con vuestras palabras.

Hoy el ipod ha dejado de funcionar, el domingo fue el móvil, y la semana pasada el ordenador de la oficina murió sin dejar testamento. Estoy empezando a preocuparme.

Leo un mail de Bea con propuestas e ideas para Ikusuki, es largo pero lo leo con ilusión. Además veo que ha llegado un nuevo pedido que se va para Barcelona, y que ella ya se ha encargado de preparar. Jordi nos dice que da gusto tratar con nosotros, y una sonrisa boba se me estanca en los labios por un rato.

Salgo casi corriendo por la puerta, otra vez ando tarde, pero hace calor, así que decido retrasar todavía más mi llegada a la oficina quitándome la chaqueta y metiendo lo de los bolsillos en una mochila. Hoy en camisa, como los de Bilbao.

Voy andando a la estación sin escuchar música, y descubro los sonidos de mi calle por la mañana. Hay niños esperando al autobús, y cuando llega, las madres hacen reverencias a la conductora. Me aparto cuando otras madres pasan con uno, dos e incluso tres niños que llevan en asientos en la bici. Nunca dejan de sorprenderme.

Decido que hoy no voy a tomar más cafés, así que esquivo las siete u ocho máquinas que me encuentro, y finalmente llego a la estación. Como cada mañana, la gente corre, y yo por inercia hago lo mismo. Y como casi cada mañana, es un esfuerzo inútil porque todavía quedan unos minutos para que salga el tren.

Encuentro asiento, y decido practicar unos cuantos kanjis en mi Nintendo DS, nunca habría pensado que me iba a ser tan útil para aprender japonés. En el tren hay de todo: gente que duerme, otros con el móvil o con libros, algunos con la mirada perdida… vidas diferentes unidas por la misma rutina día tras día.


Llego a la oficina, saludo, ficho, me siento en el ordenador. Contesto a algunos mails de clientes, y dedico la mañana a programar en php. Entre medias, mis colegas de twitter me cuentan lo que sea, pero en castellano, lo que me hace sentir un poco menos extranjero.

A la hora de comer vamos todos juntos a comprar algo, ayer nadie tuvo ganas de cocinar. Yo como en mi ordenador porque tengo mucho trabajo y quiero acabar lo antes posible.

Por la tarde, mientras mis compañeros van y vienen de visitar clientes, yo sigo en mi sitio programando y twitteando. Cuando me quiero dar cuenta, son las ocho de la tarde, pero como he entrado a las diez de la mañana, es coherente.

Ficho, cojo el tren de vuelta con Nintendo DS incluida, y llego a casa. Ceno, y de mientras veo el segundo capítulo de Galáctica. Al acabar, reviso el correo, me doy cuenta del montón de mails que tengo sin contestar, pero los párpados se me cierran.

Antes decido escribir esto, para desengañar un poquito a todos los que piensan que vivir en Tokyo es toda una aventura. Hoy ha sido un día muy normal, no ha pasado nada especial, y estos son los días más habituales.

Pero no ha sido un día malo.

Alquila un perro

Iba yo paseando por la playa de Odaiba, cuando me encontré este local:

Resulta que si tienes envidia, puedes alquilar un perrillo ahí un par de horas y pasearlo como si fuese tuyo!!. La leche, pobre perro!. Yo si alquilase uno, le pondría el nombre que a mi me diese la gana, como Ikusuko o algo así. Y claro, si todos hacemos lo mismo, el perro tiene que tener un jaleo en su cabeza del copón!!, no sabe ni como se llama, ni a quien tiene que seguir, ni ná de ná.

Así que se limitará a correr por ahí y dejar su marca de la casa en las esquinas, porque por mucho de alquiler que sea, digo yo que tendrá que hacer sus cosas, ¿no?. Esto me hace plantearme otra cosa: ¿te vendrá con kit recoge premios?, o igual es un extra. Lo mismo si pagas un poco más te entran en el kit una rama de árbol y dos metros más de correa extensible…

Qué cosas!

El día que estuve con Lekesan, estuve jugando un rato con su hijo y de repente me vi rodeado de japonesas diciendo «kawaiiii»… Así que igual el futuro pasa por ahí, por alquilar niños para ligar!!! (la verdad es que el hijo de Leke es mucho hijo de Leke!)

Autobombo

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Presumo. Quiero presumir porque veo cosas que no me gustan, y por eso presumo de que me gusta lo que veo cuando voy a mi blog. IkuSuki. Ni más ni menos.

En mi blog cuento cosas que me han pasado, no me invento nada. Pongo fotos que he sacado yo, casi nunca he utilizado las que no son mías, y si lo he hecho, recuerdo un par de ocasiones, siempre siempre digo de dónde las he pispiao. Igual pasa con los videos.

Nunca he copiado una entrada de ningún otro blog, o como excusean otros «me he hecho eco». Ni lo haré. No lo necesito y no me aporta nada.

Puedo presumir de actualizar diariamente el 90% de las semanas y a veces los fines de semana, como hoy. Todo a pesar de que trabajo en dos empresas distintas, voy a Karate, estudio japonés, cocino mi comida, me plancho mi ropa y hasta me ducho sólo, pero nunca descuido el blog porque de todo lo que hago durante el día, es lo que más me llena. Además, cuido especialmente la ortografía, siempre repaso mis posts al menos tres veces.

Es el blog de Ikusuki, por lo que la única publicidad que hay y habrá es de nuestras camisetas ya que por eso se creo todo. Presumo, presumimos, de no infectar el blog y nunca lo haremos.

Empecé con veinte visitas diarias y hoy son más de doscientas. Y son doscientas personas a las que, me imagino, les gusta lo que ven. Eso hace que me sienta muy orgulloso, porque siempre he escrito lo que he querido, nunca he tratado de ir de experto sobre la cultura japonesa, ni sobre nada. No voy por ahí dándomelas de listo hablando de cosas que no se. Simplemente cuento lo que veo tal y como lo veo, lo que me pasa, lo que vivo tal y como lo vivo.

Tampoco me importa expresar mi sentimientos, soy transparente y me gusta serlo. Si estoy triste, me saldrá una historia triste. Si he vivido algo increíble, lo contaré con emoción, si he visto algo que me ha llamado la atención, le sacaré una foto y la pondré aquí con algún comentario que se me ocurra, y espero que siempre pueda reírme de mi mismo bien a gusto.

Leyendo cada post podréis intuir perfectamente cual es mi estado de ánimo en ese momento.

Alardeo de que Nora ha utilizado dos entradas mías para su blog, y aunque ella ha tenido mil comentarios más que mis entradas originales, estoy tan orgulloso de ellos como de los míos. Admiro cada uno de sus posts, así que el que se haya fijado en algunos míos es algo de lo que puedo presumir.

He leído por internet de otros blogs que hablan de mí, y me siento orgulloso y agradecido. Tanto como con los comentarios que me dejáis y que me encanta contestar.

Por todo ello, presumo de Ikusuki.

El día que abra el blog y no me guste lo que vea, será el día en que deje de escribir.

Será la primera y última vez que me tiro flores. El camino a seguir lo tengo bien claro.

El biplan

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Ya estamos, si es queeeee, que noooo, hombre que nooooo, que no he estado con un maromo y una maroma a la vez, anda queee.

El biplan es lo que había el domingo en mi barrio, que por una parte les dio por celebrar el 400 aniversario de la pagoda más antigua de Tokyo (anda que no os la he enseñao veces), y a la vez era el matsuri en la calle de al lado de casa.

Así que tuve que espabilar lo inespabilable para no perderme ni un momento de las juergas!!

Lo primero que hice fue ir a Honmonji, porque en mi calle todavía no había nada y el día que hizo fue de verano total (ya era hora, yujuuuu). Así que me planté en un tris, y allí lo que habían eran puestos de comida, chicas vestidas con kimonos, flores de cerezos por todo el suelo… un ambientillo chulísimo!! Para mi un matsuri es sinónimo de verbenilla: sus txoznas, sus puestos para los chavales… el mundo es pequeño, amigos!

También había allí una zona donde estaban enseñando a la gente que quisiera a servir el té, y cuando yo llegué había unas estudiantes ahí intentando hacerlo de buenas maneras. Entre los cerezos, el té, el templo y uno que tiene mucha imaginación, aquello parecía una peli!

Y después de zamparme unos manjarosos alimentos que tuvieron a bien venderme, me fui para el otro lado donde tenían montado un escenario y habían puesto esterillas en el suelo para que la gente se sentase ahí de público. Lo primero que vi fueron señores y señoras mayores cantando Enka, que es como si dijese que están cantando canciones de Jose Luis Perales, vamos, del año de la pera!!

Después, salieron unos chicos con unos chirimbolos y se ponían ahí a bailar con ellos, aquello parecía que era super pesao, y cuando las cintas esas golpeaban en lo metálico, se oía un ruido ahí chulo.

Y de repente van y dicen no se que de flamenco. Abriendo mis orejones lo más posible, me entero que hay un par de señoras que lo bailan y que en breve empieza la actuación. A un lado estaban cantando canciones de cuando Rompetechos veía, y en el otro lado había una señora japonesa con su mantilla y su vestido de topos bailando por bulerías!!!

Me hizo tanta gracia la situación que fui a hablar con ella en cuanto pude, y a ella le hizo también ilusión, así que nos sacaron una foto. La señora tiene un bar por allí cerca, y me ha invitado a que vaya. Yo pensaba que era por quedar bien, pero nos cambiamos los teléfonos y ayer me llamó para asegurarse de que iba a ir!!! jaja

 

La segunda parte del biplan, que para eso es bi, lo dejamos para mañana que tengo que cenar algoooo!!!

Hasta luego, pisha!

 

El trabajo de las estrellas – 星の仕事

He oído que por las noches las estrellas bajan
a recoger las flores de los cerezos.
Y que las guardan en el cielo.

Me han dicho que al año siguiente,
cuando todos duermen y el invierno está acabando,
vuelven a bajar.

Y que las meten dentro de los corazones de los árboles
para que broten de nuevo.

Dicen que a las estrellas les gusta ver a la gente feliz.
Aunque sean tres semanas al año.

Así que si una noche estás cerca de un cerezo y miras al cielo,
quizás veas una bajar, pero debes fingir que no la ves.

O se irá y habrás conseguido que el árbol
tenga una flor menos al año siguiente.

 

 

La mejor foto de marzo

Empezaba a hacer calor, así que me emocioné y esa tarde decidí intentar ir en bici a ver el mar desde mi casa. En teoría parecía estar cerca, y el sol me animó muchísimo. Así que empecé a pedalear para donde yo creía que era.

Tres horas más tarde, ya de noche, aparecí muy cerca del Rainbow Bridge. Era una zona industrial, y yo apoyé la bici en la valla de una fábrica. Saqué una lata de café caliente, y frotando con ella mis manos, me dejé hipnotizar por el baile de luces rojas de los edificios y el susurro del agua movida por el viento. Sintiéndome orgulloso de haber llegado allí por mis propios medios, busqué el móvil con la intención de sacar una foto y enviársela a algún compañero de oficina, pero se había quedado sin batería.

Y entonces una sensación de soledad infinita se apoderó de mi. No era tristeza, sino que fui capaz de sentir que estaba totalmente solo en aquél lugar. Miré al cielo y no vi estrellas, miré a mi alrededor y no había nadie, ni siquiera parecía haber vida dentro de aquel mar.

Me dejé llevar por lo que veía, por lo que escuchaba… por lo que sentía. Quizás estuve inmóvil treinta minutos, o quizás fueron cinco, pero cuando volví a coger el manillar de la bici, fue como si despertase.

Tardé algo menos en llegar a casa, me dolían las piernas y tenía mucho frío. Después de darme un buen baño caliente, me metí en el futón. Mi cuerpo desfallecía de cansancio, pero por alguna extraña razón, me sentí en paz.

 

Mi vida en Japón en fotos:

Febrero
Enero
Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio

Que me han pillao!!

Buff, vengo que casi no llego. Esto no es normal, si metemos en una batidora a Pepe Viyuela, Mr Bean y Steve Urkel, salgo yo fijo!

Lo que me pasa a mi ya no tiene ni mote.

Estoy andando para casa enfrascao en mis mismamientos cuando veo algo delante de mi que viene a toda leche, levanto la vista y es una chica en bici que está haciendo yo que se qué con el móvil. Yo me aparto lo que puedo, pero a la izquierda hay un árbol y a la derecha está la pared, así que grito «abunai«, que en este caso es algo así como «mira palante, coño!«… y lo siguiente es que la bici me pega un baile en la pierna derecha que me tira al suelo. Además, como llevaba las manos en los bolsillos, me he pegao un ostión con el codo que me he quedado como Pau Gasol recién levantado: todo revirao!!!

Todo esto con un ruido del copón, porque la chica también se cae y se estampa contra el árbol, pero a ella le da tiempo a sacar las manos. De repente, y yo no entiendo de donde han salido, nos encontramos rodeados de un montón de gente que nos ayudan a levantarnos y nos preguntan si estamos bien.

La chica me hace mil reverencias, que si «gomen nasai«, que si estaba albardada, que si no se ha dao cuenta, que si yo que se. Y yo le digo que vale, que tranquila, que yo me voy yendo a casa a ver si el codo se sigue doblando o qué, pero que esté tranquila. Le pregunto si ella está bien y dice que ella no importa, que si yo estoy bien.

En fin, un par de quedabienes más tarde, me remango un poco el jersey y resulta que estaba sangrando, ella casi se me echa a llorar, me dice que no me vaya y se va corriendo. Yo me quedo con el club de fans del ikusuki ostiao insistiéndoles en que estoy bien, que muchas gracias, pero que ya vamos desfilando si eso que yo me quiero ir a mi casita (super majos todos).

En estas que aparece otra vez la aficionada en mandar SMS de «nomiropalantesivoyenbici» al 555 si quieres atropellar a un gaijin. Pero me viene con una bolsa del combini de al lado y me la da con tres reverencias y un torcimiento. La abro y hay una caja de tiritas y un paquete que no se muy bien lo que es.

Le doy las gracias, le digo que no hacía falta, nos intercambiamos cuatro frases tópico del estilo de «de qué país vienes?, cuanto llevas en Japón?, hablas japonés que pareces del mismisimo Yokohama a mano derecha…» y ya cada uno sigue por donde venía (unos más doblaos que otros).

Por el camino no me aguanto y abro el paquete… ¡¡¡ son bombones !!!.

Bombones que, por cierto, me he pimplao según venía y desdeluego han tenido su efecto: por un rato se me ha olvidado que tengo un moratón en el codo del copón de la baraja!!!

 

Cosas que he hecho en Japón

Ha pasado un año y mi vida es totalmente diferente. Se puede decir que no hago casi nada de lo que hacía en mi vida anterior: no como las mismas cosas, no hablo en mi idioma, no conduzco, no veo la tele, no leo el periódico ni ninguna revista, no he ido a ninguna boda, no voy al cine, casi no como fruta y casi nunca bebo vino.

Pero he aquí la lista de las cosas que he hecho en Tokyo:

 

Casi me bautizan y yo sin champú
Me encontré un ipod nano y no me lo llevé
La poli me dio chocolate y unos kleenex
Me estampé contra la Apple Store de Ginza y dejé los mocos en el cristal
Me dieron una patada en los huevos que me hicieron tenor
Salí por la radio en Navidad
Pasé mi primer examen de Karate en Tokyo
Se me quitaron las resacas
Fui al sumo
Salí de procesión portando un Omikoshi
Intenté subir al Fuji
Me hice fotos que no recuerdo
Descubrí las cucarachas
Me apunté a una agencia de modelos
Psicoanalicé a los de mi oficina
Viví el ambiente de unas elecciones
Hice una entrevista para doblar un videjuego y…
me cogieron y lo doblé!
He hecho más tortillas de patata que en toda mi vida
Quedé con el resto de bloguereros de Tokyo
Fui a un mercadillo en verano
Me compré un móvil
Me han confiscado tres paquetes por tener jamón, chorizo y/u/o lomo
Tuve que afrontar un choque cultural grande
Me apunté a Karate y aprendí a pasar el trapo
Vinieron los de la ETB y me hicieron una entrevista (y pagaron la comida)


Esto a parte de las excursiones, los videos y otras vivencias….

 

¡¡¡ No está nada mal !!!

 

Pesadilla

Hoy me ha vuelto a pasar. No importa que esté viviendo en Tokyo, en Bilbao o en Zalla, periódicamente tengo una pesadilla que me deja con un mal cuerpo horroroso.

Sueño que estoy durmiendo, pero que al día siguiente tengo un examen. Es un examen muy difícil y yo no he estudiado nada, así que me agobio, tanto que me quiero levantar para estudiar yo que se el qué.

Es un sueño tan real, que todavía siento angustia a pesar de saber perfectamente que es producto de mi traumatizado cerebro…

 

Rainbow Bridge a patita

El Rainbow Bridge, que suena a los osos amorosos pastelosos con voz de pito, es un peazo de puente clavao al de Mapfre pero en blanco y sin jubilaciones de por medio.

Los maeses hacedores de puentes lo acabaron en 1993, tiene 570 metros de largo y lleva ahí tres diferentes agujeros para que pasen cosas: una autopista de dos carriles pa cada lao, una autovía conocida como la avenida del puerto y las vías del Yurikamome, que es un monoraíl super cuco.

Une la Bahía de Tokyo con Odaiba, una isla ahí toda artificial. Epa, si ya os conté los trucos aquí aquí y aquí!

Bueno, pues cuando no he planeado nada para hacer, siempre hay dos alternativas: una es ir a Shibuya a tiendas de ropa a gastar perras, que soy peor que Gabrielle Solis con un bonozara. Y la otra es a Odaiba, siempre que haga buen tiempo, claro. Además me pilla bien, porque puedo coger el monorail en Shimbashi, que está en mi misma línea de tren.

Pero yo, que soy un fijón, me he dado cuenta que cuando pasamos por el puente se ve gente andando!. La primera vez pensé que eran guardias o así, pero noooo, que el otro día había un tío en niki y con gorra!! y más que poli parecía un latin king japonés (japan king?).

Así que el domingo, después de lo del tuitos, o tuikol, o tuirol o como se diga, me fui a Odaiba decidido totalmente a volver andando si fuese menester.

Y fue fue! Tienes dos rutas, dependiendo de si vas por la derecha o por la izquierda, y se tarda sus buenos veinte minutillos. Por un lado ves Tokyo, con la torre Eiffel esa que aquí la tienen más larga, y los rascacielos y tal. Y por el otro ves Odaiba, con los edificios tan chulos como el del Fuji TV. Y hagas lo que hagas, pues ves mar que para eso es un puente, copón!

Si pasáis un día en Odaiba, sólo tenéis que ir a la base del puente y andar. De verdad que lo recomiendo casi más que ir a las tiendas, que al fin y al cabo son tiendas!

Y que no me entere yo que no hacéis caso a los carteles, eh???

No dejéis de hacerlo!!! es mucho más bonito que, por ejemplo, subir a la Tokyo Tower…

 

 

Que casi me bautizan!

Jodé, que mal rollo. Estoy hasta nervioso todavía. Jodeeee, a ver si puedo dormir hoy algo.

Bueno, me remonto una hora en el tiempo para que reviváis conmigo el momento en el que …

¡¡¡ casi me bautizan así a palo seco y sin cenar !!!

Salgo de Karate, donde no he dado una hoy, me monto en el tren y recorro las dos estaciones que me separan de donde vivo yo. Este camino lo he descubierto no hace mucho y aunque me toca volver andando como unos veinte minutos, es mucho mejor que hacer el Tour de Tokyo que hacía antes cambiando de línea dos veces.

Total, me bajo, y voy escuchando mi ipod camino de mi casa. Cuando no he andado ni cinco minutos, me vienen dos japoneses (chico y chica) corriendo llamándome como locos. Me empiezan a hablar, que si tengo tiempo. Les digo que vale, y me hablan en el japonés de toda la vida, pero estilo el señor de los micromachines. Así que yo entiendo lo que entiendo: que me van a llevar a una escuela, y que a ver si tengo un poco de tiempo para escuchar una cosa. En mis entendederas aquello parecía una especie de obra de teatro, que querían que yo la escuchase y diese mi opinión.

¡¡¡Jodé, tengo que coger más los libros de japonés!!!

La virgen! y nunca mejor dicho!. Me llevan a un garito con un pedazo de cartel que pone «World Mission Society Church of God», me sientan en una mesa y me ponen a un tío negro con gafas, que era clavadito al doctor Preston de Anatomía de Grey. El japonés de antes me dice que si quiero un café, y yo pensando en que son las diez de la noche le digo que mejor agua. Agua, que ni pruebo ni ostias!

Entonces Preston va y saca una biblia en inglés. El tío tiene el libraco ahí marcado y subrayado, y me empieza a contar que si Dios no es solo un señor, que si hay una manifestación de Dios que es mujer, que esto el cristianismo lo ha ignorao, que claro que hay que descubrirlo al mundo… resumiendo, que en su iglesia a parte de dar ostias, ellos mismo son la ostia!

Yo al segundo de entrar ya estaba gilando por donde estaba la puerta y pensando en la excusa para largarme de allí más rápido que el correcaminos con descomposición. Pero Preston, que también se daba un aire a Bill Cosby pero cuarenta años menos, me presenta a otro tipo con una cara de más mala ostia que cuando Massiel se enteró de lo del Chikilicuatre ese y no le quedaban botellas de Whisky.

El tipo en cuestión era como un rapero de esos americanos negros enormes, con unos brazos como pitones y unos carrillos como manzanas. Y lo primero que se le ocurre decirme es «is interesting, isn’t it?». Jodé cualquiera le dice que no aquí a M.A., así que asiento. Por mi mente yo estaba ya urdiendo el plan de huida: vale, le digo al Dr. Burke que vivo lejos y que tengo que volver a casa andando y tal, pero que el rapero no se entere porque lo mismo le sienta mal que le veo entregao a la biblia esa que tiene delante del pecho ese que parece un edredón en su funda...

Así que cuando M.A. se marcha al baño, o a comer una ensalada de esteroides con proteínas, vete tu a saber, yo aprovecho y le digo al Dr. que me tengo que ir, que esto es todo muy bonito y que Dios es la ostia y el copón, y que no me vuelvo a ir de bares, pero que me marcho. Y el tío va y me dice que cuentan conmigo para la confirmación del viernes a las seis de la tarde, pero que es requisito que me bautice al nuevo credo.

A mi me da un yuyu, me entra lo que yo definiría como una carcajada seguida de una arcada y un hipo… Y le digo que vale, que me lo tengo que pensar, y me levanto ya enfilando la puerta.

Entonces va la japonesa, que resulta que era china al final, y se me pone en medio y me pide mi nombre y mi teléfono. Yo le digo que no se lo doy, que si eso ya me paso yo por allí con champú para aprovechar el viaje, pero que ya decido yo. Y ella me insiste, y yo pensando en M.A. Barracus que ya tiene que estar acabando la serie de mancuernas, le hago la culebra pasándola por un lado y me voy a la puerta.

Pero claro, estamos en Japón!! y me tengo que poner los zapatos, cosa que no entraba en el plan de huida!! Anibal Smith, cuanto bien harías poniendo una escuela!

Así que me pongo los zapatos a todo meter, para más bien salir de allí, cuando me encuentro a Preston, al Rapero, a la China y a otra que no se de donde coño ha salido, allí esperándome y poniéndome caras.

– ¿Entonces vienes el viernes?
– Ya veremos -digo mirando a MA y a su ceño que más que fruncido, estaba disecao
– Te esperamos, no puedes faltar, esto es una revelación
– Si si
– ¿Nos das tu teléfono?
– No, lo siento, prefiero no hacerlo
– Ah, pues espera -y va la tía y pone su teléfono en un panfleto en castellano que me da

Yo me largo de allí super emparanoiao pensando en que me están siguiendo. Tanto me he echo la picha un lío, que he dado tres vueltas tontas así entre casas antes de enfilar para la mía. Y ahora, cuando he llegao, me he encontrado a un tío, que seguramente no tenga nada que ver con esta historia, pero que iba andando para atrás. Era como hacer marcha, pero marcha atrás, vamos, andando de espaldas… os juro que he subido corriendo las escaleras!!!

Cerveza para niños

En mi barrio hay un Kitamura, que es como decir que un Eroski pero con nombre autóctononativo. El amigo Kita tiene que estar forrao, porque a parte del súper, tiene una inmobiliaria enfrente, y una tienda enoooorme con de todo al otro lado. Y viendo el dineral que me estoy gastando yo a costa de Ikusuki Investigación, seguro que abre un kiosko dentro de poco a mi costa! (comprad camisetas, que se me acaba el presupuestoooo!!!)

En fin, que ayer comprando en el Kita #1 una barra de pan para zamparme un paquetillo de salchichón que me mandó Bea (Empates! Bea-Maper-Mis padres 3, Perros del aeropuerto 3), cuando me encuentro con una cerveza para niños. Si tenemos en cuenta que es la bebida alcoholica que más se pimpla aquí con diferencia, es una buena idea para que los niños no tengan envidia!

Ibili Munduan

«Andando por el mundo». Este es el nombre que han elegido en mi pueblo para el blog que se han inventao. Se trata de animar a la gente jóven a que haga cosas, y para ello, están contactando con los que han vivido o viven en otros paises para que cuenten sus historias.

Héctor, que imita a Ozores como nadie, me mandó un mensaje para que contase un poco mi historia. A mi estas cosas me hacen mucha ilusión, el que se acuerden de mi, digo. Así que escribí un post y le mandé unas fotos, y el resultado lo podéis ver aquí:

Aunque yo no he escrito lo de Fujiyama, que conste! Héctor, que es Fujisan o Fuji a secas!!!! ay madre!!!

Conversación

Entro en el Seven Eleven.

– Bienvenido, buenas noches! (cuatro voces a la vez)

Voy a la caja, me atienden directamente, no hay cola.

– Perdón por hacerle esperar.

Pasa los productos por el código de barras, entre ellos hay dos cajas de chocolate preparados para regalo.

– ¿Le pongo una bolsa con los regalos a parte?
– Ah, si, por favor
– Perdone, le molesto de nuevo. ¿Le quito el precio?
– Oh, si, no me he dado cuenta, gracias
– Perdón

Saca una bolsa super chula de no se donde, me mete las cajas en la bolsa.

Perdón, le voy a cobrar de los 3403 yenes.

Me cobra, y me va a dar las vueltas

– Perdón por hacerle esperar, el cambio son 300 yenes

Le doy las gracias y me dirijo a la puerta, por el camino voy escuchando:

– Muchas gracias. Vuelva otra vez, por favor.

Y al «muchas gracias» le hacen eco otros tres del resto de empleados de la tienda.

 

Invitados especiales

Eloy y Marta, que se han venido a Japón de viaje de novietes. Que yo ni sabía que Eloy tenía novia y mucho menos que era tan maja!

Así que el miércoles me los llevé a cenar a un Izakaya en Shinjuku, y hoy hace una hora que nos hemos despedido en Roppongi al acabar de zamparnos un par de comibles en el restaurante de Kill Bill. Que, por cierto, les ha encantao!

Después de un año viviendo en Tokyo, con una vida totalmente distinta a la que tenía anteriormente, con gente que nada tiene que ver… el estar con alguien de mi «vida anterior» en lo que es ahora mi mundo ha sido muy extraño. Pero, a vez, me ha echo muchísima ilusión hacer de abuelo cebolleta contando mis historietas en mi idioma de siempre.

Es curioso que la última vez que comí con Eloy fue en Zamudio en mi despedida…

 

¡¡ Que lo paséis bien en las pedazo de excursiones que os quedan !!

El zoo de Ueno

Uy la leche pirula!
Había echo yo un montón de intentos de ir al zoo este que resulta que es el primero de todo Japón (mia que está leho hapooooon), y como lo cierran más pronto que las panaderías los domingos, pos nunca llegaba.
Así que este domingo me puse serio y me pegué un madrugón de estos que si me oye mi madre me da tres pescozones: a las 11 !!

Y para el zoo que me fuí!. Ueno está a tomar por saco de donde vivo yo, y encima el día anterior había ido a karate, así que estaba ya muy condicionao para que la galvana me invadiese al tercer o cuarto bisho.

Ueno tiene un parque que es famoso por los cerezos, y a parte del zoo, tiene un par de templos muy chulos y un lago enorme con nenúfares. Es un sitio bonito para pasear e ir en plan tranquilo, y además hay bastante ambientillo de gente haciendo historias: tocando música, haciendo magia… estoy yo planteándome hacer el gamba allí en medio a ver si me saco unas perrillas…

Bueno ya os contaré más del parque, vamos a centrarnos en el zoo (o «sú» como diría el yanki, yankiiiiiiiii, vocaliza!!!).

La entrada vale 600 pepinos japoneses, unos 4 frigodedos europeos, así que no es nada cara. Pero hay que andar rápido porque cierran a las cuatro. Está todo muy bien organizado, vamos que no te pierdes ningún bichejo porque la ruta está clara, y es el zoo más limpio que he visto en mi cómica y ridícula vida.

La atracción es el oso panda gigante, que es como el osito Misha pero sin pluma:

Allí hay más bichos que en el trastero de Torrente, y están super bien cuidados. Pero aquí va mi reflexión toscanil: los animales, como en todos los zoos, están apanaos. Están sobaos, atontaos y tienen la cara más triste que cuando le regalaron un espejo de cuerpo entero a Freddy Kruger. Estaban allí tiraos en el suelo pasando de todas las cámaras que les estaban sacando fotos (la mía incluida).

Así que me fui de allí con sentimientos encontrados. Por una parte me gustó ver animales tan raros y distintos, y por otra me daban unas ganas de pegarle unas patadas a las jaulas y que saliesen por ahí a correr y comer gente!!!!

Resulta que durante la segunda guerra mundial, el ejército japonés ordenó que se acabase con todos los animales peligrosos y salvajes del zoo porque tenían miedo de que las bombas de los americaninis lo alcanzaran y de repente se vieran ahí leones por las calles de Tokyo. El personal del zoo intentó que se trasladase a los animales a otro sitio, pero nada. Así que les dieron comida envenenada, y se recuerda especialmente la muerte de los tres elefantes que existían entonces (John, Tonky y Wanly).

Esto que os he contado en mi tono gilipoyesco característico, es verdad que pasó, así que más a mi favor en contra de los zoos (y de las guerras!).

Así que para toda esa gente que devora todos los blogs sosos sobre Japón que hay por ahí, aquí va mi ikuconsejo de hoy: si vais a estar poco tiempo en Tokyo, ¡no vayáis al zoo de Ueno!, aprovechad para ir a ver a los frikiplanets de Harajuku que gruñen parecido y encima es gratis!!

Echadle un párpado a esto:

 

Euskadi

Nací hace 31 años y unos cinco meses en Euskadi, en Zalla, un pueblo a unos 22 kilómetros de Bilbao. Mis padres son emigrantes, ellos vinieron literalmente con lo puesto desde Extremadura, y se establecieron aquí porque había trabajo en una fábrica papelera.

Recuerdo los días de colegio con mucho cariño, las clases de Euskera que, por alguna razón, se me daba bien, los capítulos de Dragon Ball en este idioma que mis padres sospechaban que fingía que entendía pero que no era así.

Me viene a la cabeza que me daba vergüenza ir con mi madre a los sitios porque nunca se ha podido quitar ese acento extremeño que tiene. Ahora pienso que ni falta que le hace (lo echo tanto de menos).

Los que fueron un año después al mismo instituto que yo pudieron elegir dar clases todo en Euskera, y yo sentía envidia porque era un idioma que me gustaba y pensaba que si practicaba, podría hablar con mucha más soltura de lo que lo hacía (que era sólo en las clases de Euskera y poco más).

Veía carteles por las calles, carteles enormes con fotos en blanco y negro de presos de ETA, pidiendo su acercamiento a cárceles de Euskadi. Carteles homenaje acusando al Gobierno de España, y ensalzando ideas que yo no conseguía entender, pero que, por prudencia, procuraba no cuestionar.

De vez en cuando, al salir de Karate, veía un grupo de gente en la plaza del pueblo con una pancarta puestos allí a favor de las mismas ideas. Yo, como el resto de los que íbamos de paso, seguíamos nuestro camino sin preocuparnos demasiado.

Una vez fuimos de campamento a un pueblo fuera del País Vasco y unos niños nos tiraron piedras porque éramos vascos, y nosotros no entendíamos nada.

Por aquel entonces estábamos casi acostumbrados a oir que se habían quemado contenedores, que había habido un atentado… y siempre con una punzada en el estómago, seguíamos a lo nuestro, y casi nunca se hablaba de ello de puertas para afuera.

Los años pasaron, y con ellos, la universidad con lo que empecé a ir a Bilbao a diario. En aquellos tiempos, ir a Bilbao era una especie de reto para mi, me daba miedo por lo que me pudiera pasar, por si me atracaban, o me perdía. Y, aunque me perdí un par de veces intentando llegar a Deusto, me fue fácil encontrar el camino del Casco Viejo al que fui de juerga muchas veces.

En una de esas juergas, de repente me encontré en medio de una batalla campal. A mi izquierda estaban los ertzainas antidisturbios con sus escudos, sus cascos y máscaras y sus escopetas de bolas, y a la derecha un montón de gente armando un jaleo del copón, y poniendo vallas de una obra cercana en medio de la calle.

Como me daban mas miedo los ertzainas, y no me podía quedar en el medio de todo, me dio por ir corriendo donde los otros. Un par de chicos me abrieron paso moviendo las vallas, y me dejaron seguir corriendo hasta el bar del Casco Viejo donde me esperaban mis amigos. El bar tenía la persiana bajada, como todos los de la zona cuando pasaban estas cosas, pero yo la abrí y me metí dentro cerrándola de nuevo.

No era la primera vez, así que sabía lo que pasaba. Las persianas se volverían a abrir, saldríamos a la calle y todo continuaría aunque no sería lo mismo porque habría muchos policias pidiendo carnets, policías con sus máscaras y sus cascos, y no era raro ver alguna bola de goma rodando por el suelo.

Me sorprendió muchísimo ver mi pueblo empapelado con la foto de un amigo de la infancia que habían detenido. Un chico que había estado en mi casa muchas veces. Un chico alegre, normal, un amigo de esos que luego se pierden porque uno crece y hace cosas distintas.

Y hoy, por vivir en Tokyo, sigo muy de cerca las noticias de Euskadi. Me hace especial ilusión ver fotos de sitios por donde yo pasaba todos los días, y que ahora me parecen tan lejanos.

Pero acabo de leer la prensa por internet, y de repente me he visto diez años atrás en el tiempo. Y mi corazón se ha vuelto a sentir de la misma manera, y mi cabeza se ha estancado y me vienen lágrimas a los ojos. Y después, sentado en el suelo mirando por la ventana a algún punto del cielo, se me han agolpado en la cabeza todos estos recuerdos que he querido escribir aquí.

Y este fin de semana no será como los demás. Aún estando en Tokyo.

 

Athletic eup! Athletic ganbare!

Yuka fue mi segunda profesora de japonés en Bilbao. Un día hablando de fútbol me comentó que un amigo suyo japonés era forofo 1000% del Athletic, y que tenía una página que actualizaba muy muy a menudo con las últimas noticias.

Me hizo ilusión y Yuka me pasó su email, así que le escribí preguntándole cómo podía saber desde Japón todo lo que ponía en la web. Él me contestó que todos los días lee la prensa oficial en versión web: Mundo Deportivo, Canal Athletic, Aupa Athletic… y lo más curioso es que no sabe ni jota de castellano.

Echadle un ojo a la página, porque es algo digno de ver:

Qué mundo este!!!

Apa Athletic! Apa Ikusuki! Apa la Nocilla con cuchara!

La edad

Casi por sorpresa, el jefe nos contó que habían contratado a un chico nuevo para el departamento de diseño. Y dicho y hecho, al de un par de semanas, empezó a venir un tío rubio, alto y con un gorro de un estilo entre medias entre Bob Marley y Eminem que salía a fumar cada hora y volvía con la cara roja frotándose las manos.

Su ojo derecho se desvíaba un poco para un lado, lo que le daba un toque de despistado aunque su manera de actuar denotaba todo lo contrario.

Desde el primer día no entendí ni jota de su inglés de Canadá, y como nuestras conversaciones se limitaban a yo diciendo «¿eh? ¿eh?», supongo que tratábamos de evitarnos mutuamente. Creo que esto es algo que ocurre muy a menudo con los japoneses, que les da pereza hablar con nosotros porque no nos vamos a entender, y mucha gente lo confunde con racismo (que tambien lo habrá).

Nos sorprendimos sabiendo que tenía sólo 22 años, porque, a parte de que físicamente aparentaba más, era callado, trabajador, comedido. Además, empezó a dar clases al resto del departamento de diseño, y ya sabemos que los profesores, por serlos, parecen más mayores.

El caso es que el jefe nos volvió a sorprender diciendo que no había pasado el periodo de prueba. La única razón que nos dió, aunque no tenía porqué hacerlo, era que había visto cosas que no le habían gustado. En la empresa todos nos indignamos, después de tres meses de compartir el día a día, de ver que se esforzaba a la hora de enseñar a los demás, de ver algunos de sus trabajos, no nos parecía justo en absoluto.

Así que nos enfadamos, cual niños. Y durante un par de semanas hemos estado callados, serios, distantes. Todos menos el americanini que vive en su burbuja y no se entera, o no se quiere enterar, de la misa a la media (from the misa to the mediator, men). El jefe llegó incluso a hablar con algunos de nosotros en privado para preguntarnos qué nos pasaba y para justificar, una vez más, que era mejor no contratarle.

Por azares de la vida, esto ha coincidido en el tiempo con la llegada de un nuevo chico, pero esta vez al departamento de ventas. Con un sabor agridulce, el viernes pasado juntamos las fiestas de bienvenida/despedida en una sola, y nos fuimos a cenar con barra libre de comida y bebida, y después a jugar a los bolos.

El chico canadiense era componente del otro equipo. Y en su primera tirada, todos los bolos cayeron y a mi me dio por abuchearle en bromas. Su respuesta fue extender el dedo corazón y un «shut up» que me dejó más cortado que cuando el fundador de Google no encontraba las llaves de casa…

Le resté importancia, aunque para mi la tuvo, y seguimos a lo nuestro. Después de unas cuantas tiradas más, a mi me dio por descolgar un teléfono que había allí y dárselo al americano, el cual lo cogía y decía dos chorradas y colgaba. Era nuestra tontería particular, pero el canadiense no se pudo aguantar y se metió: «Ok, Oskar is an idiot». Yo respondí con un cortado «thank you so much», y me quedé callado todo el resto de la noche.

De toda esta historia he sacado dos conclusiones:

1- O yo me estoy haciendo viejo y me estoy avinagrando dándole importancia a lo que no lo tiene o quizás vivir en Japón, el país de las maneras, hace que cuando se pierdan, parezca que se pierdan el doble. El caso es que me afectó mucho más de lo que debería.

2- Toda la oficina se puso «en contra» de mi jefe, la verdadera víctima de esta historia. Ahora veo claro que seguro que tiene sus razones.

La vida misma

Otro país, otras costumbres, otra vida. Soy un extraño que asume el papel de observador del día a día descubriendo perlas de humanidad bajo el cielo de Tokyo. A veces, cuando uno encuentra el momento de apearse del mundo, todo lo sucedido, lo vivido, lo sentido aflora con el poso de haber estado madurándose entre la inconsciencia de los pensamientos.

Y cuando eso ocurre, es cuando me doy cuenta de lo precioso que es darse cuenta de que el día a día puede ser precioso.

Quizás solo haya que saber mirarlo.

Te odio
La ceremonia de año nuevo
Hasta luego, adios… quizás para siempre
Honor
De gentes y personas
A la izquierda del cero
Esta mañana, la de hoy
Ése momento
Brillando por tu presencia
Al llegar las cinco de la mañana
La chica de Shimokitazawa
Viernes, 18 septiembre 2009
La señora de los paraguas, epílogo
Esperando en Shinagawa
Melancolía
La chica que doblaba toallas
Recuerdos
El barrio donde vivo
Un martes de té
El paso de cebra
Un lunes de Karate
Érase que se era
Las seis de la mañana
Toki doki 時々
La chica del shamisen
Honrando el gesto
La mejor foto de Marzo
Parecía que no iba a llover
Podría vivir sin reloj
Desclasificando una noche
Te pido perdón
Mi día
Calor humano
Bilbao
13 días y 12 noches
Kokoro
Y me sonreía
El principio de un sueño
Las noches secretas
Corazón de Neón
Olores
La chica de Okinawa
De personas, problemas y prioridades
Los ojos de Kanazawa
La chica del bar de Shibuya
El señor del bar y el cocinero de sushi
Uniendo ilusiones
Sueño inventado
Los insectos de hojas
Sueños por soñar
Carta a casa
La casita de madera
Encuentros
Autobombo
El trabajo de las estrellas
Euskadi
El chico del chándal azúl
Calor
Frío
Y sin embargo
La señora de los paragüas
Extraño
Hay días
Sensaciones
De pañuelos y mundos
Promesas, deseos


Móviles para niños

Echando un ojo al buzón, el otro día me encontré una promoción de NTT Docomo para tratar de venderles a los padres móviles para sus hijitos del alma.

Lo que en un principio me pareció una giliflautez más, resulta que al final resultó ser bastante interesante. Así que aquí os pongo el resultado de mi investigación (previo paso por ikusuki traducciones):

1- Ande anda mi hijo
Resulta que junto con el móvil del chaval, a los padres se les da un mando a distancia conectado con el móvil. Si se quiere saber donde anda, se pulsa el botón y el móvil mete un bocinazo que los padres, si están por allí cerca, escucharán.

2- Tira de la cuerda si ves algo raro
Yo esto ya lo he visto en los chavalillos que van a la escuela. Resulta que el móvil tiene como una cuerdilla que si el niño ve que algo raro está pasando, tira de ahí y automáticamente se envía un mensaje a los móviles de los dos padres con un mapa de donde se ha activado y encima el móvil se pone a pegar bocinazos para ahuyentar a todo kiski con malas intenciones.

 

3- No preocuparse que resiste
El terminal está fabricado a prueba de agua, así que si al niño le da por jugar en un charco, no pasa ná que sigue funcionando.

4- Protección contra apagado
Como hoy en día está muy de moda Jack Bauer, al chaval le puede dar por apagar el móvil en plan «a mi no me rastrea ni mi champiñón padre». ¡Es igual!, en NTT seguro que hay una Chloe pensando en todo!. Se puede configurar el móvil para que mande un mensaje cada cierto tiempo con un mapa con la situación exacta, y esto funciona aunque el móvil esté apagado (o el chaval se piense que está burlando así los protocolos setiles).

 

5- Consulta por web
El servicio «Ima Doko» (ahora ¿donde?), incluye una página web donde se puede ver de forma gráfica la situación del terminal contratado, previo pago de no se qué tarifa. Por situación quiero decir que puedes ver un mapa con un chirimbolo de donde anda el chaval, no la batería que le queda al móvil!

6- Censurando
Los padres también tienen la oportunidad de bloquear el acceso a servicios o webs que no quieran que los chavales visiten, como esa de ikusuki de un colgao que vive en Tokyo y vende camisetas.

Al principio me parecieron tonterías, pero la verdad es que el tema del mapa puede ser muy útil y no hablo sólo de niños… ¿Que sus parece a vosotros? ¿Lo compraríais para tener a vuestros hijos gepeseados?

 

 

 

Encontrado iPod

En Tokyo vive un poquillo más de gente que en Bilbao, aunque de grande es parecido, pues. El caso es que es más o menos normal ver cosas que la gente pierde por la calle, últimamente y con el inviernete este tan majo que tenemos, de vez en cuando puedes ver por el suelo guantes, alguna bufanda, algún gorro… Una vez vi hasta un móvil por ahí tirado.

Si hay algo que me ha roto los esquemas completamente, es lo que he visto hoy. Alguien ha perdido un iPod nano negro. Y la persona que se lo ha encontrado en el suelo ha tenido la delicadeza de cogerlo y ponerlo encima de un muro pequeño que había al lado de la acera. Cuando he pasado esta mañana y lo he visto, me he quedado flipado.

A la una he salido sólo para comprobar si seguía allí y, efectivamente, estaba. A las seis cuando me marchaba, ya no estaba. ¿Podéis, ni siquiera pensar en imaginar en encontrar vuestro ipod si lo perdieséis por el camino?

Esta gente es increíble.

El chico del chandal azul

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Después de unos meses yendo a Karate, empezó a venir un par de veces por semana un chico en chandal. Es una persona especial: hace ruidos con la boca, habla sólo y en su cara siempre hay una mueca que yo definiría como una sonrisa triste.

Las clases duran hora y media, pero él sólo está los primeros 45 minutos, justo justo hasta el descanso. Nunca le oirás un «oss», ni tampoco le verás saludar a nadie. Él sólo llega con su chandal azul, se quita la chaqueta y hace lo que buenamente puede mientras sonríe y habla en voz baja sin parar.

Sin parar… Esto es precisamente lo que quieren conseguir con él, que se pueda parar quieto. De alguna manera, su cuerpo se está siempre moviendo, es una especie de tic nervioso que se concentra especialmente en su brazo derecho.

Todo el mundo le tiene un gran respeto, menos una vez que unos niños se rieron de él de esa inconsciente forma que sólo ellos saben. Aunque él los ignoró, como nos ignora al resto.

Mientras nosotros tratamos de ser más rápidos, de hacer las cosas mejor, de levantar más la pierna, él sólo anda para alante y para atrás. Sigue nuestros pasos, más por quitarse del medio que por tener ningún interés en aprender Karate. Se nota a la legua que viene obligado, seguramente sus padres hayan hablado con los profesores y hayan llegado a la acertada conclusión de que esto le viene bien.

Y cuando el profesor anuncia el descanso, la mayoría entra en el vestuario a beber un poco de agua, o a secarse el sudor. Yo me quedo, porque me emociona ver lo que pasa: el profesor obliga al chico a ponerse delante del espejo, y, con voz firme, le ordena hacer una serie de movimientos básicos. Él sonríe más, aunque no es porque esté pasando un buen rato, sino de nervios, y hace lo que puede. Pero la parte más dura es cuando el profesor le ordena estarse quieto mirando al espejo. Él no puede, su brazo tiembla, sus ojos se van al reloj que está encima de la pared, al suelo, a cualquier lugar. «Mírate a los ojos» le grita el profesor, y él lo intenta durante algunos segundos, hasta que se le olvida.

Sé que la firmeza y las maneras del sensei son fingidas y estoy seguro de que les cuesta actuar así, pero de no hacerlo, sería imposible mantener su atención.

Hoy, después de muchos meses, me he dado cuenta de que ha conseguido estarse quieto como medio minuto. A nadie le ha parecido importar, pero yo lo he visto y el profesor también. Me habría encantado comentarlo con alguien en el vestuario, pero por alguna extraña razón, nadie habla nunca de él.

En ese pacto entre sus padres y los profesores, están intentando que su cuerpo vaya un poco menos por libre.

Y me alegro en el alma de que lo esté consiguiendo.

 

Chocolate de la poli

Hola!
Esto llega un poco tarde, pero es que acabo de descubrir las fotos en un rinconcillo del ordenador y os tengo que contar la historia!

El tema del paraíso terrenal ya os los solté no hace mucho. El caso es que aquí el San Valentín es más bien un San Nestlé, cosa de la que me alegro un huevo (Kinder!). Llovieron chocolates por todos los flancos: a la oficina trajeron Michiko y la profesora de Japonés, un par de clientes nos enviaron también… pero lo que nunca me esperaba yo es lo que me pasó esa tarde!

Cogí la bici y me fui a una tienda de aquí al lado de casa a comprar un cablecillo. Iba yo ya metiendo cuarta a lo Indurain cuando me encuentro con un control de la policía. Uno de esos que llaman la atención. Un tío con casco estaba en el carril de los lentos (el mío), haciendo gestos como un loco con un banderín. Más que un policía parecía una animadora.

Me para, claro, y yo ya pensando en donde tenía yo metida la Gaijin Card que me iban a pedir en 0.3. Chato me quedé cuando me hacen meterme cerca de la acera donde había como cuatro ancianitas con unas bandas colgadas al cuello estilo Miss Asilo, y con cestas dentro de las cuales tenían paquetes de pañuelos.

La señora me dice lo que yo entiendo como «Perdona que te hayamos parado, pero como es San Valentín, te queremos dar este regalo y recordarte que debes tener mucha precaución cuando vayas con la bici». Y coge la buena mujer y me da un paquetillo.

El cheerleader policía con una sonrisa en la cara que ni Bardem ayer por la noche, no hacía más que señalar el paquete (el de pañuelos) y decía «chocoleit, chocoleit, chocoleit». Le doy la vuelta, y ¡¡coño!!, ¡¡me viene con una chocolatina!!

Así que me fui de allí más flipao que Gasol con un peine!!!