Compañeros de bastón

Compañeros de bastón

24

La habitación del hospital era compartida, ya sabéis, de estas más o menos grandes separadas por un mecanismo de rieles y cortinas que te «aíslan» del resto. En mi caso, otras tres personas más compartíamos ronquidos en aquel cuarto de aquel hospital a unos 12 km de Shinjuku.

Como pasa muchas veces, el único con nombre y apellidos en katakana era yo. No era raro ver las caras raras del resto cuando se me cruzaban por el pasillo camino del baño. Siempre hay una reacción de sorpresa, pero muy matizada y contenida, y mucha rigidez en el trato. Después, si intercambiamos alguna palabra y ya ven que la comunicación no iba a ser tan difícil, se diluye todo y solo quedan dos personas jodidas esperando para operarse, que es lo que éramos desde el principio. Y eso une, claro. «¿La cadera o la rodilla?» es una pregunta que me han hecho muchas veces estos días de ingreso. Diría que el ranking de respuestas que he escuchado ha sido la rodilla, la cadera y la espalda.

Sorprende también que la media de edad es bastante superior a la mía, al menos en apariencia. Bueno sorprender sorprender, pues tampoco, lo raro es lo mío, el resto es esperable. Estoy bastante convencido de que seguir estirando con la intención de abrirme de piernas del todo a los cuarenta no fue una buena idea. De hecho, se lo comenté a los de rehabilitación y estuvieron de acuerdo conmigo en que, si bien no fue la causa del problema, seguro que aceleró el desenlace de la artrosis. El médico que me operó, por cierto, me dijo que efectivamente tenía los dos huesos tocando y aquello no había ya por dónde cogerlo. Demasiados años forzando la cadera a puro mawashi en la jeta del resto. Supongo que hacer esto con veinte años está bien, pero seguir a ese nivel con cuarenta, pues ya no. Ojalá me lo hubiese dicho alguien, no habría dejado el karate pero me lo habría tomado con más calma.

O no, qué cojones, que me quiten lo pateado, que me comía el tatami y no había momento del día que viviese con tantas ganas.

De los cuatro lisiados que estábamos en aquella habitación, dos fuimos constantes. A los otros dos los cambiaron: uno porque le dieron el alta y al otro, pues la verdad no sé decir. Supongo que por lo mismo, pero coincidió con mi operación y estuve un día y medio que no me enteraba de nada. No me acuerdo de sus caras tampoco, la verdad, sé que uno era muy pero que muy mayor y no sabía muy bien donde estaba; el pobre hombre sólo quería irse a su casa con su mujer.

El que quedaba a la derecha de mi cortina derecha era un señor calvo, gordito, bajito, con las dos rodillas operadas. Era una persona afable, extrovertida, de estas que saludan a todo el mundo, pero no solo con un movimiento de cabeza sino con alguna palabra que señale el momento del día del encuentro seguido de un token quedabien de los muchos que manejaba: «buenos días, ¿hemos dormido bien hoy?», «buenas tardes, hoy la merienda un poco sosa, ¿eh?», «buenas noches, ¡te echo una carrera hasta la puerta!».

También hablaba mucho por teléfono, sobre todo con compañeros de su empresa a los que les contaba su situación y les pedía favores: «habla con Kimura para pasarle el nuevo enlace y dile que no puedo reunirme en un mes al menos», cosas así. Las enfermeras no solo le tomaban la temperatura, sino que se tiraban un rato con él hablando de esto y de aquello y echándose unas risas. Ya sabéis, este tipo de persona.

Yo, de tanto oírle hablar, me hice amigo de él sin ni siquiera él saberlo. Me cayó bien. Es como cuando salen los de Estopa por la tele hablando entre ellos, que te caen bien ya para siempre. Algo así, pero en señor japonés bajito con panza.

Y ya que íbamos a estar allí una semana juntos, y esto de hablar se me suele dar bien, decidí hablarle yo cuando nos cruzamos por el pasillo. Le llamé por su nombre: «Takahashi-san, soy el de al lado, nice to meet you». Esto último lo dije en inglés porque sé que le haría gracia y él me contestó también en inglés: «nice to meet you too!», y después algunas frases de estas de calibrar el nivel de japonés del adversario, primero muy simples y muy bien pronunciadas y si la respuesta es coherente, ya se puede pasar al nivel «persona normal».

Después nos hemos hecho visitas a la «habitación de cortinas» del otro, siempre protegiendo la intimidad, solo cuando la cortina estaba tan entreabierta que invitara a ello. Y hemos hablado de muchas cosas: de Iniesta, de España, de mi trabajo, de mi familia, de su perro Husky Siberiano precioso, de mis dos hijos. Y nos hemos dado muchos ánimos en todo momento: por el pasillo con las muletas, yo con mi cadera recién operada, él con sus dos rodillas. En rehabilitación a veces nos cruzábamos al andar en las barras y chocábamos los cinco mientras los médicos se descojonaban; si uno de los dos iba a la máquina a comprar té, le traía una botella al otro sin tener que pedirla.

Roncaba como un ropero del Renacimiento sin engrasar, también hay que decirlo, pero nos hicimos buenos amigos.

Yo me fui un día antes que él. Dos rodillas ganan a cadera, ya sabéis, él lo tiene un poco peor que yo en esto de la recuperación. Pero intercambiamos el Line y ya estamos conectados. No vivimos demasiado lejos y tenemos una promesa que cumplir cuando nos medio olvidemos del bastón de aquí a unos meses: yo le cocino una paella y él me presenta a mí y a mis hijos a Ginchan, su Husky con ojos de colores de soñar en invierno con que hace calor.

También por la escasa distancia que nos separa, creo que esta amistad va a durar más que otras. Me da a mí, fíjate tú, tenemos mucho que compartir entre muletas, bastones y sacos de medicinas después de cada comida.

Ayer acabé el día casi sin poder apoyar la pierna, pero hice todos los ejercicios que me tocaban. Hoy me he levantado y casi no necesito el bastón. Seguimos avanzando.

Compañeros de bastón

2 comentarios en “Compañeros de bastón

  1. Me alegro que vaya todo a buen término y encima te hagas un amigo del team prótesis. La rehabilitación y la estancia se hacen más amenas. Que husky mas bonito Ginchan, tus hijos se van a hacer buenos amigos, tengo la corazonada. :gustico:

    1. Team prótesis me ha encantado :dientes:

      Es un perro muy bonito, ojalá poder conocerle. De momento la semana que viene nos ha tocado revisión a la misma hora, así que ahí nos veremos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

:cuner: :ikukeke: :ikurruku: :ikukuko: :ikurruke: :ikukin: :ikukuna: :kiss: :sobader: :insomnier: :bostecer: :ungusto: :ricachoner: :D :LOL:
;) :dientes: :yahaaa: :bailongo: :felicianer: :desquiciao: :gusteresque: :descojoner: :vainas: :amosahi: :aquiii: :flowers: :paz: :P
:( :vergonzer: :feliciano: :menfadao: :asi-no: :fliper: :flipader: :llorera: :ikullorer: :pirao: :espabilacopon: :otiaya: :palizero: :ostiejas: :nunchakero: :siono: :romeo: :secretico: :posna: :gambiters: :coleguicas: :comillo: :olakease: :cocinicas: :arrozico: :linchamiento: :pirader:
:viejuno: :cebolleter: :pelao: :flipanderer: :rascatecler: :osleo: :rabincher: :pedocuete: :hecho: :wink: :noseyo: :trato: :blblbl: :disimuler: :gambi: :ahivalaotia: :peneke: :gustico: :pliebre: :copon: :gatostiable: :ikugracias: :bythesegao: :regulero: :ojetepalinvierno: :porsaquil: :partytime: :maremia: :censurer: :goku: :triki: :ikufantasma: :estudier: :chiqui: :tasmanier: :almohading: :yoda: :mierdacas: :foreveralone: