La entrada a quirófano

La entrada a quirófano

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No dejo de darle vueltas desde que he vuelto a casa a la entrada a quirófano. Yo me imaginaba algo así como estar tumbado en una cama de esas con ruedas, enchufado al gotero, con la mascarilla esa que te da oxígeno… y nada más lejos de la realidad.

Aunque tenía hora de operación, las once de la mañana, ésta estaba supeditada al éxito de la operación programada antes. Es decir, si acababan antes, entraba yo antes y al revés, que es lo que acabó pasando. Una hora antes me dijeron que me pasase por el baño si me hacía falta y me dieron la ropa de quirófano para que me cambiase. No sé cómo será en otros lugares, pero aquí es simplemente una bata abierta por delante, aunque se ata con unas cuerdas al estilo de los jinbeis. Es decir: no se te ve el culo como sale en las series americanas; de hecho, yo iba con mis calzoncillos puestos, como me indicaron.

La enfermera venía de vez en cuando actualizando el estado de la anterior operación: «Parece que van a acabar un poco antes», decía al principio, pero finalmente fue un poco más tarde de lo agendado. Cuando llegó la hora, en vez de bajar en la camilla que os decía o en silla de ruedas, bajé andando por mi propio pie en un ascensor.

Fue una situación totalmente ridícula: yo, en ropa de operación, una enfermera, y otras personas ajenas a la situación montadas en aquel ascensor para ir a la planta baja, donde están el quirófano y además la recepción y las consultas del hospital. A mi lado había un señor de Kuroneko Yamato, la empresa de transportes, con un par de paquetes de Amazon, al otro lado, una señora vestida toda elegante, como si fuese a ir al teatro y después mi enfermera y yo, con la cara desencajada de miedo, yendo, casi paseando, al matadero.

Las puertas del ascensor se abrieron, el repartidor y la señora se fueron a recepción y nosotros tiramos para otra sala. Allí estaba el médico que me iba a operar, limpiándose concienzudamente las manos y medio vestido con uno de estos trajes EPI, o como se llamen, los que son impermeables a virus y esas cosas. Me saludó desde su habitación con la cabeza; esa fue la única vez que le vi hasta el día siguiente. Después, la enfermera de quirófano tomó el relevo de la mía de planta y me hizo una serie de preguntas:

—¿Sabes a qué vienes? —A operarme de la cadera derecha.

—¿Sabes cómo te llamas? —Diasu Osukaru.

—¿Sabes tu fecha de nacimiento? —25 de kugatsu de sen kyūhyaku nanajūroku.

Cuando se aseguró de que seguía cuerdo, a pesar del disparate de lo que me iban a hacer, me hicieron pasar a quirófano. Allí me tumbé yo solo en la camilla y ya fue cuando llegó el anestesista y me quedé roque en menos de lo que pude contar hasta roku. Pero justo un momento antes, de repente, sentí que no tenía fuerzas para respirar, que intentaba coger aire por la nariz y no podía… No he sentido tanta angustia en mi vida como en esos dos o tres segundos hasta que me dormí y, supongo, me intubaron.

Después, pues bueno, el disparate máximo: me abrieron por el exterior de la nalga derecha, una raja del tamaño de la altura de un teléfono móvil, más o menos. Por ahí me serraron la bola del fémur, me hicieron un agujero en este mismo hueso donde encajaron la parte larga de la prótesis. Después limpiaron la parte de arriba y anidaron la parte cóncava que conectaría con la bola. El orden probablemente no sea este, ya os digo que ni me enteré, claro, y menos mal. Y finalmente cerraron la herida con una especie de pegamento, por lo que no hizo falta dar puntos.

Hoy, ya en casa, no dejo de acordarme de esos momentos antes de dormirme en los que no podía respirar. Y de que compartí ascensor, en ropa de quirófano, con un repartidor de Amazon camino de mi operación, quitándole a la situación toda la épica debida.

Por cierto, el grupo de rehabilitación del hospital tiene mascota, y puede que sea lo más gracioso que he visto yo en mi vida:

La entrada a quirófano

5 comentarios en “La entrada a quirófano

  1. Pues nada ahora a por la rehabilitación.

    Ahh y por mostrar diferencias, la única vez que he pasado yo por quirófano, que fue para hacerme una movida en el brazo, llegaron unas enfermeras a la habitación, preguntas de rigor(nombre, apellidos, que me van a hacer, si he comido y demás), me subo a una camilla (mi bata de las abiertas por detrás) me bajan en la camilla a la zona del quirófano. Al llegar allí las enfermeras de la zona otra vez las preguntas de rigor y cambio de camilla. De ahí a la zona de anestesia, preguntas de rigor, y entonces anestesia, de ahí al quirófano, preguntas de rigor en el quirófano, y una vez aprobado el examen, a cortar.

    :ungusto:

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