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Ikusuki parodia a Kirai
Como no tenía otra cosa que hacer, vengo de la presentación oficial del nuevo cohete de la Nasa. Casualmente, el director del evento fue el primo del hijo del dueño del combini donde yo compraba los noodles cuando trabajé en el código fuente más ejecutado de internet de todos los tiempos. Tened claro que vosotros podéis usar internet más allá de Cuenca gracias a que yo programé aquello.
Así que aprovechando que mi amigo Dani Txus se ha ido a la revisión de los 3000 del traje (que ha aprovechado y ha dado parte al seguro para arreglarle la chapa con Titanlux) me he ido a dar una vuelta por Tokyo con mi nueva cámara de teletronchobjetivo. Han venido conmigo mis amigos: el presidente de Firefox 3, el que mordió la manzana que inspiró al logotipo de Apple y el dueño de todas las páginas que empiezan por H en internet.
Por cierto, ¿vosotros qué opináis sobre que sólo me sigan 1732 personas en twitter habiendo tanta gente en el mundo? ¿también estáis en desacuerdo?
Ikuceremonia del Té Toscano
Mamá mamá, que salgo por la radio!!
Esta tarde de seis a siete en Radio Euskadi, en el programa Grafitti donde se hablará de vascos en el mundo quintopinil.
Me he agenciado un invento para grabarlo, a ver si soy capaz de hacerlo funcionar y os lo cuelgo…
Actualización: no se si es por mi móvil que anda últimamente como una picha mora, o qué, pero se me entiende peor que a Keny de South Park.. En fin, ahí vamos!!!
Sueño inventado
Estoy andando de noche por Odaiba, y mirando hacia Tokyo a través del Rainbow Bridge está el Guggenheim al lado de la Tokyo Tower proporcionando un doble reflejo de un enorme barco rojo metálico en el agua del océano Pacífico.
No hay nadie, sólo una persona a lo lejos, en la otra esquina de la playa. Está quieta, muy quieta mirando al mar. Descubro que lleva un chandal azúl y aunque no puedo ver su cara, sé que está intentando con toda su alma que su cuerpo no se mueva sin su permiso. No soy quién para interrumpir, así que paso por detrás de él sin hacer ruido, y escucho música proveniente de detrás de unos árboles. Me acerco, las distancias son largas pero en mi sueño se recorren en segundos.
Y veo una casa de madera, y en una de las ventanas veo a una señora que me ofrece té. No habla, sólo prepara el té con muchísimo cuidado, como siguiendo los pasos de una ceremonía no escrita aprendida de sus padres y éstos a su vez de los suyos.
Mientras lo bebo, y todavía hechizado por sus movimientos, siento una paz infinita que ya había experimentado antes.
Sin quererlo, me duermo.
Despierto en mi casa pero escucho sollozos en la calle. Estoy vestido, así que, de nuevo, tardo muy poco en llegar hasta una anciana que está llorando. Es bajita, tiene la espalda un poco encorvada y lleva un sombrero. En su mano hay un paragüas, pero está roto. Yo busco desesperadamente otro para dárselo, pero en mi sueño sólo existe uno que está partido por la mitad y ella no para de llorar.
Entonces me acuerdo de alguien, y voy a buscarle al parque. Con él de la mano, me presento de nuevo ante la anciana. Se miran, ella con lágrimas en los ojos parece más una niña. Él recoge una hoja del suelo, y le dice que espere. Ella le mira muy atenta mientras se sorbe los mocos cuatro o cinco veces haciendo mucho ruido. Pero no resulta en absoluto desagradable.
Quiero abrazarla.
El señor le regala una figura que ha hecho con la hoja: un paragüas.
La sonrisa más sincera que he visto en mi vida aparece en la cara de la señora.
Me mira…. Y me da los buenos días. Y vuelve a sonreir.
Los insectos de hojas
Desde hace algunas semanas, si hace buen tiempo me voy a un parque cercano a comer. A veces voy sólo y otras veces se anima alguien más de la oficina, aunque lo primero suele ser lo normal.
Y sentado en un banco, palillos en mano, me dedico a observar lo que pasa en un parque cualquiera de Tokyo entre la una y las dos del mediodía: veo madres que juegan con sus hijos en los columpios cercanos, algún que otro barrendero, otros empleados de empresas cercanas haciendo lo mismo que yo… pienso que no se diferencia mucho de lo que se podría encontrar en cualquier parque de cualquier ciudad del mundo a la misma hora.
Pero de un tiempo a esta parte, y de forma ocasional, he encontrado en el banco en el que me suelo sentar unos insectos hechos de hojas. Es como si fuese origami, pero utilizando hojas de árboles en lugar de papel. Una día aparece uno, después puede pasar una semana y aparecer otro con distinta forma. Siempre en el mismo banco, y siempre insectos hechos de hojas.
Los dos primeros me hicieron gracia y no les dí importancia, pero cuando apareció el tercero, empecé a coleccionarlos.
Hoy he salido a comer una hora antes, cerca de las doce, y he ido al parque andando muy rápido, corriendo en ocasiones, poseido por una emoción infantil como hacía tiempo que no sentía. Y le he visto: un señor con traje y corbata, de unos 60 años estaba sentado en el mismo banco. Se pudiera decir que es su turno, como si yo fuese el relevo.
Y me he sentado enfrente, a unos dos metros. El hombre había acabado ya de comer, el recipiente vacío de comida estaba perfectamente recogido a su lado, envuelto por una tela de color verde. Curiosamente del mismo verde que se dejaba asomar entre sus manos que no se paraban quietas. Un doblado aquí, un corte allá… entretejiendo, dando forma, esculpiendo las hojas con gesto experto, con movimientos repetidos quizás durante años.
No había comido ni siquiera la mitad de mi plato cuando me doy cuenta que es el segundo insecto que está haciendo hoy. Puedo ver el primero desde mi sitio y de repente una ráfaga de viento lo tira al suelo. El hombre lo recoge, casi sin levantar la vista del que tiene a medio hacer, y lo vuelve a poner en su sitio. Y un par de minutos después, veo que examina con cuidado su segunda obra, lo mira, lo remira y le da unos últimos retoques.
Después, coge ambos insectos y los coloca con cuidado en el reposabrazos del banco, recoge su bolsa y se va como si no hubiese estado nunca. Por el camino se va ajustando la corbata quizás pensando en las reuniones de trabajo que le esperan. Pero antes de doblar la esquina se gira para comprobar que todavía siguen allí.
Y creo verle mirarme y sonreir, como si supiera de sobra que soy yo.
Planes rotos
Es curioso comprobar cómo la semana que me planeé el domingo pasado ha sido totalmente diferente. Creo que sólo acerté en una cosa: en que ha sido una de las más agobiantes desde que estoy aquí.
Pero analicemos:
- No acabé el proyecto, de hecho planeo trabajar en él hoy y mañana, y si todo va bien, lo presentaré el lunes que viene
- No fui a Karate ningún día de lo cansado que acababa
- El martes no hubo ceremonía del té, el siguiente día es el martes que viene. Anda que miré yo muy bien las fechas!
- El examen de Kanjis del jueves me salió perfecto
- El sábado estaba tan cansado que no fuí a gilar los exámenes de mis compañeros de Karate, aunque tampoco estoy 100% seguro de que fue el sábado pasado… con un poco de suerte, es este y puedo (o planeo) ir.
- Apenas ha llovido durante la semana, con lo que he ido en bici a la oficina casi todos los días.
Viendo los resultados tan desastrosos, me planteo si merece la pena hacer planes. Y reconociendo que esta es la primera vez que se me han roto tantos esquemas, me sigo convenciendo a mí mismo de que es totalmente positivo seguir con ello.
Si de diez cosas que me planteo salen cinco, me doy por satisfecho. Eso si, el de esta semana me lo quedo para mi, no vaya a ser que seáis gafes…
Semana furera
Como buen domingo, hoy toca repasar mentalmente cómo se plantea la semana aunque por mucho que se le de vueltas, siempre acabe siendo distinta, y más viviendo en Tokyo.
La mía va a ser una de las más agobiantes desde que he llegado: tengo que presentar un proyecto el viernes a primera hora de la mañana, y ni siquiera está acabado, así que tendré que concentrarme 1000% en tener todo bien atado. Confío en que me de tiempo, y también en que el yanki se esté callao, aunque como ya voy viendo que esto último va a ser imposible, voy a poner a cargar el ipod.
Pero mi vida es mi vida, y no voy a vivir en Tokyo siempre, así que también planeo ir a Karate mis tres días reglamentarios, y además recibir la segunda clase de ceremonia del té el martes. Madrugaré más de lo normal para que en la oficina todo de un poco más de sí. Además el americanini no llega hasta las diez, así que tengo dos horas de calma que rendirán por cuatro.
Uf, el jueves tengo nuevo examen de kanjis y esta semana no me sé ninguno de antemano… todo va a ser cuestión de organizarse… a ver si es verdad que esta semana me meto pronto a dormir y los días me cunden un poco más, aunque yo sin mi capítulo de Los Soprano no me duermo.
¡Vaya!, me acabo de acordar que el sábado hay examen de Karate, y aunque yo no me puedo presentar porque tengo que dejar pasar seis meses desde el último, hay dos compañeras que sí que se presentan, así que es obligado que vaya para tomar buena nota de qué es exactamente lo que tendré que hacer en septiembre para que me den el tan esperado cinturón negro.
Vamos, que la semana se presenta furera, que diría mi madre:
- Lunes: Karate
- Martes: Ceremonia del té
- Miércoles: Karate
- Jueves: Examen de Kanjis y clase de japonés
- Viernes: Presentación del proyecto. Clase de Karate
- Sábado: Clase de Karate y gilamiento del examen
Y todo con más pereza de lo habitual porque desde ayer por la noche se ha presentado el tsuyu, la temporada de lluvias, en todo su esplendor, así que se tirará lloviendo todo el rato y no podré ir en bici, a parte de calarme hasta los higadillos.
Aunque no me quejaré porque allá de donde vengo lo han tenido mucho peor este año…
¡La madre que parió a Peneke!
No lo puedo evitar, mis ojos siempre se van a lo raro entre donde entre… y lo compro, y lo pruebo, y os lo cuento.
Aquí la lista de todos los productos insólitofestivos que se me han pasado por delante:
El natto de wasabi
La fanta mú
El ochazuke
El furikake
La Fanta de Chocolate
La Pepsi Azuki
El bocatakoyaki
El tofukit y la fanta de melocotón
La bebida biónica
El paquete de pescaicos y almendricas
Los conguitos de granos de café
Los ajokikopepes
Los sandwhisushis
El sandwhich de gambas
Palitos con sabor a espárragos trigueros
Patatas a la almeja enmantequillá
El sandwhich de chocolate y frutas
El táper de hojas de lechuga
El chocolate de pistacho
El pastaceites
El aperitivo calamar
Los pezqueñines de ensalada
La Pepsi de Yogurt
La bebida con vinagre
El paquete de un huevo
La ensalada de vaso
La cocacola de vitaminas y la chupabolsa de Aquarius congelao
Las chupabolsas
La Pepsi Blue Hawaii que es azúl como el mar
La gelatina de fanta
Las pipas chinojaponesas que saben a anís y la fanta de piña
La cerveza para niños
Los caramelos con compartimento basuril
El Temaki de natto
4 litros de Whisky todos juntos
Akiba Ramen (no me atrevo a abrirlo)
Los donuts de la tienda esa que siempre está petada de gente
Té de hojas de olivo
Los huevos negros de Hakone
Las galletas culeras del bichejo muerde idems
El garrafón de té de 2 litros
Las patatas fritas de huevos con bacón
Cup Noodles (la base de mi alimentación desde hace un año)
Chocolate de té verde
Una lata para fantasear finalmente
Un pilón de productos de té verde de una sentada
La famosa e irrepetible Pepsi Pepino
A ver qué otras cosas me encuentro!!

Un placer, esto es un placer!
Neki con la Kurosuwado en el Instituto en el que «estudié» yo, y en mi curro anterior!!!! jajaja
Pata con la Kotoba y la tableta de chocolate téverdítica, que además nos ha hecho reportaje en su blog:
Así que de la ilusión que nos ha hecho, aquí va la nueva ikuoferta…
que se pidan por la web
irán con Kit-Kat de té verde
por la patilla !!!!
Ay madre! ay madre, ay madreeeee!
No, nooo, ya sólo quedan 2!
Se acabaron!! que os aproveche!!!!
Sueños por soñar
Hoy hace una semana que un chico llamado Tomohiro Kato decidió que la vida que tenía no era lo bastante buena como para seguir viviéndola, y para ponerle remedio no se le ocurrió otra cosa que alquilar un camión de dos toneladas y llevárselo a uno de los barrios donde coincide más gente un fin de semana en Tokyo.
Una vez allí cuentan los telediarios que se lanzó contra la multitud a unos cien kilómetros por hora llevándose por delante a tanta gente como pudo y que, no contento con eso, se bajó del camión y, cuchillo en mano, se dedicó a apuñalar a todo aquel que tuvo la puta mala suerte de cruzarse con él.
«Me he cansado de vivir» dicen que dijo.
Y yo no puedo dejar de pensar todos mis sueños e ilusiones.
Y mientras camino, sin quererlo, me hago mentalmente una lista con todo lo que este señor ha conseguido arrebatar a siete personas que el domingo pasado decidieron darse una vuelta por Akihabara: besos, abrazos, amigos, hijos, padres, desilusiones, enemigos, esperanzas, planes, lugares, deseos, enfermedades, derrotas, lágrimas, sonrisas, trabajos, experiencias, nubes, sol, lluvia, viento, sabores, olores, emociones, victorias… vidas.
Sueños que ya no serán soñados.
Y hoy, una semana después, he decidido ir porque suponía que habría algún tipo de homenaje por las víctimas. Y, la verdad es que no me he podido quedar a verlo, he sacado algunas fotos y me he ido de allí tan rápido como he podido.
Todavía siento pena, rabia y, en cierto modo, también miedo. Así que, haciendo caso a la policía, he dejado de hacer fotos por respeto a lo ocurrido. Pero antes de llegar a la estación he sacado de nuevo la cámara para sacar una última:
Pintadas amorosas
Cerca de nuestra casa en Fukuoka hay una panadería muy buena en la que te dejan subir con los bollos al piso de arriba, donde hay una máquina de café gratis. Se llama Kusunoki.
家の近くにいいパン屋さんがある。パンを2階に持っていったら無料のコーヒーメーカーがあって快適。その名は「楠木」!
Near our house there’s a very good bakery where you can bring your cakes upstairs and have coffee for free. The name is Kusunoki.
Parece que el sitio lo frecuentan estudiantes de instituto porque hay muchas pintadas. Por ejemplo esta:
«Busco un novio como Tomohisa Yamashita <3" (un famoso del grupo News)
中・高校生が通うらしい。なぜならばこんな落書きがあった:
「山下智久みたいな彼をさがしてるよ♡」(ニュースの)
Looks like high school girls come around often, because there were graffiti like this:
«Looking for a boyfriend like Tomohisa Yamashita <3" (a guy from a group called News)
Otra que dice:
«Busco un novio guapo como Jin Akanishi» (del grupo KAT-TUN)
A lo que le responden:
«Ninguna posibilidad»
«Y por qué no te vas a Tokio<3" (a buscarlo, se supone)
もう一人:
「赤西仁みたいなカッコイイ彼をさがしてますっっ♡」(カトゥーンの)
返事は:
「ムリx2」
「なら東京行けば」
Another one:
«Looking for a handome boyfriend like Jin Akanishi<3" (from KAT-TUN)
Some replies:
«No way»
«So why don’t you go to Tokyo» (to chase him, I guess)
Tanto KAT-TUN como News son grupos de famosos de una empresa de representantes llamada Johnny’s Jimusho (Johnny & Associates, Inc.), que se especializa en chicos guapos que cantan todos parecido y llevan todos un peinado parecido. Y parece ser que las políticas de derechos
de imagen de esta empresa son una sarta de disparates.
KAT-TUNもNEWSもジャニーズ事務所に所属する。専門は、似た髪型+歌い方のイケメン。そこのジャニーズは芸能人の肖像権について意味不明ほど厳しいらしい。
Both KAT-TUN and News are boy groups managed by Johnny’s Jimusho (Johnny & Associates, Inc.), which specializes in handsome guys who sing all similar and have all similar hair. And they are absurdly strict about their guys’ portrait rights.
Pero si hay que elegir frase nos quedamos con esta:
«Páselo bien todos los días, por favor»
でもここの落書きの中ではこれが一番好き:
「たのしい毎日をおすごし下さいマセ」
But if we had to choose one from all the graffiti, this would be it:
«Please do have a good time every day»
Bueno, ya os habéis dado cuenta que Ale y yo hemos intercambiao blogs por un día, ¿no?, jaja, así que creo que no voy a contestar a estos comentarios porque son más de él que mios…
ñajajaja
Un lujo, sois un lujo!
Nuria y Hideo de Nihon Mon Amour con la Kurosuwado y la Tokei!


Myriam con el cienpiés y el kitkat de sakura!

Y además nos ha dedicado un fotoreportaje y un post!
¡¡ Mil gracias !!
Por cierto, queda un kitkat, yo por comentar…
El policía y el extranjero
«La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida» estaba sonando en mi iPod cuando me cruzo con un policía en bici. Me mira desde el otro lado de la calle, y en ese momento se que va a venir donde mi, pero como para hacerlo tiene que esperar a que el semáforo cambie, yo aprovecho y ando más rápido. No se lo voy a poner fácil.
Como el que no quiere la cosa, el hombre me alcanza y me hace gestos para que me quite los auriculares. Le doy las buenas noches, y entonces empieza un interrogatorio que ha sido más largo y más serio de lo habitual:
– Buenas noches, como es usted extranjero (tal cual), quisiera hacerle unas preguntas, no se lo tome a mal
– Entendido, adelante
– ¿Puede enseñarme su carnet de extranjero? (literalmente: gaijin card), ¿lo lleva encima?
– Si, un momento por favor (se lo doy, lo coge con cierto desdén y lo examina con cuidado).
– ¿Por qué está andando por esta zona?
– Pues porque vivo aquí y he salido a dar una vuelta (son las doce de la noche y ya que he bajado a tirar la basura, me ha dado por ahí)
– Ah, entiendo, ¿y donde vive?
Tomando el Seven Eleven como referencia, le explico el camino a mi casa aunque él no levanta la vista del carnet. Yo, mosqueado por la falta de respeto, le señalo mi dirección en el carnet con mi dedazo.
– Ah, entiendo, ¿qué hace en Japón?
– Trabajo como informático en una empresa en Gotanda (y de nuevo le vuelvo a señalar el dato en el carnet, que para eso me hacen llevarlo encima todo el rato)
– ¿Viene de trabajar ahora?
– No, he salido a dar una vuelta (por segunda vez)
– ¿Es una empresa grande?
– No, unos 15 empleados
– ¿Cual es el nombre de la empresa? ¿A qué se dedican? … y cuatro o cinco preguntas más igual de relevantes para la seguridad del país.
Entonces saca una hoja y se dedica a copiar lo que pone en el carneto. Todo está en japonés, menos mi nombre que está en caracteres románicos, con lo que me pide sopitas: «Osukaru Diazu Tosucano». Quiero reseñar que todo lo hace con cierto desdén, con una clara actitud de desconfianza, como intentando pillarme mintiendo o rectificando.
– ¿Está todo bien? es tarde y mañana tengo que madrugar, quisiera irme a mi casa
La iniciativa de mi pregunta parece no hacerle demasiada gracia, así que me devuelve el carnet de extranjero y me dice algo en japonés que no entiendo. Pero él se hace entender: me empieza a cachear en medio de la calle. Me mete la mano en los bolsillos y saca lo que llevo: la Nintendo DS que estaba en la cazadora, el móvil, el ipod, la cartera, las llaves… y después lo vuelve a dejar en su sitio. Unas manos de un completo extraño manoseándome. Todo mientras pasan mis vecinos por la calle curiosos por la situación.
Yo ya no se si darle una ostia o dejarle hacer, está claro que no le caigo bien. Pero por sensatez, mejor lo segundo.
Cuando acaba me da las buenas noches y me pide perdón de manera muy sútil. Casi parece darle rabia no haber encontrado un cuchillo o algo.
Es la segunda vez en un año y algunos meses que me he visto en una situación tan incómoda por ser extranjero. La primera fue casi una comedia. En esta ocasión no me ha hecho tanta gracia, aunque me queda el consuelo de saber que el policía, a parte de racista, era gilipoyas.
Estoy borracho
Lo reconozco. Es lunes, son las doce y veinte de la noche, mañana trabajo, pero yo estoy doblao. Pero la culpa no es mía, es de Murakami sensei que «me ha invitado» a la cena que había hoy porque era el último día de un alumno irlandés. A mi el San Patricks este ni me iba ni me venía, pero no me ha quedado más remedio que ir, y he venido con las largas puestas, vamos, que estoy neke.
Así que el post que tenía pensado para hoy no va a poder ser, y lo cambio por este. Creo que soy el primer bloguero sobre Japón que escribe un post doblao y encima lo dice.
Tiene huevos, además en la cena he comido intestino de cerdo y de pollo a la brasa, en sus dos variedades: grueso y delgado. El amigo Murakami, que será todo lo famoso que quieras, pero es un cachondo del copón, ha pedido tó lo raro y yo me lo he comido como un campeón (mamá, hazme alubias!!!!)
Nada, si tengo fuerzas, mañana publicaré el post que esperaba, de mientras voy a dormirla… esto no se lo contéis a mi familia, ¿eh?.
Por la rajaaaa de tu faldaaa yoooo
glups!
buenas noches chatos!!
Reflexión sobre menéame
Seguro que muchos ya sabéis lo que es eso de «Menéame«. Viene a ser una página web donde la gente propone posts u noticias que consideran interesantes, el resto de usuarios los valora y los más votados aparecen en portada.
El caso es que lo sigue un montón de gente, y cada vez que alguien ha nominado alguno de mis posts, las visitas al blog se multiplican por mucho.

Al igual que nos planteamos con la publicidad, ando reflexionando sobre qué es lo que en realidad nos aporta que nos nominen y si seguir facilitándolo a través del link del elefante naranjito este o no.
En este portal hay lo que yo denominaría como «nominadores profesionales», que se dedican a buscar noticias y enviarlas casi a diario. Estos mismos usuarios no dudan en dar votos negativos a cualquier cosa que no consideran interesante, es decir, no se conforman con no votar, sino que califican posts como irrelevantes, amarillistas o simplemente spam. Tal y como yo lo veo, es como una especie de competición en el que gana el que más votos consigue en sus nominaciones, aunque ellos no hayan escrito el post ni la noticia, y os sorprendería ver cómo se ceban algunos.
Aún así, este sistema de votos permite que las noticias se filtren de alguna manera, consiguiendo ver en portada lo que la mayoría considera como de calidad, que es lo que finalmente se pretende, así que se puede decir que funciona.
Además, la filosofía del portal es enlazar directamente a las entradas originales, con lo que las visitas siempre van a la fuente, lo que es justo. Sin embargo los comentarios se dejan en el propio portal. Es curioso ver cómo mi post sobre «Aprendiendo Español en Japón» tiene 30 comentarios en Menéame, no llegando ni a la mitad en el blog. Además, resulta que a raíz de esa entrada, han surgido otras que «se han hecho eco» como ésta o ésta y como cuatro más que ahora mismo no encuentro. Es como si fuese el Zapping de internet, que si apareces en uno, de repente estás en muchos sitios.
No me gusta que voten negativamente alguno de mis posts, como supongo que no le gustará a nadie, pero es algo que respeto. Tampoco me gusta que, siendo el blog de Ikusuki, califiquen como spam que hable de las camisetas, aunque dentro del contexto de Menéame se pueda ver como tal. Y tampoco me gusta ver que los comentarios no se dejan en mi blog.
No escribo, ni escribiré los posts con el objetivo de que «me los meneen», el camino a seguir lo sigo teniendo claro. Pero tengo que confesar que me encanta que tantísima gente nueva se pase por aquí, así que creo que voy a dejar el elefante drogao este naranja aquí puesto. Dejo a vuestro criterio el que lo utilicéis o no, y os lo agradeceré si lo hacéis, pero tampoco me quitará el sueño.
Aunque si se os ocurre algún comentario, hombre, dejádmelo a mi que me lo merezco más!
Carta a casa
Hola familia,
¿Cómo estáis? ¿Cómo van las cosas por el sur de España?, me imagino que empezará a hacer mucho más calor y que dentro de nada empezaréis a vegetar durante el día al fresco del salón con las persianas bajadas.
Yo estoy bien, aquí llevamos unos días de mucho calor y aunque a veces es demasiado, lo prefiero mucho más que al frío. Ya sabéis que soy un friolero y que nunca hay mantas suficientes para que yo duerma bien en diciembre. Este invierno ha sido especialmente duro en ese sentido.
Pero insisto en que estoy bien, es importante para mi que lo sepáis. Tenéis que perdonarme que no llame muy a menudo, tanto estoy tratando de absorber esta experiencia, que el día a día me deja exhausto. Siempre digo que tengo que hacerlo más, pero la mayoría de las veces llego a casa tan cansado que sólo quiero dormir.
Espero que no creáis que me olvido de vosotros… ¡si cada día os echo de menos!. Depende de qué situación se trate, me venís siempre alguno a la cabeza, incluso hay veces en que simplemente escuchando una canción, como la del pirata cojo de Sabina que cantaba con Javi, y siempre conseguís hacerme sonreir al venir de repente a mi cabeza.
Tengo tanto que contaros… cuando vuelva, vamos a necesitar muchas cenas juntos para que podáis llegar a intuir todo lo que estoy viviendo. Madre mía, yo de vosotros iría comprando aspirinas, jejeje.
Es una pena que no tengáis internet. Es curioso que unas trescientas personas, en su mayoría desconocidas, hayan visto más fotos mías últimamente que vosotros. Ellos saben de casi todo lo que hago, aunque me guarde mucho para mí mismo. Se me ocurre que podré utilizar la página web como guión y casi me puedo imaginar ahora contándoos una a una cada una de las entradas. Aunque será muy distinto a la web, porque podré saber al instante vuestra reacción con sólo miraros a la cara: si os reís, si os emociona…
Últimamente Ikusuki, ya sabéis, lo de las camisetas que hicimos Bea y yo, está gustando bastante y tenemos algún que otro proyecto en mente que puede salir muy bien. Pero claro, como no tenéis internet, pues no os enteráis de nada. Hay muchas personas que nos apoyan y con los que estamos trabajando juntos, de todo esto sólo puede salir algo bueno. Ya se que vosotros pensáis que nos dejemos de tonterías y nos busquemos un buen trabajo, pero lo que siempre os digo: somos jóvenes y es ahora cuando podemos arriesgarnos! si sale mal, siempre tendremos tiempo de echar curriculums, ¿no?.
Y no se que más… bueno si, mamá que sepas que como muy bien y que hasta me cocino lentejas de vez en cuando!!
Muchos besos,
Oskar
PD: Todavía no me acabo de creer que vaya a ser tío! ¡¡y vosotros abuelos!! jaja
Un día malo
Ayer el profesor de Karate decidió que era un buen día para poner a prueba el físico de sus alumnos, así que llegué a casa mucho más cansado que de costumbre. Cansado, pero con esa sensación de saber que estoy haciendo lo que quiero, de satisfacción porque he podido robarle unas horas a la rutina para mí mismo.
Bea me contó que había recibido el paquete con las tabletas de chocolate de té verde y además Ale y Ai nos sorprendieron dedicándonos su podcast, con lo que entre todos me pusieron muy difícil seguir con mis intenciones de tirarme en el futón a dormir para siempre.
Compré un pepino en el súpermercado, el más grande que había, y ya en casa actualicé el blog sacando fuerzas de la ilusión.
Así que esta noche he dormido poco y mal, y hoy me he levantado con todo el cuerpo dolorido y con dolor de cabeza. He desayunado lo que he podido y he ido a Kamata, que es algo así como el centro administrativo de mi barrio, a hacer unos papeles. Con tan mala suerte, o más bien como casi siempre, que me he perdido. He llegado una hora y media más tarde de lo que pensaba, empapado en sudor de tanto pedalear, con un dolor de cabeza más fuerte y, encima, con acidez de estómago por la aspirina que me he tomado con el café.
Inesperadamente, el papeleo ha ido rápido y sin problemas, y la casualidad ha querido que en el camino de vuelta haya visto la pagoda del templo que queda al lado de mi casa con lo que el tiempo de pedaleo se ha visto reducido a unos escasos veinte minutos.
Al llegar a la oficina, mucho más tarde de lo que avisé ayer, mis compañeros estaban ya comiendo. He salido a comprar algo y al ir a pagar, me he dado cuenta de que me había dejado la cartera en la oficina. Se lo explico al dependiente, pero no me entiende. Me siento impotente, triste. El dolor de cabeza no remite y yo quiero salir corriendo y no parar hasta encontrarme sólo y gritar, o llorar… o un poco de cada.
Resuelvo la situación diciéndole simplemente que espere y casi salgo huyendo dejándole con las bolsas en el mostrador. Vuelvo al de diez minutos y el buen hombre todavía me estaba esperando. Me pide perdón por no entenderme. Aún así me siento como un completo imbécil.
Estoy comiendo en la oficina y mi jefe me mira raro, resulta que hacía veinte minutos que había programada una reunión. Dejo la comida a medias y voy, cuaderno en mano, a la sala de reuniones. Nos presentan al nuevo jefe de ventas cuyo inglés no entiendo. Cuando me toca hablar lo hago de manera torpe, me pongo nervioso, me acaloro, no se ni lo que quiero decir. Hacía mucho tiempo que no me pasaba esto, pero está claro que hoy no es mi día.
Me hace preguntas, y yo no le entiendo, así que respondo con un ¿eh? ¿eh?, así hasta cuatro veces seguidas hasta que mi jefe decide ayudarme con su buena intención y me habla muy despacio consiguiendo que me sienta todavía más imbécil.
Acabada la reunión, tiro el resto de la comida porque hace rato que se me han quitado las ganas de comer. Pero el día sigue, así que me enfrento con cientos de líneas de código Java que, hoy especialmente, se me antojan absurdas.
Me planteo qué hago aquí, qué hago dentro de una oficina cuyas ventanas dan a un muro que no deja ver el maravilloso día que hace hoy. Pienso que si no trabajase delante de un ordenador, si tuviese una tienda, podría salir de vez en cuando y ver la luz del sol. Podría ser menos mecánico, menos robótico, más humano.
Entonces llega la profesora de japonés y me hace su examen de kanjis semanal. Como esperaba, no acierto ni uno, ni por casualidad.
No hace ni una hora que he comprado la cena en el seven eleven. Para acabar de rematar el día, el dependiente me ha hecho una serie de preguntas de las que no he entendido nada. Parece que están promocionando algo. O no.
No sé.
No quiero saberlo. Hoy ha sido un día malo.
Ya lo he contado. Ya me he desahogado.
Ahora, a dormir.
Nos hemos apepinao!
Ale y Ai lanzaron no hace mucho un podcasts para acostumbrar el oído al japonés. Se trata de conversaciones en japonés y castellano, pero con la chispa habitual de Ale y Ai, vamos que yo creo que de la gracia que te hacen, no se te olvidan!
El podcast se llama Escucha Japonés y todas las semanas tenemos conversación nueva que no os podéis perder, incluso si el japonés ni os va ni os viene, seguro que os echáis unas risas.
El caso es que les enviamos unas camisetas, y…
Más guapos que guapos!!
Esperamos poder colaborar en todo lo que podamos con EscuchaJaponés, de verdad…
Y para compartir con todos vosotros la ilusión que nos ha hecho, hemos decidido que os vamos a regalar algo…
Quedan:
5 tabletas
4 tabletas
3 tabletas
2 tabletas
1 y sólo una!!! corre corre!!
Se acabó… gracias a todos y ¡¡que aproveche!!
La ceremonia del té y mi dilema
Hola chatos! Este sábado anduve más que el probador de las plantillas devorolor!!, ¿pues no fui desde Shibuya hasta Gotanda andando, y luego hasta mi casa en bici?. Esto que os sonará a japonés (jaja), viene a ser como dos horas andando y media hora en bici. Al llegar en casa, me preparé un baño, y nada más meter los pies, aquello empezó a hervir…
Bueno, yo os vengo a contar la ceremonia del té que me regalaron. Os pongo en antevicentes. Michiko, que sabe que siempre ando husmeando en historias japonesas, me dijo que una de sus amigas es profesora de la ceremonía del té, y que si yo estaba interesado, que nos preparaba té mientras nos explicaba los pasos.
Así que dicho y hecho. Fuimos los dos, y la profesora nos recibió en su casa con el kimono puesto y una sonrisa enorme, así da gusto.
Hablamos un rato, que si España y olé, que si Bilbao ande queda, que si hago Karate que bien… bueno, después de conocernos, pasamos a la habitación que tiene preparada para tan noble evento. Menudo cambio! de estar en una casa parecida a la de Los Serrano, nos hemos mudao de repente al Japón de las películas: suelo de tatami, puertas de madera y papel, utensilios para el té perfectamente alineados en una esquina, puertas de los armarios decoradas con flores de cerezo… precioso!
A partir de aquí todo han sido normas. Todo, absolutamente todo, está preconcebido, desde donde te tienes que sentar, hasta la manera de beber el té. Aunque no me acuerde todo, voy a intentar contaros paso a paso en qué consiste:
1- Uno va y se sienta sobre las rodillas (posición seiza), encima de un cojin pequeñito que hay. En nuestro caso había dos cojines que estaban puestos exactamente a la misma distancia desde el límite del tatami.
2- La profesora se pone en la misma posición antes de entrar a la habitación y hace una reverencia, entonces se levanta, entra, se sienta a su vez sobre las rodillas y nos saluda con otra reverencia dándonos las gracias por venir.
3- Saludamos, y entonces ella nos señala la composición que ha preparado para ese día, y en un japonés tremendamente formal, nos lo explica. Se trata de un lienzo con cuatro kanjis colgado sobre la pared, y en la parte de debajo un jarrón con flores, una figurita de un ratón que resulta ser un quemador de incienso y algo parecido a una montaña. Estamos en primavera, pero cerca del verano, con lo que las flores de los árboles se han caido, y ahora sólo quedan hojas. Los kanjis dicen esto mismo, y a su vez se representa también con el color verde del fondo del lienzo. Increible!
4- Entonces nos pone dos platos pequeños con dos dulces. El fondo de los platos es verde, y en la parte superior del dulce, una tarta de bizcocho, hay algo confitado que recuerda a una hoja de un árbol. Lo cogemos, con la mano izquierda lo sujetamos algo por debajo de la altura de la boca, y partimos la tarta en cuatro trozos. Antes de comer, damos las gracias por ello. La profesora nos cuenta que la razón de comer el dulce al principio es para descubrir matices del té al contrastar con su sabor amargo.
5-La profesora, con gestos elegantes, coge el cazo, lo sumerge en la especie de olla de hierro que calienta el agua, y lo llena hasta tres cuartas partes de su capacidad. Vacia el agua en el cuenco donde va a preparar el té, pero sólo con el objetivo de calentar el recipiente y purificarlo. Desecha el agua en otro recipiente.
6- Abre el recipiente con el té en polvo y vuelca una cucharadita y media en el cuenco anterior. El té es de un color verde intenso. Entonces vuelve a llenar el cazo con la misma cantidad de agua, pero esta vez lo vierte sobre el té que tiñe el agua.
7- Con un utensilio de bambú bate el té hasta que se hace uno con el agua, después deja el utensilio en el suelo y deposita el cuenco de té en su diagonal, a una distancia exacta del borde del tatami y me hace una reverencia. El cuenco está decorado con dos motivos de ratones en honor al año actual. Uno de ellos queda exactamente enfrente de mi.
8- Me levanto, avanzo unos pasos, y me vuelvo a arrodillar sin pisar los límites del tatami. Hago una reverencia y cojo el cuento con mi mano izquierda mientras lo sujeto con la mano derecha. Vuelvo a mi sitio sin pasar por delante del otro invitado y me siento sin darle la espalda en ningún momento, y deposito el cuenco en el suelo delante de mi.
9- Hago una reverencia al otro invitado y le pido perdón por beber primero. Michiko me contesta que adelante, así que cojo el cuenco con mi mano izquierda y lo giro dos veces de manera que el dibujo del ratón quede ésta vez orientado hacia la profesora. Nunca se debe beber por donde está decorado.
10- Levanto el cuenco por encima de mi cabeza en señal de agradecimiento y bebo el té en tres sorbos. Después lo deposito en el suelo, me levanto y lo vuelvo a colocar delante de la profesora
11- Ella lo coge, y lo limpia de nuevo con agua caliente que vierte con el cazo. Después saca un pañuelo de dentro de su kimono y lo dobla de una manera increiblemente elegante. Con él, limpia la cucharita de té en tres movimientos. Deja todo en el suelo y repite todos los pasos pero esta vez para el otro invitado.
¿Cómo os habéis quedao?. Estoy seguro de que se me han olvidado muchísimas cosas y que habré contado otras mal, pero esto es lo que viví yo el sábado.
Es mucho más que preparar el té, se trata de aprender una serie de movimientos y tratar de llevarlos a cabo con la mayor elegancia posible. Se trata de ser capaz de ser consciente de la importancia de los detalles. Se trata de pulir cada gesto, cada mirada, cada palabra para conseguir un momento perfecto.
Se trata de regalarle a una persona lo mejor de ti mismo.
Y, la verdad, no creo que importe demasiado que le gusté el té.
El trabajo de las estrellas…
Iba a ir a un hanami por la noche, y se me ocurrió la historia de
Después, le pedí el favor a Nora (que también lo publicó en su blog) me lo tradujo a japonés y lo leí con mi acento de Bilbao, a ver que tal sonaba:
Pero hay más: grabamos a la hija de un vecino de un amigo leyendo la historia:
¿Qué será lo siguiente?
KyotoKyoto -The day after-
Hola hola hola!
Os dejé ahí con la palabra en la boca, pero a ver que os habéis pensado, que no sólo vosotros tenéis semana santa!. Aquí hay una historia que se llama Golden Week, que estoy seguro que ya sabéis lo que es, y si no, pues ya os lo cuento yo: que he estado de vacaciones!!! ya os contaré ya!
Ahora que se ha acabado el invento, y antes de que se me olvide, os cuento…
Después de Gion, me fui al hotel a dormirla, que estaba más cansado que cuando Julián Muñoz hizo la última declaración de la renta. Y como hacía lustros que no dormía yo en una cama, se me hizo más raro que ni se, y ni dormí ni dejé de dormir. Total, que me levanté al día siguiente con medio dolor de cabeza, y después de desayunar en el Starbucks Kyotense de la esquina, enfilé mis pasos hacia el:
Ninnaji
que fue la leche en verso!! Esto va por zonas, así que este es el primero de la ruta del día. Aunque el resto prometían más que este, o por lo menos tenían más renombre, mira por donde que me llevé la sorpresa del día. No es que sea un templo, sino que es un sitio mágico. Siempre bajo la atenta y eterna mirada de las montañas que rodean Kyoto, podemos seguir incontables senderos que nos llevan a edificios antiquísimos, a ríncones donde lo único que apetece es sentarse a admirar el entorno. Es un lugar muy grande, donde uno siente que está más paseando por los jardines de un palacio que por un templo.
Aunque el templo no fuese de oro, ni estuviese colgando de un precipicio, creo que el entorno natural del Ninnaji fue lo que más me gustó de todo lo que visité en Kyoto. Además, justo en la puerta, se puede entrar en un jardín japonés. A mi el precio de la entrada me mereció mucho la pena, pero juzgad vosotros mismos:
Aunque la verdad es que estaba loco por ir a lo más famoso del viaje, a lo que todo el mundo le da tanta importancia, así que paseando paseando, llegué al:
Ryoanji
Este sitio es famoso no por el templo, ni por el lago que hay ni nada, sino por el jardín Zen que tiene en su interior. Mayormente lo que hay es un montón de turistas sentados contemplando un recinto rectangular cuyo suelo son un montón de diminutas piedras blancas que están como peinadas. Encima de estas piedrillas hay quince rocas, pero el truco es que da igual donde te pongas que tu solo ves catorce. Efectivamente, tiene huevos. Yo sobre este lugar he leido de todo, que si el sentido de la vida, que si Zen, que si Zan. Así que aquí va mi versión: es un sitio chulo, si esperas un poco a que la gente vaya desfilando, puedes sentarte delante del todo y admirar el jardín intentando contar más de catorce rocas, aunque no lo vas a conseguir. Es un sitio bonito, curioso… aunque más lo sería si no hubiese sietemil personas alrededor. Pero vamos, que hay que ir!
Entonces cogí el autobús y me planté en el que quizás es el templo más famoso de todo Japan con pan:
Kinkakuji
El templo de oro! chato que está recubierto de oro!!! Yo que estaba todo orgulloso del titanio del Guggenheim, anda que!. Aquí uno entra, y se encuentra un lago, y justo en una esquina del lago, un templo dorado que brilla a la luz del sol y que se refleja en el agua. Un señor mayor no paraba de repetir que el valor del templo era de siete millones de yenes, yo no se si será para tanto, pero la verdad es que es un sitio precioso.
Aunque me fui con una sensación extraña. A ver si soy capaz de explicarlo. Seguro que habéis visto mil fotos del Guggenheim, entonces váis a Bilbao y efectivamente es lo mismo de las fotos. Por supuesto, no tiene nada que ver verlo en una foto que estar allí en vivo y en directo, pero en cierto grado, es lo que os esperábais. Pues esto mismo. He visto tantas fotos del Kinkakuji, que cuando estuve allí, fue lo que me esperaba. Ojo, no le quito méritos, es un sitio precioso, pero el factor sorpresa del Ninnaji me cautivó más.
Y en la otra punta, a tomar por cleta del Kinkakuji, me topé con el
Heian
Que en la guía pone que es sintoísta, aunque para mi es como si dice que veneran a Mortadelo, así que yo os cuento lo que ví, que para eso me leéis. Hay un pedazo de puerta de esas Torii que te quedas chato, es enorme, además está puesta de través ahí entre medias de una carretera, con lo que pasan por debajo coches, autobuses… yo creo que cabe hasta Godzilla de puntillas!
Y el templo, pues un sitio enorme. Como se estila por los Kyotos:
Aquí va mi ikureflexión: Kyoto rezuma historia, mucho más que Tokyo. Es mucho más pequeño, en cierto modo, menos moderno. Está repleto de templos, de edificios antiguos, de retazos del Japón de hace cientos de años. Por estas razones, uno se cruza con muchos más extranjeros que en Tokyo, lo que me llamó bastante la atención.
Pero de igual manera, fue precioso reencontrarse con el Japón más tradicional, ese que a veces se echa de menos en el Tokyo de rascacielos, luces de neón y tiendas de electrónica… aunque todo depende de lo bien que uno sepa buscar.
Volveré a Kyoto, algún día. Con más tiempo, con más calma, quizás con más dinero…
La casita de madera
Tengo dos maneras distintas de llegar a la oficina.
Si el tiempo es bueno y he dormido bien, cojo la bici y me preparo para pedalear durante algo más de 20 minutos subiendo y bajando cuestas por la autovía de tres carriles mientras esquivo los coches de la caravana que se suele formar por las mañanas. A veces, y sin que ellos lo sepan, compito con los motoristas, y a veces hasta gano a alguno. Cuento con los semáforos como aliados.
En cambio, si el ánimo no me acompaña, o llueve, entonces no me queda más remedio que andar durante diez minutos hasta la estación, y pasar otros tantos dentro del tren. Es más triste, más rutinario, más normal aunque aprovecho para leer o estudiar kanjis.
En ambos casos, siempre acabo torciendo la esquina que conduce a mi destino. Es un camino estrecho, aunque la carretera es de doble sentido. A mi espalda quedan las vías de la línea Yamanote con sus largos trenes repletos de vidas distintas que, como los mismos vagones, vienen y van sin descanso.
Mi oficina queda a la izquierda, pero justo donde la carretera se desvía a la derecha, hay una casa de madera que sobrevive al paso de los años. Se podría decir lo mismo de su dueña, una señora de edad indeterminada más allá de los 70 que vive ajena a los rascacielos que crecen a su alrededor protegida, quizás, por el pequeño jardín que delimita su propiedad del mundo exterior.
Pocas veces la he visto, casi nunca asoma, aunque no es extraño ver ropa tendida y escuchar enka a todo volumen. Me la puedo imaginar sentada en algo parecido a una cómoda, o quizás directamente en el suelo de tatami, tarareando la canción con una taza de té caldeando las palmas de sus manos. Es su hogar, su refugio y que esté en el medio de Tokyo da exactamente igual. Es como si la vida, allá afuera, se moviese al triple de velocidad.
Así que cuando el ordenador de la oficina decide no hacerme caso, cuando las cosas se tuercen, salgo a la calle y me quedo mirando a la casita de madera e inevitablemente mi vista se desvía a los rascacielos de enfrente aunque vuelve de nuevo al marrón de las paredes, al verde de los jardines, al increíble remanso de paz en medio del caos.
Y sonrío. Y creo entender que quizás la felicidad consiste en disfrutar de una canción con un té… que puede que la suma de todas las canciones con tés, de todos esos momentos, sea lo que en realidad hace que todo merezca la pena. Que igual el secreto es darle valor a lo que nos importa y conseguir ser ajenos a todo lo demás.
Sean rascacielos, oficinas, coches… o problemas absurdos que nos cieguen.
KyoToKyoTo
Kyoto fue la capital de Japón durante más de mil años, desde 794 hasta 1868. Se dice que alberga más de 1600 templos en su interior, y más de un millón y medio de habitantes.
El valor de su historia ha sido recompensado por la Unesco otorgando el grado de Patrimonio de la Humanidad a 13 templos,3 santuarios y un castillo.
Rodeada de montañas, Kyoto está situada en un valle a 513 Km de Tokyo.
Cuna de Samurais y Geishas, de novelas y leyendas, de…
Este Jordi no tiene remedio. Hurtadooooo que lo sabes tó! Vale Jordi, muchas gracias por los datos serios! ya voy completando yo el asunto si eso!
Estaba en casa, con un fin de semana largo por delante mirándome el ombligo, cuando pillé el tren pato ese que siempre va con prisas, y me planté en Kyoto en un poco más de dos horas.
El tren se llama «Nozomi» que significa «Esperanza», y es pasote!. Yo que vengo de un servicio ferroviario donde más valía coger dos trenes antes del que normalmente tocaría si querías llegar a tiempo a un examen, estuve flipando todo el viaje!!
Por dentro es igualito a un avión, con sus ventanillas que no se pueden abrir, su azafata pasando con comida y bebida… así que cada vez que paraba, a mi me entraba un poco de yuyu! era como si parase en un par de nubes antes de llegar a Kyoto o algo!
Una vez que llegué, lo primero que me llamo la atención es que no se puede usar la Suica, que es la tarjeta IC con la que te manejas en todas las estaciones de Tokyo, y luego que sólo hay dos líneas de metro!! qué entrañable!
Así que de repente me vi yendo en autobus a todos los lados! qué cambio más radical! y que ostia me pegué cuando el autobus arrancó y yo no tenía donde agarrarme! ahora que peor lo tuvo la pobre señora en la que aterricé, no supe como pedirle perdón, le tuvo que doler un huevo…
Y la primera parada fue en el templo …
Sanjusan gendo,
que dicho así es como si pongo tararí que te ví, pero que ya os lo traduzco: «sala de las 33 alcobas«, jajaja, os habéis quedao igual!, jajaja. Ya os cuento lo que hay hombre, no preocuparse. Es un templo muy largo, tiene 115 metros, y dentro hay una pedazo de habitación enorme con mil estatuas puestas en filas. Las estatuas son de Kannon, esas que tienen un montón de brazos a cada lado y encima cuatro o así por delante, vamos, que te fríe un huevo, te cambia al niño, te hace unas popitas, se suena los mocos y todavía le sobran trece!! Eso si que es amortizar un cortauñas!
Bueno, pues impresiona un huevo ver tantas estatuas iguales, hechas a mano y puestas todas en un edificio enorme tan antiguo. En internet alguno ya se ha saltao la prohibición esa.
Después de apoquinar la entrada y admirar tanto brazo junto, pillé el siguiente bus que me dejó en el templo …
Kiyomizudera,
el templo del agua pura. Esto que tiene un nombre más fantasma que ni sé, es un templo super chulo que está después de subir una cuestaca, con lo que te medio metes en la montaña. Ahí hay una pagoda, un montonazo de árboles, otro tanto de turistas como yo, y un templo que está ahí encajado en un mini acantilado. Eso, unido a que se ve Kyoto desde las alturas, le da un atractivo especial!.
También se paga entrada, y se sigue un recorrido ya prepensao ahí. Cuando llegas al final, hay tres chorros de agua, de ahí el nombre, y en teoría tienes que elegir beber de uno de los tres. Dependiendo de cual pilles, se supone que ganas larga vida, prosperidad o inteligencia… dilema tenemos!. Yo ante la cola que había, decidí dejarme de chorreces e irme de tiendas, que la calle de la cuesta estaba repleta y daba gusto, pero no sin antes zamparme unos udón en el restaurante que había allí montao.
Y para acabar el día, me fuí a Gión que es donde te dicen que puedes pispiar alguna Geisha si andas vivo. Así que allí aparecí, y lo que te encuentras es un rinconcillo de unas cuantas calles que son calcadas a las películas que se ven de samurais: estrechitas, todo casitas de madera bajitas, con sus farolillos y todo. Es un sitio chulísimo… si no fuera porque está permitido el paso de coches, y cada tres por dos tenía a un taxi detrás pitándome porque estaba intentando sacar alguna foto.
Esto, señores de Kyoto, está muy mal pensado!! es la calle más turística de la ciudad y dejáis que pasen coches??? pero bueno!!! una señal de prohibido quiero!
Pero bueno, como el tío Ikusuki tiene más suerte que al que le salió el sobre oro de nescafé, yo me topé con un par de chavalitas vestidas de Geisha, que Jordi nos dice como se llaman:
- «Maikos, y no son geishas, son aprendices»
Vale campeón, gracias!.
Y esto fue todo por el primer día… mañana os cuento el segundo
Encuentros
Ella soñó con otra vida y se fue a México. Allí trabajó más que nadie, y a pesar de ser una empresa japonesa, se peleó con el castellano cada día. Y llamaba a casa todos los fines de semana porque añoraba escuchar la voz de sus padres, aunque siempre le reprochasen que se hubiese ido tan lejos, aunque acabase llorando la mayoría de las veces.
Pasó muchos malos momentos. Tuvo la mala suerte de vivir el terremoto de México de 1985 y además estaba sola en el edificio cuando ocurrió. Los ascensores dejaron de funcionar, y ella tuvo que bajar desde la planta veintisiete dando tumbos por las escaleras esquivando las lluvias de cristales provenientes de las ventanas. Y lo cuenta con una sonrisa, quizás porque se alegra de que puede contarlo, o más bien porque ella es así.
Se casó y tuvo una hija. Pero salió mal y se divorció. Nunca cuenta porqué, y nunca se lo preguntaré aunque estaré encantado de escucharlo si alguna vez quiere hacerlo.
Su hija apenas balbuceaba castellano cuando volvieron los dos a Japón diez años después. Hoy en día tiene 20 años y está estudiándolo en la universidad aunque sin demasiado éxito. No conozco a su padre, ni siquiera he visto ninguna foto, pero puedo decir que tiene su nariz y el resto es de su madre, incluidos los ojos. Es gracioso oirnos hablar mezclando inglés, castellano y japonés a partes iguales en una misma frase. Y nos entendemos. Algún día recordaré estas conversaciones con mucho cariño.
Antes de venir a Tokyo ella empezó a tramitar mi visado. Me pedía la documentación necesaria por email y yo la mandé por correo. Todo en un castellano oxidado que resultaba entrañable. Me trató tan bien, que le compré y envolví con ilusión «La sombra del viento» pensando en el día en que podría entregárselo en mano. Cuando lo hice, supe de alguna manera que nunca lo iba a leer, pero que lo guardaría con cariño. Me di por satisfecho.
Desde entonces nos hemos visto cada día. Y jornada tras jornada hemos ido perdiendo la timidez y hemos acabado contándonos nuestras vidas. Su castellano ha mejorado mucho, quiero creer que gracias a mi, y, como dicen todos, puedo considerarla mi madre japonesa por todo lo que se preocupa por mi.
Su padre está muy enfermo y fui a visitarle encantado al hospital. Esa misma noche cené en su casa junto con su madre de más de 80 años, y nos emborrachamos los tres. Su madre me decía que siempre tendría allí su «Japan casa», y ella me decía que echaba de menos a su padre, que quería que volviese del hospital. De repente empezamos los tres a llorar, quizás el alcohol lo desencadenó, pero se que cada uno tuvo sus razones.
Con aquellas lágrimas compartimos sueños no cumplidos, añoranzas pasadas, vidas no vividas…
Me sentí arropado por primera vez en muchos meses.
Me confesó que planea volver a México algún día, cuando sus padres no estén y su hija acabe la universidad.
Pero mientras coincidamos en Tokyo, tengo la gran suerte de tenerla aquí en la oficina corrigiendo mi japonés en su adorable mexicano. Dándome la razón regalándome un «ni modo» cuando me quejo por algo… Simplemente estando ahí.
Y ahora la miro y sé que es la persona que mas echaré de menos cuando me vaya de aquí.
Ni modo.



