Bueno chavales, pues eso: marcho, que he quedado para una cosilla. Tengo que estar mañana a las 11, échale una semana o así sin vernos.
Ala pues, agur!

Bueno chavales, pues eso: marcho, que he quedado para una cosilla. Tengo que estar mañana a las 11, échale una semana o así sin vernos.
Ala pues, agur!

Hasta ahora, quitando el dentista, siempre he pagado muy poco en las clínicas. Aquí siempre pagas por cada visita aunque, en la mayoría de los casos, no suele pasar de los mil o dos mil yenes. También se pagan los medicamentos aparte, pero siempre suele ser muy poco.
Los dentistas van aparte, como digo. Aunque las visitas con limpieza y tal no cuestan casi nada, como tengan que encargar algo a medida: una prótesis o un puente, eso ya lo pagas tu y es un dineral. Una muela que me pusieron a mi por ahí costó cerca de 80.000 yenes, y no os hablo ya de un implante que se te puede poner de 300.000 yenes para arriba…
Aquí tenemos un seguro que paga la empresa y que te costea el 70% de la factura de clínicas u hospitales, el 30% lo tienes que pagar tu de tu bolsillo. Y también existe un sistema por el que hay un límite mensual de gastos médicos y si te pasas de ese límite, se te devuelve el dinero después. Esto último depende de tu sueldo, si cobras mucho, el límite es más alto y se te devuelve menos.
Aquí va un desglose aproximado del coste de mi operación, por si alguien que viva en Japón está en alguna parecida:
Múltiples visitas al hospital para pruebas, pongamos que unas 5 a 2000 yenes cada una: 10.000 yenes.
Dos visitas con pruebas exhaustivas (MRI, CTI, análisis de sangre...): 2 x 15000 yenes cada una: 30.000 yenes
Operación: 255.000 yenes (30% del coste real después de aplicar el límite mensual)
Estancia en el hospital: 6 noches en habitación compartida x 2500 yenes: 15.000 yenes
Total: 310.000 yenes
A eso habrá que sumarle las múltiples visitas a rehabilitación después, las revisiones con las pruebas y las medicinas que supongo que me recetarán. Total, que yo estimo que unos 400.000 yenes. Aunque no estoy al día de cómo funcionan las cosas ahora, en España supongo que todo esto sería prácticamente gratis…
Total, que aquí va mi consejo para cualquiera que viva aquí: ahorrad siempre, tened siempre una cuenta en algún sitio reservada para emergencias médicas, sobretodo si tenéis familia, porque la hostia que se te puede venir es chica…
Quedan 10 días para que me ingresen, por cierto…

Mucha de la gente que me rodea ya sabía que andaba con dolores raros en la cadera, pero cuando ya tuve el diagnóstico y se decidió que no quedaba otra que operar, tardé bastante en contarlo. Mi familia lo sabía, claro, y también había que cuadrar las fechas en la oficina así que mis compañeros se enteraron enseguida.
Pero dejé pasar algunos meses antes de que decidiese contarlo, digamos, que públicamente. Que no pasa nada, quiero decir que allá cada uno con sus cosas, pero pensé que probablemente alguien de los que me ven habría pasado ya por ese trago que me toca y, sin duda, la perspectiva de lo que va a a pasar será mucho más real si me baso en sus consejos y experiencias. Y así ha sido, ha habido quien me ha dicho lo que se viene y cómo afrontarlo, lo que conviene tener en casa… hasta me han mandado vídeos y hay quien ha sacado fotos a material que le han dado en sus hospitales y me las han enviado, material con recomendaciones, explicaciones…
Sin duda ha sido una buena decisión compartirlo porque, además, la conclusión a la que han llegado todos los que se han operado coincide: «si lo sé, me opero antes» y dime tu si eso no es la mayor motivación para seguir adelante con esto.
No sé hasta que punto podré hacer vida normal, probablemente no será buena idea volver a karate ni liarme a correr por ahí, la verdad es que ahora mismo me conformo con poder echar una carrera de vez en cuando detrás de mis hijos y cogerme un tren algún que otro fin de semana para subir al monte Takao a echarle fotos al momiji.
Ayer, un buen amigo que vive también en Tokio, me mandó un mensaje de ánimo, como tantos que he recibido últimamente y por los que estoy tremendamente agradecido. Pero lo que me llamó la atención es que acabó con un «dime qué necesitas» que hizo que me derrumbase completamente y rompiese a llorar durante un buen rato. Fue repentino, muy primario, desproporcionado… Quiero decir que no es que necesite nada en realidad, pero nadie me lo había preguntado y ese simple gesto enganchó de alguna manera con todo el mecanismo de engranajes y ruedas que se había ido posicionando durante todas estas semanas al otro lado del esternón y ya no hubo quien parase las lágrimas durante un buen rato.
«De momento nada, muchas gracias!», le contesté como si nada y después dormí como hacía mucho tiempo que no lo hacía.
Me estarás leyendo ahora. Muchas gracias, de verdad, pásate por casa algún día cuando vuelva del hospital y te enseño la cicatriz.
El médico nos presentó las pruebas y no quedó otra que asentir. Así que decidimos ir adelante con la cirugía. Tampoco nos lo pintó mal, quiero decir que una de las frases de las que no me consigo olvidar es «no hay nada que no vayas a poder hacer». Y como ahora no puedo hacer nada… tampoco hay mucho que pensar.
Desde ese momento, nos han ido guiando por todos los pasos por los que vamos a caminar, ojalá que sin demasiada cojera, por este camino de la operación. Todo está perfectamente pensado, estructurado y planeado. Sé perfectamente qué va a pasar antes y después, al menos lo que se puede pensar, estructurar y planear, claro, porque siempre puede haber imprevistos.
Al siguiente día tocaron pruebas, muchas pruebas, MRI, CTI, análisis de sangre, de orina… dos horas y media de ir pasando por máquinas y agujas. La cosa ya se iba poniendo seria.
Un par de semanas después, tocó hablar con el personal de rehabilitación. Allí comprobaron mi estado físico actual, si había o no músculos con los que trabajar, incluso grabaron mi forma de andar y hasta me midieron las piernas. Esto, creí entender, es porque después de la operación existe la posibilidad de que una pierna quede más corta que otra…
Parece ser que sigo en buena forma, a pesar de todo, y apenas habrá problemas después, pero aun así me llevé una tabla de ejercicios que tengo que hacer todos los días en casa para fortalecer un poco más la parte del glúteo. Y también me dieron una lista de cosas que convendría preparar en casa:
Y recomendaciones para el primer mes en casa después de la operación, entre las que destaca la de no subir escaleras, ya que yo vivo en una casa de dos pisos con el salón y la cocina en la segunda planta. Vamos, que me tocará hacer vida en la habitación de abajo y pedirle a la persona que esté arriba que me eche la comida en un cesto o algo. O eso o delivery a todo lo que da, supongo.
Ayer fue la última visita al hospital antes del ingreso y quizás la que más me imponía. Cada hospital es de una manera, pero en este tienen la política de usar la propia sangre del paciente para hacer transfusiones durante la operación. El doctor nos estuvo explicando que es para evitar alergias y rechazos y que es la mejor solución, pero también dejó claro que, si hiciese falta, está el banco de sangre como respaldo. A mí no me han operado nunca, ni en España ni aquí, así que no sé si esto es habitual o no, pero el caso es que en esta última cita se me dijo que me iban a sacar 400 ml de sangre…
400 ml de sangre a mí me suena casi a un botellín de Coca-Cola, que puesto así todo junto es como muchísimo, ¿no? Y las recomendaciones tampoco ayudaban: come muy bien esa semana, incluye alimentos con hierro como espinacas, hígado, ciruelas… también ven bien hidratado, no vengas en coche porque puede que te marees… vamos, que fui muy acojonado.
Haciendo caso de las indicaciones, en vez de ir en bici, como siempre, ayer cogimos el tren, pero llegamos demasiado pronto. Chiaki siempre me acompaña a las citas con el médico, no vaya a ser que entienda las cosas al revés como la vez aquella que, en vez de tomarme una pastilla después de cada una de las 3 comidas del día, me tomé 3 pastillas después de comer… bueno, entendedme, no es tan difícil equivocarse con las instrucciones si están en japonés y uno está con casi cuarenta de fiebre (buah, estoy vivo de milagro después de tantos años, cuántas de estas me habrán pasado sin enterarme siquiera).
Total, que decidimos meternos en una cafetería cercana a hacer tiempo. Me gusta mucho esto, no pasa a menudo por desgracia. No lo de ir a hospitales, sino lo de ir con Chiaki a tomar un café sin nadie más de por medio. Volver a ser novios, aunque sea por un rato. Pasa a veces cuando llueve y vamos en coche a dejar a June a la guardería y decidimos pasarnos por un Komeda a desayunar antes de ir al trabajo. Y hablamos de muchas cosas y, sobre todo, nos reímos mucho de todo. Estoy convencido de que, si no conociese a esa persona y de repente, por cualquier cosa, nos tocase hablar un rato juntos, yo volvería a enamorarme de ella. Es tan… tan todo… no puedo tener más suerte en este mundo.
Y aunque el café no ayudó, precisamente, a atemperar los nervios, ya iba llegando la hora de ir al hospital. Dos enfermeras, una bastante más mayor y otra más joven que yo, me llevaron a una sala y allí, siguiendo a rajatabla lo que me decían, me tumbé en una camilla con las piernas elevadas y me tapé con una manta. En el brazo izquierdo, el tensiómetro ese que te aprieta el brazo para medirte la presión arterial, y en el derecho una aguja «más gorda de lo normal» enchufada a una bomba que iba rellenando una bolsa con mi nombre. Soy A+, por cierto, que no lo sabía.
La enfermera más veterana no dejaba de preguntarme si estaba bien e insistía en que no me aguantase, que si me encontraba mal que lo dijese enseguida. Yo una vez, cuando recorría casi 20 km diarios desde mi casa hasta la oficina de Shibuya, me mareé en el chequeo anual este que te hacen en la empresa. Pero claro, 20 km en bici en ayunas más sacarle sangre a un tipo que pesaba 50 kg mojado igual no es la mejor de las ideas.
Pero no me encontraba mal más allá de lo incómodo de la situación. Es más, por los nervios supongo, no paraba de hablar con aquella señora que me sonreía divertida. Que si he comido un montón de espinacas, que si he venido en tren, que si no sabía el tipo de sangre que era hasta ahora, que tal y que cual. Chiaki, después, me contó que se me escuchaba desde la sala de espera…
Después de unos 20 minutos sacando sangre, me dejaron la aguja para estar otros tantos con suero para reponer líquidos. Ahí ya me quedé medio dormido.
Cuando acabó todo, me levanté con cuidado, como me dijeron las dos enfermeras que estaban atentas, pero la verdad es que me sentía normal. El brazo un poco dormido por no haberlo movido tres cuartos de hora, pero poco más.
Y ya pasado el trago «duro» del día, que no lo fue tanto, tocó hablar con el cirujano que nos explicó, una vez más, la operación. Es una técnica donde te separan el músculo en vez de cortar, con lo que la recuperación es más rápida. Nos contó que cortan la bola del fémur, insertan la prótesis dentro del hueso y limpian la parte superior donde irá la cavidad que albergará la bola de la prótesis. Todo en poco más de media hora. Lo contaba con una facilidad pasmosa, como si el de la tienda te enseña a cambiar las zapatas del freno de la bici, que lo ha hecho mil veces.
También nos enseñó, con una prótesis real en la mano, las limitaciones de movimiento que tienen al principio cuando los músculos todavía están débiles, y cómo movimientos como girar la pierna hacia dentro pueden hacer que se salga la bola, vamos, que se te disloque la cadera.
Impresiona mucho ver la prótesis real, es un aparato de metal «clavado» en el medio del fémur, lo que hace que los primeros meses el hueso esté muy debilitado y haya posibilidad de fractura, así que toca no moverse mucho más de lo que la rehabilitación mande. A mí me costará, porque no puedo estar quieto, pero vamos, que después de tener en mis manos el hierrajo ese, me quedó la cosa bien clara.
Luego ya nos fuimos a casa con medicina para combatir la posible anemia por la extracción de sangre. Y, creo que más por los nervios del día, yo me quedé dormido a las siete de la tarde hasta hace un rato, que me he despertado.
Lo siguiente es ya el ingreso en el hospital. Estoy muy motivado ahora mismo, vamos con todo. También es verdad que no me queda otra, pero qué menos que tirar para adelante con todo el ánimo posible.
Por cierto: cago negro por el suplemento de hierro que estoy tomando esta semana y me han dicho que pitaré en los controles de seguridad de los aeropuertos xD