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¿Y si juegas a golf?

¿Y si juegas a golf?

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Tengo que ir una vez a la semana a rehabilitación al hospital. Una vez que el médico revisó que la protesis estaba en su sitio, que no había ninguna fisura en el hueso y que la cicatriz estaba sanando bien, es el personal de la quinta planta de rehabilitación los que están llevando mi recuperación.

Son ellos los que revisan la movilidad de la cadera, los que me hacen andar con el bastón de forma correcta para evitar toda cojera después y los que me dan consejos sobre qué movimientos y ejercicios debo hacer y cuáles evitar. Todavía tengo revisión con el cirujano, pero son más espaciadas, la siguiente es dentro de mes y medio.

El caso es que no puedo andar grandes distancias todavía, hay días en que no aguanto ni cinco minutos porque me duele muchísimo, así que los días que tengo que ir al hospital, lo hago en taxi. No me veo capaz de llegar hasta la estación todavía, aunque en el paseo de hoy he andado cerca.

Total, que llamo al taxi por la aplicación GO que me enseñó mi mujer y que no puedo recomendaros más, es facilísima de utilizar, está en inglés y te permite pagar con Apple Pay por ejemplo, además que a la hora de pedir el taxi, le pones tu destino y prácticamente no necesitas ni hablar con el taxista.

El viernes por la mañana me pedí el taxi de vuelta y cuando me subí, me empezó a hablar el taxista:


— Veo que vienes de la clínica de ortopedia, ¿te han puesto protesis?, como te veo con el bastón
— Pues si, la verdad
— ¡No te preocupes por nada!, tengo 78 años yo y me operaron hace 4 y voy todos los días a dar paseos por ahí y juego a golf y ya me ves que estoy aquí trabajando con el taxi
— Anda, jodé pues gracias por contarme esto, yo ando ahí a veces que me duele mucho y la verdad es que no tengo nada claro
— ¡NI TE PREOCUPES!, mira mira —aprovechando que estamos parados en un semáforo, se remanga la pierna y me enseña una cicatriz en la rodilla —menudo tajo me hicieron aquí, ¿ves?, pero vamos, que ni me acuerdo, operarme fue lo mejor que he podido hacer
— Ah, pero a mi he han operado de la cadera, no de la rodilla
— Ah bueno, de eso no sé. Pero vamos, que como sea como lo mío, ni te vas a acordar que te hicieron nada. Ando todos los días 20.000 pasos, no te digo más
— Jajaja, bueno, pues me alegro mucho de escuchar esto, me da muchos ánimos
— ¿Hace cuanto que te operaron?
— Pues no hace ni un mes
— Aaaaah, nada hombre, entonces claro que tendrás molestias, ¿a que no puedes dormir bien?
— Justo, hay noches que no hay manera
— Pues ya te digo yo lo que te va a pasar, que lo mío es la rodilla pero seguro que es lo mismo en la cadera. Te va a estar doliendo todos los días un poco menos hasta que de repente un día no te haga falta ni el bastón que te entrarán ganas hasta de correr
— Jajaja, ojalá, yo ahora mismo sin el bastón no soy nadie
— Yo el mío no sé ni donde está, yo creo que mi mujer lo tiró a la basura. De verdad te lo digo, en medio año ya te acordarás de esta conversación
— Vale vale, pues me quedo mucho más tranquilo, habrá que tener paciencia entonces
— Si, pero tampoco mucha, ya verás como en nada estás andando mucho porque seguro que te pasa como a mi que quieres andar mucho más que antes. Pero es mejor no andar por la calle que es de cemento y está duro, mejor por el campo, ¿y si juegas a golf?
— Hombre, pues no lo había pensado
— Si hombre, apúntate a clases de golf y ahí a nada que eches la mañana andarás muchísimo y como es campo, no te dolerá nada

Después el hombre me estuvo enseñando, semáforos en rojo mediante, fotos de él con sus amigos, todos con más años que la orilla del río, vestidos de uniforme y con gorra jugando al golf. Me estuvo contando un montón de cosas en el cuarto de hora de trayecto del hospital a casa y se despidió con un お大事に y un «golf, hazme caso» antes de cerrar la puerta automática de atrás.

Saqué dos conclusiones de este encuentro: lo primero es que me hizo mucha gracia que el hombre me estuviese contando tantísimas cosas sin conocerme de nada y obviando, supongo que aposta, que yo fuese extranjero. Y lo segundo es que no suena tan mal eso de cambiar maratones, karate y carreras Spartan por unos hoyos cerca del Tamagawa…

¿Y si juegas a golf?


Busca tú la respuesta

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A mi hijo le viene a buscar un amigo todos los días a las ocho de la mañana. Está ahí más puntual que el reloj, yo sé la hora que es cuando suena el timbre de la puerta.

Nuestra casa queda camino de la escuela, de hecho fue una de las razones por la que nos mudamos aquí aunque ahora nos hayan puesto obras justo enfrente. Y por este motivo, el de la cercanía, Ichinose-kun, el amigo de mi hijo, pasa a buscarle y van juntos a clase.

Kota está siempre medio preparado a esa hora. Siempre le falta algún retoque: el cinturón del uniforme, llenarse la botella de té frío de la nevera… nunca suele salir al momento, aunque no le hace esperar demasiado. Ichinose, que yo le veo desde la cámara del telefonillo, siempre sonríe incluso en ese rato. Tiene las orejas un poco separadas y siempre me saluda nervioso, como si no le quedase más remedio que tratar con el gaijin del padre de su amigo… quizás más por no saber hasta donde va, o voy, a entender lo que me dice. Kota seguro que le cuenta alguna de mis gambas con el idioma y yo me alegro, si es el caso, de que se rían a mi salud.

Yo quiero decirle que seguramente Ichinose-kun llegará un día en que ya no venga. O no, no lo sé, ojalá me equivoque, pero lo más probable es que no. Que se canse, que se eche otro amigo, que le cambien de clase, que se haga mayor, que cambie el aire y simplemente pierdan el interés el uno por el otro. No quiero decirle que igual se queda sin amigo, quiero decirle que le cuide y que se prepare del todo para abrirle la puerta cuando sean las ocho, que no le haga esperar y que sonría tanto como él aunque no tenga las orejas separadas.

Porque yo también tuve amigos de los de ir a buscar todos los días y ahora no sé donde están. Y me muero de pena de pensarlo, más ahora con todo lo que me ha pasado con la operación.

Quiero decirle, aunque no se lo digo, que no ponga tope a lo de ser feliz, que disfrute de este, su tiempo, porque le pertenece y tiene derecho a saborearlo, a vivirlo todo lo que pueda. Que se enamore más de esa chica a la que regaló el chocolate que compró en secreto en el último White Day y que yo descubrí, junto a una carta, sin querer, mientras buscaba una camiseta en su armario. Que pedalee todas las calles del barrio de Tokio al que nos fuimos a atrincherar, que dé todas las patadas a todos los balones que pueda, que corra hasta que le tiemble el gemelo de la pierna derecha de puro uso… que sude la vida a todo lo que le den los poros.

De lo demás, de las mierdas de adulto de trabajos, salarios, impuestos, facturas y rencores, de gente que, de repente, te deja al margen porque ya no le vales para lo suyo, de todo eso me encargo yo. Porque mi tiempo, aunque lejos de acabar, se regocija viéndote crecer y convertirte en la persona maravillosa que eres.

Y lo que te queda.

Sé que es ser feliz al veros, esa respuesta yo ya la tengo. Pero, hijo mío, tú debes buscar esa respuesta solo, quizás con tus hijos, ojalá que siempre con tus padres. Pero búscala tú, vive todo con esa intensidad tan tuya y no dejes que nadie te de nunca ningún portazo, ni físico, ni metafórico.

Yo aquí sigo, detrás de ti. Corre todo lo que quieras, que con el bastón y a pura cojera, te sigo y te seguiré mientras viva. Si miras atrás, aunque sea a lo lejos, me verás siempre.

Busca tu camino. Busca tu felicidad.

Te quiero tanto hijo… pero tanto…

Las fotos del hospital

Las fotos del hospital

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No tenía mucho yo el coño pa farolillos, pero alguna que otra foto saqué en el hospital. Si no tenéis otra cosa que hacer, os voy comentando cada foto para que os hagáis una idea de cómo viví aquella semana.

Al llegar me encontré esto:

Las fotos del hospital

Una cama de estas con mando para elevar las piernas o la cabeza, un armario con cajones y un par de estanterias para colocar tus cosas. En la parte de abajo había una pequeña nevera para las bebidas. También tenía la mesa esa con ruedas que se ajusta en altura para ponértela en la cama para desayunar o apartarla a un lado si te molesta. En esa habitación había cuatro camas separadas por cortinas, dos en un lado y dos en otro separadas por un pasillo. En la de al lado estaba el señor Takahashi, al que operaron las dos rodillas a la vez y del que me hice amigo y nos íbamos ayudando el uno al otro como podíamos.

Estas tres botellas me llamaron la atención:

Son una especie de Aquarius con minerales y sales para hidratarte. Me hicieron beberme las tres desde la noche anterior hasta cinco horas antes de la operación, supongo que con eso de abrirte y perder sangre, hay mayor riesgo de deshidratación y así vas bien cargadito por si acaso.

Me tiré toda la noche meando, también es verdad. :posna:

Como entré a eso de las once de la mañana, al de poco me trajeron la primera comida: su sopa miso y el arroz nunca faltaron, así como el té hoji, que es té verde pero tostado y que es lo que mejor huele de todo el universo conocido. Después siempre había encurtidos y verduras.

Pasé por rehabilitación y me estuvieron contando un poco el plan que íbamos a tener después de la operación. La cosa es ponerse a andar enseguida con el andador que me tenían ya asignado con mi nombre:

También vino una enfermera la noche anterior y me pintó una cruz en cada pie marcando la verdad es que no tengo ni idea de qué… me lo explicó pero no le entendí un からほ. Menudo misterio, además que las marcas estaban como a alturas diferentes… yo pensaba que iba a salir del quirófano con una pierna medio metro más corta o algo :noseyo:

Y luego la última cena antes del rajamiento culeiforme:

Esos soba me supieron a gloria y el pescado estaba buenísimo también. La verdad es que las comidas, quitando los desayunos, fueron de lujo:

Digo quitando los desayunos porque me traían un pan del 7Eleven, un zumo y un yogur que daba pena verlo, qué menos que un onigiri o algo, copón!

Mandaba fotos a casa para que los críos estuviesen tranquilos, era la primera vez en todos estos años que estábamos separados tanto tiempo…

Me llevé el ordenador y pasaba las horas muertas viendo series, os recomiendo muchísimo Landman si no la habéis visto, menuda maravilla. También me leí medio libro del Juan Gómez Jurado, el de Mentira.

La operación fue bien, aunque estuve muy acojonado y esa noche no dormí nada. No podía moverme, me tenían un aparato puesto en las piernas para estimular la circulación que hacía mucho ruido, me pusieron un aparato de hielo en la herida… me dolía la espalda horrores de estar en la misma posición tantas horas y me tenían puesto el clip ese en el dedo para medirte la saturación de oxígeno en sangre y también tenía vía puesta con suero, medicinas y la transfusión de mi propia sangre que me sacaron dos semanas antes.

No saqué ninguna foto porque esa noche fue horrorosa, me arrepentí cien veces por hora de haberme metido en ese fregado… buff…

Al día siguiente, mi vida era mayormente esto:

Dos medias de estas de compresión que daban un calor horroroso y que no me podía quitar bajo ningún concepto, y todo el rato tumbado en la cama. Por lo menos podía entretenerme con el mando parriba y pabajo.

Al de horas que parecieron meses, ya me instaron a que fuese con el andador hasta el baño y como vieron que podía ir solo, me quitaron la sonda del nabo. Hostia qué cosa eso de la sonda esa… la tienes puesta todo el rato y no te enteras pero la bolsa se va llenando, claro y tienen que venir a cambiarla. Pero lo peor es el momento de quitártela… la enfermera me dijo que cogiese aire y con una jeringuilla extrajo lo que quedase, que salió transparente, por cierto y me dio la impresión de que me estaba meando encima. Después sacó el tubo y yo juré que nadie más volvería a mancillar mi simpático miembro de esa manera. Joder que cosa esto. Foto no hay, claro, nos ha jodido :fliper: :flipader:

Luego ya empecé a comer cosas solidas y me quitaron la vía también. Ya se iba vislumbrando la luz al final del tunel. Me contaron cómo me debía vestir y desvestir para ducharme usando la magic hand esa, porque con la operación no te puedes inclinar hacia delante. Vamos, que todavía hoy no puedo agacharme por ejemplo, los primeros meses son cruciales hasta que suelde todo bien, así que sigo con la magic hand para todo.

Ahí, con las duchas diarias, me di cuenta que no tenía suficiente ropa interior y le pedí a Chiaki que me trajese. El hospital está a un cuarto de hora en bici de casa y aunque no se admiten visitas, si que pueden venir a traerte cosas. Ella metió también un par de dibujos y cartas de mis hijos que me hicieron especial ilusión:

También me dieron un saco de medicinas y un papel donde ponía qué tenía que tomar y cuando. La enfermera quería que lo hiciésemos nosotros porque después tendríamos que seguir tomándolas en casa, así que a las mañanas tocaba preparar todo el tinglao. No era difícil pero había que andar con ojo y la enfermera siempre revisaba antes:

La comida del fin de semana era como más elegante, o esa fue mi impresión…

Y los días eran calcos del anterior: preparar medicinas, comer, subir a rehabilitación dos veces al día, visitas al baño, dormir como se pudiese y vuelta a empezar.

Hasta que me quitaron el andador y estuvimos practicando con el bastón. Al principio la verdad que muy bien, pero hubo una tarde volviendo a la habitación que me dolía muchísimo y no era capaz de apoyar la pierna. Entramos en pánico y me llevaron en silla de ruedas a sacar una radiografía de urgencia. Era fin de semana, pero el doctor la revisó y me confirmaron que estaba todo bien. Al principio hay mucho riesgo de fisura en el hueso y eso retrasaría todo muchísimo, al menos un mes más en cama sin tratar de andar hasta que se curase. Menos mal que no fue nada. Al día siguiente ya andaba «normal» otra vez. Hostia qué mal lo pasé ese rato también.

Aunque me hicieron un downgrade y del bastón no volví al andador, pero si a las muletas de estas de toda la vida que me permitían andar más fácil. No tengo foto, así que os pongo la de la mascota de rehabilitación que me parece de putos genios:

A parte de rehabilitación, me mandaron ejercicios para hacer tumbado en la cama, me daban hielo que me tenía que poner en la cicatriz para tratar de bajar la inflamación y me daba masajes con el cacharro este en la pierna.

↑ Esto envuelto en una toalla puesto en la cicatriz todo el rato. Por cierto que no me dieron puntos, me explicaron que usan un pegamento que lo aplican, cierran la herida y en nada está sellado. Vaya movida, es cierto que no tenía puntos…

En rehabilitación me volvieron a hacer upgrade a bastón y ya me daba mis buenos paseos por el hospital sin demasiado dolor. Como andaba ya, no hacían falta las medias de compresión, ya íbamos durmiendo un poco mejor… hasta que llegó el día del alta. Me cambié de ropa y les mandé esta foto a los críos diciéndoles que me moría de ganas de verles:

Vaya movida todo… te lo digo…

Ya doy paseos

Ya doy paseos

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Joder, si hace cinco años me dijeran que iba a escribir estos posts, madre mía :LOL:

Bueno, pues si, ¿qué pasa?, ya puedo dar paseos. Fui a la revisión del médico y dos semanas después de la operación, ya me dejan que salga un rato a pasear por el vecindario con el bastón. No es que me dejen, es que me recomiendan que lo haga, así que ya voy andando hasta el cartel de la Takaichi con el gesto de apretujar los huevos de los gaijines, que queda a casi diez minutos de casa.

Ya doy paseos

Cada día un poco más lejos hasta que llegue al konbini, que está como a un cuarto de hora. La semana que viene volveré a acompañar a mi hija al colegio. La verdad es que si tenemos en cuenta todo el Cristo que me han hecho ahí en la cadera, es bastante acojonante que pueda andar más o menor normalmente sin dolor.

También he vuelto a currar, como ya conté y me he enfrascado en hacer un foro en la web de ohayers. Sigo creyendo que no hay un sitio de este estilo donde los residentes compartamos información actualizada de webs, lugares, eventos… yo al menos no lo he encontrado en castellano y sigo intentando crear uno, aunque es difícil, la verdad, la gente últimamente solo ve vídeos en instagram. Hice un Discord pero era un coñazo entrar ahí y los posts se perdían, también lo intenté en Reddit y no me acabó de gustar, así que directamente he programado yo unos foros y los he puesto ahí, ojalá os guste y entréis y compartáis vuestras movidas también.

:amosahi: https://ohayers.ikublog.com/forum :vainas:

Y nada, que esta semana es la última que se puede conseguir el libro en Kindle Amazon por 2€.

Hoy mi meta es intentar llegar hasta la huerta de pepinos de cerca de casa :cebolleter:

Cosas que quiero hacer

Cosas que quiero hacer

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Han pasado ya dos semanas desde la operación. Antes, apenas podía andar más de diez o quince minutos sin que me doliese muchísimo, pero podía montar en bici, así que iba en bici a todos lados. Justo antes del ingreso, me fui hasta Shibuya, unos 12 km desde casa, a puro pedaleo porque sabía que iba a pasar mucho tiempo antes de poder volver a subirme a una.

Ahora estoy prácticamente encerrado en casa. Puedo andar con el bastón, pero muy poco, no mucho más que pasear pasillo arriba y pasillo abajo dos o tres veces al día. También puedo subir escaleras si voy despacio y de una en una, pero no conviene que lo haga muchas veces, así que subo a la planta de arriba de casa una o dos veces al día como mucho.

Esto va a ir para largo y tengo paciencia, pero también muchas ganas y muchas metas que cumplir según la hoja de ruta que los de rehabilitación me han dado:

  • Poder ir hasta el konbini con el bastón. Esto ya implicaría salir de casa y dar un paseo de unos veinte minutos en total. Yo diría que en dos o tres semanas lo tendríamos.
  • Poder conducir. Esto es curioso porque, aunque no pueda andar sin bastón, en un mes te dicen que puedes conducir el coche con normalidad.
  • Poder recorrer distancias más largas: una media hora sin parar demasiado con el bastón, lo que me llevaría a poder ir a cualquier restaurante o tienda cerca de la estación. Esto en mes y medio, quizás, el objetivo es seguir usando bastón, pero evitar la cojera.
  • Poder andar sin bastón distancias cortas. Quizás en dos meses.
  • Poder andar sin bastón distancias medias. De tres meses en adelante.
  • Poder ir hasta el gimnasio y hacer tren superior en máquinas, sin tener que coger peso, pero sí ejercitarme sentado. Las máquinas de hombro y pecho, y luego cables para bíceps y tríceps. Debería ser viable.

A partir de ahí, pues andar cada vez mejor sin bastón evitando cojear, para lo que quizás tenga que pasar medio año, hasta noviembre o por ahí.

Lo siguiente sería volver a coger la bici, que es de las últimas metas que se proponen porque es peligroso, no por el movimiento de pedaleo, que es inofensivo, sino por movimientos repentinos, en plan tener que frenar de golpe y apoyar la pierna, o por si te caes, que te puedes dislocar el invento.

Como meta final a largo plazo, para primavera del año que viene me subo el Takao con todos los que os queráis apuntar, ¡esperemos que siga sin haber osos, que cada vez andan más cerca de Tokio!

Cosas que quiero hacer
Vuelta al trabajo

Vuelta al trabajo

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Pues sí, hoy vuelvo al currelo después de la operación. La verdad es que podría haber estado más tiempo “de baja”, pero no tiene mucho sentido y es un poco もったいない. Los días de vacaciones, que en mi empresa son muchos más que en otras, ya los he cogido todos y ahora tocaría una de dos alternativas, y en las dos se notaría en la nómina:

  • Podría coger días “ausente”, que cuentan como si no los trabajases, y eso se te descuenta del sueldo.
  • Podría acogerme a lo más parecido a la baja que tenemos aquí, y es que serían días, semanas o lo que me hiciese falta, donde me pagarían el 60 % del sueldo, pero necesitaría justificante médico (que lo tengo de sobra, por otra parte).

El caso es que estoy sentado delante del ordenador todo el día y la chimenea me funciona perfectamente, como diría mi madre, así que no le veo mucho sentido a seguir pasando los días viendo Fringe y pasándome el Mario Bros de la NES. Bueno, me he visto Fringe, Landman, la peli nueva de Mario y me he pasado juegos como Planet of Lana 1 y 2, Limbo, Replaced… y tengo prácticamente la isla del あつ森 como una patena.

Lo que sí pasa es que no aguanto demasiado tiempo sentado y, de vez en cuando, tengo que dar un paseíto con el bastón por casa y tumbarme en la cama un rato a poner la pierna en alto, así que le he contado esto mismo al jefe y hemos llegado a la conclusión de que, de momento, voy a empezar solo a media jornada esta semana. Si todo va bien, a partir de junio retomaré la jornada completa.

Así que hoy me vuelvo a mis inmobiliarias y pisos y todas estas historias que hacía antes, aunque sean solo cuatro o cinco horitas. Doy gracias a Buda o a quien sea por haber encontrado este trabajo full remoto, macho, te lo digo también.

Algo que me preocupa ahora, y bastante, es ponerme trofollo porque prácticamente soy una ameba sentada en una silla y estoy a pocos senbeis de wasabi de convertirme en el cojo mantecas, así que estoy teniendo muchísimo cuidado con lo que como. Ensaladas, ochazukes y pescado, prácticamente esa es mi dieta. Por lo menos hasta que pueda dar paseos por la calle.

:viejuno: :cebolleter:

Otra cosa que voy a hacer es retomar vídeos, a partir de hoy empiezo de nuevo. No puedo poner neones ni nada porque he desmantelado todo para hacer hueco para mis cosas, porque, al no poder subir escaleras, ahora estoy haciendo vida en esta habitación prácticamente. Pero, vaya, que no creo yo que un vídeo sea bueno o no por las luces, sino por lo que se cuenta. A ver si no he perdido el callo.

Y ya estaría. Empezamos la semana con muy poco dolor y durmiendo muy bien. ¡Nos vemos en Insta!

Por cierto, ¿habéis visto el vídeo con Ponchito?, me hace mucha gracia lo distinto que hablamos el mexicano y yo, deberíamos hacer un podcast semanal!

Vuelta al trabajo

:gustico:

La entrada a quirófano

La entrada a quirófano

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No dejo de darle vueltas desde que he vuelto a casa a la entrada a quirófano. Yo me imaginaba algo así como estar tumbado en una cama de esas con ruedas, enchufado al gotero, con la mascarilla esa que te da oxígeno… y nada más lejos de la realidad.

Aunque tenía hora de operación, las once de la mañana, ésta estaba supeditada al éxito de la operación programada antes. Es decir, si acababan antes, entraba yo antes y al revés, que es lo que acabó pasando. Una hora antes me dijeron que me pasase por el baño si me hacía falta y me dieron la ropa de quirófano para que me cambiase. No sé cómo será en otros lugares, pero aquí es simplemente una bata abierta por delante, aunque se ata con unas cuerdas al estilo de los jinbeis. Es decir: no se te ve el culo como sale en las series americanas; de hecho, yo iba con mis calzoncillos puestos, como me indicaron.

La enfermera venía de vez en cuando actualizando el estado de la anterior operación: «Parece que van a acabar un poco antes», decía al principio, pero finalmente fue un poco más tarde de lo agendado. Cuando llegó la hora, en vez de bajar en la camilla que os decía o en silla de ruedas, bajé andando por mi propio pie en un ascensor.

Fue una situación totalmente ridícula: yo, en ropa de operación, una enfermera, y otras personas ajenas a la situación montadas en aquel ascensor para ir a la planta baja, donde están el quirófano y además la recepción y las consultas del hospital. A mi lado había un señor de Kuroneko Yamato, la empresa de transportes, con un par de paquetes de Amazon, al otro lado, una señora vestida toda elegante, como si fuese a ir al teatro y después mi enfermera y yo, con la cara desencajada de miedo, yendo, casi paseando, al matadero.

Las puertas del ascensor se abrieron, el repartidor y la señora se fueron a recepción y nosotros tiramos para otra sala. Allí estaba el médico que me iba a operar, limpiándose concienzudamente las manos y medio vestido con uno de estos trajes EPI, o como se llamen, los que son impermeables a virus y esas cosas. Me saludó desde su habitación con la cabeza; esa fue la única vez que le vi hasta el día siguiente. Después, la enfermera de quirófano tomó el relevo de la mía de planta y me hizo una serie de preguntas:

—¿Sabes a qué vienes? —A operarme de la cadera derecha.

—¿Sabes cómo te llamas? —Diasu Osukaru.

—¿Sabes tu fecha de nacimiento? —25 de kugatsu de sen kyūhyaku nanajūroku.

Cuando se aseguró de que seguía cuerdo, a pesar del disparate de lo que me iban a hacer, me hicieron pasar a quirófano. Allí me tumbé yo solo en la camilla y ya fue cuando llegó el anestesista y me quedé roque en menos de lo que pude contar hasta roku. Pero justo un momento antes, de repente, sentí que no tenía fuerzas para respirar, que intentaba coger aire por la nariz y no podía… No he sentido tanta angustia en mi vida como en esos dos o tres segundos hasta que me dormí y, supongo, me intubaron.

Después, pues bueno, el disparate máximo: me abrieron por el exterior de la nalga derecha, una raja del tamaño de la altura de un teléfono móvil, más o menos. Por ahí me serraron la bola del fémur, me hicieron un agujero en este mismo hueso donde encajaron la parte larga de la prótesis. Después limpiaron la parte de arriba y anidaron la parte cóncava que conectaría con la bola. El orden probablemente no sea este, ya os digo que ni me enteré, claro, y menos mal. Y finalmente cerraron la herida con una especie de pegamento, por lo que no hizo falta dar puntos.

Hoy, ya en casa, no dejo de acordarme de esos momentos antes de dormirme en los que no podía respirar. Y de que compartí ascensor, en ropa de quirófano, con un repartidor de Amazon camino de mi operación, quitándole a la situación toda la épica debida.

Por cierto, el grupo de rehabilitación del hospital tiene mascota, y puede que sea lo más gracioso que he visto yo en mi vida:

La entrada a quirófano
¡200 pedidos tramitados!

¡200 pedidos tramitados!

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¡200 pedidos tramitados!

:ikugracias: :gustico: :ikugracias:

Las cuentas claras, ahí van las ganancias acumuladas hasta hoy:

:ricachoner:

En cuanto pueda salir por ahí, nos vamos a un yakiniku toda la familia a celebrar lo soles que sois.

Recordad que solo durante este mes, la versión Kindle en Amazon España tiene un 50% de descuento y te puedes hacer con uno por solo 2€. Personalmente me parece un insulto con todo lo que me costó escribirlo a mi, pero si tenemos en cuenta que en esta promoción de Amazon a mi me respetan el margen, os dejo que os aprovechéis ;)

:estudier:

Espavascos por el mundo

Espavascos por el mundo

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Estoy avanzando mucho con el libro «No hay Japón para tanto influmierder» que estoy escribiendo. De vez en cuando os dejaré algún capítulo para que veáis un poco el tono del libro, y así también tanteo un poco vuestra opinión, si me la dejáis en los comentarios… :vergonzer:


Tengo que confesar, muy a mi pesar, que yo también he sido influmierder. O, bueno, me convirtieron en uno, porque la verdad es que vaya tela.

Hablo de programas del tipo “Españoles por el mundo” o “Callejeros viajeros”, ya sabéis, esos en los que visitan un país extranjero, contactan con un español que viva allí y le graban diciendo cosas y tal.

Yo he salido ya en tres o cuatro, no lo tengo muy claro ahora mismo, pero sí que sé que nunca jamás volveré a salir en ninguno, y tengo mis razones.

Cuando te contactan por redes sociales, te suelen preguntar por tu vida, a qué te dedicas, cuánto tiempo llevas en el país, lo que te gusta y lo que no, tus aficiones… y después te suelen dar un rango de fechas en las que van a estar allí y te preguntan si puedes reservar uno o dos días para grabar.

Hay que tener en cuenta que nosotros trabajamos y que, la gran mayoría de las veces, si no todas, se graba entre semana, con lo que tenemos que cogernos días de vacaciones para quedar con ellos. Y también hay que decir que jamás he cobrado por ningún programa y que, lo cierto, es que te tienen muchas horas “trabajando” delante de una cámara.

Ellos juegan con la idea de que nos suele hacer ilusión salir en la tele y con eso ya nos consideran más que pagados. Y además hay que decir también que ellos no saben japonés y cuentan con “nuestra ayuda” para comunicarse con los locales.

Vamos, que te ves de repente preguntándole a la gente en japonés si pueden decir frases del estilo de “Españoles por el mundo” a cámara, o pidiéndole al del restaurante que si puede quitarle el tomate a no sé qué plato, o teniendo que traducir entrevistas enteras a gente que no tiene nada que ver con lo que se supone que has ido tú a grabar, pero que se han encontrado por la calle y les ha llamado la atención.

En fin, que te tienen de “traductor de los recados” e, insisto, sin pagarte un duro y perdiendo tú un día de trabajo, dejándole a tu mujer a cargo de tus hijos.

Pero lo que ya sí que me sorprendió es que, en la mayoría de estos programas, son ellos los que te dan el guion de lo que se va a hacer. Uno piensa que te van a preguntar, como en los emails del principio, sobre tu vida, que van a enseñar de una forma bonita cómo es tu rutina y que eso lo verán tus familiares y amigos.

Pero lo que de verdad pasa es que te “asignan” un tema y las grabaciones se basan en eso. Por ejemplo, en uno a mí me tocó hablar de los trenes y el metro de Tokio. Entonces te hacen aprenderte una serie de datos de Wikipedia del estilo de: “Estamos en Tokio, la capital de Japón y la ciudad más poblada del mundo, con no sé cuántos habitantes y no sé qué hostias de líneas de metro y tal y cual”. Y te graban precisamente en una estación de metro repitiendo esa mierda.

Decidme a mí si esto no es exactamente lo que hacen los influmierders de hoy en día.

La decisión de jamás volver a grabar un programa de estos fue después de uno en el que me hacían repetir tomas una y otra vez si me salía una palabra fuera del “guion” establecido. Por ejemplo, yo decía algo que me habían dicho en plan: “Yo creo que aquí es donde…”, y me cortaban y me decían: “No digas ‘yo creo’, tú dilo convencido: ‘esto es así’”.

Eso pasó muchas veces.

Los que me conocen saben que yo tengo mi manera de hablar, de expresarme “a mi modo”, y ni eso me estaban dejando. Es más: estaba diciendo cosas que no sabía ni si eran verdad, “ni falta que hace”, que diría cualquier influmierder.

A eso se sumaron muchas faltas de respeto a otras personas por culpa de estas insufribles e interminables tomas y retomas. Es decir: tener que repetir tanto hacía que tardásemos muchísimo en cada sitio al que íbamos y hubo lugares que estaban alquilados por horas para poder grabar, y nos pasamos muchísimo del tiempo pactado, causándole problemas al dueño de la tienda porque tenía otros clientes esperando.

Otras veces nos pedían que no grabásemos en ciertos sitios, pero ellos insistían en hacerlo en cuanto la persona que nos echaba la bronca se iba. Hubo una en concreto en la que yo pensaba que íbamos a acabar bastante mal: o en comisaría o con una hostia; en ese caso, además, a mí y a otro chaval, que éramos los que hacíamos de traductores y poníamos la cara, literalmente.

En fin, comportamientos totalmente inaceptables que me hicieron pasar mucha vergüenza. Ahora, dándole vueltas, la verdad es que no sé cómo no me marché a la mitad.

Lo pasé mal de verdad y juré que no volvería a hacer una cosa de estas.

Me han vuelto a contactar y siempre les he dicho que no. Si alguna vez me plantease hacer algo parecido, sería a mi manera, con total libertad para decir lo que yo quiera donde yo quiera. Porque se podrían hacer programas preciosos y creo firmemente que muy interesantes solo contando el día a día de una persona extranjera aquí.

Así que confieso que fui uno de los primeros influmierders de Japón, y si habéis visto alguno de estos programas donde salgo yo y estáis leyendo esto, os pido perdón.

Vaya ridículo.

Espavascos por el mundo
Ohayers in the morning

Ohayers in the morning

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El otro día se me ocurrió hacer una versión de El Mundo Today pero con noticias de Japón… si me decís que os hace gracia, sigo con ello!

OHAYERS IN THE MORNING

Ohayers in the morning

Por cierto, aprovechando la baja he retomado el influlibro, ¡voy avanzando mucho cada día!. También recordaros que en Amazon, el libro «Afinando un sueño» está de promoción durante lo que queda de Mayo, podéis haceros con la versión Kindle por la mitad de precio.

Hoy me he levantado con la pierna un poco… «¿durilla?», me daré masajillos a ver. Supongo que irá así la cosa: unos días mejor, otros un poco menos. ¿Igual que llueva tiene que ver?

:cebolleter:

Compañeros de bastón

Compañeros de bastón

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La habitación del hospital era compartida, ya sabéis, de estas más o menos grandes separadas por un mecanismo de rieles y cortinas que te «aíslan» del resto. En mi caso, otras tres personas más compartíamos ronquidos en aquel cuarto de aquel hospital a unos 12 km de Shinjuku.

Como pasa muchas veces, el único con nombre y apellidos en katakana era yo. No era raro ver las caras raras del resto cuando se me cruzaban por el pasillo camino del baño. Siempre hay una reacción de sorpresa, pero muy matizada y contenida, y mucha rigidez en el trato. Después, si intercambiamos alguna palabra y ya ven que la comunicación no iba a ser tan difícil, se diluye todo y solo quedan dos personas jodidas esperando para operarse, que es lo que éramos desde el principio. Y eso une, claro. «¿La cadera o la rodilla?» es una pregunta que me han hecho muchas veces estos días de ingreso. Diría que el ranking de respuestas que he escuchado ha sido la rodilla, la cadera y, bastante por detrás en ambos sentidos, la espalda.

Sorprende también que la media de edad es bastante superior a la mía, al menos en apariencia. Bueno sorprender sorprender, pues tampoco, lo raro es lo mío, el resto es esperable. Estoy bastante convencido de que seguir estirando con la intención de abrirme de piernas del todo a los cuarenta no fue una buena idea. De hecho, se lo comenté a los de rehabilitación y estuvieron de acuerdo conmigo en que, si bien no fue la causa del problema, seguro que aceleró el desenlace de la artrosis. El médico que me operó, por cierto, me dijo que efectivamente tenía los dos huesos tocando y aquello no había ya por dónde cogerlo. Demasiados años forzando la cadera a puro mawashi en la jeta del resto. Supongo que hacer esto con veinte años está bien, pero seguir a ese nivel con cuarenta, pues ya no. Ojalá me lo hubiese dicho alguien, no habría dejado el karate pero me lo habría tomado con más calma.

O no, qué cojones, que me quiten lo pateado, que me comía el tatami y no había momento del día que viviese con tantas ganas.

De los cuatro lisiados que estábamos en aquella habitación, dos fuimos constantes. A los otros dos los cambiaron: uno porque le dieron el alta y al otro, pues la verdad no sé decir. Supongo que por lo mismo, pero coincidió con mi operación y estuve un día y medio que no me enteraba de nada. No me acuerdo de sus caras tampoco, la verdad, sé que uno era muy pero que muy mayor y no sabía muy bien donde estaba; el pobre hombre sólo quería irse a su casa con su mujer.

El que quedaba a la derecha de mi cortina derecha era un señor calvo, gordito, bajito, con las dos rodillas operadas. Era una persona afable, extrovertida, de estas que saludan a todo el mundo, pero no solo con un movimiento de cabeza sino con alguna palabra que señale el momento del día del encuentro seguido de un token quedabien de los muchos que manejaba: «buenos días, ¿hemos dormido bien hoy?», «buenas tardes, hoy la merienda un poco sosa, ¿eh?», «buenas noches, ¡te echo una carrera hasta la puerta!».

También hablaba mucho por teléfono, sobre todo con compañeros de su empresa a los que les contaba su situación y les pedía favores: «habla con Kimura para pasarle el nuevo enlace y dile que no puedo reunirme en un mes al menos», cosas así. Las enfermeras no solo le tomaban la temperatura, sino que se tiraban un rato con él hablando de esto y de aquello y echándose unas risas. Ya sabéis, este tipo de persona.

Yo, de tanto oírle hablar, me hice amigo de él sin ni siquiera él saberlo. Me cayó bien. Es como cuando salen los de Estopa por la tele hablando entre ellos, que te caen bien ya para siempre. Algo así, pero en señor japonés bajito con panza.

Y ya que íbamos a estar allí una semana juntos, y esto de hablar se me suele dar bien, decidí hablarle yo cuando nos cruzamos por el pasillo. Le llamé por su nombre: «Takahashi-san, soy el de al lado, nice to meet you». Esto último lo dije en inglés porque sé que le haría gracia y él me contestó también en inglés: «nice to meet you too!», y después algunas frases de estas de calibrar el nivel de japonés del adversario, primero muy simples y muy bien pronunciadas y si la respuesta es coherente, ya se puede pasar al nivel «persona normal».

Después nos hemos hecho visitas a la «habitación de cortinas» del otro, siempre protegiendo la intimidad, solo cuando la cortina estaba tan entreabierta que invitara a ello. Y hemos hablado de muchas cosas: de Iniesta, de España, de mi trabajo, de mi familia, de su perro Husky Siberiano precioso, de mis dos hijos. Y nos hemos dado muchos ánimos en todo momento: por el pasillo con las muletas, yo con mi cadera recién operada, él con sus dos rodillas. En rehabilitación a veces nos cruzábamos al andar en las barras y chocábamos los cinco mientras los médicos se descojonaban; si uno de los dos iba a la máquina a comprar té, le traía una botella al otro sin tener que pedirla.

Roncaba como un ropero del Renacimiento sin engrasar, también hay que decirlo, pero nos hicimos buenos amigos.

Yo me fui un día antes que él. Dos rodillas ganan a cadera, ya sabéis, él lo tiene un poco peor que yo en esto de la recuperación. Pero intercambiamos el Line y ya estamos conectados. No vivimos demasiado lejos y tenemos una promesa que cumplir cuando nos medio olvidemos del bastón de aquí a unos meses: yo le cocino una paella y él me presenta a mí y a mis hijos a Ginchan, su Husky con ojos de colores de soñar en invierno con que hace calor.

También por la escasa distancia que nos separa, creo que esta amistad va a durar más que otras. Me da a mí, fíjate tú, tenemos mucho que compartir entre muletas, bastones y sacos de medicinas después de cada comida.

Ayer acabé el día casi sin poder apoyar la pierna, pero hice todos los ejercicios que me tocaban. Hoy me he levantado y casi no necesito el bastón. Seguimos avanzando.

Compañeros de bastón
Puestos a pensar

Puestos a pensar

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Lo he pasado muy mal en el hospital. Me ingresaron un día a las once de la mañana y hasta el mediodía siguiente no me operaron. Esta espera fue infernal y me dio por pensar un montón de cosas que no tenían demasiado sentido, pero ahí las escribo para que no se me olviden y poder reírme de ellas en un futuro próximo:

  • ¿Y si viene un terremoto grande mientras me están operando?
  • ¿Y si el cirujano abre y resulta que mi estructura ósea es diferente a la de los japoneses y no sabe cómo seguir?
  • ¿Y si se equivoca y me opera la pierna izquierda en vez de la derecha?
  • ¿Y si se deja unas tijeras o algo dentro después de cerrar?
  • ¿Y si me despierto en mitad de la operación porque la dosis de anestesia necesaria para un occidental es distinta y no lo han tenido en cuenta?
  • ¿Y si me queda una pierna más larga que la otra para siempre?
  • ¿Y si no me despierto y estas son mis últimas horas de vida?
  • ¿Y si sale todo mal y me quedo mucho peor de lo que estaba?

Pensaréis que no tienen ningún sentido, pero en esas horas previas sin mucho que hacer, parecían tan razonables, tan creíbles… sobretodo la del terremoto, que faltó poco para salir corriendo del hospital. Bueno, si hubiese podido correr, claro.

Hoy ya he andado un poco más por el pasillo con el bastón y no me ha dolido tanto, también he podido dormir muy bien. Vamos progresando.

Puestos a pensar
Ya estoy en casa

Ya estoy en casa

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Todo fue bien. No he pasado más miedo en mi vida, también te lo digo, pero ya estoy en casa echando carreras con las arañas por el pasillo a puro bastón. Hay días mejores y días peores, pero parece que vamos progresando.

Las primeras semanas son cruciales y hay muchos movimientos que no puedo hacer hasta que sane todo, y lo que más me está costando es estarme quieto, no paro dos minutos en el mismo sitio… buff…

¡Pero ahí vamos! No creo que me ponga a hacer vídeos así tan fácilmente, pero iré dando cada vez más señales de vida.

¡Nos vemos en la obra!

Ya estoy en casa
Escobeeeeeeeeeeer que barreeeees con ikigaiiiiiiiii 🎶🎵
Promoción de Amazon.es

Promoción de Amazon.es

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Hace unas semanas, me llegó un mensaje de Amazon de la plataforma de autoedición. Me decían que estaban valorando promocionar el libro en la tienda Kindle, que lo harían reduciendo el precio de venta a la mitad pero que mantendrían mi margen, vamos que yo iba a recibir lo mismo que hasta entonces. Esto tenía condiciones, como que no podía modificar yo el precio existente durante ese periodo ni tampoco publicar el libro en otras plataformas. Hablaban de hacer esto durante todo el mes de mayo y adjuntaban un enlace para que les contestase si estaba de acuerdo con las condiciones y quería optar a ello. Contesté que si, claro, pero no pensaba que me iban a acabar seleccionando.

Pues, efectivamente, he sido seleccionado… y de repente estoy de Best Seller en las tres categorías en las que está el libro, una vez más por delante del Reverte y toda la pesca…

Flipa :fliper:

Promoción de Amazon.es

No me queda otra que daros las gracias a todos por la acogida recibida… la motivación para darle el último impulso al nuevo libro de «No hay Japón para tanto influencer» está por las nubes, no me queda demasiado ya.

:ikugracias:

El libro costaba casi 4€ y lo han puesto a 2€, pero a mi me respetan el margen. Es un trato de la hostia, las cosas como son.

Tengo que decir que el proceso de autopublicación ha sido más ensayo-error que otra cosa, pero si alguien está pensando en hacerlo, yo le animo a ello. Lo más difícil es escribir, una vez que lo tengas, todo es cuestión de ponerlo en el formato que te pide Amazon. No es complicado aunque sí tedioso. También hay que tener en cuenta que si lo publicas en papel, tienes un formato más libre en cuanto a tipo de letra, márgenes y diseño pero que el formato electrónico está muy limitado en este sentido. Por eso yo recomendaría revisar y revisar y volver a revisar todo el texto y una vez que tengas el contenido del libro listo, crea dos versiones del proyecto y procede a hacer los cambios requeridos para cada formato:

  • El de papel va a necesitar un índice que tienes que escribir a mano y que va a depender del tamaño físico que tenga el libro. Aquí lo mejor es subirlo a la plataforma de Amazon y descargarte la versión en PDF que te genera automáticamente, esa esa la más fiable. A partir de ahí, «apunta» los números de página de cada capítulo y añadelos a mano al principio. También necesitas ajustar los márgenes interiores dependiendo del número de páginas. Yo cometí el error de dejarlos por defecto y como el libro tiene más de 400 páginas, si lo abrías por la mitad, costaba mucho leer el texto del interior. Esto no me lo contó nadie y lo arreglé enseguida al recibir el libro de prueba, pero tuve que volver a ajustar el índice y algunos saltos de página que quedaron «chatos». Y la portada también depende del tamaño y del número de páginas totales, el lomo será más grueso o no y tendrás también que dejar un espacio para el código de barras que te asigna Amazon. Aquí la buena noticia es que puedes bajarte plantillas personalizadas al tamaño de tu libro y simplemente hacer que el contenido encaje ahí. También te da la opción de generar portadas, pero son horrorosas.
  • El formato electrónico genera el índice automáticamente, no hace falta hacer nada aquí, pero tienes que tener en cuenta que aunque tu ajustes los saltos de página y los espacios según tu lo ves en tu Kindle, hay muchos dispositivos con diferentes tamaños de pantalla, así que es básicamente una batalla perdida. No sirve de nada añadir un salto de línea más para que un párrafo empiece en la siguiente página, por ejemplo, porque en dispositivos con pantalla más grande lo único que se verá será un espacio grande entre párrafos. Simplemente estructura en capítulos y el dispositivo se encargará de añadir la separación correspondiente. Tampoco tienes mucho margen a la hora del diseño, da igual que ajustes tamaño o tipo de letra, el dispositivo va a hacer lo que le salga del níspero. Pero ten en cuenta que hay estilos estándar que puedes usar: título, énfasis, código, cita… esto te da cierto juego a la hora de darle cierto dinamismo al texto. Al final se trata de que el lector pueda elegir en su dispositivo qué tipo y tamaño de letra quiere, así que no tienes que preocuparte por ello.

Todo esto lo estoy aplicando ya en el nuevo libro, pero me hubiese gustado que alquien me lo hubiese contado a mi, ojalá te sirva, que no te eche para atrás el proceso, céntrate en escribir tu libro y lo demás vendrá solo.

Otra cosa que me he planteado es ser totalmente transparente con las cuentas. El precio es libre, puedes poner el que tu quieras, Amazon te dice lo que se van a quedar ellos por gastos de impresión y comisión, a partir de ahí como si pides mil euros por libro. Yo puse los siguientes precios:

  • Papel, tapa blanda: 19€, beneficio por libro 4.67€
  • Papel, tapa dura: 29€, beneficio por libro 6.53€
  • Kindle: 3.99€, beneficio por libro 2.63€

No tengo muy claro si es un abuso o no, pero lo que es cierto es que no tienes que poner ni un duro y te imprimen y se encargan ellos de todo, así que no me quejo en absoluto.

Los beneficios se pagan por mes y llegan tres meses después. Por ejemplo, el pago por los libros vendidos en Febrero, me llegó la semana pasada, es decir: a finales de Abril. Te hacen transferencia a la cuenta de banco que hayas elegido, yo tengo una de Wise en Euros que me encargo de mover a mi cuenta de Mizuho aquí según me convenga el cambio.

Puedes ir viendo los libros que llevas vendidos en el mes clasificados por formato y una estimación de los beneficios. Digo estimación, porque si inscribes el formato electrónico en «Kindle Unlimited», te pagan por páginas leídas. Esto significa que el usuario que esté suscrito a Kindle Unlimited puede bajarse un número indefinido de libros gratis a cambio de pagarle una cuota a Amazon, tu decides si inscribirte ahí o no pero te lo recomiendan (y que hayan elegido mi libro para la promoción probablemente tenga mucho que ver con que esté yo ahí inscrito). Ellos le llaman a esto KENP, si muchos usuarios eligen bajar y leer tu libro, te pagan también.

Bueno, vamos al tomate. A día de hoy, 3 de Mayo, estas son las cuentas, lo de «regalías» es beneficios, que vaya palabreja han ido a poner también :pirader:

Y aquí va el número de pedidos procesados:

No está nada, pero nada mal. A mi lo que más me gusta es saber que hay mucha gente leyéndolo, sé que es un poco un «quedabien» decir esto, pero es cierto y el trabajo realizado ya me ha compensado de sobra.

Hombre, tampoco os voy a engañar: si cada seguidor de Instagram me comprase un libro, dejaba al instante de trabajar y grabaría un vídeo bailando en pelotas en la azotea esa de Shibuya Sky para celebrarlo!

:ricachoner: :ricachoner: :ricachoner:

Pero como eso no tiene pintas de que vaya a pasar, yo prefiero marchar…

:bythesegao:

Ala chavales, agur pues!

:gustico:

PD: 9 días para que me ingresen en el hospital…

El coste de la operación

El coste de la operación

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Hasta ahora, quitando el dentista, siempre he pagado muy poco en las clínicas. Aquí siempre pagas por cada visita aunque, en la mayoría de los casos, no suele pasar de los mil o dos mil yenes. También se pagan los medicamentos aparte, pero siempre suele ser muy poco.

Los dentistas van aparte, como digo. Aunque las visitas con limpieza y tal no cuestan casi nada, como tengan que encargar algo a medida: una prótesis o un puente, eso ya lo pagas tu y es un dineral. Una muela que me pusieron a mi por ahí costó cerca de 80.000 yenes, y no os hablo ya de un implante que se te puede poner de 300.000 yenes para arriba…

Aquí tenemos un seguro que paga la empresa y que te costea el 70% de la factura de clínicas u hospitales, el 30% lo tienes que pagar tu de tu bolsillo. Y también existe un sistema por el que hay un límite mensual de gastos médicos y si te pasas de ese límite, se te devuelve el dinero después. Esto último depende de tu sueldo, si cobras mucho, el límite es más alto y se te devuelve menos.

Aquí va un desglose aproximado del coste de mi operación, por si alguien que viva en Japón está en alguna parecida:

  • Múltiples visitas al hospital para pruebas, pongamos que unas 5 a 2000 yenes cada una: 10.000 yenes.
  • Dos visitas con pruebas exhaustivas (MRI, CTI, análisis de sangre...): 2 x 15000 yenes cada una: 30.000 yenes
  • Operación: 255.000 yenes (30% del coste real después de aplicar el límite mensual)
  • Estancia en el hospital: 6 noches en habitación compartida x 2500 yenes: 15.000 yenes

Total: 310.000 yenes

A eso habrá que sumarle las múltiples visitas a rehabilitación después, las revisiones con las pruebas y las medicinas que supongo que me recetarán. Total, que yo estimo que unos 400.000 yenes. Aunque no estoy al día de cómo funcionan las cosas ahora, en España supongo que todo esto sería prácticamente gratis…

Total, que aquí va mi consejo para cualquiera que viva aquí: ahorrad siempre, tened siempre una cuenta en algún sitio reservada para emergencias médicas, sobretodo si tenéis familia, porque la hostia que se te puede venir es chica…

Quedan 10 días para que me ingresen, por cierto…

El coste de la operación

 

¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas?

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Mucha de la gente que me rodea ya sabía que andaba con dolores raros en la cadera, pero cuando ya tuve el diagnóstico y se decidió que no quedaba otra que operar, tardé bastante en contarlo. Mi familia lo sabía, claro, y también había que cuadrar las fechas en la oficina así que mis compañeros se enteraron enseguida.

Pero dejé pasar algunos meses antes de que decidiese contarlo, digamos, que públicamente. Que no pasa nada, quiero decir que allá cada uno con sus cosas, pero pensé que probablemente alguien de los que me ven habría pasado ya por ese trago que me toca y, sin duda, la perspectiva de lo que va a a pasar será mucho más real si me baso en sus consejos y experiencias. Y así ha sido, ha habido quien me ha dicho lo que se viene y cómo afrontarlo, lo que conviene tener en casa… hasta me han mandado vídeos y hay quien ha sacado fotos a material que le han dado en sus hospitales y me las han enviado, material con recomendaciones, explicaciones…

Sin duda ha sido una buena decisión compartirlo porque, además, la conclusión a la que han llegado todos los que se han operado coincide: «si lo sé, me opero antes» y dime tu si eso no es la mayor motivación para seguir adelante con esto.

No sé hasta que punto podré hacer vida normal, probablemente no será buena idea volver a karate ni liarme a correr por ahí, la verdad es que ahora mismo me conformo con poder echar una carrera de vez en cuando detrás de mis hijos y cogerme un tren algún que otro fin de semana para subir al monte Takao a echarle fotos al momiji.

Ayer, un buen amigo que vive también en Tokio, me mandó un mensaje de ánimo, como tantos que he recibido últimamente y por los que estoy tremendamente agradecido. Pero lo que me llamó la atención es que acabó con un «dime qué necesitas» que hizo que me derrumbase completamente y rompiese a llorar durante un buen rato. Fue repentino, muy primario, desproporcionado… Quiero decir que no es que necesite nada en realidad, pero nadie me lo había preguntado y ese simple gesto enganchó de alguna manera con todo el mecanismo de engranajes y ruedas que se había ido posicionando durante todas estas semanas al otro lado del esternón y ya no hubo quien parase las lágrimas durante un buen rato.

«De momento nada, muchas gracias!», le contesté como si nada y después dormí como hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Me estarás leyendo ahora. Muchas gracias, de verdad, pásate por casa algún día cuando vuelva del hospital y te enseño la cicatriz.

¿Qué necesitas?
Si no se arregla en un minuto

Si no se arregla en un minuto

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Una de las cosas que más me han preocupado desde que nacieron mis hijos es el bullying. Supongo que como a cualquier padre, pero en mi caso, al ser ellos los mestizos, los diferentes, tienes ese miedo de que sean objetivo fácil para algún crío de mierda que se crea con derecho a reírse de los demás por lo que sea.

Un compañero de mi trabajo actual es mestizo también, su padre es italiano y su madre japonesa, y he hablado esto muchas veces con él y la verdad es que me tranquiliza bastante saber que jamás ha tenido ningún problema nunca con nadie. Solo habla japonés, por cierto, que es curioso porque la cara de japonés no la tiene, como le pasa a mi hija, pero es más japonés que nadie por mucho que le pese a mucha gente.

Total, que suelo hablar mucho con mis hijos sobre esto mismo. Les pregunto si han tenido algún problema con alguien, si tienen algún «amigo» que siempre se mete con ellos o que haga bromas con ellos o así, y de momento la cosa siempre ha ido bien. Hombre, hay algún amigo de mi hijo que es un asalvajado del copón y algún empujón o alguna hostieja ya le he visto dar, pero parece que lo hace sin maldad. En serio, es un bruto de cojones, pero parece noble el animal.

Pues justo ayer fuimos a un sushi a comer todos juntos y salió otra vez el tema. Y mi hijo nos contó la charla que les dio su nuevo profesor a los pocos días de empezar la secundaria: «si no es algo que se pueda arreglar en un minuto, no lo comentes».

Básicamente viene a decir que si hay algo, sea físico o no, de un compañero que te llame la atención que no se pueda arreglar en un minuto, ignóralo, no hagas ningún tipo de comentario al respecto. Que aunque tú no lo hagas con maldad, es algo que probablemente la otra persona sepa de sobra y no necesita que se lo recuerde nadie de ninguna manera.

Es decir: si un compañero viene con los pelos revueltos recién levantado de la cama, no pasa nada por hacer el chascarrillo gracioso, o si alguien va con la bragueta abierta o descamisado… ya me entendéis, chorradas así sin importancia que seguramente harán que la otra persona se descojone también.

Pero el profesor quiere que te lo pienses dos veces y acabes tú mismo dándote cuenta de que decirle a tu amigo que está gordo o que es un tirillas, que habla de cierta manera o que tiene la cara llena de granos… que eso no hace otra cosa que daño. Y que te aguantes tu comentario hasta que ya te salga solo el ni siquiera pensarlo.

Si no se arregla en un minuto
Los 400ml de sangre

Los 400ml de sangre

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El médico nos presentó las pruebas y no quedó otra que asentir. Así que decidimos ir adelante con la cirugía. Tampoco nos lo pintó mal, quiero decir que una de las frases de las que no me consigo olvidar es «no hay nada que no vayas a poder hacer». Y como ahora no puedo hacer nada… tampoco hay mucho que pensar.

Desde ese momento, nos han ido guiando por todos los pasos por los que vamos a caminar, ojalá que sin demasiada cojera, por este camino de la operación. Todo está perfectamente pensado, estructurado y planeado. Sé perfectamente qué va a pasar antes y después, al menos lo que se puede pensar, estructurar y planear, claro, porque siempre puede haber imprevistos.

Al siguiente día tocaron pruebas, muchas pruebas, MRI, CTI, análisis de sangre, de orina… dos horas y media de ir pasando por máquinas y agujas. La cosa ya se iba poniendo seria.

Un par de semanas después, tocó hablar con el personal de rehabilitación. Allí comprobaron mi estado físico actual, si había o no músculos con los que trabajar, incluso grabaron mi forma de andar y hasta me midieron las piernas. Esto, creí entender, es porque después de la operación existe la posibilidad de que una pierna quede más corta que otra…

Parece ser que sigo en buena forma, a pesar de todo, y apenas habrá problemas después, pero aun así me llevé una tabla de ejercicios que tengo que hacer todos los días en casa para fortalecer un poco más la parte del glúteo. Y también me dieron una lista de cosas que convendría preparar en casa:

  • un bastón
  • una silla para la ducha
  • un aparato para poder ponerme los calcetines sin inclinarme
  • una silla para la entrada
  • una almohada extra para dormir con ella entre los muslos
  • una magic hand, la pinza esa para coger cosas del suelo sin agacharse

Y recomendaciones para el primer mes en casa después de la operación, entre las que destaca la de no subir escaleras, ya que yo vivo en una casa de dos pisos con el salón y la cocina en la segunda planta. Vamos, que me tocará hacer vida en la habitación de abajo y pedirle a la persona que esté arriba que me eche la comida en un cesto o algo. O eso o delivery a todo lo que da, supongo.

Ayer fue la última visita al hospital antes del ingreso y quizás la que más me imponía. Cada hospital es de una manera, pero en este tienen la política de usar la propia sangre del paciente para hacer transfusiones durante la operación. El doctor nos estuvo explicando que es para evitar alergias y rechazos y que es la mejor solución, pero también dejó claro que, si hiciese falta, está el banco de sangre como respaldo. A mí no me han operado nunca, ni en España ni aquí, así que no sé si esto es habitual o no, pero el caso es que en esta última cita se me dijo que me iban a sacar 400 ml de sangre…

400 ml de sangre a mí me suena casi a un botellín de Coca-Cola, que puesto así todo junto es como muchísimo, ¿no? Y las recomendaciones tampoco ayudaban: come muy bien esa semana, incluye alimentos con hierro como espinacas, hígado, ciruelas… también ven bien hidratado, no vengas en coche porque puede que te marees… vamos, que fui muy acojonado.

Haciendo caso de las indicaciones, en vez de ir en bici, como siempre, ayer cogimos el tren, pero llegamos demasiado pronto. Chiaki siempre me acompaña a las citas con el médico, no vaya a ser que entienda las cosas al revés como la vez aquella que, en vez de tomarme una pastilla después de cada una de las 3 comidas del día, me tomé 3 pastillas después de comer… bueno, entendedme, no es tan difícil equivocarse con las instrucciones si están en japonés y uno está con casi cuarenta de fiebre (buah, estoy vivo de milagro después de tantos años, cuántas de estas me habrán pasado sin enterarme siquiera).

Total, que decidimos meternos en una cafetería cercana a hacer tiempo. Me gusta mucho esto, no pasa a menudo por desgracia. No lo de ir a hospitales, sino lo de ir con Chiaki a tomar un café sin nadie más de por medio. Volver a ser novios, aunque sea por un rato. Pasa a veces cuando llueve y vamos en coche a dejar a June a la guardería y decidimos pasarnos por un Komeda a desayunar antes de ir al trabajo. Y hablamos de muchas cosas y, sobre todo, nos reímos mucho de todo. Estoy convencido de que, si no conociese a esa persona y de repente, por cualquier cosa, nos tocase hablar un rato juntos, yo volvería a enamorarme de ella. Es tan… tan todo… no puedo tener más suerte en este mundo.

Y aunque el café no ayudó, precisamente, a atemperar los nervios, ya iba llegando la hora de ir al hospital. Dos enfermeras, una bastante más mayor y otra más joven que yo, me llevaron a una sala y allí, siguiendo a rajatabla lo que me decían, me tumbé en una camilla con las piernas elevadas y me tapé con una manta. En el brazo izquierdo, el tensiómetro ese que te aprieta el brazo para medirte la presión arterial, y en el derecho una aguja «más gorda de lo normal» enchufada a una bomba que iba rellenando una bolsa con mi nombre. Soy A+, por cierto, que no lo sabía.

La enfermera más veterana no dejaba de preguntarme si estaba bien e insistía en que no me aguantase, que si me encontraba mal que lo dijese enseguida. Yo una vez, cuando recorría casi 20 km diarios desde mi casa hasta la oficina de Shibuya, me mareé en el chequeo anual este que te hacen en la empresa. Pero claro, 20 km en bici en ayunas más sacarle sangre a un tipo que pesaba 50 kg mojado igual no es la mejor de las ideas.

Pero no me encontraba mal más allá de lo incómodo de la situación. Es más, por los nervios supongo, no paraba de hablar con aquella señora que me sonreía divertida. Que si he comido un montón de espinacas, que si he venido en tren, que si no sabía el tipo de sangre que era hasta ahora, que tal y que cual. Chiaki, después, me contó que se me escuchaba desde la sala de espera…

Después de unos 20 minutos sacando sangre, me dejaron la aguja para estar otros tantos con suero para reponer líquidos. Ahí ya me quedé medio dormido.

Cuando acabó todo, me levanté con cuidado, como me dijeron las dos enfermeras que estaban atentas, pero la verdad es que me sentía normal. El brazo un poco dormido por no haberlo movido tres cuartos de hora, pero poco más.

Y ya pasado el trago «duro» del día, que no lo fue tanto, tocó hablar con el cirujano que nos explicó, una vez más, la operación. Es una técnica donde te separan el músculo en vez de cortar, con lo que la recuperación es más rápida. Nos contó que cortan la bola del fémur, insertan la prótesis dentro del hueso y limpian la parte superior donde irá la cavidad que albergará la bola de la prótesis. Todo en poco más de media hora. Lo contaba con una facilidad pasmosa, como si el de la tienda te enseña a cambiar las zapatas del freno de la bici, que lo ha hecho mil veces.

También nos enseñó, con una prótesis real en la mano, las limitaciones de movimiento que tienen al principio cuando los músculos todavía están débiles, y cómo movimientos como girar la pierna hacia dentro pueden hacer que se salga la bola, vamos, que se te disloque la cadera.

Impresiona mucho ver la prótesis real, es un aparato de metal «clavado» en el medio del fémur, lo que hace que los primeros meses el hueso esté muy debilitado y haya posibilidad de fractura, así que toca no moverse mucho más de lo que la rehabilitación mande. A mí me costará, porque no puedo estar quieto, pero vamos, que después de tener en mis manos el hierrajo ese, me quedó la cosa bien clara.

Luego ya nos fuimos a casa con medicina para combatir la posible anemia por la extracción de sangre. Y, creo que más por los nervios del día, yo me quedé dormido a las siete de la tarde hasta hace un rato, que me he despertado.

Lo siguiente es ya el ingreso en el hospital. Estoy muy motivado ahora mismo, vamos con todo. También es verdad que no me queda otra, pero qué menos que tirar para adelante con todo el ánimo posible.

Por cierto: cago negro por el suplemento de hierro que estoy tomando esta semana y me han dicho que pitaré en los controles de seguridad de los aeropuertos :D

Los 400ml de sangre
Quiero que os aprendáis dos cosas

Quiero que os aprendáis dos cosas

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En abril cambian muchas cosas en Japón. Bueno, no es que cambien en realidad, simplemente es que el año académico y el año fiscal para la mayoría de empresas va de abril a abril. El caso es que este año, para nosotros, sí que han cambiado muchas cosas: mi hijo ha empezado la escuela secundaria a la vez que mi hija ha dejado la guardería para entrar en la escuela primaria.

Tener que empezar a llevar uniforme, un traje con su camisa y su corbata y toda la pesca, es quizás lo más notable para Kota. Es como si otra persona se hubiese comido al crío que salía por la puerta en pantalones cortos por las mañanas. Sigue siendo el mismo, pero no, es muy raro, como verle jugar a ser mayor antes de tiempo.

Lo mismo pasa con mi hija, ya no la llevamos nosotros a la guardería, sino que va ella sola con la randoseru esa, la mochilaca esa gorda que nos ha costado siete riñones a cada adulto de la familia. Antes de que os flipéis, os diré que voy yo con ella la mayoría del camino, que tiene 6 años y sería impensable que fuese sola porque, aunque no la acompañase yo, desde mi casa hasta la escuela hay como cinco voluntarios que los vigilan, que los padres estamos a esto a turnos. Por no hablar de que a esa hora, las calles son un reguero de estudiantes… vamos, que no hay pérdida posible. Cuando veáis a un crío de primaria por la calle solo, pensad que detrás habrá gente mayor vigilándole aunque no os deis cuenta, así que no me hagáis el putivideo para Instagram, hacedme el favor.

El caso es que hemos tenido que asistir a dos eventos por hijo, ceremonias de estas en las que había que ir con traje y corbata y que me han resultado muy curiosas. Son la despedida de la escuela primaria y el ingreso en la secundaria de Kota y la despedida de la guardería y el ingreso en la primaria de June.

Tengo mil fotos y vídeos de todos. Si todavía hay quien se pase por aquí a leer, te pido perdón por no ponerlos, últimamente me he vuelto bastante celoso con la privacidad de mis hijos. Alguna experiencia, digamos, «rara» me ha hecho reflexionar y aunque casi nunca los exponía, últimamente menos.

Fueron los cuatro eventos muy emocionantes. Podría contarlos en detalle, pero son demasiado personales.

Lo que sí que quiero contar hoy es la charla que el director de la nueva escuela de mi hija les dio a los 147 niños de la promoción. Voy a tratar de reproducirla en castellano tal y como la recuerdo.

Después de los saludos de rigor y darles la bienvenida y demás formalidades, desde el atril en el centro del escenario, aquel señor mayor de cerca de sesenta años les enseñó a los críos la mano derecha con dos dedos, como si formase el signo de victoria:

«Hoy quiero que os aprendáis dos cosas. Aquí tengo dos dedos, vamos con el primero, el índice, este os servirá para acordaros del primer punto.

Este dedo os simboliza a vosotros mismos. Tenéis que empezar ya a pensar por vosotros mismos, a hacer vuestras cosas solos. Estaréis acostumbrados a que todo os lo hagan vuestros padres, pero ya va siendo hora de dejar de hacerlo. Al principio estaréis perdidos y no sabréis cómo o qué hacer. No importa, preguntad siempre: a los profesores, a vuestros compañeros mayores de otros cursos, a vuestros padres. Todos estaremos encantados de ayudaros. También es importante que lo paséis bien, que juguéis muchísimo en la hora del recreo y que seáis felices a la vez que aprendéis y crecéis. Y si os sentís tristes, hablad siempre con alguien y entre todos haremos que te vuelvas a poner contento, nunca te pongas triste solo.

Y este otro dedo son vuestros compañeros. Ellos son tan o más importantes que vosotros. Quiero que miréis a vuestro alrededor, a muchos los conoceréis quizás de la guardería, a otros muchos no. Pronto algunos serán vuestros amigos, pero yo no me conformo, yo quiero que todos sean vuestros amigos. Si estáis jugando y veis a alguien que está solo, id a buscarle, cogedle de la mano y traedle para que juegue con vosotros. En mi escuela no dejamos a nadie atrás, las risas compartidas son mucho más divertidas. Habrá amigos a los que les cueste más hablar y otros que no callarán, quizás tú mismo seas el que más hables. No importa, todos sois diferentes y eso es algo muy bonito que no quita para que no se os olvide que todos sois igual de importantes, nunca dejéis a nadie de lado.»

Después hizo cuatro o cinco bromas del estilo de «hay que ver, habéis escuchado toda la chapa de este abuelete sin pestañear» o «yo pensaba que alguno iba a llorar al ver mi cara de viejo, pero os habéis aguantado muy bien».

Luego volvió a encender el interruptor de la solemnidad, les hizo una reverencia, caminó hacia el borde de la plataforma desde la que les hablaba dejando atrás el atril, nos dio la espalda un momento para hacer otra reverencia al escenario y se sentó en su sitio, no sin antes hacernos otra más a todos los padres.

Unos cuantos minutos después estábamos todos en pie cantando el himno de Japón. Bueno, yo no que no me lo sé, ni me lo sabré nunca, la verdad. Pero esta charla que dio aquel profesor de pelo blanco y gafas a mi hija no deja de darme vueltas en la cabeza.

Me pareció tan sencillo lo que dijo, tan fácil de entender y tan… bonito…

Quiero que os aprendáis dos cosas

Adios a la guardería

Adios a la guardería

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Es todo de locos. Mi hija empezará a ir a la escuela el mes que viene… ¿cómo han pasado estos años tan rápido?, como ya dije alguna vez, ver a tus hijos cada día es la prueba más fehaciente del paso del tiempo.

Tu no cambias apenas y ellos son totalmente distintos.

Mañana tenemos la «ceremonia de graduación» de la guardería. Es tradición que los padres vayamos elegantes con traje y corbata y los profesores van llamando a los niños uno por uno para entregarles un diploma. Para los críos es todo como muy formal aunque en realidad no lo sea tanto y es una gozada ver los ensayos de mi hija en casa sobre cómo debía coger el papel, los saludos y todo eso.

Y a la vez que pasa todo esto, mi hijo pasa de primaria a secundaria. Empezará a ir ya de uniforme y le tocará elegir a qué actividades se apuntará después de las clases y todo eso.

Y yo sigo igual. Bueno igual no, que me van a operar de la cadera, jajaja, más quisiera que seguir igual. Pero me miro en el espejo y me veo pichípichá, más o menos como siempre. Pero a mi hijo le tengo que afeitar el bigote de vez en cuando porque le sale antes que a sus amigos y le da verguenza (¡esos genes bilbaínos ahí!). Y mi hija va al baño sola y está aprendiendo a andar en bici cuando hace dos días que se puso de pies por primera vez.

Si me preguntas a mi el kanji del año 2026 en casa Tosca, este va a ser el de 変, cambio. Porque, hostia, vaya vértigo.

Hoy estoy como si me hubieran dado una paliza, no sé si por la alergia o gripe o todo junto, pero vaya caraja llevo. Había quedado con Klanderplanet para una entrevista para su canal y lo hemos tenido que cancelar, y mira que tenía ganas. Yo solo espero poder recuperarme bien para poder ir mañana por la mañana a la graduación de mi hija, que aunque no sea más que una especie de paripé, para ella es lo más importante que le ha pasado desde que tiene consciencia. Y, por ende, lo más importante para mi, claro. Mañana iré aunque sea a rastras y lloraré lo que me toque, como está mandado.

Vosotros pasad buen fin de semana, hacedme ese favor.

Adios a la guardería

Primeras reseñas de la reedición del libro

Primeras reseñas de la reedición del libro

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Ya empiezan a llegar… de verdad que no sabéis la ilusión que me hacen…

Reseñas reedición ikulibro

Al final que se vendan más o menos libros no deja de ser un número, pero esto es más, cómo decirlo… algo más real después de tantos meses escribiendo, revisando y volviendo a revisar. He recibido también distintos comentarios sobre correcciones de formato, de textos o de diseño y son bienvenidos todos y cada uno de ellos, por favor, no dudéis en enviarme todo lo que se os ocurra.

Sois unos soles, coño.

:gustico: :ikugracias: :gustico:

 

 

 

Primeras reseñas de la reedición del libro
Mis planes

Mis planes

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Siempre he tenido algún plan en el horizonte, normalmente tenían que ver con hacer deporte: el tercer dan de karate, correr tal o cual maratón, la Spartan Race… pero claro, todos esos planes se han venido abajo con lo de la cadera. No quiero victimizarme, ojo, sino tratar de expresar un poco la movida, el sentimiento este de estar un poco perdido por no tener ya tan claras estas metas.

Que sí, que claro que hay otras. Hombre, las de mi familia las primeras, como han estado siempre, también está lo de publicar el libro de los influencers, tratar de darle más caña al gimnasio y bajar esa grasa corporal… dentro de mis posibilidades, que son muchísimas, sigo poniendo mis huevacos en las cestas, pero digamos que esas cestas están marcadas y probablemente no son las que habría elegido si pudiese con total libertad. Y por culpa de este sentimiento, las que se me sobrevienen son un poco a desgana también, por que no decirlo. Hago esto no solo porque no puedo hacer eso otro, pero también.

Un poco algo parecido me pasó cuando me vine a Japón. En Bilbao trataba de recopilar material sobre el país, me hacía con libros, películas, compraba camisetas… todo eso perdió el sentido al venir a vivir aquí… hago o dejo de hacer cosas que igual no haría si la situación fuese distinta, no porque en realidad quisiera hacerlas.

Buah, no me entiendo ni yo.

Es un poco como lo de seguir trabajando de informático, que no es que me disguste, pero no me queda otra. Algo así.

Ayer nevó en Tokio y hoy hace un sol del copón. La alergia me está matando.

Aquí seguimos. Gracias por leer.

Mis planes

Mi rutina

Mi rutina

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Hace ya más de un año que empecé en la empresa en la que estoy ahora. Nos dedicamos a dar servicio a inmobiliarias… vamos, que no vendemos ni compramos casas nosotros, pero tenemos un sistema para hacer la cosa más fácil tanto a los que quieren comprar como vender sus pisos. Yo, que me gaijineo encima como el que más, resulta que ya he comprado y vendido un piso aquí y también una casa de dos pisos, que es donde vivo ahora.

La movida es que hay mucho papeleo y mucha historia de los años de la enka para estos trámites. Hasta hace no mucho, esto funcionaba a base de panfletos que te iban mandando por correo convencional con la distribución de las casas y tal, o en el mejor de los casos un PDF que te mandaban por email. Y no veas el cristo para quedar para enseñar la casa, si la vas a vender, o ir a ver tú una… Pues básicamente lo que hacemos nosotros es informatizar todo ese jaleo para que el comprador acceda a su página y vea ahí todo lo que el de la inmobiliaria ha preparado para él: los pisos que le pueden gustar, precios, comparativas y tal.

Explico todo esto para que veáis que en principio suena más aburrido que la hostia, sobre todo si además es en japonés. Pues el caso es que esta es la mejor empresa en la que he estado nunca por muchos motivos. Para empezar es full remoto, como ya he contado más veces. No hay reunión por las mañanas a una hora concreta donde te tienes que inventar lo que vas a hacer y lo que no, que es quizás de las mayores farsas que se hacen en las empresas de informática. Cualquier jefe medio normal sabe qué tareas hay que hacer y qué está haciendo cada persona, no hace falta andar con estas chorradas.

En fin, que una vez sabido todo esto, paso a contar cómo es mi rutina ahora que prácticamente no puedo salir a dar paseos ni hacer mucha cosa.

Suelo despertarme pronto, raro será que sobre las seis de la mañana no esté ya en pie. Procuro no tomar café porque me da ardores, así que me hago mi cancarro de té verde y me dedico a ver las noticias. Antes las leía por Twitter, pero como es un cienagal inmundo, ahora solo entro para bichear a un par de paisanos que viven por aquí y que me proporcionan ese gustico que da la ascopena de ver las mierdas que ponen. Poco más o menos que son los dueños de Tokio, vaya dos fantasmas, no hay por donde cogerlos, pero qué gustico me da leerles, no puedo dejar de hacerlo.

Después paso al Meneame, donde no leo de las noticias más que los titulares y los comentarios destacados, ahí me lo paso guay también, vaya algarabas tú. Y últimamente me paso por Reddit también, donde suelo ver qué se cuece en grupos relacionados con Japón y juegos retro y tal, que cuando tengo un ratejo suelo darle al Kung-Fu Master o al Rygar y todos esos de mi infancia.

También miro si hay algún pedido nuevo del libro o alguna reseña y suelo repasar todos los comentarios del blog y en las redes  y así. Es curioso que últimamente en TikTok, por alguna razón, me llegan muchos más que en otros sitios. Youtube suele pasar mucho de mi ojete y donde se mueve la mandanga es en Instagram ahora. No gano un duro, pero me lo paso guay, que es de lo que se trata al final, supongo.

Mi hijo mayor suele estar ya en pie sobre las siete, pero tampoco hay que preocuparse mucho: se prepara su desayuno y tal… poca falta le hacemos ya, aunque siempre salgo a despedirle aprovechando que vivimos en casa propia, como he dicho por ahí. Salgo en pijama a decirle adiós hasta que dobla la esquina.

A mi hija hay que hacerle todo prácticamente y raro será que no prepare alguna, pero bueno, está en la edad. También es verdad que nos reímos mucho con ella que es más payasa que yo, lo que ya es decir.

Sobre las ocho y media la llevamos a la guardería. Si llueve, voy yo con el coche y si no, la lleva su madre en la bici de batería esa que tiene asiento para los críos detrás. Eso es un invento de la hostia, os lo digo ya, cómo tira en las cuestas, tú. También es verdad que son carísimas y ya vamos por la segunda, que la otra se descuajaringó entera. Esta la usamos todos los días, aunque a partir de abril, que mi hija empieza la escuela e irá andando, dejaremos de usarla tanto, supongo.

Total, que sobre las nueve me suelo quedar solo en casa. La mayoría de las veces cojo la bici y voy al gimnasio. Es curioso porque en bici podría tirarme horas y horas y no me duele nada la cadera y, como no puedo parar quieto, no es raro que esté por ahí dando vueltas. Después del gimnasio voy al supermercado, donde compro siempre lo mismo: ensalada, pescado, tofu y natto. Luego siempre cae algo más, claro, pero esencialmente esa es la movida. Pago en la caja esa que te haces tú todo, más que nada porque es más rápido, y para casa que me vuelvo.

Como he dicho, no hay una reunión matutina que preparar ni nada parecido, así que decido yo cuándo empiezo a currar, siempre sabiendo que tendré que seguir ahí hasta nueve horas después (8 + la de comer). Si ese día estoy animado, hago un vídeo para Instagram de estos de los influmierders o leo un cacho del libro o escribo un poco más del nuevo libro. Si no, enchufo el Fortnite y me tiro mi buena hora ahí perdiendo el tiempo.

Ya sobre las once suelo estar currando. Ahora se hace todo con IA, o bueno, nosotros lo hacemos así. Yo no me fiaba un pelo, pero he de reconocer que cada vez funciona mejor, ya prácticamente no programo nada “a pelo”, me dedico a pedirle movidas. Normalmente llevo dos o tres tareas a la vez y las suelo sacar rápido, más que nada porque escribo rápido. Es curioso que mucha gente de mi empresa ya ni escribe: tienen otra IA de estas de hablarle al ordenador que te reconoce la voz y ya ni teclean ni nada. Está cambiando la movida mucho. Yo lo de hablar ahí solo me parece ridiculísimo de momento, pero vete tú a saber. Lo que está claro es que IA para todo: para programar, otra IA para revisar lo que ha programado la primera, otra IA para que pruebe todo…

A mediodía antes me daba un paseo hasta el konbini a ver qué había o simplemente por andar si hace buen tiempo. Ahora me dedico a preparar la habitación de mi hija donde curraré a partir de mayo después de la operación. De momento tengo mesa, silla, internet en la planta baja también… no sé si necesitaré aire acondicionado. También estoy pensando en comprarme una nevera pequeña para mis ensaladas y mis yogures y tal, y probablemente una tetera de estas eléctricas para hacerme mis tés y mis mates.

Estoy acojonado, ya lo dije ayer, pero es cierto. Probablemente salga todo bien, pero hay noches que casi no duermo.

Bueno, sobre las tres y pico viene mi hijo de la escuela, que suele parar poco en casa porque se pira siempre a jugar a casa de algún amigo o a algún parque. Después viene mi hija de la guardería y me prepara copos de avena. Esto es gracioso porque me vio una vez echar en un cuenco proteína en polvo, semillas de chía, cúrcuma… vamos, todas las mierdas estas que dicen que son buenas, y le pareció divertido andar ahí mezclando historias y ahora me lo prepara ella y así echamos ese rato juntos.

Kota suele tener alguna actividad por la tarde: las clases de español online con la mejor profesora del mundo, anda que no ha espabilado ahí, también va a tenis y a clases de gimnasia. Si es fuera y como es de noche a mí me da cosa que vaya y vuelva solo, así que le acompaño siempre y me quedo a ver la clase. Lo de gimnasia mola mucho: hacen el pino, dan volteretas… Kota es de los más avanzados de la clase. Siempre tengo ese sentimiento de orgullo pero también de envidia y nostalgia infinita. Yo siempre he sido de los más ágiles de todos mis amigos. ¿Volverá a ser la historia parecida con la prótesis? Igual mejor ir olvidándose.

Y a la noche cenamos todos juntos viendo la tele. Si me preguntas a mí, la tele japonesa es absurda completamente, pero de vez en cuando dan algo curioso. Me suelen gustar mucho los programas estos que enseñan pueblos por ahí perdidos de Japón y también sigo ahora bastante las noticias para ver qué se le ocurre a la Takaichi para putearnos más o que vuelvan a salir gaijines disfrazados de moñecos en karts por Shibuya dando toda la grima mientras entrevistan a japoneses quejándose de esa mierda.

Por la noche en invierno nos solemos bañar, que aquí es fácil preparar la movida: le das a un botón y fuera, es todo automático. Y después a dormir, que yo para las nueve y media o así tengo ya un sueño de la hostia, así de mayor estoy. Mi hijo duerme en su habitación, claro, ya va a su bola completamente, pero es muy buen chaval, aunque todos los días me pida que le compre un iPhone y yo me niegue y la tengamos liada. Mi hija duerme con nosotros y sus buenas risas nos echamos en ese rato donde nos cuenta algún chisme de la guardería, como lo de que Yuka-chan ha liado alguna otra vez… menudos circos monta esa niña, tú: cuando no está llorando, está pegándole a alguien.

Y en lo que amasamos un par de legañas, pues vuelta a empezar.

Mi rutina