Tengo que ir una vez a la semana a rehabilitación al hospital. Una vez que el médico revisó que la protesis estaba en su sitio, que no había ninguna fisura en el hueso y que la cicatriz estaba sanando bien, es el personal de la quinta planta de rehabilitación los que están llevando mi recuperación.
Son ellos los que revisan la movilidad de la cadera, los que me hacen andar con el bastón de forma correcta para evitar toda cojera después y los que me dan consejos sobre qué movimientos y ejercicios debo hacer y cuáles evitar. Todavía tengo revisión con el cirujano, pero son más espaciadas, la siguiente es dentro de mes y medio.
El caso es que no puedo andar grandes distancias todavía, hay días en que no aguanto ni cinco minutos porque me duele muchísimo, así que los días que tengo que ir al hospital, lo hago en taxi. No me veo capaz de llegar hasta la estación todavía, aunque en el paseo de hoy he andado cerca.
Total, que llamo al taxi por la aplicación GO que me enseñó mi mujer y que no puedo recomendaros más, es facilísima de utilizar, está en inglés y te permite pagar con Apple Pay por ejemplo, además que a la hora de pedir el taxi, le pones tu destino y prácticamente no necesitas ni hablar con el taxista.
El viernes por la mañana me pedí el taxi de vuelta y cuando me subí, me empezó a hablar el taxista:
— Veo que vienes de la clínica de ortopedia, ¿te han puesto protesis?, como te veo con el bastón
— Pues si, la verdad
— ¡No te preocupes por nada!, tengo 78 años yo y me operaron hace 4 y voy todos los días a dar paseos por ahí y juego a golf y ya me ves que estoy aquí trabajando con el taxi
— Anda, jodé pues gracias por contarme esto, yo ando ahí a veces que me duele mucho y la verdad es que no tengo nada claro
— ¡NI TE PREOCUPES!, mira mira —aprovechando que estamos parados en un semáforo, se remanga la pierna y me enseña una cicatriz en la rodilla —menudo tajo me hicieron aquí, ¿ves?, pero vamos, que ni me acuerdo, operarme fue lo mejor que he podido hacer
— Ah, pero a mi he han operado de la cadera, no de la rodilla
— Ah bueno, de eso no sé. Pero vamos, que como sea como lo mío, ni te vas a acordar que te hicieron nada. Ando todos los días 20.000 pasos, no te digo más
— Jajaja, bueno, pues me alegro mucho de escuchar esto, me da muchos ánimos
— ¿Hace cuanto que te operaron?
— Pues no hace ni un mes
— Aaaaah, nada hombre, entonces claro que tendrás molestias, ¿a que no puedes dormir bien?
— Justo, hay noches que no hay manera
— Pues ya te digo yo lo que te va a pasar, que lo mío es la rodilla pero seguro que es lo mismo en la cadera. Te va a estar doliendo todos los días un poco menos hasta que de repente un día no te haga falta ni el bastón que te entrarán ganas hasta de correr
— Jajaja, ojalá, yo ahora mismo sin el bastón no soy nadie
— Yo el mío no sé ni donde está, yo creo que mi mujer lo tiró a la basura. De verdad te lo digo, en medio año ya te acordarás de esta conversación
— Vale vale, pues me quedo mucho más tranquilo, habrá que tener paciencia entonces
— Si, pero tampoco mucha, ya verás como en nada estás andando mucho porque seguro que te pasa como a mi que quieres andar mucho más que antes. Pero es mejor no andar por la calle que es de cemento y está duro, mejor por el campo, ¿y si juegas a golf?
— Hombre, pues no lo había pensado
— Si hombre, apúntate a clases de golf y ahí a nada que eches la mañana andarás muchísimo y como es campo, no te dolerá nada
Después el hombre me estuvo enseñando, semáforos en rojo mediante, fotos de él con sus amigos, todos con más años que la orilla del río, vestidos de uniforme y con gorra jugando al golf. Me estuvo contando un montón de cosas en el cuarto de hora de trayecto del hospital a casa y se despidió con un お大事に y un «golf, hazme caso» antes de cerrar la puerta automática de atrás.
Saqué dos conclusiones de este encuentro: lo primero es que me hizo mucha gracia que el hombre me estuviese contando tantísimas cosas sin conocerme de nada y obviando, supongo que aposta, que yo fuese extranjero. Y lo segundo es que no suena tan mal eso de cambiar maratones, karate y carreras Spartan por unos hoyos cerca del Tamagawa…

¿Cómo que tiene 78 añazos y aún está trabajando de taxista?
¿No hay jubilación?
Aquí las pensiones son una mierda y mucha gente mayor de 65 años prefiere seguir currando si se encuentra bien.
A mi me parece tristísimo…
Que majete el taxista!!, dentro de unos meses acuérdate de dedicarle otro post que se lo ha ganado.
Me encanta eso de los taxistas dando conversación y ánimo