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Lo de la cadera

Lo de la cadera

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Pues efectivamente, me van a operar y me van a poner una prótesis de cadera.

Joder, cómo suena eso.

Pero bueno, no queda otra. Bueno, sí que quedaría otra, que es resignarme a no poder dar paseos de más de diez minutos porque me duele muchísimo y casi no puedo estar ni de pie ya. Llevo así unos cuantos meses ya.

Empezó, como ya he contado más veces, doliéndome un poco al acabar de correr. Pero era un dolor en la ingle, nada de huesos ni nada; vamos, no parecía que fuese más allá del típico dolor que a veces me daba cuando estiraba de más en karate, por ejemplo. Lo que ya no era tan normal es que iba a más. Incluso dejé de correr, pero si me daba paseos un poco largos, échale una hora o por ahí, pues ya era otra cosa. Y lo peor siempre venía al día siguiente, que al levantarme de la cama no podía casi ni apoyar la pierna.

Estuve yendo a un hospital que abrieron cerca de casa y me dijeron que tenía principio de artrosis, lo de que se te desgasta el cartílago y acaba rozando el fémur con el hueso de la cadera, y eso es lo que hace que duela. La palabra «artrosis» a mí me pegaba con gente mayor. Ahora que voy a hacer 50 años en seis meses, así que habrá que empezar ya a incluirse uno en esa categoría… y más después de la operación, claro.

Total, me dieron unas corrientes, masajes, me hacían hacer gimnasia para fortalecer músculos del culete y alrededores, me daban un tratamiento de calor, que es donde conocí a Matilda… hasta que finalmente me dijeron que ya no entraba más por el seguro el tratamiento este y que, si no mejoraba, igual había que hablar de operar.

Cuando aquello me dolía, pero tampoco demasiado. Mientras no me diese paseos muy largos, podía hacer vida «normal», así que lo dejé pasar. Incluso me volví a España de vacaciones y, aunque había días peores, estuve bastante bien.

Pero a la vuelta, no sé si las horas de avión tuvieron que ver… hostia, cómo empeoró la movida. De no poder ni levantarme del sofá. Si subo la rodilla más de 90 grados, de esto que te la acercas al pecho, ¿no sabes?, pues ahí veo las estrellas. O si voy andando y de repente giro a un lado, me pega un latigazo de flipar.

Así que empecé a ir a otro hospital, uno más famoso donde te operan allí mismo si hace falta, que hay un cirujano famoso en Tokio que tenemos la suerte de que esté más o menos cerca de casa. Allí me hicieron radiografías y tal, y efectivamente, habemus artrosis. Allí casi no se veía hueco entre hueso y hueso ya. Y me han estado medicando durante un par de meses a ver si la cosa mejora, porque hay gente a la que esa medicina le viene bien y le baja la inflamación.

Pero no ha habido manera. Una vez que hemos visto que no queda otra que prótesis de cadera, me hicieron más pruebas y resulta que el hueso está desgastándose por dentro, que solo va a ir a peor.

Y ya tenemos fecha y todo. En mayo, justo después de la Golden Week, me ingresan una semana para serrarme un cacho de hueso, clavarme ahí un palo con una bola, cual remolque de coche, y ala, a funcionar.

Estoy acojonadísimo. Yo me he roto un par de huesos, pero nunca me han operado de nada.

De momento seguimos con el plan, claro. Tengo consulta este mes donde se va a ver mi forma física para planear la rehabilitación de después de la operación. Ya sabéis, si estás hecho una mierda o si tienes algo de músculo con el que poder hacer algo ya. Yo espero que sea lo último, que aunque con dolor he seguido yendo al gimnasio. Y un mes antes de la operación me van a sacar, atención aquí, 400 ml de sangre… la historia es que nada mejor que tu propia sangre para hacerte una transfusión si es necesario durante la operación. Como no me han operado nunca, no sé si será lo normal, pero hostia, casi medio litro de sangre…

Y bueno, pues eso. En teoría, a la semana estoy en casa. Al principio no podré subir escaleras, por eso me estoy montando el despacho en una habitación de la planta baja de casa, la que iba a ser para June, que tendrá que esperar unos meses más. Y si todo va bien, se supone que en un mes estoy ya por ahí dando vueltas con las muletas.

Así que, mira, ahora sí que tengo excusa para no quedar con nadie. Esta es de las buenas, no como siempre que me escaqueo.

Deseadme suerte, que estoy acojonado.

Lo de la cadera
Blog migrado

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Un poco harto de pagar el dineral que me piden en Bluehost de hosting + dominio del ikublog, acabo de migrar todo a Cloudflare + AWS Lightsail. Si todavía hay quien se pasa por aquí y ve algo raro, por favor, dejadme en los comentarios de este post.

Seguiré escribiendo, me niego a cerrar el blog.

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El chaval que siempre grita

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Visto lo visto, que tengo dos hijos, un trabajo y mucha, pero que mucha tontería, lo raro es que no esté yo siempre en modo ansia viva intentando hacer todo lo que me dejen con el poco tiempo que se me concede.

Quiero decir que siempre quiero hacer cosas. Que aunque todos los días tenga que atender mis obligaciones como padre primero y rascatecleador oficial de mi empresa después, siempre le busco la cuarta pata al gato, esa que si no la enganchas al vuelo, ya se te ha pasado el día y no has hecho nada.

Nada que no te obliguen a hacer. Porque parar, no paro. No sé si se me entiende. Que no me he sentado en todo el día, que diría una madre.

¡Que quiero hacer muchas cosas pero no me dejan entre unos y otros, coño!.

Que si no tuviese hijos probablemente hubiese escrito ya trece libros, sería youtuber (y me haríais más caso y me invitarían a los eventos a los que no me invitan en Tokio porque no tengo likes) y aparte de ponerme mucho más cachas, tendría ya el sexto dan de Karate y hasta haría los panes de masa madre de tres en tres.

Y unas fotos que flipas. Te lo digo ya

Pero tampoco sería tan feliz como soy ahora cuando les veo.

Esto es así.

La escala es totalmente diferente. Los que tengáis hijos me entenderéis. Los criptobros de los lambos no tenéis pero ni reputísima idea de lo que es la felicidad.

Total, que cuando puedo, me doy un paseo largo por las mañanas y siempre suele ser el mismo recorrido. Es como la vuelta a Ibarra que hacía en mi Zalla natal, que vas por una carretera y vuelves por otra, pero por Tokio y sin comer pipas. Y en ese paseo matutino, más quisiera yo que fuese diario, me suelo encontrar con las mismas personas que también han sabido quitarle un gajo a la mandarina de las horas para engullírselo ellos solos.

Algunos son conocidos, como el padre de los gemelos compañeros de clase de Kota. Gemelos que son ya más altos que yo los cabrones y a cuyo progenitor le apodamos en casa «el de la resaca» porque el pobre un día vino a ver un partido de fútbol de los críos y no podía con su alma por culpa de un nomikai de su empresa. No me puede caer mejor este hombre, por cierto, destila buenapersonez desde que lo ves asomar por la esquina del Famima. Nos descojonamos cada vez que nos vemos, a modo de saludo.

Bueno, pues también me suelo cruzar con un chico que me recuerda mucho al chico del chándal azul. Tiene los mismos, no sé cómo llamarlos, ¿tics? ¿maneras?… su cuerpo va a su aire aquí y allá. Que a lo mejor él va andando y tiene claro hacia donde, pero su cuerpo recurrentemente se trastabilla consigo mismo y da una especie de salto de repente o sus brazos se levantan, por lo que sea, y a la vez pega un grito o sonríe estruéndosamente, pero siguiendo siempre su camino como si nada.

Quizás porque para él es así, que no ha pasado nada. Igual es que ni es consciente.

No sé si habéis compartido habitación y dormido con vuestra pareja o algún hermano o con hijos y os ha pasado que os movéis, o hacéis algún ruido y de repente esa persona que está profundamente dormida reacciona al segundo y pega un grito o se pone a hablar como verbalizando lo que está soñando en ese momento. Esto me pasaba mucho con mi hermano, sobretodo cuando tenía exámenes que estaba como regullío todo el rato, y me pasa ahora también de vez en cuando con mi hijo. Que te das la vuelta en la cama y te sale por bulerías.

Menudos sustos me daba yo con mi hermano, por cierto, la vírgen qué sinvivir era aquello. Rezando estaba porque se pasasen los exámenes.

Bueno, pues yo tengo la teoría de que a este chico le pasa esto mismo, que de repente ve algo que le chirría lo que es su realidad y su cuerpo reacciona a su manera. El otro día, sin ir más lejos, pasó una moto muy ruidosa a su lado y él imitó el ruido de la moto a gritos. Fue algo totalmente instintivo, un acto reflejo; le salió tan rápido que no tuvo tiempo de pensarlo. Es como si sus tímpanos se sobrecargasen con el estímulo y ese excedente en los nervios se desaguó por la garganta a todo lo que da.

Y a funcionar. El que quiera mirar que mire, que ya queda menos para llegar a la estación.

No tiene nada que ver, pero tengo que decirlo también: es muy guapo el cabrón; alto, delgado, con pelazo, con buenas hechuras. Encima es que va vestido muy bien siempre, llamaría la atención por su presencia si no la llamase por lo que la llama.

Por cierto que nunca he visto que nadie le mirase raro más allá de la reacción lógica de escuchar un grito de repente: miras, entiendes al instante lo que ocurre y sigues con lo tuyo para no incomodar a la persona, aunque si te fijas, me da a mi que tres cojones le importa a él, y bien que hace.

Bueno, pues ya me he cruzado unas cuantas veces con él. Y no puede ser, macho… no se acostumbra a mi de ninguna de las maneras. Todas y cada unas de las veces que me ve, pega un grito que me deja temblando. Si además pasa que está mirando a otro lado y se da cuenta que soy yo cuando estoy casi casi a su vera, levanta los dos brazos y da un salto hacia atrás como si hubiese visto al mismísimo Jack Torrance afilando el hacha.

Mi cara de gaijin le buggea el Matrix y no acaba de parchear esa movida, no se acostumbra y ya va bien, que nos cruzamos casi siempre.

Joder, y yo tampoco me hago a esto, coño, que a veces tampoco lo he visto yo y ya van un par de ocasiones que he gritado yo también del susto.

El otro día nevó un poquejo en Tokio. Fue más aguanieve que otra cosa; los coches aparcados amanecieron blancos pero no cuajó aunque había muchos charcos y estaba un poco liada la cosa.

Cuando estaba ya casi llegando a la mitad del paseo, cerca de la estación Kokuryo, le vi aparecer doblando la esquina del Seven Eleven. Pensé en cambiarme de acera para ahorrarnos los sustos, pero había muchos coches

bueno, como llevo el paraguas igual no me vé —pensé yo….

Y efectivamente, no me vio, pero justo cuando me crucé con él, hizo una finta de las suyas y pisó raro el borde de la acera cayéndose al suelo de culo.

El paraguas salió volando y fue a aterrizar cerca de mi que lo recogí enseguida como enseguida fui a ayudarle a levantarse y preguntarle si estaba bien en mi perfecto japonés con acento de Bilbao.

Él ya estaba de pies. Concretamente de pies mirándome con una cara de mala hostia de las certificadas: no se fiaba un pelo de que ese paraguas se le iba a devolver. No me quitaba el ojo de encima.

Pero el caso es que no gritaba.

Yo, por supuesto, le devolví el paraguas preguntándole si estaba bien una vez más.

Y ya superado el bloqueo que le impuso la situación, ya con el paraguas en su mano, supe que sí, que estaba todo en su sitio al dedicarme, a mi y a media prefectura, algo entre un aullido y un gruñido que se escuchó hasta en el Parco de Chofu. Ríete tú de los irrintzis.

Yo, que ya me lo veía venir, ni me inmuté. Casi hasta me alegré, te lo digo también.

Él cogió el paraguas, casi me lo quitó de una hostia, lo sacudió un par de veces riéndose en alto sin parar y se fue sin ni siquiera un amago de reverencia. Allí no había pasado nada y mucho menos con ningún gaijin.

Y el caso es que esta mañana me lo he vuelto a cruzar.

Y no ha dicho ni MÚ.

Empezar de nuevo, otra vez

Empezar de nuevo, otra vez

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Allí me encontraba yo, fíjate tu: en aquel medio bar medio restaurante español de uno de los rascacielos más emblemáticos del horizonte de Roppongi, «skyline» que diría algún influencer cancamusino, con un par de japoneses y dos cazuelas de «ajillo». Porque ajillo, aquí, no significa que uses un par de ajos picados con guindilla como técnica culinaria que aplicar a un ingrediente principal a elegir, aquí ajillo siempre son gambas al ajillo. «No matter what», que diría el de los reels de antes. Si me apuras, a veces, le echan hasta champiñones.

Total que me estaban ofreciendo trabajo. Un ex compañero con el que coincidí en una empresa anterior me estaba reclutando. Yo fui a aquella quedada esperando rememorar viejas historias de medio amorios de oficina y lo que me encontré fue que me estaban sobornando, a puro ajillo y cervezas Mahou, con el fin de que siguiese rascando teclas, sí, pero a poder ser las de la empresa de su amigo, el otro japonés que tenía enfrente.

Hostia qué guapo era aquel otro tipo. Mi amigo era de mi misma estatura, con gafas, con pelazo a lo japonés, claro, porque aquí no trabajan amplia gama de pantones naturales en el pelo precisamente, que son todos morenos, pero tienen un pelazo que flipas la mayoría.

Qué envidia, coño.

Bueno, pues el que estaba con mi amigo era el jefe de la empresa que me estaban engolosinando, un chaval muy alto y muy guapo. Guapo de verdad, como si fuese modelo o actor, no me pegaba nada que me estuvese contando mierdas de Amazon Web Services y Google y aplicaciones y no sé qué.

Dedícate a poner morritos y hacer vídeos, tu que puedes, pensaba yo.

En nada me decidí, las cosas como son. Enseguida les dije que me iba con ellos, porque aunque hace años que ponerme a teclear por obligación me sigue pareciendo una reputísima mierda, también es cierto que me gano la vida con ello y se me da bien y ya que hay que ganarse los onigiris, pues hacerlo donde mejor le traten a uno.

Me hicieron una entrevista con una tercera persona, un trámite si me preguntas, aunque lo disfrazaron de cierta formalidad con hasta pruebas de programación en una pizarra y todo. Otra farsa más que superé, muchos años lleva ya colando esta mierda, pensaba yo, el día que descubran que me da todo entre igual y un carajo, me quitan el título de Deusto.

Y empecé a trabajar en aquel mismo rascacielos del horizonte de Roppongi («un skyscrapper del skyline que te sorprenderá»), uno que si te fijas es todo de cristales verdes y que tiene como una raja en diagonal por la mitad que sobresale. Seguro que si lo ves, sabes cuál es y más o menos donde queda ese triángulo del medio, ahí es donde se me podía encontrar entre semana de 9 a 18.

Poco tardé en cambiar dejarme llevar por lo que me decían por moldear mi rutina dentro de los márgenes que las obligaciones me imponían. Me resistía a ir en tren todas las mañanas así que empecé a ir en bici algunos días, otros me bajaba muchas estaciones antes e iba corriendo y me daba una ducha rápida en el gimnasio de al lado de la oficina antes de entrar, o iba al mismo gimnasio a mediodía esquivando comidas con los compañeros de empresa… siempre es lo mismo, siempre acabo priorizando lo mío porque al final es lo que me quedo conmigo.

Me gané, siempre pasa al principio, fama de aprender rápido y de sacar tickets y tareas a toda velocidad. En las reuniones semanales siempre suele haber más pasos a producción míos que de otros programadores. Esto siempre me ha hecho mucha gracia, porque no es porque sea más listo ni trabaje mejor, simplemente es que tecleo muy rápido y se me da bien buscar por internet. No es más que eso, que de tantos años, ya me sé los trucos y me sigue divirtiendo ver que nadie se da cuenta.

Lo de teclear rápido me viene de largo y de esto sí que puedo presumir. Con catorce años me ofrecieron trabajo pasando textos escritos en hojas a mano al ordenador, de mecanógrafo, vaya. Me pagaban por líneas, se pactaba el tipo de letra, el espaciado y la justificación de los párrafos para que no hiciese trampas, y si el documento final tenía 120 líneas, pues se me pagaba, qué se yo, 500 pesetas, no me acuerdo pero no estaba mal. Era un periódico local que empezaba y nadie tenía ordenadores en sus casas, yo tampoco pero había un centro cerca al que se podía ir y allí me saqué yo mis buenos cuartos. Y de tanto teclear, tengo el culo pelado y ya me sale solo.

Y esto, que yo pensaba que simplemente me valía para financiarme paquetes de fritos barbacoa y la Micromanía, resulta que me ha hecho destacar tanto escribiendo en este blog, donde prácticamente aparece en tiempo real lo que se me pasa por la cabeza, como programando porque me da tiempo a probar muchísimas cosas en la mitad de tiempo que algunos compañeros que teclean «normal». En lo que alguien piensa una solución y la prueba, yo ya llevo tres descartadas.

Insisto: demasiados años lleva colando. Cualquier día me pillan y me deportan, a lo Trump.

También se forja uno una imagen, una reputación, si me apuras. Los que te ven todos los días, los que tratan contigo saben tus porcentajes, saben cuántas veces, de todas, has sido amable cuando te han venido con alguna historia. Intuyen, aunque no lleven la cuenta, que si tu vas a llevar tal o cual desarrollo es probable que vaya bien o que vas a meter más o menos la pata… en definitiva, se hacen, como tu te haces también de ellos, una imagen en su cabeza de qué se puede esperar de cada una de las cartas de la baraja de esta partida de póker diaria y, muchas veces inconscientemente, actuas en consecuencia. Si yo sé que el de las gafas de pantalón vaquero y chaqueta de traje me va a contestar siempre con un 後で (luego te lo miro), pues probablemente acabará siendo el último al que le pida algo la siguiente vez.

Por eso siempre doy las gracias, por eso siempre guardo las formas, por eso siempre cultivo mi avatar; mi skin de compañero de trabajo va impoluto, con todos los extras, se sabe todos los trucos, tiene todos los emotes del Fortnite bien prestos en la recámara para ser exhibidos cuando toque.

No se me olvida desde el viernes que cuando escribí el mensaje de despedida en el chat de la que es ya mi anterior empresa, una compañera me contestó: «siempre me dabas las gracias cuando acababa los tests de tus desarrollos y me alegrabas el día», y después una carita de esas medio de sonrisa medio llorando.

Como la mía de ahora, más o menos con el mismo pelo y todo.

Porque todo el resto puede ser la inmensa farsa que yo creo que es, pero el trato con y entre las personas que te rodean macera el poso que quedará al final cuando ya no estés con ellos.

Porque siempre pasa, aunque no te lo parezca ahora: dejarás de ver a esa gente un día y entonces no te acordarás de errores de typescript ni plazos de entrega ni dockers ni hostias, tu corazón se ha quedado con cómo te caía y cómo te trataba… con cómo te hacía sentir, de si te alegrabas de verle entrar por la puerta por las mañanas o esa alegría era, sin embargo, cuando mandaba el email de que ese día no iba a trabajar porque estaba enfermo.

El viernes, después de 6 años y 3 meses, me despedí de mi ex compañero de trabajo, ya por partida doble; diré ya que mi ex jefe por simplificar. Y me hicieron una despedida en un restaurante español, tal y como empezó esta aventura: pidiendo «ajillo» al camarero sin tener que especificar qué está al ajillo porque se sobreentiende que son una mezcla de gambas y champiñones sin criterio alguno. Y cuando me tocó decir unas palabras, me emocioné muchísimo porque tengo mucho que agradecer, porque me lo he pasado muy bien esta media docena de años, porque me llevo un muy buen sabor de boca y, algo que no me había pasado nunca: cierto grado de arrepentimiento por la decisión tomada.

Porque mi ex compañero, que ahora es mi ex jefe, es y creo que será siempre mi amigo porque nunca, y mira que han pasado cosas, nunca ha tenido una mala palabra ni un mal gesto conmigo y son ya muchos años. Y aunque las circunstancias no han cuadrado, por él podría haber seguido ignorándolas.

Pero ahora toca empezar de nuevo. Mañana mismo, en otra empresa, con gente que no conozco de nada haciendo no sé muy bien qué.

Toca elegir y configurar el skin de nuevo. He decidido que voy a ser muy elegante, que aunque el trabajo es «full remoto», habrá veces, sobre todo la semana que viene, que me tocará ir a la oficina y me van a ver como un pincel, no habrá calcetines que zapato marrón no cubra. Y le he subido a tope al muñeco la barrita de socializar, esa que siempre estaba en negativo. He decidido que voy a ir a todos los eventos que haya, sean comidas de compañeros, despedidas, quedadas… siempre que mis dos hijos y la persona más guapa del mundo que es mi mujer me lo permitan, claro, que el avatar de fathermarido estaba antes y en este he invertido más años.

También he decidido que voy a ser muy correcto siempre, incluso cuando haya situaciones desagradables, tirando de ironía en el peor de los casos, pero nunca reaccionando negativamente ni por chats, ni por emails ni mucho menos en persona. Y que voy a implicarme mucho más en lo que me toque hacer, como hacía cuando trabajaba en Bilbao, que siempre buscaba formas distintas de hacer lo mismo e incluso proponía, rapidez de teclado mediante, dos o tres soluciones alternativas a lo que se me pedía. Me he dejado llevar demasiado últimamente.

Mañana toca madrugar. Toca planchar la camisa blanca que me compré para la boda del Chiqui, toca sacarle brillo a los zapatos y hacer florituras imposibles con la gomina para que las salas de conciertos de mi frente sean solo entradas. Y sonreír desde que salga por la puerta hasta que vuelva a entrar, aunque no me acuerde del nombre de ninguna de las personas a las que voy a ver la coronilla a pura reverencia mañana.

Toca empezar de nuevo y, aunque con nervios, tengo todo preparado.

Deseadme suerte, por si acaso.

Empezar de nuevo, otra vez

 

El tío de la mopa de Duskin

El tío de la mopa de Duskin

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Estaba yo ya en pleno rascatecleo ahí en el loft cuando llamaron al timbre. Ah, hostia, que aquí le llamamos «loft» a la parte de arriba de la casa, la buhardilla, vamos, que es donde tengo yo montada la madriguera.

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Más o menos era la hora en que suele volver Kota de la escuela, así que sin mirar en la cámara del portero, bajé a abrir raudo y veloz.

Craso error.

Aquel tío no era Kota, era un señor atacao que no paró de hablar desde que abrí la puerta, madre mía, debía tener el récord de ございます esputados por minuto a este lado de Tokio.

Joder, cómo caí en la trampa, como si tuviesen estudiadas las horas a las que los críos salen de la escuela para presentarse en las casas con la confusión, porque mira que suelen llamar parlapuñaos de estos que venderían a su padre por una comisión, que te ponen la cabeza loca con tal de que les compres algo y seguro que no les abrimos nadie.

Aunque los hay peores, que también están los que quieres que te apuntes al club megatrix de su religión chupiピルり, que de esos también se pasan unos cuantos al mes, pero de todos los equipos además: budistas, cristianos, mormones y hasta pelirojos he llegado yo a ver…

Mecagüen la madre que los parió a todos, también te digo, que las religiones son el mal mayor de la humanidad, menudo negocio. Cree en quien te salga del nabo y déjame a mi que siga yo creyendo en Netflix, copón.

Bueno, a lo que iba: que no era Kota. Que era un chaval así joven muy pesado que hablaba sin parar y cuya conversación trataré de simplificar aquí, porque era de ese tipo de personas que decía la misma frase dos o tres veces, ¿sabéis lo que os digo? «Buenos días, buenos días, estoo, buenos días» a lo gallo Claudio.

— Hola, buenos días, hola. Mira, estamos de promoción, soy de la empresa Duskin, que tenemos un servicio de alquiler de mopas y tengo aquí una muestra gratuita para que la pruebes y …

— Al-qui-ler de-mo… No no gracias, no me interesa —le corto en seco, que ya me sé yo las movidas estas de pruebas gratuitas

— Pero pero, espere, por favor, espere. Que es que todos tus vecinos ya tienen una que la han recogido, que de verdad que no tienes que pagar nada

Y me planta ahí una especie de paragüero de diseño del que sobresalen dos palos que supongo que acabarán en sendas mopas ahí dentro. ¿Dónde coño lo tenía metido? porque hasta ese momento no se lo había visto.

— Que no, que no quiero nada, que luego es un jaleo para devolverlo y seguro que me venís con historias。めんどくさそうだから、大丈夫です。

— No de verdad, por favor, que es gratuito que no tienes que pagar nada, de verdad, que no hace falta, que es gratis, de verdad, que lo pruebas y luego nos dices, que ya vendremos a buscarla

— Que no quiero mopas, coño —全然いらないけど、本当に

— Pero es que tampoco me puedo ir con ella a la oficina otra vez, que es un lío para mi, por favor quedátela, por favor por favor, que es gratis, de verdad

Jodé, el cabrón jugó la carta de dar pena. Qué perrete. Mecagüen la madre que lo parió. Pero es que me dio coseja de verdad, joder, que le veía ahí con carica y tan jóven, que pensé que estaría puteado en su empresa y que igual tenía un jefe cabrón, un salary man que nunca ceden los asientos en los trenes de estos sudorososos medio calvos peinados a lo Anasagasti, que huelen a algo entre café, tabaco mentolado y famichikis del conbini, con los huevos tan colganderos ya que hacen pie.

— Bueno, venga va, pero vamos que no lo voy a usar, te lo cojo para hacerte el favor

— Muchas gracias, de verdad, me das la vida. Gracias gracias —lo decía demasiado mecánicamente, era todo mentira fijo, me la estaba metiendo de través —Mira, relléname este papel, si no te importa, nombre, dirección, teléfono…

Esta es la mía, pensé yo, veo tu carta de la pena y contraataco con mi carta de gaijin.

— Mira, ¿ves?, mejor que te lleves las mopas, porque yo no sé escribir en japonés y no sé rellenarte ese papel, así que nada, muchas gracias y perdón, ¿eh? —y procedo a cerrar la puerta — 日本語食べません le tenía que haber soltado nada más verle.

El hijo la gran puta me pone la mopa enfrente de la puerta en un movimiento que no ví venir ni de lejos. Que casi me saca una paleta, el gachó.

— Bueno, entonces nada, con que pongas tu nombre ahí en inglés ya me vale, perdona, ¿eh?

Yo ya estaba pensando que si no le cogía las putas mopas, el maldito mentecato este de los tamagos me iba a rayar el coche o pincharme las ruedas de la Orbea que tengo aparcada fuera o algo.

Maldito tarado.

Total, que acabé con las mopas en casa y mi firma estampada en un papel que vete tu a saber si no le había cedido los derechos del sueldo del primer arubaito de mi primer hijo hasta los 20 años o qué.

Al llegar Chiaki, mi mujer, a casa, encima me echa la bronca por aceptar la movida y no puedo más que darle toda la razón que tiene. Porque otra cosa, no, pero de dar largas mi mujer sabe un rato largo, que haría llorar al mismísimo Jordi malo de Master Chef.

— No me interesa, adios.

Y portazo en keigo. En su puta cara.

Me pongo a buscar por internet, y resulta que la empresa Duskin tiene un servicio de alquiler de mopas, que tu usas eso por un dinero al mes y te las van renovando. Qué cosa más absurda, habiendo en los todos a cien unas parecidas. Pero mira tu, ya las tengo metidas en casa, tócate los huevequers.

Total, que busco un poco más y, hostia, que parece que esto de los vendedores agresivos moperos es un problema y que, a pesar de lo que te digan, si usas un poco la mopa luego te andan con que si les debes dinero cuando las vas a devolver y te medio coaccionan para que apoquines. Y la gente en plan compartiendo trucos para devolverlas, que si dejarlas en la calle con una nota, que si no contestar nunca al portero…

Buff… ya sabía yo que me la estaba liando aquí mi primo Tarado Moperero.

Así que dejé instrucciones precisas a los dos minions a tope de Redbull que tengo por hijos de que no tocasen las mopas y me olvidé del asunto.

Hasta que dos semanas y media después llamó a la puerta el mismísimo señor Tarambaners, el maldito loco que si le dejo entrar en casa me vende mi propia tele. Yo, siguiendo los consejos de internet, no le abrí la puerta. Y el maldito taralander no dejó de llamar, ¿eh?, venga a darle al botoncito, pin pooon, pin poooon, que le veía desde la cámara y el pavo comprobando ahí desde fuera a ver si veía a alguien por las ventanas, joder macho, ni que fuese hacienda, copón, ¡¿acaso me llamo yo Begoña y el tarado este es el juez Peinado?!?!.

¡Vaya fijación, ahí va la hostia!

Cuando al fin se piró el Flipado Mopero y un rato después volvió Kota, me trajo una nota que había dejado Moperander en el buzón: «espero que hayas usado las mopas y te hayan gustado, volveré mañana, podemos hablar de las condiciones del contrato y del servicio»

:peneke:

Al día siguiente dejé las mopas, intactas, en la puerta, estaban tal cual las había dejado él, diría que más lozanas porque hasta les saqué brillo con un trapo y todo. Y me tiré toda la mañana acojonado ahí mirando por la ventana dando un bote cual perrete chico en cuanto escuchaba el sonido de un coche por si era la furgoneta del moperrímo zumbado.

Y el caso es que el artista vino, se llevó las mopas sin llamar al portero ni nada y ni me enteré. Supongo que sería durante la reunión que tengo en la empresa por las mañanas, que fue el único rato que no estuve en plan vieja del visillo pegado a la cortina.

Ni nota en el buzón, ni papel ni nada. Lo que me dá mas miedo si cabe… compruebo las ruedas del coche, están las cuatro con todo su aire dentro, la bici sigue en su sitio… ¿me habrá meado el olivo de la entrada? ¿me habrá mangado un paraguas?

¿O igual soy yo que me monto unas películas que lo flipas?

El caso es que las mopas molaban.

Las cosas como son.

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La revisión médica

25

Ese día hubo que madrugar como hacía ya tiempo y el despertador sonó a las cinco y media de la mañana como el artilugio asqueroso que es. Y es que ese día tocaba la revisión médica de la empresa que este año cambió la clínica habitual de Okubo a una que queda a unos cuantos kilómetros más lejos de mi casa. Esto significaba un ratazo más en tren y el mismo ratazo menos de dormir, claro.

Mecagüen la leche puta, con lo a gusto que dejé yo de madrugar desde que trabajo desde casa.

Y encima tocaba recoger muestra de heces, que dile tu a mi cuerpo serrano que está acostumbradísimo a descargar el PDF a eso de las ocho de la mañana, que ese día le tocaba sacar la leña al patio dos horas antes y encima sin café ni té de agente catalizador del noble arte de fletar el catamarán.

Que a las ocho ya suelo tener yo a Jordan colgando del aro, que el perrete ya asoma el hocico cosa fina, pero coño, no a las seis que no es ni de día.

Nada que no había manera. Ni con chorrillo ni sin chorrillo.

A punto estuve de abortar la misión de lanzamiento, pero a última hora se me ocurrió tratar de engañar al estómago tomándome una infusión de aire, o lo que es lo mismo: un vaso de agua caliente. Y funcionó: sobre la bocina acabó saliendo la bola número 8 del billar. Menos mal que me acordé de desactivar el desagüe automático del inodoro, que se activa sólo cuando detecta que te levantas y vacía la cistena ahí a cholón. Jodé, que el año pasado las pasé putas para recoger la muestra del zeppelín antes de que se hundiese bajo el remolino.

Total, que misión cumplida y allí me vi yo ya camino de la estación con dos botecicos con muestras de mi esencia más auténtica, pelado de frío y con mas sueño que el vecino del de Bricomanía. Y en ese tren petado de gente me tuve que montar yo porque si no, no llegaba.

久しぶり。。。

Qué cosa esto. Por resumirlo en keigo antiguo: sería como decir «hostia qué puto asco da montarse en un tren en hora punta en Tokio».

Una mezcla de olor a café, sudor y desesperación. Todo el mundo mirando sus teléfonos móviles sin importarles estar en una situación completamente absurda, tan antinatural y estresante que volvería loco al mismísimo Bitelchus.

Cambié de tren y la cosa no mejoró demasiado pero al menos me pude sentar las cinco estaciones que me quedaban. Jodé macho, y pensar que yo antes iba a trabajar así todos los días… si no llevaba ni diez minutos dentro de esa lata de sardinas y ya estaba exhausto, coño. Por cierto que me cambio de trabajo y esta ha sido la razón principal: querían que volviese a la oficina y es una línea rojísima para mi que nunca más volveré a cruzar mientras tenga alternativas.

Y llegué a la nueva clínica.

Fiché y me dieron un pijama a cambio de dos botes de mierda, literal.

Me cambié y empezó el paseo paquípallá de pruebas médicas: que si te saco sangre, que si mea en este bote hasta la raya, que si la vista y el oído, el electrocardiograma, los rayos X y finalmente la prueba del bario. Qué movida es eso, chacho: te bebes el mejunje más parecido a la eyaculación de un camello que he visto yo en mi vida y unos polvos ahí raros que te hinchan el estómago, pero ojo que no puedes eruptar, tienes que aguantarte esa tormenta duodenal lo que dura la prueba. Y con la barriga en modo fugu enfadao te meten en una máquina que te da unos meneos de la hostia bendita mientras te van sacando radiografías del estómago, todo esto aguantándote sin eruptar, claro. Gira para un lado, para el otro, cógete bien de las barras que te ponemos poca abajo… bueno, también es verdad que acostumbrado al balancé de las fiestas de mi pueblo, esto es un paseo de jubilados, pero bueno, es un meneo guapo.

Y después te dan un laxante para que eches esa mierda (badabum chass) rápido porque, por lo visto, no es bueno que eso lo absorba tu cuerpo.

– Tienes que expulsar el bario cuanto antes, tómate esto y si en seis horas no lo has evacuado, tómate estas otras. Mira el baño cada vez que acabes y asegúrate que sea blanco.

Que mande el topo albino al remolino cuanto antes, vaya.

Pasé otra vez por recepción para entregar la carpeta que me iban rellenando según iba pasando todas las pruebas, a lo juego de la oca, cuando me dicen que tengo la opción de que una doctora me explicase los resultados de las pruebas. Hostias, ¿tan pronto?, joder pues si, vale, que luego me vuelvo yo paranoico perdido buscando qué significan esos números por internet.

Me dicen que en una hora están, que me de un paseo o me espere allí dentro si quiero, lo que me venga mejor. Hice un rápido análisis estomacal y como parecía que todavía no iba a hacerle click al portaminas, decidí darme un paseete y de paso comer algo, que tenía más hambre que el tamagochi de un sordo.

Al de una hora volví y efectivamente, tenían absolutamente todos los resultados de las pruebas que me habían acabado de hacer hacía UNA HORA: análisis de sangre, orina, lo del bario, la radiografía del pecho… Apenas había acabado de llenar aquél bote en el baño y ya sabían qué tenía o dejaba de tener.

En el futuro no sé si viven los japoneses, pero que están muy locos, te lo digo yo ya.

Total: el colesterol alto, como los tres o cuatro últimos años, y la creatina también alta como desde que la tomo para ir al gimnasio. El resto normal, como buen vasco de las encartaciones, la hostia pues.

Después me dieron un vale de comida que gasté en un platazo de pasta peperonccina y enfilé para casa sabiendo que los fuegos artificiales venían de camino y que era bastante probable que tuviese que hacer una o tres paradas técnicas para desalojar a los okupas. Más de un gato acostado dejé en estaciones entre esa clínica y mi casa, como Pulgarcito pero al revés.

Al llegar a casa me entró de repente un dolor de cabeza espantoso, no sé si por la sangre que me sacaron, el estrés de tanto tren, el cambio de tiempo o todo junto o qué, así que decidí acabar de pedirme el día libre.

Y así acabé ese fatídico martes: medio viendo capítulos de Mad Men y dando a luz bolitas de coco hasta que no quedó ni una molécula de ADN de camello en mi ser.

Añoro el tiempo de los blogs

25

Pues la verdad que sí.

Ahora que June, mi hija pequeña, ya no lo es tanto como para seguir reclamando cada segundo de cada minuto de la docena de cuartos de hora que me quedan entre trabajar y dormir. Ahora que Kota, mi hijo mayor, ya está más con otros que con nosotros. Ahora que vuelvo a ejercer mi derecho a ser el dueño real de mi tiempo, me he dado cuenta de que añoro el tiempo de los blogs.

Echo de menos levantarme por las mañanas con la cosa de ver qué me contabais de lo que se me había ocurrido por la noche. La diferencia horaria jugaba a ese juego; la mayoría de los que «escuchaban» lo que yo escribía, lo hacían mientras yo dormía.

Recuerdo que los mil grados centígrados del té mañanero y mi lengua se reconciliaban antes si esperaba leyendo y contestando a vuestros comentarios, qué coño, incluso borrando y bloqueando algún que otro trol que se pasaba a molestar, porque, supongo, cuando aquello, Twitter no era tan ciénaga como para ser el hábitat natural que necesitaban y es ahora.

¡Hostia!, hubo alguno increíblemente obsesionado con cada cosa que yo decía o hacía. Ahora que me acuerdo… ¡si hasta me medio reclamaron la paternidad de un chiquillo!.

Madre mía, aquella fue tremenda y me asustó de verdad hasta el punto de llegar hasta a dudar.

Menos mal que pasó pronto. :ikukin:

Pero a pesar de toda la soledad que llevaba encima, añoro llegar por las noches a esa casa vacía después de kárate, o de zarandearme la melancolía a puro trote por cien mil callejuelas de Tokio, y sentarme a escribir lo que se me había ocurrido o me había pasado ese o cualquier otro día. Y reescribirlo una y otra vez hasta llorar de lo bonito que yo pensaba que quedaba.

Y echarme a dormir con los ojos hinchados por pena y alegría a partes no siempre tan iguales.

Intenté, con cierto éxito, repetir la experiencia con los vídeos en Youtube, con los cortos en Instagram o TikTok, pero no es lo mismo. Siempre me ha gustado más escribir; me es más fácil, aunque no tenga mucho que contar la mitad de las veces. Es otra cosa, es más sincero, más real.

O que estoy mayor y no tengo el higo para chochins, que también puede ser.

Pero hoy parece que estos tiempos quedaron atrás. Hoy todo son vídeos, a poder ser cortos, con música a tope que capten tu atención por un rato antes de pasar al siguiente vídeo, y al otro, y al de después, y cuando te quieres dar cuenta, ya llevas una hora pegado al móvil y no te acuerdas ni de lo que has visto. Y tampoco importa mucho porque la mayoría de lo que sale ahí está absurdamente exagerado o es directamente mentira.

Pues me resisto, mira tu. Ahora que vienen más cambios en mi vida, he decidido que retomo el blog, que me niego a dejar de escribir.

Aunque no vuelva a ser lo mismo, aunque, permíteme, Cifu, ya no quede casi nadie de los de antes y los que hay hayamos cambiado. La mayoría somos padres, otros ikigaean y hay quien se ha vuelto más facha que los calcetines de Abascal, pero todos hemos coincidido en tener el blog con más telarañas que la decencia de Mazón.

Pues a mi no me sale de los cojones. Desde aquí reivindico que vuelvan los blogs y lo hago retomando el mío.

Volváis vosotros o no.

El click (parte 1)

101

La alarma del nuevo reloj, ese que no suena y solo vibra, si uno quiere, me masajea el torrente sanguíneo a la altura del afluente de la muñeca izquierda, pero no cedo a su chantaje y vuelvo a pedir asilo al país de los sueños.

Una, dos, cinco veces.

El visado se me concede cada vez y cuando consigo por fin exiliarme de allí y logro despertar, olvidando lo que debería declarar en aduanas, han pasado más puñados de minutos de los que quería. Y es que la misión de levantarme al menos una hora antes que mis hijos, en teoría tan fácil, está siendo cada vez más complicada.

Llámame remolón.

O viejo directamente, pero hostia como cuesta madrugar últimamente.

Mi madre dice siempre que ella cuando se levanta necesita un rato largo para espabilarse. «Pues como todo el mundo» le indulgaba yo con la condescendencia surfeándome la comisura de los labios. Lo que no me contó ella es que esto no le pasa a los críos y que mis hijos «son personas» al 150% desde el minuto uno de levantarse y esa verbena, amigos, es jodida de sobrellevar cuando uno no ha acertado siquiera a darle al botón de la cafetera.

«Hijo, qué jego eres» me solía decir mi madre. Y mira tu que «jego» no está en el diccionario de los críos pero aparece nada más abrir el de los padres.

Así que intento levantarme una hora antes por mi propia salud mental, o más bien para no acabar matando a nadie, pero casi nunca lo consigo. Lo de levantarme digo.

Pero hoy si, mira tu; hoy he podido y hasta me he tomado el té viendo una serie en la tele y toda la pesca. A todo tren, te lo digo, no me privo de nada que para eso me he pegado el madrugón, sentado en el medio del sofá y con el lujo de que la manta me cubriese entero.

Hasta me sentía culpable.

Pero, ¡ay amigo!, apenas empiezan a salir los títulos de crédito cuando ya se escucha a mi hijo mayor subiendo las escaleras. Bueno, lo escucho yo y medio Tokio porque juro por Dios que pega unos hostiones a los escalones que a veces salta la app de terremotos de todo el vecindario. En Osaka se agarran a la barandilla, no me jodas.

Y normalmente no son ni las siete de la mañana. Menos mal que yo ya llevo un rato despierto porque esta mierda recién levantado tiene que subir el colesterol como poco.

– «BUENOS DIAS» -grita el cabrón. Hoy está contento porque pilló la varicela y ha estado una semana y pico sin ir a la escuela. Que quiere ver ya a los amigos, dice.

– «Hola, hijo, ¿qué tal has dormido?»-le contesta la legaña de mi ojo izquierdo.

«BIEN, MUCHO BIEN»- berrea en imperfecto castellano y en lo que me doy cuenta ya me ha quitado el mando de la tele y el maldito gusarapo amarillo ese que da chispazos aparece en la tele dicendo «pika pika». Del abogado pistojo que da hostias por la noche y el calvo gordo cabrón no queda ni la sombra.

Y ya está. Ya se acabó mi reinado.

Ha durado menos que el emeriter en España después de emeritear.

Pero bueno, mejor así que hoy toca rehabilitación en el hospital y ya va siendo hora de ir adecentando 見た目, que tengo unos pelos que sin llegar a ser el hámster que manda en Argentina, también da bastante coseja verlos.

[continuará…]

El primer rezo del año

Es tradición aquí hacer una visita a principios de año a un templo y aventarle por lo bajini tus rezos a quien sea que creas que te escuchará en tan solemne lugar. Dentro de mi almendra me guardo la firme opinión de que a nada que uno le de un par de vueltas, esto de pedirle cosas a trozos de madera con ojos pintados es de las acciones más delirantes que el ser humano ha ideado.

Pero bueno, como tampoco quiero ser el novio vinagres que no es capaz de adaptarse, raro será verme negarme a hacer esta visita con mi joven novia de entonces que nunca habría pensado que fuese a ser la madre de mis hijos ahora. Dos, ni más ni menos, quién me lo iba a decir a mi…

Hostia es que mira que es guapa mi mujer y lo poco que se lo digo, joder.

Total, que antes de casarnos, como no podíamos vivir juntos, pues quedábamos el primer día del nuevo año para ir al templo que quedase a mitad de camino entre su casa y la mía para, insisto, rogar que un cacho de un árbol pintado nos solucionase la vida. Menos mal que se reza en silencio, bastante tenía yo con aguantarme la risa con la comedia.

“Dame salud y dinero y esas cosas y que no se me note demasiado que no me creo nada, por favor”

Lo que no me hacía gracia, ni por dentro siquiera, es la cola que se solía formar para tan absurdo pero noble acto… el número de esquinas que la gente doblaba era directamente proporcional a lo cerca que estuviese el templo de una estación de la línea Yamanote. Y hostias, que a principios de año no estábamos en pantalones cortos precisamente.

Noten ustedes que hablo en pasado porque resulta que la mujer con la que me casé vivía en un templo, que su padre era monje budista y que ahora lo es su hermano mayor. Y que la comida de principios de año la hacemos allí, en casa de mi suegra, que tiene un altar enorme y un taiko de medio metro de diámetro y hay un señor que es mi cuñado que se rapa el pelo y tiene gafas y le mete cera al tambor mientras murmulla movidas a lo Antonio Ozores a la par que toda mi familia política le hace los coros con un rosario entre las palmas de las manos y los ojos cerrados.

Vamos, que hace más de una década ya que no tengo que hacer cola para rezar porque monto a los críos en el coche que tenemos aparcado en la puerta de mi casa y lo siguiente que sé es que estoy en un templo comiendo movidas que no quiero ni preguntar que son, pero que están muy buenas y después basta subir al piso de arriba para ponerse delante de nuestro trozo de madera con ojos y pedirle cosas en silencio que, oye, con la tripa llena parece que uno se aguanta la risa mejor.

Y allí me veo yo: un pueblerino de 47 años que tenía 15 antes de ayer y daba la vuelta a Ibarra comiendo pipas con el Pirri por Zalla, rezándole a un altar budista, tan acostumbrado ya a sentarme en seiza que ni se me duermen los pies ni siquiera añadiendo el peso de mi hija sobre las rodillas.

Con un rosario que me dan que no sé si sirve para tener más wifi con el servidor al que llegan los rezos o qué, moviendo los labios así como si estuviese yo también Ozoreando en japonés antiguo mientras pienso, para mis adentros, chorradas del estilo de que si te sientas demasiado atrás en el váter, el chorrillo te dará en las pelotas y de repente eso parecerá el campanario del pueblo llamando a misa. Y me apunto twittear esta mierda mientras me aguanto la risa como un jabato porque el resto de adultos de esa habitación se toman la movida muy en serio y el respeto debe ir por delante, sobretodo si es familia.

Y además, que en casa de mi suegra, que es un templo, se come divinamente.

Chibiko chan

1

Hubo muchos tipos de momentos antes del primer día de la escuela de Kota pero los peores vinieron después de la primera semana; y es que se entendió pronto que la escuela no es la guardería pero en otro lado y, hostia, resulta que de repente hay un pupitre del que uno no se puede levantar a destiempo y profesores que son más profesores todavía y deberes y horarios y normas, muchas normas.

Las mañanas, otrora plácidas cual aguas de piscina por abrir, se convirtieron de repente en el Mar Menor con ventisca. ¿Tu sabes de eso que te levantas habiendo dormido mal? En esos días debería estar legislado poder estar de mala hostia durante al menos un par de horas. Vamos, que si alguien te toca la huevada de 6 a 8, poder echarle un grito con la constitución en la mano sin repercusiones legales ni maritales. Bueno, pues añádele a ese estado encabronil a un chaval de 6 años quemando todos los cartuchos para no ir a la escuela desde primera legaña: empezando por fingir dolores de cabeza (o estómago según sea jueves o martes), hasta enfados, refunfunamientos y pejiguerías varias acabando, casi siempre, llorando agarrado a la pierna adulta más cercana implorando clemencia.  

Joder, ni que fuese el de 1917 con la carta.

Además es que a la escuela tiene que ir solo porque no se nos permite a los padres que le acompañemos. Es parte de la movida cultural de aquí y a mí me parece bastante bien porque así espabila y además hay un montón de jubilados a esas horas al loro de que no pase nada, sobretodo en los pasos de cebra. También se turnan los padres para estar con la banderita, así que cuando me toque, ya haré informe de las caras de los chavales cuando vean a un Zalluco ahí gritándoles «¡¡¡cuidao coño!!!».

El caso es que las vueltas tampoco eran muy allá: la hora y media echapestil con sus «gakko kirai» y «gakko yada» no nos la ahorraba ni media docena de choco tamagos de Doraemon dados como ofrenda.

La hostia, qué drama todo. Y espérate a cuando toca ponerle a hacer los deberes. Sálvame deluxe.

Por ponerle contexto al asunto, dejadme contar que nos mudamos hará algo más de medio año. Es una especie de urbanización donde hay diversas casas unifamiliares, todas diferentes pero del mismo estilo y nosotros fuimos los primeros en llegar. Estuvimos solos tres meses y poco a poco se han ido vendiendo las casas de alrededor. La primera familia que vino tenía una hija de tres años menor que Kota, la siguiente vino con dos chavales pero también de edades diferentes por lo alto y por lo bajo. A la tercera vino la vencida y es que la hija tiene la misma edad que el Toscaner semijaponés que anida en mi refugio y resulta que han hecho buenas migas. Hemos, diría, porque nos llevamos bien con los padres y no es raro el día en que los críos se juntan en nuestra o en su casa para echar la tarde dando gritos.

Sabiendo del remolonamiento de Kota a las mañanas y viendo que su hija no tenía ni medio problema (pa que luego digan del sexo débil), decidió venir a buscarle para ir juntos. Así que a eso de las ocho, suena el timbre y el Kota sale ya con una sonrisa en la cara escopeteado por la puerta para ir con su nueva amiga encantado al cole. Además es que el cabrón se hace el chulito delante de ella… resultado: se acabaron los lloros y las mierdas mañaneras. Yo casi me santiguo cuando la veo venir por la ventana. Cásate con él, por Dios.

Pero al ir a clases diferentes, raro es que a la vuelta coincidan. Yo como curro desde casa, solía salir a la puerta de la calle a esperarle y ayudarle con la mochila, porque menudo mamotreto me lleva, que esa es otra, y así también intentar que no venga tan vinagres de la escuela; a ver si al saber que estoy ahí esperándole le animase un poquejo la vuelta…

Al de unos días, y en lo que estoy regando las plantas, escucho: «ese es mi padre, es español». Y veo que Kota viene con un amigo y está todo orgullo de presentarme (algún día habrá que hablar con él seriamente sobre esa presentación). Pasada la sorpresa inicial, le empieza a enseñar al nuevo colega la casa por fuera, la bici, el patinete… pasando de mi y de mi cuarentón culo.

– ¿Kota, hoy has venido con un amigo?, le pregunto, ¿cómo se llama?
– Ni idea, yo le llamo «Chibiko chan» (chibiko significa algo así como «enano»)
– Pero no le llames eso, hombre
– Na, si él se ríe, no le importa
– Bueno, pero no se lo llames, entérate de como se llama

Hoy Kota ya no vuelve solo prácticamente nunca. De hecho, ha enseñado a su «padre extranjero» ya a media escuela, solo les falta echarme cacahuetes y decirme «sit sit». Yo a veces ya ni salgo. Raro es el día que no aparece con cuatro o cinco chavales y se tiran un rato dando voces ahí en la puerta de casa. Y yo que me alegro, ojo.

Ayer, un buen rato después de la hora de volver de clase, llamaron a la puerta. Era Chibiko chan, o Kohei kun como se llama de verdad. Que no le abren en su casa, que llueve y hace frío y no sabe qué hacer y se le ocurrió venir donde «Diaz san». «Hostias, claro, entra, sube que Kota está arriba!!».

Y a Kota se le iluminó la cara. ¿Que formaron el apocalipsis en el rato que tardó la madre en venir a buscarle? efectivamente, el-pu-to-a-po-ca-lip-sis: todavía estoy buscando el mando de la Switch, a saber donde coño lo metieron.

¿Que Kota se ha echado colegas y va y viene todo contento de la escuela?. 

Si.

¿Que se hace mayor? ¿que empieza a pasar de mi culo?

También.

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El tío de la máscara

Menuda marcha llevo con el blog, ¿eh?, acojonante el ritmo de actualizaciones!! ni os da tiempo a leer y ya tenéis otro post!!!

(Perdón perdón, hago lo que puedo, pero con Kota dando botes está la cosa un poco difícil…)

Bueno, total, que yo venía a contar lo que me pasó el otro día, que me eché unas risas muy bonicas, vamos a ello:

(entre el párrafo de arriba y el siguiente he montado la casa de Anpanman y rebuscado el sombrero de Mr. Potato que resulta que estaba metido dentro de un calcetín de Chiaki)

Supongo que ya sabéis que por aquí es bastante habitual ver a gente con máscaras de esas de papel por la calle. En algún sitio leí que es por la contaminación, pero lo cierto es que no tiene nada que ver: aquí la gente lleva máscaras cuando están enfermos básicamente para no contagiar al prójimo. Bueno, ese es el uso oficial, yo también me pongo máscara si no me quedan más huevos que ir en trenes de esos petadísimos por las mañanas donde no es raro que te echen el aliento de la muerte mezcla de tabaco y café, así tiene que oler la puerta del infierno, vamos no me jodas, que ascazo. ¡Ah! y el otro uso «no oficial» que se da es cuando alguna chiquilla tiene algún grano cerca de la boca o no se ha depilado el bigotillo pero tiene que salir a la calle, es la solución perfecta, que no se me pasa ni una a mi (me lo contó una que yo me sé pero vosotros no, jejeje).

Pues el otro día dejé la bici aparcada ya en Shibuya y enfilé el camino de la oficina, con menos prisa que ni sé, también hay que decirlo. Delante de mi iba un viejales entrajetado con máscara que no hacía más que sorberse los mocarros ahí formando un ruido asquerosísimo a cada dos pasos. Esta movida a mi me da mucho asco, así que apreté el paso para quitarme de encima a semejante engendro de la vista cuanto antes. En lo que estaba adelantándole por la derecha y sin que el elemento se diese cuenta que iba yo por ahí, cogió aire dos o tres veces, se sorbió los mocos a todo lo que daba grrrsssshhhhhjarrr y se dispuso a echar un gargajo del tamaño de la cabeza de Tyrion Lannister exactamente, sin desviarse un milímetro justamente encima de lo que viene siendo mi excelso ojete. Yo pegué un bote y dije algo así como «cojones!! tu puta madre!!» pero el tío ya lo había propulsado al mundo exterior con el pequeño detalle de que… ¡¡¡¡llevaba todavía la máscara puesta!!!!

Yo me descojoné vivo mientras el señor cerdaco se quitaba la mascara que era igual ya que una bolsa de té usada y mascullaba mierdas en japonés del estilo de «mecagüen la madre que me parió, que no me he dado cuenta, joder, aggghh, hostias».

Mira tu que manera más guapa de empezar la mañana gracias aquí al tío gargajos!! :descojoner:

Otoño otoñete

La vírgen como pasa el tiempo, madre de Dios.

¿¡¿Qué pasa, patausagis 足兎!?!? ¡¿¡que marcha me lleváis?!?. Yo aquí ando dándome cuenta de sopetón por enésima vez de que el tiempo pasa más rápido que ni sé… que se haya acabado el verano ya… ¿cómo te quedas?, yo pericueter tirando por lo bajo.

Bueno!! pasemos a ver en qué berenjenales hemos andado metidos… ah sí, ¡las vacaciones de verano!. Este año no han sido nada del otro mundo en realidad: una semanita solo na más. Como yo entré a trabajar en la empresa el uno de abril, me corresponden 12 días de vacaciones, pero jodé, desde que entré me he puesto malo bastantes días con fiebres más tontacas que ni sé (sponsored by la guardería de Kota, que se pone él malo un día, me lo pega y yo me tiro una semana). No sé si sabéis que aquí si te pones malo, o te pillas el día de vacaciones o te lo descuentan del sueldo, no hay más. Así que total: vacaciones muy cortas, pero mira, de lo malo malo, eso que ahorramos para volver a España los tres el año que viene que ya son tres billetes de avión los que hay que pagar.

De esa semana, decidimos pirarnos tres días a Atami a que Kota pudiese ir a la playa por primera vez en su vida con calma, y luego otro par de días a Hakone esta vez con mi suegra para que pasasen tiempo juntos porque aunque vivimos a apenas una hora de distancia, lo cierto es que la rutina nos deja poco margen para vernos. Qué curioso.

Bueno, total, que este viaje de Atami yo creo que ha sido el primero en el que nos lo hemos pasado bien de verdad con Kota, de repente la cosa ha cambiado de estar todo el rato intentando que no llore, que no lo pase mal en los trenes o intentar que se duerma en hoteles «hostiles», a descojonarnos vivos con sus ocurrencias. Es muy gracioso como entra en la habitación y se emociona a grito pelado descubriendo lo que hay dentro: «PAPÁ!!! EL BATER!!!!», jajaja, es el pataliebre mayor del reino!!

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La playa de Atami no es tampoco nada del otro mundo, la verdad es que quitando Okinawa, todavía estoy por ver una playa que le haga sombra a cualquiera de las nuestras del norte: aquí están bastante sucias y hay más gente que ni sé (por cierto: ¿sabéis que hay el doble de pezones que de personas?, de nada, el saber no ocupa lugar). Pero estuvo guay la experiencia de meter por primera vez a Kota en el mar: estaba acojonadísimo con las olas, jajaja.

Al volver a Tokyo, aprovechamos para llevarle también a Kota al cine a ver una película de Anpanman, por cierto que un día tengo que hablar del emporio Anpanman, es acojonante lo que tienen montado aquí en Japón con esos dibujos animados… es una mafia. Pero bueno, sacaban peli y tenemos un cine cerca que se adapta bajando el volumen y dejando bastantes luces encendidas para que puedas ir con niños muy pequeños sin que salgan escopeteados al primer trailer. Kota estuvo muy muy callado toda la película, yo creo que tan flipado que no era capaz de decir ni mú, parecía que no lo había disfrutado nada, pero luego después no dejó de hablar de la «tele grande» donde había visto al cararedondaman y de la peli en si, jajaja, jodé, es muy emocionante hacer estas cosas tan «normales» para nosotros con él.

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Jaja, me acabo de acordar que cuando saqué esa foto el móvil hizo un ruido de la hostia y encima saltó el flash, jajaja, vaya notas el gaijinaco de las entradas!!

Como decía por ahí arriba, también nos fuimos a Hakone con la abuela. Lo cierto es que hizo bastante malo aunque no llegó a llover, no vimos el Fuji ni de coña, pero lo pasamos muy muy bien. Kota no le soltaba la mano a la abuela ni pa Dios e hicimos lo que se hace en Hakone: subirnos en mil vehículos desde teleféricos, funiculares, trenes hasta el barco ese del lago. Y a la vuelta, pues echarnos un obento en el tren como mandan los cánones japoneses (te dan un mes más de visado por cada uno que te zampes si presentas el ticket en inmigración).

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De vuelta en Tokyo, otra vez, resulta que ese fin de semana había fuegos artificiales cerca de donde vivimos, así que fuimos a una azotea de unos centros comerciales que la abrían para estos menesteres y que prometía unas vistas privilegiadas.

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¿Veis el pedazo de logo del Seven Eleven?, pues detrás estaban los fuegos… qué cabrones, mientras vendían cervezas y bentos los del centro comercial, no avisaban que sólo se jipiaba algo si te sentabas a la derecha del todo… así que cuando empezaron y ya nos habíamos comido y bebido a Dios por una pata, no se veía ná y se escuchó un «EEEEEEEEE?!?!?!?» del 90% de los que estábamos allí que no nos quedó otra que pirarnos resignados para casa. Jajaja, menuda historia, hora y media esperando pa ná!!

Y las vacaciones se acabaron y la rutina sigue, que con Kota es cansada a veces pero aburrida nunca. Ojo a la foto:

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Un buen ejemplo: ir a cambiar las sábanas de la cama y al volver encontrarte que el tío le había pegado un bocao a todas las manzanas del frutero y luego las volvió a dejar ahí… y se estaba descojonando tanto que es que no puedes hacer otra que reírte también, jajaja.

Ah, jaja, ojo a esta otra foto también:

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Esa me la sacaron hace un par de meses, porque querían hacer una página para animar a la gente a que se viniese a la empresa; me hicieron una entrevista y después me hicieron posar ahí en plan modelo: ríete, ponte serio, las manos en los bolsillos, mira hacia un lado… jajaja, estuvo guay, me lo pasé muy bien y salieron fotos chulas. Cuidao conmigo que todavía tengo mojo, cuidao conmigo !!

La web es esta si tenéis curiosidad: Recruit Peroli.

Carlos, por cierto, deja de trabajar conmigo, jaja, anda que ha durado el tío. Voy a echar de menos el rollo que nos traemos, no tiene nada que ver trabajar solo en japonés que poder comentar la jugada en tu idioma con un colega. En fin, dicen que no hay dos sin tres, así que vete a saber!

En otro fin de semana tonto, nos fuimos con los de la empresa de Chiaki a una granja que hay en Chiba a ver ovejas. A mi, que soy de Zalla, que cada vez que iba a ver a mis abuelos pasaba por prados llenos, este plan me parecía una chorrada muy gorda, pero todo sea por ver la reacción de Kota que tenía pintas de que se iba a reír mucho.

Al final no fue así: al montarnos en un autobús, Kota se mareó y empezó a devolver, no teníamos ropa para cambiarle y hacía bastante frío… al final compramos ropa en una tienda que había por ahí y pudimos disfrutar un poquito de los bichos, pero la verdad es que nos podíamos haber ahorrado el viaje…

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En otra de estas, Chiaki se fue con una amiga suya que también tiene un crío de la misma edad que Kota, a pasar el día por ahí. En otras palabras: la jefa me dio el día libre, jajaja, así que se me ocurrió que estaría guay coger la bici e irme a visitar la casa donde viví tantos años yo solo al llegar a Japón. Me recorrí veintipico kilómetros y me moló ver Honmonji otra vez, además me hizo un día de la hostia. Saqué fotos para mandárselas a los de Orbea, pero pasaron de mi culo un huevo, jajaja, que gañanes!!

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Chiaki hizo los años, yo que voy a hacer cuarenta mañana flipo con lo joven que es, Tosca, eres el puto amo, jajajaja. Le regalé un pedazo de bolso, compré una tarta en Shibuya que traje en la bici como pude y un montón de chorradas de la tienda Tigers esa. A la mañana me levanté sobre las cinco para preparar todo, pero me pilló a medias, jajaja. Eso sí, la canción del cumpleaños feliz que ensayé con Kota fue infalible y estuvo un rato soltando lagrimones, jejejeje. ¡¡ Muchas felicidades, guapísima mía !!

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Y luego ná, como siempre pasando los sábados con Kota. Es el pito’s day del clan Tosca, los hombres de la familia se quedan solos para liarla tan parda como ir al parque a los columpios, a la piscina de bolas esa o a dar paseos por la calle buscando hormigas. Me río yo de Pablo Escobar, nosotros si que somos peligrosos, amigos!! cerrad puertas y ventanas que salimos a liarla!!

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Y con esto nos ponemos al día, creo yo. La última locura que me queda por contar es la del invento para hacer dominadas que compré y con el que creo que me he jodido el cuello porque me duele lo que no está escrito:

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Eso si, si finalmente hacemos el Dominada’s Challenge el maldito albaceteño y yo, que no se diga que no iré preparado!! (Chiaki dice que pa cuando llueva vendrá bien: arriba tendemos los pantalones y abajo las camisas.)

Y ya está, voy a ver si bajo a Kota de la encimera y consigo que se duerma un ratejo. De mientras…

¡¡ háganme el favor de pasar un buen fin de semana, muchachos !!
:gustico:

Crisis de los cuarenta

La movida empezó con el nacimiento de Kota. No sé si se podría llamar al asunto crisis de los cuarenta, o crisis del padre primerizo, pero el caso es que todo a la vez ha hecho que mi vida sea totalmente distinta. Eh, anda que no cambia la cosa cuando te aproximas a los treinta y todos y encima teniendo un guacho dándote botes encima!

Es cierto que piensas en que ya llevas la mitad en el mejor de los casos, que es verdad que esto se va a acabar, que la vida va más en serio de lo que iba hasta entonces. Empiezas a darte cuenta que a lo mejor no tienes ya todo ese tiempo del mundo que siempre había sobrado para hacer todos esos planes que tu subsconciente y tu habíais apuntado en el cuaderno de sueños pendientes.

Te quieres poner en forma ya mismo. Quieres estudiar lo que siempre habías dejado para después, te pones a comer aguacates a media tarde porque has leído que son buenos para el colesterol y en el armario de la cocina hay un rincón con movidas raras y superfoods de esos que saben a folio rebozao con alpiste pero que van a hacer que tu hipotenusa siga elevándose al cuadrado de siempre.

En mi caso llevo encima una crisis de los cuarenta de la hostia, pero del copón de la baraja. Acojonao estoy.

A ver si soy capaz de explicarme.

Bueno, vaya por delante que estoy guay, que estoy bien, no preocuparse, que lo llevo estupendamente. Es más, diría que me gustaría haberla padecido antes, tampoco demasiado pronto, pero como cinco años antes habría estado más que fenomenal para haber guiado mis pasos hasta donde estoy, si, pero por algún que otro atajo.

La cosa no va por comprarse un Ferrari último modelo, teñirse el pelo de rubio y dar acelerones por la gran vía, o por el cruce de Shibuya en mi caso. El síndrome se ha manifestado de manera muy distinta: a mi me ha dado por pensar, por pensar muchísimo, por darle vueltas a todo lo que me rodea, no más que antes pero si a otro nivel, un poco más arriba, darle una «metapensada» a la vida y priorizar, priorizar hasta niveles de locura.

Me voy a morir, ese es el eje. Permitidme la crudeza.

Sabiendo que ese siempre de siempre está más cerca que nunca cada vez, todo se relativiza.

Todo.

Empecé por el trabajo: decidí que no iba a meter ninguna hora de más porque esa hora es una hora que nunca va a volver, una hora en la que podría haber estado jugando con mi hijo, enseñándole a contar en castellano o dándole todos los besos que pueda a la tía más guapa que hay, que es mi mujer y de momento me deja. Una hora de las limitadas que me quedan, que espero que sean muchísimas todavía, ojo. Así que si viene algo «urgente», rara vez será tan urgente como para olvidarme de que el tiempo que paso en la oficina es el apalabrado, el resto no es ni más ni menos que mi vida, esa que se va acabando, lentamente, pero sin tregua pactable posible. El tiempo es lo más preciado que tenemos, se mire como se mire. Por eso mismo no cojo nunca el teléfono, por ejemplo, es mil veces más rápido y efectivo el email, no me compensa.

Si excepcionalmente, pero muy excepcionalmente, me tengo que quedar para arreglar algo que se ha roto, me voy exactamente ese tiempo antes al día siguiente, es algo que he hablado, muy seriamente, con mi jefe y a lo que ha accedido.

El otro día le escuché a Iñaki Gabilondo en una entrevista decir que solo se arrepentía de una cosa: no haber pasado más tiempo con sus hijos cuando estos eran pequeños. Esto lo dice un señor de los pies a la cabeza hasta donde yo sé, que pasó una enfermedad muy grave; yo no quiero tener que llegar a ese extremo para darme cuenta.

Después pasé a otro nivel, pasé a relativizar la sociedad. Coño, ya os había dicho que llevo una crisis cuarentona encima de cojones, ¿no?. Pues eso, dadme cancha que despego. La sociedad, japonesa o no, estaba ahí cuando yo nací y seguirá ahí cuando yo me pire a fertilizar sakuras o cipreses o lo que quede encima de mi ombligo. Una sociedad con una serie de normas, de costumbres que deberían hacer más fácil la convivencia a la vez que asegurar y estabilizar la velocidad de progreso como humanidad. Esto es así, es innegable: ya no nos morimos por enfermedades de hace cien años, tenemos agua caliente, chorrillos en el ojete en mi caso, internet, aviones, jodé, yo que sé. Pues yo relativizo esta historia: todo me importa lo justo, las convenciones sociales, el sistema este que tenemos montado es una herencia, sin más, algo que va cambiando con los días según interesa a grandes empresas o gobiernos o… pocas cosas hay auténticas mires por donde mires, pocas cosas no son cuestionables, no hay porqué comer tres veces al día, yo entre semana comeré como cinco veces cosas ligeras porque así optimizo el tiempo, porque me conviene, tampoco hay porqué tomarse un café por las mañanas ni tumbarse a tostarse al sol en verano.

Pero voy más allá: los valores de este teatro se resumen en uno: se basan en tener más o menos dinero sin el cual no podrás hacer prácticamente nada y contra este concepto no hay ética que no se pueda doblegar; los supermercados venden comidas que son un disparate, incluso etiquetadas para niños, prima vender el máximo posible en cualquier lugar al que mires, no hay sentido común, solo tratar de ganar más pasta a toda costa.

Pero yo sé de primera mano que tener o no dinero es circunstancial, lo dice uno que ha pasado ya por casi diez empresas de todo tipo entre España y Japón. No me enorgullezco de ello precisamente, pero tampoco me importa: ha habido momentos duros y momentos mejores, como el actual, pero yo he sido siempre constante. Yo como persona: lo que pienso, lo que hago, mi potencial independientemente de la pasta, mi salud, mi cuerpo, mi mente. Eso es auténtico, es lo que hay y lo que queda en última instancia, el único patrimonio verdadero en Bilbao, en Japón o en Alpedrete, con o sin panoja para gastar, en esta o en aquella sociedad, quitándome los zapatos al entrar a un restaurante o zampando pintxos en la calle. Por eso me primo a mi mismo: estudio y no dejo de aprender, por eso hago todo el ejercicio que puedo, por eso trato de tener la mejor salud posible, porque vaya donde vaya, yo sigo siendo la constante, lo poco que se antoja real. Parece sensato invertir tiempo en mi más que en teatros ajenos.

Bajo este mismo concepto entrarían ahora Chiaki y Kota y por supuesto mi familia. El tiempo con ellos es aprovechado a todo lo que da cada segundo, el tiempo que no estoy con ellos, ni he vendido a una empresa a cambio del dinero asquerosamente necesario, lo dedico a mi cuerpo y a mi mente. El resto importa, pero muchísimo menos, muchísimo muchísimo muchísimo menos, tanto que siento que la mayor parte del día estoy representando una farsa fingiendo que me importa lo que hago cuando en realidad estoy deseando que acabe para tirar con lo mío.

Por ejemplo cuando viene uno del banco a hablarme de tal o cual hipoteca, me da exactamente igual, es su juego no el mío, yo de este invento participo exactamente lo justo que me permita vivir en una casa que considero mía, un trámite por el que he tenido que pasar, el resto me sobra, es más: hago todo lo posible porque ni me rocen estas historias. Soy el que más pasión pongo en las reuniones de empresa, pero en el fondo sé, soy consciente de que me importan prácticamente nada.

Son inmensa mayoría los conceptos «heredados» que me dan exactamente igual: religiones, divisas, fronteras, visados, política… me hace especial gracia ver a gente de mi edad defendiendo hasta la muerte ciertas ideas como la independencia de Euskalherria o el caso opuesto: España una y grande… ¿en serio? vosotros nacisteis con este tinglado ya montado, ¿en serio os importa tanto? ¿tan poco tenéis que hacer?. Lo que no quita para que me alegre cuando gana el Athletic o me alegraré cuando se quite del medio a tanto inútil que está en el poder en España a finales de año, no vivo insensible y ajeno a todo, pero es otro nivel de alegría nada comparable a escucharle a Kota aporrear la puerta del baño gritando «papá» para que salga ya de ahí, deje de hacer lo que sea que era tan urgente y me ponga a jugar con él ya mismo. Eso es lo importante, mucho más que el paso a producción del jueves 23, no hay, ni de lejos, color.

Así que con esto estoy últimamente: no me creo nada de lo que me rodea, solo creo en lo mío y lo de los míos, con ello me quedo y a ello me debo, no es que me canse el resto, es que me da igual.

Crisis pero de las jodidas, ¿eh?.

Ya veremos cuando llegue a los cuarenta de verdad…

Farsa

No hace mucho, diría que desde hace un par de años, vengo dándole vueltas a la idea de que la gran mayoría de lo que nos rodea es una gigantesca y descomunal farsa. Desde que Kota está con nosotros, no hace ni medio año, esta idea, este concepto está tomando especial relevancia quizás porque cuando tienes un hijo, tu lista de prioridades de repente deja de tener sentido alguno y todo deja de girar en torno al ombligo de uno.

No es que de repente me haya convertido yo en Neo y vea la realidad tal y como es, no va por ahí la cosa, a ver si soy capaz de explicarme y de paso me entero yo también.

Uno fue a nacer donde le tocó con la familia que le fue a tocar y a partir de ahí todo está, digamos, preconcebido. Comes lo que te ponen encima de la mesa, en el colegio uno juega a futbito porque es lo suyo, existen periódicos, tebeos revistas… todo un mundo montado que está muy bien, pero no deja de ser una herencia, el resultado de evolución de la sociedad, del mundo en el que te ha tocado vivir. No hay porqué estar de acuerdo. No tienes porque creerte esta movida solo porque es así. No ha sido así siempre y seguramente no sea así para siempre. No sé si me seguís… de momento no me entiendo ni yo.

A ver si tirando por otro lado…

Mira, hablemos de los bancos. Esos negocios oscuros que uno nunca sabe muy bien como funcionan, pero sin los que no puedes hacer movidas tan simples como que te paguen un sueldo sin tener una cuenta con ellos o más complicadas como comprarte una casa sin deberles tu vida. Para que me diesen la hipoteca en España tuve que firmar un seguro de vida que por lo visto todavía tengo y hacerme un plan de pensiones que no me dejan cancelar. Fue una farsa, una inmensa comedia que me lió la vida. Me podrían haber dado el préstamo y lo hubiese pagado igual, pero me sacaron más dinero porque les apeteció, porque les salió de los huevos y ahora no me dejan tener ese dinero porque tampoco les sale de los mismos redondicos atributos. Esto lo digo yo que ni tan mal, qué dirán los de las preferentes.

La comida… estamos totalmente rodeados de comida que es un disparate. Prácticamente cualquier producto de cualquier supermercado que vaya en un envase se fabrica en masa con el objetivo de que duren el máximo posible, atiende lo que le echarán ahí para lograrlo. Cualquier bebida tiene cantidades ridículas de azúcar, sea con gas o no, la etiqueta «light» es la mayor mentira del universo. Es mucho más barato zamparse un menú del McDonalds que un menú del día normal en cualquier restaurante. Se beben cafés sin ningún sentido, conozco a gente que se enchufa cinco o seis cafés al día de manera habitual sin inmutarse. La sociedad consumista en la que vivimos, yo más por estar aquí, es insana, es el resultado de multinacionales que quieren vender el máximo de productos posible, es su teatro, su circo en el que nos vemos todos inmersos queramos o no. Ojo que yo me pongo tibio a patatas fritas y tabletas de chocolate de vez en cuando, no es que esté totalmente pirado por la dieta, pero si que creo que es un ejemplo perfecto para explicar mi teoría de que bailamos al son que nos tocan. Y atentos al asunto, porque la cosa está tan extendida que si por ejemplo tratáis de pedir algo sin alcohol cuando estáis con vuestros amigos, lo más probable es que prácticamente ellos mismos te obliguen a enchufarte una cerveza quieras o no, porque ¿cómo no te vas a pimplar, por Dios?.

Los políticos. Yo cuando nací resulta que se acababa de morir Franco. Yo no tenía ni idea de quien era Franco, solo recuerdo las monedas de 50 pts en las que salía su jeta, un tío con la cara redonda y calvo como el solo, creo recordar. A partir de ahí había presidentes del gobierno, ministros, congresos, parlamentos… todavía sigo sin entender muy bien como funciona la cosa. Me dan igual, tienen montado un tinglado ahí acojonante de amigos haciéndose y debiéndose favores unos a otros con el objetivo de chupar el máximo del bote común. Luego está la familia real que no tengo ni idea de porque están ahí y que siempre me han dado también igual, pero que últimamente me caen francamente mal. Y los medios de comunicación al servicio de todo este teatro dando la misma noticia de maneras totalmente opuestas. No me creo nada, dejadme en paz ya.

Las empresas… yo estuve en una donde hacíamos páginas webs calcadas unas de otras con el objetivo de cobrar cuantas más subvenciones mejor. El cliente ni las pedía ya, le dábamos todo el papeleo hecho y él solo tenía que firmar, después esa web nunca se volvía a actualizar. Mi jefe me hizo jefe de equipo o no se qué pamplinas y nos tenía en agosto en un piso de Bilbao a cuarenta grados sin un miserable ventilador mientras él se forraba vilmente. En la siguiente empresa estaba subcontratado y aunque la empresa del cliente nunca dejó de tener cifras astronómicas de beneficios, tenían a chavales currando por cuatro duros y encima están despidiendo a un huevo de gente. Al pedirle yo a mi jefe de ahora, después de dos años, si me va a hacer algún tipo de revisión de sueldo, algo que considero normal en cualquier empresa, me contesta que no se habló de nada de eso en la entrevista y acaba su email con un «con lo que estás cobrando, si no te llega, deberías revisar tu estilo de vida» a lo Montoro, viviendo por encima de mis posibilidades. Todo sin tener ni idea de qué hago yo o dejo de hacer mientras le veo pirarse de la oficina en un cochazo del copón bendito. Las empresas, hasta el momento, son la mayor mentira en la que me he visto envuelto desde que nací. Es cierto que nos toca tragar a cambio de la estabilidad que nos da el tener un sueldo fijo sin más preocupaciones que cumplir las horas, pero la sensación de estar actuando en su circo privado no se me quita ni con el baño de las noches. Todavía estoy por estar en una empresa en la que se preocupen de verdad por uno y no solo por obtener cuanto más beneficio mejor a consta de lo que sea y de quien sea. Eh, y con la siguiente que empezaré de aquí a un mes, ya voy nueve distintas.

No hablaré aquí de las religiones porque entonces no tendría fin y acabaríamos mal.

Pones la tele, al menos aquí, y salen grupos de música de un montón de chicos o chicas súper jóvenes todos cortados por el mismo patrón que cantan todos a la vez y bailan coreografías absurdas. Seguramente no tengan ni idea de componer música, no tienen mayor habilidad o mérito que una cara bonita y haberse aprendido un baile que ni siquiera serán capaces de inventarse ellos, pero mira por donde que están en absolutamente todos los programas de televisión, hacen millones de anuncios, les ves en carteles enormes por toda la ciudad, «triunfan». Tienen millones de fans, de seguidores adolescentes cuya aspiración es llegar a ser como ellos. Es algo tan triste, tan superficial… es una farsa maquinada por los medios de comunicación y las empresas que les funciona hasta límites increíbles. Eh! no hablemos tampoco del fútbol allí, que si no te gusta, eres el bicho más raro del mundo. Cuento con los dedos de una mano los partidos de fútbol que he sido capaz de ver enteros, y seguro que era porque todos mis amigos lo estaban viendo y no quedaba otra.

Resumiendo: no me creo nada de un tiempo a esta parte. Pongo todo en duda, me siento ajeno a tanta patraña que nos rodea. Veo a Kota que está ahí puesto en su cuna haciendo poco más que comer, dormir y tirarse pedos y pienso en todo lo que le espera. Ojalá que sepa elegir por su cuenta y no porque es lo que hay, ojalá que sea capaz de pensar por si mismo y plantearse absolutamente todo lo que tiene a su alrededor. Porque al igual que hay un sinfín de farsas esperándole, también existen cosas maravillosas que espero que sea capaz de distinguir y encontrar por su cuenta.

Yo, de momento, sigo buscando. No os creáis que tengo todas conmigo, últimamente estoy de un desconfiado subido que echa para atrás. Veremos si con el cambio de empresa, la cosa mejora. Que no me malinterprete nadie, no estoy amargado: yo vivo feliciano como siempre o mucho más con la llegada de Kota, muy ilusionado con mis cosas que espero que nunca se me quiten las ganas de hacerlas. Pero, ojo, que no me vengan con cuentos chinos que no me creo ninguno, que cada vez estoy más harto de tanta patraña, que yo sé lo que quiero y no necesito tanta tontería emborronándome la vida. Copón ya.

El 2013

El sábado pasado fue el primer día que Kota y yo nos dimos un paseo sin Chiaki. Hacía mucho que no daba un paseo solo por pasear y hacía mucho que no lo hacía solo. Bueno, Kota estaba conmigo pero como no habla mucho… hombre claro que no, Kota perdona, por supuesto que no estaba solo, pero como yo no sé si me entiendes cuando te hablo pues me puse a pensar en mis cosas mientras recorría calles repletas de tiendas envueltas en música de flautas y tambores provenientes del hilo musical que se dejaba escuchar gracias a altavoces colocados sutilmente en farolas aquí y allá. Cada vez que se estrena año pasa lo mismo por estos barrios: la mitad de las tiendas cerradas y el CD de música tradicional de año nuevo en modo loop.

Feliz año, por cierto, que casi se me pasa.

Total, que mi hijo colgaba de mi pecho gracias a uno de esos artilugios pensados para que los padres le tomemos el relevo por fuera a las madres que ya dejaron de llevarlo por dentro. A veces dormía y a veces me miraba. Kota, en algunas ocasiones parece que te esté diciendo un montón de cosas cuando te mira fijamente. Parece decirte: Oskar o papá o como sea que te llamaré, lo estás haciendo bien, no te preocupes tanto, hombre, que yo estoy bien.

También es verdad que otras llora como si le estuviésemos haciendo al baño María.

Pero el sábado no hubo problema alguno, ni frío hacía y Kota se dedicaba entre balbuceos y sonidos que solo él entiende a mirar el cacho de Tokyo en el que le ha tocado nacer. Espero que hayamos elegido bien.

Y yo, que le miraba desde arriba, me puse a pensar en un montón de cosas. Me acordé, me acuerdo, que el año pasado lo empecé con una escayola adornando mi brazo izquierdo y que más que el dolor, lo que peor llevaba era no poder hacer nada de lo que llevaba haciendo hasta entonces: vacaciones forzosas de Karate, de correr, de cualquier actividad física… lo llevé bastante mal y mira que yo más que optimista soy un feliciano. Tan harto estaba que cuando aquel día el tren frenó de repente y me golpeé el brazo roto contra una barra metálica del vagón supe que nada me iba a sentar bien desde por la mañana; estaba hasta los huevos de mayormente todo y aquella mañana me cansé de esperar emails de editoriales que nunca llegaban y decidí que el libro lo iba a sacar por mi cuenta, hubiese que hacer lo que hubiese que hacer.

¡Eh! de las mejores decisiones del año, acaban de llegar los 500 ejemplares a Barcelona y ayer mismo envié los PDFs a los que eligieron la opción en la campaña de crowdfunding.


:estudier:

Si algo iba a marcar sin duda el 2013 era que me casaba con Chiaki en su templo. Ya estábamos casados por lo civil, pero queríamos hacer algo bonito en el templo que era su casa antes de venirse a vivir conmigo. Yo siempre había pensado que deberíamos hacerlo allí, no se me ocurría un lugar mejor y supongo que a Chiaki tampoco aunque todavía hoy me resulta curioso que fuese yo el que lo sugiriese, quizás ella lo daba por sentado ahora que lo pienso. Lo que no sabía es que se iba a animar tanta gente a venirse a la boda desde España: no solo un montón de amigos de Bilbao sino que mi familia al completo, Javi incluido, llegaron a Narita para celebrar nuestro día que no quedaba otra que que fuese especial. Tan entusiasmado estaba por la llegada de todos que decidí escribirles una especie de guía de viaje para que descubriesen el Tokyo y los alrededores que me hubiese gustado que me contasen a mi si no tuviese más de una semana:

1- Tsukiji, Hamarikyu, Odaiba y Onsen

2- Honmonji, Sky Tree y Asakusa

3- Kamakura, Hasedera, Daibutsu, Enoshima, Ofuna, Yokohama

4- Tokyo Tower, Azotea del Roppongi Hills, Shibuya

5- Harajuku, Meiji Jingu, Yoyogi y Shinjuku

Sé que hicieron la gran mayoría así que fue un tiempo muy bien invertido porque cuando estaban aquí yo apenas daba abasto con los preparativos de la boda, mi familia y atender a la pobre Chiaki que por aquél entonces estaba pasándolo bastante mal por culpa del embarazo. Ya me habría gustado haber hecho las excursiones con ellos, ya.

Bastante antes de que viniesen y en plenos preparativos de la boda, recuerdo que un día decidí irme a casa en vez de a la habitual clase de Karate porque no me encontraba muy bien. Como Chiaki iba a llegar tarde y para hacer tiempo me bajé en la estación anterior donde hay un gran centro comercial y allí, sin haberlo planeado, acabé comprándome dos pares de zapatos que no necesitaba en absoluto. De propina, se me recalentó el alma al verme atendido por el señor de la tienda de zapatos. Profundamente conmovido entre lágrimas escribí aquella historia que también forma parte del libro. Los zapatos no me los he puesto más que dos o tres veces y resulta que ahora que compramos piso justo en esa estación y vamos muy a menudo a su tienda, él ya no está. Ojalá que sea porque le han trasladado a otra tienda o esté haciendo otro trabajo parecido en cualquier otro sitio.

Y finalmente vinieron mis amigos y mi familia y se celebró la boda. Fueron días de intensa emoción en los que yo no dejé de llorar prácticamente ningún día por diversos motivos aunque el mismo día de la boda se llevó la palma. Salimos temprano por la mañana al templo de mi mujer con mi familia, nos vistieron con kimonos incluyendo a nuestras madres y a mi sobrina, nos casó mi cuñado por el rito budista en presencia de mis amigos, fuimos en autobús al restaurante en un viaje eterno por un Tokyo atestado de coches y allí se sucedieron muchas sorpresas con mucha más gente que no cabía en el templo. Nos cantaron, nos leyeron cosas, nos hicieron un vídeo precioso… aunque la sorpresa mayor nos la guardábamos nosotros con otro vídeo en el que contábamos un poco nuestra historia de pareja y al final del todo anunciábamos que Kota estaba ya por llegar. Mi madre no dejaba de repetir «¿pero es verdad? ¿pero es verdad o es otra de las tuyas?»…

Los de callejeros se vinieron a grabar hacía un huevo, pero finalmente parecía que iba a salir ya el programa (me cuentan que en el día de reyes lo volvieron a poner).

Pero a mi lo que me tenía frito era un compañero de trabajo que me tenía muy amargado, tanto que hice un montón de entrevistas para irme de la empresa. Con todo lo bueno que me estaba pasando, lo feliz que estaba yo con mis cosas… aquella sensación no me cuadraba… me hizo reflexionar y creí darme cuenta que este concepto relativo de felicidad, al final del día, tenía mucho que ver con toda la gente con la que nos tocaba compartir tiempo y lugar y con como dejamos que nos hagan sentir.

Ahora me lo aplico y trato de no cruzarme o relacionarme con según que tipo de gente que sé de sobras que no me convienen. «Fintar a idiotas y sus idioteces» lo llamó un buen amigo.

Total, que apenas unas semanas después de que se acabase la vorágine de la boda, en vez de estarme quieto y descansar, estaba metido de lleno en la organización de la primera Feria de Abril en Tokio. Bueno, al menos la primera que sabíamos nosotros que se celebraba: nos las arreglamos para tener un bar español exclusivamente para nosotros por un día y montamos allí un Cristo importante en el que no faltó de nada. Curramos un montón y no solo ese día sino desde muchas semanas antes, pero me reafirmó en mi idea de dejar de rascar teclas algún día porque menudo gustico nos dio todo. Aunque hubo paisanos «amigos» :comillo: que vinieron pero no pagaron la entrada y se quedaron fuera aprovechando el ambiente generado en la terraza… en fin, ellos verán, nosotros nos remitiremos al dicho de las fintas.

Precisamente en la organización de ese jaleo fue cuando por fin conocí a Chema, el famoso «niño cagao» que había salido en Callejeros hacía tiempo. Me pareció un tío muy salao y me dio pena que se fuese tan pronto ahora que no habíamos hecho más que conocernos. Estuvo graciosa la canción de despedida que se cascó en la terraza de los Lorcos aquel día cuando quedamos los organizadores del evento para dar cuenta de las sobras. Fue chica la que cogí aquella tarde así con la tontería…

:gambiters:

Y en esas estábamos cuando de repente nos empezaron a llegar mensajes al teléfono ¡¡ que estábamos saliendo en la tele de aquí!! Resulta que aquí hay un programa de televisión en el que se van con la cámara al aeropuerto de Narita a entrevistar a los extranjeros que llegan. Les preguntan de donde son, a que han venido… y si lo que van a hacer les resulta interesante, les piden permiso para grabar un programa especial durante su estancia. Por ejemplo el otro día salió uno que se dedicaba a dar clases de esquí y le sacaron ahí dando clases y tal. Pues el caso es que pillaron a los Tosca ahí y nos pidieron permiso para venirse a grabar la boda al templo de Chiaki!!!

… peeero les dijimos que no (como cinco o seis veces porque no dejaban de llamar por teléfono para insistir). A mi tengo que reconocer que por una parte me hacía ilusión porque iba a ser un recuerdo muy gracioso que tendríamos siempre de aquel día, pero también es verdad que el asunto era íntimo y el tono del programa es en exceso de humor con lo que tampoco era plan. Aún así me queda la cosica de saber cómo habría quedado, ¡¡ juas !! (mi padre es el más salado del mundo, por cierto, qué arte!).

Y ahí siguieron pasando los meses… mientras trataba de acostumbrarme a mi nueva vida de casado con Chiaki y me planteaba retos con los que todavía sigo enfrascado, muchas tardes de verano las dediqué a programar «Por lo segao«, una web de cromos que no son más que fotos chorras con títulos chorras. La verdad es que me lo pasé muy bien metiendo cromos, pero un día me llegó una alerta de espacio en disco sobreutilizado y no he sido capaz de buscar cinco minutos para ver que está fallando porque no se pueden crear cromos. Intentaré retomarlo durante este año en cuanto se calmen un poco las cosas.

Lo que son las cosas, que justo antes de irme de luna de miel a Okinawa (pedazo de viaje, por cierto, ahí tenemos que volver como sea), estuve a punto a punto de cambiar radicalmente de profesión. Pero a punto a punto… ahora que ya no tengo los problemas que tuve a última hora aquella vez, resulta que mi puesto ya está cubierto… ¡fue cuestión de un par de meses solo! ¡se puede hacer!.

Y precisamente viendo las fotos de Chiaki embarazada en Okinawa fue cuando me puse a pensar en Kota, en mi hijo, en todo lo que significaba para mi que hubiese podido llegar a formar una familia después de todo. Y en lo lejos que sigo estando de los míos… Esa calurosa mañana de agosto le escribí una carta a mi querido hijo.

Cuento, con orgullo que lo que allí ponía lo estoy cumpliendo a rajatabla: menudas conversaciones en castellano tenemos a la hora del baño… aiss…

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Septiembre siempre es un mes especial: es el cumpleaños de Chiaki y el mío y siempre hacemos alguna celebración chula estilo irnos de viaje por ahí. Este año con lo de Okinawa y Kota a punto de nacer nos quedamos en casa y yo aproveché para lanzar la campaña de crowdfunding pensando en que igual si que iba a ser posible finalmente tener el libro. Ya sabeis el resultado porque sois parte de él: apoyo incondicional desde el primer momento, se consiguió el objetivo a las pocas horas y se cuadriplicó. Nunca sabré expresar lo suficiente mi gratitud, solo espero que el libro no os defraude.

Ojalá que no.

También fue cuando nos enteramos que Tokyo iba a ser la sede de las olimpiadas y no sé si porque Madrid perdió pero leí una serie de gilipolleces en muchos medios españoles sobre Japón que me dio por escribir una especie de artículo en el que trataba de contar que para mi lo mejor y lo peor de esta ciudad: Tokyo, la ciudad de los juegos.

A finales de septiembre andábamos también a contrarreloj por conseguir la hipoteca que nos permitiría comprar el piso en el que vivimos ahora. Digo que íbamos contra el tiempo porque Chiaki salía de cuentas en un mes y todavía no teníamos claro si nos íbamos a poder mudar o no. Nunca habría pensado yo que me iba a comprar casa aquí pero mira, tener un hijo te hace que quieras tener una mayor estabilidad, darle cierta seguridad que antes no te importaba. Y lo conseguimos a pesar de tener mucho en contra por ser extranjero y no llevar demasiado tiempo con contrato indefinido. No faltó tampoco quien quiso quitarnos la ilusión de una hostia.

Por cierto, ¡qué risas con la mudanza!.

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Luego, ¿pues qué decir? ¿qué contar?, llegó Kota y todo cambió. Mi mundo, nuestro mundo se ha convertido en esa personita que nos mira echando babas, tirándose pedos como trolebuses y roncando como un abuelo. El parto fue larguísimo y Chiaki lo pasó muy mal aunque al final todo salió muy bien.

Y para acabar el año antes de dedicarnos plenamente a Kota, y a parte de una segunda feria pero de Albacete esta vez, nos vimos envueltos en uno de los mayores saraos dedicados a España que se han celebrado por estos lares: un Spain Matsuri en el que pusimos un tenderete de tortillas entre otros pinchos diversos. Fue un fin de semana de no parar de currar hasta no sentir las piernas, pero menudas risas nos echamos siempre con Chiqui, Lorco, Germán, Manuela…!!!

Me caso en Tokyo con mi familia y amigos, me voy de viaje a Okinawa, me compro casa, nace Kota, saco un libro… me parece a mi que el 2013 va a ser un año que recordaré siempre. Este 2014 de momento se presenta tranquilito, pero no le doy yo más de un par de semanas más antes de que se empiece a liar… ya veréis!!

¡¡ Que no paréis de reiros de todo en el año 2014 !!

El ikublog en segundo de la ESO

El año pasado contactaron conmigo para hacerme una propuesta que sería imposible rechazar: querían pedirme permiso para publicar uno de mis posts en el libro de Lengua y Literatura de segundo de la ESO que se iba a utilizar este año en España. Imagínate, algo que he escrito yo publicado en un libro de educación, madre mía, cómo iba a imaginar yo que algo así podría pasar. Por supuesto que accedí encantadísimo, menudo honor, aunque la verdad es que tampoco me lo creía yo mucho el asunto…

Hasta que hace nada que he podido hacerme con el libro en cuestión y era verdad, efectivamente, ahí está el artículo:

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En concreto es el que publiqué una semana después del gran terremoto de marzo del año pasado, el titulado: Viernes, 18 de marzo de 2011. Lo cierto es que ese mismo artículo parece que tuvo cierto éxito porque también lo publicaron en El Correo, aunque allí se sobraron bastante porque grabaron incluso un vídeo con un tío leyéndolo en plan melancólico con música tristona que no venía a cuento y por supuesto, sin incluir la parte sobre los medios de comunicación…

Pero bueno, a lo que íbamos… ¡que salgo en un libro de la ESO!

La verdad es que me esto me animó y me dio mucha fuerza para seguir con el ikulibro que prácticamente ya tenemos acabado y revisado. Sólo nos falta meterle unas cuantas cosas más que creemos que van a quedar muy bien y para adelante. Como las editoriales no nos hacen caso, que ni nos contestan a los emails, seguramente lo saquemos por nuestra cuenta de alguna manera, pero de principios del año que viene no pasa, por estas, anda que no está quedando bonico ni nada. Yo no soy capaz de leer dos capítulos seguidos sin echar lagrimones, pero claro, son cosas que me han pasado a mi, si no me emocionasen, mal iríamos…

¡Buen fin de semana!
:estudier:

Archivos y rebuscamientos

Resulta que en el último mes y medio me he dedicado en el curro a programar plugins y themes para WordPress, lo que ha tenido una parte buena y otra mala. La buena es que he aprendido mucho como va el asunto… y la mala es que ahora al ikublog me parece que le falta de todo!!!

¡¡horreur y terreur!!
:copon:

Así que aprovechando los escasos huecos libres que puedo saquearle al día, estoy añadiendo todo lo que debería haber estado desde el principio. Mira, visto así, son las dos cosas buenas!

De momento vamos con la búsqueda y las páginas de archivos, que ya están en su sitio (borra caché si no te aparecen!!!):

Claro, después de que por fin salgan en condiciones los archivos, resulta que las categorías cobran importancia, así que me he dedicado a recorrerme los más de 1200 posts que tiene este mostrenco y metiéndole categorías a saquer. Así, por ejemplo, ya se pueden ver más en condiciones los posts de:

Kokoro
Karate
Mother of Peneke
Excursiones
Fotos
Comida
Curiosidades
Chorradas

O directamente en la barra lateral pinchando en alguna de las de la nube de categorías (etiqueterEnchuferClouder featuring Resopler), ya sale el listado de los posts enchufaos en la correspondiente. Ahora ya solo me falta acabar de categorizar los 300 restantes, hacer que salga alguna imagen genérica cuando el post no tiene fotos y ya pasar a maquear la web de las camisetas de cara a los nuevos diseños de primavera…

¿Se os ocurre que más le vendría bien al ikublog?

:gustico:

La clase de Paella

Mientras unos andan recomendando que la peña no venga a Japón que hay radiación hasta en la miso, nosotros aquí seguimos pasando un verano atamagantemente chulo ajenos al proceso de transformación en hombres binárdicos (según algunos, cuatrinárdicos desde hace un mes ya).

Ayer sin ir más lejos estuvimos en el rocódromo donde un tío raro nos sacó fotos porque andan buscando modelos para ropa deportiva, no os digo más en las que estamos metidos. Bueno si, diré que para celebrar que a pocas a pocas nos vamos puliendo todas las rutas rocodrómiles, nos fuimos a ponernos hasta el jarenore de carne al izakaya de siempre. EdanoBeef la llaman ya. The man, the legend.

Total, a lo que iba, que si sigo por aquí no voy por allá. El sábado, como estaba anunciado desde tiempos facebookriales, tuvo lugar el primer seminario gastronómico internacional intercultural interparedes:

¡¡ La paella del tío Txiki !!
:cocinicas:

Pero empecemos por el empiece para que dure más el post antes de que finalice por el final. El viernes por la noche me casqué tres tortillacas de patata como tres soles. Gracias a los callos que me han salido por ir al rocoplace, pelar tantas patatas no supuso ningún reto en absoluto.

El sábado por la mañana salí de casa cargado con cuatro botellas de vino, tres tortillas, un plato lleno de pintxos del libro del Arguiñano y una paellera a la espalda que parecía el duende tortuga en Benidorm. Fiel al espíritu Tosca, al salir del tren se rompió una de las bolsas de papel y la mitad de los pintxos se esparcieron por el suelo montando un cristo del copón, del copín y del copete en la Yamanote que recogí como pude mientras el tío que iba atrás del todo mantenía las puertas abiertas para que no me pillasen porque estaba en el medio…

¡¡ Tío saborío rancio calandrero
que me veías ahí pasándolas chungas con la paellera a la espalda
y no te dignaste a ayudarme ni un poco asín!!!!!
:otiaya:

En Ikebukuro esperaban ya el maese hacedor Txiki y sus tres fieles pinches: la Nere, el Guille y la Gami. Ya estamos todos, ya podéis decir lo que estáis pensando, venga va, desahogaros que sino no se ven las fotos a gusto:

¡¡¡¡ un manchego,
una gaditana,
un lorquiano
y un zalluco !!!!

enseñando a hacer paella valenciana…

¡¡¡¡ tócate los tamangueños !!!!

Bien. Ya pasooo ya pasooo.

Ala, ya estamos frescos. Pasemos a la puerta del lugar donde veremos que, por una vez, parece que la de Shiodome ha hecho algo correcto:

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Una vez dentro, lo primero fue presentar en condiciones los aperitivos pensados para ser deglutidos después de echar el arroz y el agua a las paellas. El Txiki trajo chorizaco e hizo pan del de hacer la trompetilla al panadero de enfrente y el Guille y la Nere se cascaron unas empanadillas de esas de comerse una y no poder parar hasta el mokuyobi que viene:

Después nos aseguramos que cada mesa tenía todos los ingredientes puestos en condiciones, hecho que constató uno de los dos del Nerelorco.com con una instantánea hecha en el momento instantáneo justo:

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Y ya empezamos con el lío arrocero. Txiki-sensei se encargó de explicar lo que íbamos a hacer a partir de entonces, y también contó amenas, entrañables a la par que próximas y cercanas historias suyas como el origen de la paella o los ingredientes que se suelen usar en España (incluyendo conejico para horreur y terreur de los aprendices allí presentes). Yo trataba de traducir como podía ayudándome de una chuleta que me curré dos semanas antes que hicimos un ensayo general enseñándole a Chiaki lo mismo (y menos mal!).

Me puse nervioso… los cinco primeros minutos, después yo creo que todo el mundo se descojonaba sobretodo cuando intentaba decir alguna palabra y como no me salía pues me ponía a explicarla. Por ejemplo, yo decía «la cosa esa blanca que sale cuando lavas el arroz y que vale para enderezar las corbatas» y todos contestaban «el almidón!!!».

Planeado, dicho y hecho el trecho: mientras el arroz se iba cocinando, empezamos a zampar lo que los senseis hispanos habían tenido a bien traer y he de decir que la bota de vino, la misma que llevé al Fuji y al Koyasan, allá donde va, triunfa (a mi ni puto caso, eso sí)

Llegados este punto, sé de buena tinta («de buena tinta» no te lo pierdas!! #cancamusaFlavour), que estáis todos deseosos de ver las tres pedazo de paellas que allí se cocinaron. Pues os vais a quedar con más ganas que ni sé porque entre pitos y flautas, cuando me dio por ponerme a sacar fotos allí no quedaba ná:

La del Txiki fue una inmensa idea, el rato que pasamos fue genial, la gente respondió mejor que bien y encima nos fuimos para casa con la tripa tonta y la risa llena. Txiki decía que se conformaba con que alguno de los que fueron al curso les diese por intentar hacer la paella en casa, ayer me contó que ya sabe de una que compró paellera y les cocinó una a sus padres que quedaron encantados. Si esto no es gustico del bueno, a ver que lo es.

Por mi parte diré que ya estoy esperando a la siguiente. Paella, pintxos, tortilla de patatas… importa bien poco en que pisto nos metamos mientras se haga entre Txikis, Guilles y Neres.

Si señor.

Ah! que aquí lo contó el Guille, y aquí el Txiki-sensei, no olvidarse de mirar, que por allí salgo más!! :D

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:ungusto:

Nokogiriyama

La frase de «El Buda más grande de Japón» tiene mucha guasa, pero mucha mucha porque yo ya conozco media docena, no te lo pierdas. El caso es que se le añade coletillas a la proclama y entonces no es mentira. Así tendremos el Buda más grande de Japón…

de piedra de pies

… de bronce al aire libre

… dentro de un edificio

Y el que nos ocupa esta vez que es el…

«…más troncho excavado en piedra»

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Todo empezó cuando el deslenguado despertador decidió no dejar ver los títulos de crédito de los sueños a eso de las cinco y media de la mañana de un sábado grisáceo y más bien feo. Con legaña en popa a toda vela aparecí en la estación de Shinagawa donde ya estaban la mayoría tratando de despertarse del todo. Viendo aquellas mochilas y aunque todavía aturdido por el madrugón, no pude evitar acordarme de aquél maravilloso fin de semana en el Koyasan… pura fantasía latir en tales lugares con semejantes almas. Por si se me vuelve a olvidar mentarlo en persona y les diese por pasarse por aquí: compadres, siempre es un gusto, el sitio es lo de menos.

Hora y pico de tren después aparecimos en Kurihama desde donde nos pusimos a andar hasta que llegamos de milagro a coger un ferry que salía ya rumbo a Hamakanaya, el punto desde el que empezar a subir. Podríamos haber ido en tren dando toda la vuelta hasta llegar a Chiba…


Ver mapa en gordo

… pero lo cierto es que el plan de montarse media hora en un barco era mucho más gusticable y daba la sensación de que íbamos a una isla en vez de simplemente saltarnos un charco. No veas la risa tonta que nos entró ya de buena mañana!!

Hamakanaya era un pequeño pueblo costero donde no había mucha pinta de haber nada más que cuatro abuelos, trece gatos y dos o tres cuervos a dieta. Aún así supimos encontrar un restaurante chino donde fondear antes de empezar la caminata. Estas cosas o se hacen bien o no se hacen y la tripa había que llevarla llena, y menos mal porque nos costó un rato encontrar por donde se subía… dimos un par de vuelticas antes de enfilar el camino correcto!

Después empezamos a subir por entre un bosque hasta que llegamos a unas paredes verticales de piedra que le dejaban a uno sin más aliento si cabe del escaso que nos quedaba después de tantas escaleras y cuestas. Aquello no parecía un típico paisaje japonés, era como estar dentro de un capítulo de Lost pero rodado en Tailandia o por ahí, yo anduve buscando a Ben para darle las ostias que se merece desde hace años, pero no hubo suerte…

Ya quedaba poco para llegar a la parte de arriba, lo cierto es que no teníamos muy claro qué nos íbamos a encontrar más allá del buda de piedra enorme famoso de la excursión. Así que cuando llegamos al mirador, nos quedamos sin palabras…

Un poco antes estaba el «Buda excavado en piedra más alto de Japón», que como estaba con la cosa del mirador, se me había pasado!!

Ya después de eso daba todo igual ya, aunque claro, el protagonista de la excursión debería ser el Buda gordo, así que tiramos a su encuentro escaleras para abajo. Cuando llegamos, nos encontramos con muy poca gente y una estatua enorme en una explanada en medio del bosque. Allí hicimos la segunda parada larga del día, degustando bien el lugar, que no se está en un sitio como ese todos los días.

En el templo se podían comprar unos pequeños budas con los que pedir un deseo dejándolos a modo de ofrenda allí mismo. Anda que no somos ambiciosos ni nada, menuda montaña había!!

Tocaba volver, pero hasta la vuelta era emocionante porque la íbamos a hacer en un teleférico que nos bajaba de la montaña en un titá. Justo cerca del buda grande, había un montón de estatuas en plan Budas aprendices. A mi me hizo gracia uno que parecía que se estaba autocomprobando el olor corporal mayormente…

Y lo dicho: teleférico, ferry, tren y filetón en Shibuya.

Un día inolvidable, y ya van unos cuantos, no se como voy a hacer yo para quedarme con todos. Madre mía que cicatero me pongo acordándome.

Weno, como dice Héctor: aquí hay que volver, y seguramente más de una vez.

Aquí más gustico sideral:

Ikuflickr
Set de Flickr de Carlos
Set de Flickr de Héctor
Post de Héctor
:gustico: