Todas las entradas de: Tío Tosca

Conversaciones con un Gaijin

En el baño de un izakaya, un chico alto y muy jóven me habla mientras los dos ejercemos la actividad miccionante:

Are? Gaijinsan desu. Hellooo (otia un extranjero!! hola!!!)
– Jajaja, hello, konbanwa
– Hoy hay un montón de extranjeros cenando aquï!
– Pues si que hay si, ¿porqué será?
– Jajaja, vete a saber, oye que bien hablas japonés
– Buff, que va que va!… Hasta luegoooo.
– Hasta luego!

Después nos cruzamos dos o tres veces más y nos saludamos riéndonos.


En el combini de la esquina la hija del dueño aparece con un niño pequeño que viene donde mí corriendo, y yo le hago monerías:

– Mira mira, es un gaijin, viene del país del fútbol
– Jajaja, país del fútbol, y dale
– Yo soy su abuelo
– Si? pues es muy majo, se ríe mucho!
– I’m his grandfather
– Si si, si ya lo había pillao
– Pero España es el país del fútbol, ¿no?
– Será, pero a mi no me gusta nada
– Jaja, por eso huiste a Japón, ne?
– Jajajaja


En Honmonji, una niña de unos tres años me mira toda sorprendida y me señala directamente mientras le hace gestos a su padre:

– ¡Mira mira!
– ¿Qué dices hija? ¿Quién es, un profesor tuyo? –
la niña no contesta pero me sigue señalando
– Holaaaa -digo yo
– Holaaa –
me contesta el padre- perdón….
– Jaja, nada nada

Y la niña se esconde detrás de él sin dejar de mirarme asustada y sorprendida a partes iguales…


En el súpermercado de mi barrio, monto en la bici con un par de bolsas mientras dos chicas con uniforme escolar me miran y dicen a gritos:
Kakkoiiiiiii
– Arigato
– Are? ¿hablas japonés? ¿de dónde eres? ?¿como te llamas? ¿vives aquí? ¿qué has comprado? ¿te gusta Japón? –
me asalta una, la otra me saca una foto con su teléfono móvil
– Jajaja, si yo sólo he venido a comprar huevos!, pero sí, vivo ahí al lado, vengo de España y me llamo Oskar
– Oskar!! como el de Berusaiyu no Bara!!! jajajaja
– Eeeeh, siempre me dicen eso, pero el del anime ese es una chica!!!
– Jajajaja, es un nombre muy kakkoii!!
– Arigato, bueno, que voy a ver si ceno
– Ja ne, bye byeeeee

(Kakkoiii siguen diciendo a dúo mientras me voy)


En un restaurante en el barrio chino de Yokohama con una amiga, un señor muy mayor me ve y le habla a mi amiga, que es japonesa:

– Es americano, ¿verdad?, ¿le gusta Japón?
– No no, viene de España

Al hombre le cambia la cara, de repente deja de dar la sensación de estar incómodo y me empieza a hablar a todo meter:
– España, Gaudí, San Fermines, Tomato matsuri, matador ¿te puedo hacer una pregunta?
– Jajaja, si, si, claro
– ¿En España se come el rabo del toro?
– Si que yo sepa, en estofado o así
– Es que yo soy carnicero y estoy muy interesado en saberlo porque creo que es un manjar –
después suelta unas parrafadas sobre el noble arte cárnico y acaba con un…
– ¿Es tu novio? –
le dice a ella
– No no, jaja, es un amigo
– Pues tiene cara de buena persona
Menuda cara tonto tengo que tener
pienso yo.


En el tren, me siento y dos señores mayores entrajetaos que están enfrente, visiblemente borrachos, me miran y ponen cara de mofarse:

– Mira un gaijin, por qué tendrán que venir aquí!!!, seguro que no tiene ni idea de japonés
– Mejor que no aprenda y que se vaya a su país. Kusai (huele mal!)
Les miro directamente para que sepan que les he entendido, me sostienen la mirada y me dice uno envalentonado:
– What?
– Nada nada

Se miran entre ellos y se ríen triunfantes sin darse ni cuenta que les he contestado en japonés. La gente de al lado pasa de todo, finalmente me levanto y cuando voy por el andén y les miro, uno me hace el gesto de levantar el dedo anular desde el tren.


En una cena con los del Yosakoi:

– Figo, siéntate aquí
– Jajaja, ¡que yo no me parezco a Figo en ná! es como si yo digo que tu eres igual que Bruce Lee
– Mukatsuku jan! (será cabrón!)
– Yo creo que se parece a Tom Cruise –
dice una– cuando se ríe, Oskar riete
– Eso Figo, riete
– Jodeee que cruz!! aunque si me dáis a elegir me quedo con Tom Cruise –
me río
– Si si, a Tom Cruise!! –
y hace la música de misión imposible y el gesto de tirar las gafas de sol que explotan
– Claro y como me parezco tanto a Tom Cruise por eso estoy más sólo que la una, ¿no?
– Eso es porque no te gustan las japonesas porque las españolas tienen más caderas y más pecho
– Si, estamos como para discriminar nacionalidades…
– pienso yo


En una cena con los de Capoeira, hablo con un chavalico que no tendrá más de 20 años:

– ¿España? pues yo estuve en Salamanca
– Seguro que llamaste la atención, al ser japonés… ¿fuiste a algún bar?
– Si, y me venían a hablar mucho, ¡se acercaban por mi dinero!
Si, por eso va a ser…
pienso yo mientras me cambio de sitio…


El domingo con una amiga paseando por Shibuya:

– ¿Entonces, ya te has acostumbrado a vivir en Japón?
– Supongo que si, pero a veces me doy cuenta que soy el único extranjero y me siento incómodo, aunque nadie me diga nada ni a nadie le importe. Mira, por ejemplo ahora mismo si paras el tiempo, seguro que sólo estamos aquí mismo dos o tres. Es raro.
– Ya me imagino… tiene que ser duro
– No, no es que sea duro, impresiona un poco, y sólo a veces… encima esto es Tokyo y nunca pasa nada, el caso contrario en España sería mucho peor.
– Pues el caso es que para mi tu no eres un extranjero, eres Oskar, sin más
– Ojalá todos pensásemos de esa manera… tu para mi eres Naoko, y ya.
– Algo tan simple y tan complicado a la vez…
– Cierto, muy cierto

 

A la izquierda del cero

Cuando el cielo amenaza nostalgia y siempre comunica el teléfono de los sueños porque no se quieren poner.

Cuando lo de fuera es mentira y lo de dentro sólo mío porque nadie llama.

Cuando las pestañas pesan de más lastrando los párpados y uno es la mitad de lo que fue, y ya no hay olores que sepan, ni sabores que huelan, ni sonidos que ver, ni más paisaje que recuerdos de colores claros del pasado superpuestos en un mundo de tonos que caducaron ayer.

Cuando las horas vocean a los cuatro vientos que están limando la vida por real y cruel decreto de los días, y lo que se pone al buen tiempo es mala cara y al mal tiempo, lágrimas.

Cuando ser es nadar en un río revuelto donde ni los pescadores se acercan porque hay un tipo que sólo ve empañado y les mira con la cabeza bien baja.

Cuando sobre las íes ya no importan los puntos y empieza a dar igual que haya íes, llegas tú y vas y lo das todo por posible, y me haces estar a tus anchas, y traes las llevadas que sacan las cuentas haciéndome pasar, de la mano, al otro lado del cero.

Los dos sabemos que te irás pronto, pero, ¿sabes?, da igual porque ya me has vacunado del invierno y sé que podré seguir con esto tan mío de ir apretando mucho más de lo que abarco.

Aquí me quedaré cuando pase, intentando, una vez más, que dejen de salir mis restos en todas las divisiones.

 

Ikulatino

El ser humano tiene una curiosa necesidad de generalizar, de clasificar todo lo que le rodea, especialmente a otros seres humanos. Inconscientemente la mayoría de las veces, metemos a la gente en cajones junto a otros que creemos de sus mismas características y a partir de entonces ya pensamos que sabemos cómo van a actuar, porque les tenemos etiquetados, o por lo menos ya hemos logrado cierto control de la situación.

Los americanos son todos gilipoyas de primeras, los argentinos no callan, los chinos unos maleducados que comen con la boca abierta y eruptan, los japoneses, cuadriculados ellos, se duermen al minuto dos de estar sentados en cualquier lado, los franchutes… bueno los franchutes son de la France, los catalanes unos agarrados que hablan todo secos ahí, los vascos comen como jabatos y se entretienen con la kale borroka, los gallegos se están todo el día quejando carallo paquí carallo pallá…

Esto más o menos es lo que me viene a la cabeza en un momentico y fijo que es mentira en el noventa y nueve por ciento de los casos, gabachos a parte, pero mira, así para empezar yo ya tengo la idea metida en el bolo y si me presentan a un tipo que es chino, ya vengo preparao gracias a mi resabiado inconsciente y sus ruines generalizaciones, y seguro que me fijo en si cierra los morros cuando mastica.

De la misma manera que yo prejuzgo sin quererlo aún a sabiendas de que mis etiquetas son dañinas y falsas, pues yo también soy etiquetado y más viviendo en un sitio donde la inmensa mayoría es diferente a mí. Soy extranjero, así que no sé, ni sabré nunca, ni papa de japonés, no puedo comer natto ni nada que no haya pasado antes un buen rato por una sartén, hablo inglés perfectamente desde que nací, la tengo más larga que Pinocho… en fin, mil tópicos típicos más.

Una vez desmentidos la mayoría, lo de Pinocho me lo guardo para mi, ya pasamos a concretar un poco la generalización (si tamaña frase tiene sentido): vengo de España, así que me vuelve loco el fútbol, me entusiasman las corridas de toros, he vivido alguna vez los San Fermines, bailo, o conozco a alguien que baila o canta flamenco, y me lo paso pipa estampando tomates a la gente en el «Tomato Matsuri» que sacan todos los años por la tele japonesa.

Bueno, es normal, sería de bobos ofenderse y salvo alguna vez que me han dicho que pimplo vino hasta para desayunar, tampoco son cosas malas. Es nada más y nada menos que lo que se ve por la tele, igualito que en España con Japón: los frikis de Harajuku, las yamambas de Shibuya y cuatro o cinco gilipoyeces más que ni de lejos se acercan a lo que es esto, yo todavía ando buscando las máquinas de bragas usadas pa ver si me aceptan calzoncillos y me saco unos cuartos para onigiris.

Pero el caso es que últimamente me han etiquetado como latino, y esto sí que me ha parecido curioso porque yo nunca me he sentido como tal. Por supuesto que tengo una conexión fuerte: hablamos el mismo idioma, pero hasta ahí puedo leer… para mi todo lo demás es diferente: si voy a un restaurante Chileno comeré cosas que no he comido nunca en mi casa, si voy a un bar de salsa me sentiré totalmente fuera de lugar porque aunque entienda lo que dicen las canciones, soy incapaz de dar tres pasos porque nunca en mi vida lo he hecho, ni lo he visto hacer. Cuando ví la exhibición de tango en aquél bar hace tres semanas, me quedé fascinado porque era la primera que había visto en mi vida.

Así que cuando en Capoeira mi profesor, que me habla en castellano con acento Mexicano me dice que «nosotros los latinos», yo no lo acabo de procesar del todo, porque nunca me he considerado como tal. Ojo, esto no significa que yo sea mejor o peor, no trato de ofender a nadie, de hecho mi profesor me cae genial y me encanta que me llame «mi hijo», pero para mi, nuestra cultura es diferente. No sé si esto tendrá que ver con el hecho de que yo sea del norte de España, pero me siento muy diferente a todo este mundo, de hecho me sigue haciendo gracia cuando hablan de Penélope Cruz o Antonio Banderas como iconos latinos allá en los Hollywoods porque para mi nunca lo han sido. Latinos son Juan Luis Guerra, Shakira y Benicio del Toro, pero no Joaquín Sabina, ni Alex de la Iglesia, ni Antonio Resines. Al menos para mi.

Repito: no trato de ofender, por favor no me lo entendáis por ahí. De hecho es todo lo contrario, es un mundo, si me permitís la licencia de meter a todas esas culturas en un mismo saco, que me atrae mucho, que me gusta, con el que me cruzo muy de vez en cuando desde que estoy aquí, pero que siento que es diferente al mío, y me atrevo a decir que muy diferente en algunos aspectos: para mi es igual de distinto comerme un kebab que un taco.

Arturo, mi profe, seguro que se da cuenta pronto en cuanto me lleve al bar ese que dice de Shinjuku y vea que es físicamente imposible que yo mantenga algo mínimamente parecido al ritmo. Por mucha pasión que le ponga, que, mira, de eso si que tengo.

Pero olvidando todo esto que llevo escrito, y teniendo en cuenta el lugar donde estoy… ¿vosotros cómo me véis? ¿diríais que soy latino nada más verme?, y lo que es más… ¿qué implica para vosotros eso de «ser latino»?

Ungueando

Ungueando

Grajos no ví y sopas de ajo no tomé, pero doy fé de que el domingo hizo un frío del carajo. Yo me dí el madrugón cincomañanero y tiré para Unga como todo buen mozo casadero haría sin dudar ni un poco asín. Total, que a las ocho y media allí nos presentamos los dos: mi fiel escudera la legaña de kilo y yo.
Tiramos para la uni, que estaba al lado, nos cambiamos y bajo una lluvia de éstas que caen para abajo y mojan si te dan, empezamos a estirar y calentar para acabar ensayando un par de veces el bailecico.
Luego, dejó de llover y ya estaban saliendo grupos por turnos hasta que nos tocó a nosotros. Esto era mucho menos serio que la última vez en Ikebukuro, aquí no había competición (que yo sepa), así que se trataba de salir y pasárselo uno bien bailando más que otro poco. Y eso hicimos: salimos a bailar, nos reímos, chillamos, nos lo pasamos bien y después tiramos para los puesticos de comida a degustar del buen yantar de las gentes del lugar.

Midori se vino y a parte de hacerme compañía todo el día, grabó los dos bailes, aquí va el segundo:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=XuTZw7OKL1A

¡ :ikugracias: Midori :ikugracias:!

Después nos retiramos por las bandas hasta Ueno donde un perolo de comida y muchos de bebida nos esperaban. En el baño había un cylon que abría el boquino nada más que entrabas, pero le tenían atado al suelo así que sólo daba sustos y le acabamos cogiendo cariño todos de tanto visitarle.

Y se acabó lo que se daba. Se acabó la coreografía, ya no se baila más. El traje tampoco se vuelve a utilizar, sólo era para éste baile de éste año, así que ahí queda como un bonico pijama para pasar el invierno en casa viendo V con una taza de sopa calentica (¡¡atiende!! ¡¡que Dayana ahora se llama Ana, la mu lagarta!!!).

Así que, una vez más, gracias a todos, chatos, chatunos y chatuelos, por los grandes momentos vividos, como éste de Ikekuburo:

 

Los recuerdos, las emociones y las amistades… ésos se quedan conmigo y con mi espíritu. Ahora a aprovechar la pausa hasta el año que viene para invertirlo en preparar ese segundo dan de Karate, que tiene que caer pronto, y a ver si en breves empezamos a hacer algo Capoeríticamente hablando a poder ser con el cuello aguantando la cabeza con la misma gracia que hasta ahora.

Entonemos, pues, por última vez un bonito…

それ~ それ~ それ~ それぇ~!!!
Ungueando Ungueando Ungueando UngueandoUngueando :vainas: Ungueando Ungueando Ungueando Ungueando Ungueando

… y partamos prestos siguiendo los pasos del sabio Urelio y su hoz…

:bythesegao:

 

El último del año

El último del año

El último del año Pues ya estamos Toni Kamos, aquí andamos según vamos, que llevo una semanita que no me da la vida ni para sonarme los mocos a deshoras. Entre el currelo, los katas, las pasticas, las volteretas y el libro ya no sé ni en qué pino ando. Así que de mientras me busco en google, aquí doy señales de vida y de paso sugiero un ikuplan de los míos por si alguien en Tokyo se aburre y se quiere venir.

El caso es que por este año se acaban los matsuris, los festivales de Yosakoi, así que el domingo tenemos el último. ¡Qué profesional sueno! tenemos el último, como si hubiese ido a muchos… :ikufantasma: que para mi es el segundo… En fin, que allí iremos pelaos de frío a subirnos a un escenario dando botes y gritando cosas para ver si así caldeamos el ambiente. En esta ocasión es en una universidad, que mola porque allí tiene que haber más hormonas desatadas que en True Blood, cocretamente en la Tokyo University of Science「東京理科大学」 aunque lo del nombre es un farol porque está como a una hora de Shibuya en una estación cuyo nombre pega más por entre Mozambique: Unga 「運河駅」

Éstos saraos universitarios son bastante curiosos… a mi me recuerda a las chocolatadas que hacíamos en la escuela: se abren las aulas para que las vean los padres, los chavales hacen sus historias, hay para comer y para beber… si cogemos esto y lo pasamos por la máquina japonizante, pues lo que nos encontramos son puestos de comida típicos de un matsuri con sus takoyakis quemadentros, sus boniatos calenticos, sus yakisobas marroneros… pero atendidos por chavalería dentro del campus. En las aulas suelen hacerse exhibiciones de las actividades extraescolares que tienen, como la ceremonía del té (esa me la sé yo!), shodo, shamisen, etc. Aunque lo que más triunfa siempre son las actuaciones de las animadoras, que mira que me sigue sin pegar a mi esto de que haya cheerleaders como la de héroes!!! (salva a la porrista, salva al mundo!!), pero ¡ay las faldacas! ¡ay las faldacas!.

Es una oportunidad chula morena de ver muchas cosas diferentes en un mismo sitio y a la vez comer por cuatro duros, así que dejaos de tanto hosto Shinjukero, tanta piernaca Shibuyera y tanto bro Roppongiero y venid pa Unga, hombre, que a parte del IkuYosakoi hay muchas más cosas decentes para ver!!!

Fénix, despliega el mapa y véte preparando la leche :comillo: para M.A. ahora que anda soldando sus historias en la otra habitación!

 

Yossha Ungueando

 

Nosotros bailamos a las once y a las tres, ya he adjudicao la cámara de vídeo, pero si alguno se viene que avise que le paso más cámaras!!

Acordarse Mambrús! domingo 22 en la uni de al lado de la estación de Unga!

Ale, parto allende el verde ha sido cercenado …

:bythesegao:

¡Polibesos!

 

Ésta mañana, la de hoy

Mi hermano Javi abre el regalo y nos regala sus carcajadas, ésas que suenan entre sinceras y fingidas dos a dos, pero de inmensa felicidad contagiosa.

  • Como te pasas, titi – me dice entre medias, y yo medio emocionado le hago coro mientras encuentro la mirada de mi madre que parecía estar buscándome desde hace una eternidad.

Entonces me despierto…

El niki verde lo es unos tonos más oscuro en el lado izquierdo de mi pecho, como si los latidos hubiesen costado el doble.

He sudado, pero tengo frío.

No…

No puede ser que otra vez empiece mis mañanas de ésta manera… con un corazón escarchado que cada vez cueste más cafés caldear.

No puede ser, todavía no, por favor.

El regalo para mi hermano todavía descansa encima del tatami, junto a los narukos de Yosakoi y el cinturón de Karate. A veces creo que bastaría un vistazo a mi habitación para saber, con bastante exactitud, qué hace y cómo es el que allí vive. Me gusta ésa sensación de calidez que da tener todo lo que soy yo sin encerrar entre armarios, porque cada vez que deslizo la puerta, me encuentro de golpe con lo que está formando mi vida en este momento. Es como un lienzo cambiante de mi mismo que puedo contemplar siempre, decidiendo qué pinceladas sustituirán o cubrirán a otras sobre la marcha de ésto que es vivir.

Como sé que pasará todos los días de este invierno, bajo las escaleras con un empacho de melancolía y café, de nostalgia y galletas, de frío y de frío. Y por una alfombra de hojas marrones camino ausente bajo la lluvia que, gota a gota, marca el ritmo de mis pasos en el paraguas.

Esbozo una mueca de sonrisa triste al acordarme de mi hermano. A veces alguien viene a visitarme por dentro y se queda acompañándome un rato en mi deambular por las horas. Hoy parece que toca Javi y los paseos con su mano en mi hombro, las canciones de Sabina que cantábamos a medias, las cosquillas que provocaban lágrimas opuestas a las de ahora…

Hay días en que cuesta verle el mar a la playa, y lo que queda es un desierto.

Ya estoy sentado en el tren y no puedo dejar de mirar, sin ver, al suelo. No quiero levantar la vista porque a nadie le interesa saber que está un poco más empañada que los cristales, así que busco algo de música que me distraiga de mis recuerdos. Suenan dos o tres canciones y de repente me oigo a mi mismo leyendo la historia de aquella chica que me regaló su olor durante un mes, y me quito los auriculares con rabia… ¡basta de melancolía por esta mañana! もういい!

Descubro de golpe que la chica del paraguas amarillo que tengo delante me está atravesando con sus ojos, parece que lleva leyéndome desde que me senté cuatro estaciones atrás a pesar de mi empeño por aparentar lo que los demás entienden por normalidad.

Ya en el andén camino de la oficina la busco por entre los cristales, y encuentro su mirada que sostengo hasta que el tren decide aburrirse de la parada rompiendo de un pitido nuestra pequeña y breve complicidad.

Pero antes creo leer en ese otro par de ojos tristes que no… que ésta mañana, la de hoy, tampoco es la suya.

 

El vídeo para Bitácoras

Zordor me acaba de mandar un mensaje al móvil con lo de los premios Bitácoras, que el ikublog no ha ganao más que amigos, lo que no es poco. Ni me decepciona, ni me deja de decepcionar, de hecho todavía me parece mentira que hayamos estado entre los tres finalistas, así que me quedo como un señor.
En Bitácoras me dijeron que grabase un vídeo de agradecimiento de unos 30 segundos por si acaso ganaba para que lo proyectasen allí, como no lo han puesto, pues aquí lo planto yo y de paso os doy las gracias una vez más:

httpvhd://www.youtube.com/watch?v=AeLJmVoa-SQ

Ahora sólo queda ir buscando día para quedar con los paisanos de aquí de Tokyo y hacer el vídeo con el disfraz, que lo ikuprometido es videodeuda!

¡Gracias a todos!

:gustico: :vainas: :ungusto:

Mi primer día de Capoeira

Llega la hora de salir del currele, arramplo la bici y tiro por esos caminos inescrutables de Buda cuesta arriba cuesta abajo. Llego a la estación, una antes de la mía, y enchufo el iPhone saludando al cielo para que tenga más fácil lo de poner la chincheta azul encima mío, la roja la traía pinchada tres horas antes por lo menos.

Llego al sitio pero está cerrado, allí no hay ni medio Brasileiro y mucho menos Brasileiras que fijo que las habría visto antes. Aparco la bici y me dispongo a replegarme por lo aguadañado cuando baja un tipo de perilla riéndose que me habla en inglés con acento portugués, lo sé porque yo pasaba con mis padres a comprar toallas a Portugal. Resulta que es uno de los de la exhibición, que me empieza a contar un montón de cosas sin casi yo abrir la boca, vaya tipo más salao.

Cuando le digo de donde soy, se pone a hablar en perfecto castellano porque resulta que su madre es Mexicana, anda que no pinta bien el asunto, aquí no voy a tener problemas ni con el gozaimasu ni con el isn’t it.

Va llegando gente, tres chicos japoneses, un moreno que es franchute (vaya por deux), y cuatro chicas: dos japonesas y dos extranjeras. La clase se da en tres idiomas: inglés, japonés y castellano porque una de las chicas también lo habla, aunque los nombres de los movimientos son en portugués, claro.

Nada más empezar, me dan una pandereta, pandero, y ponen tres tambores en medio del tatami. Empiezan a tocar y nos enseñan un ritmo facilillo que tenemos que seguir, cuando ya le hemos pillado el truco, el profesor se pone a cantar en portugués y nos pide que coreemos el estribillo. A mi no me da para todo, o canto o toco, ya voy destilando mi nulo sentido del ritmo desde el principio para que se vayan enterando de lo que hay. Esto si que no me lo esperaba yo, lo del cante este, pero mola, hay buen rollo a patadas, hasta bailamos un poquico a la vez.

Empieza el ejercicio, un poco de ginga, el movimiento básico de la Capoeira, el que hacía todo el rato el maromo del Tekken 3 cuando no tocabas el mando. Es fácil, pero hay que cogerle el truco. Así nos tiramos un rato largo, siempre con música brasileña de fondo y con el profesor haciendo mil bromas aquí y allá, cuando se mete con el franchute ya sé que nos vamos a llevar muy bien éste hombre y yo. Sigue el buen rollo, no ha habido ni un saludo, ni una formalidad de las de Karate, esto es de todo menos estricto. Para bien o para mal.

Toca estiramientos, buena forma de calentar lo de la ginga ésta. El profe coge un reloj de esos de cuenta atrás que te avisan cuando están los macarrones y nos hace estar en cada estiramiento un minuto. Cuando pita, cambiamos y le vuelve a dar. Así a ojo podría decir que hicimos como el triple de ejercicios que en Karate y como cuatro veces más de tiempo, mola.

Pasamos a las volteretas, aquí se está poco rato de pies. Laterales, de frente, patada aquí y patada allá sin parar de moverse uno, siempre volviendo a la ginga, al baile de San Vito éste. Qué bien camuflado lo tenían los esclavos allá en las Américas, si no fuera porque si no miro me encajan un pie en la jeta, ésto sería un baile sin más.

Learn the Capoeira Ginga — powered by eHow.com

Hay tan buen rollo que me invitan a quedarme a la segunda clase, la avanzada, y yo acepto. Ésta vez me toca el tambor que lo llevo mejor quizás porque estoy sentado en una silla. Volvemos a cantar al son de nuestros propios instrumentos, qué manera tan genial de empezar a hacer algo con alegría.

Ésta vez la cosa se complica mucho, hay patadas y piruetas imposibles, las primeras las hago sin problema, las segundas ni de casualidad. Me duelen las muñecas de estar más de pies con las manos que con los pies, estoy medio mareado de tanto giro, pero no quiero parar. ¡Qué bien me lo estoy pasando!.

Tres horas de Capoeira después me encuentro con la bici yendo para mi casa, que está a diez minutos yendo a paso piltrafa. Me duele todo, pero me ha encantado estar en una clase donde de lo único que hay que estar pendiente es de intentar hacer los movimientos bien. Sin diferencias culturales tan estrictas, con el desahogo de saber que puedes ser tú mismo sin tener que estar atento a rangos, formalidades ni reverencias. Aquí se acaba la clase y la gente aplaude, como en Fama.

Curioso. Aun siendo en esencia lo mismo, no tiene nada que ver con las clases de Karate, que siempre serán las más importantes para mi, pero no sabéis cómo me alegro de haber empezado ésto, y más cuando hoy me den el uniforme: un pantalón de chandal blanco y amarillo y un niki, hasta esto da buen rollo.

Además ayer hubo señores de la tele grabando el entrenamiento, porque resulta que hoy van a venir unos humoristas famosos a entrenar y hacer el vainas. Menudo debut, nada más llegar y ya me sacan por la tele, ahora que hoy vengo preparado con mi IkuEki que de color pasa por Brasileira, a ver si les hace gracia el diseño y me la enchufan con la cámara.

En una cosa se parece al Karate: después hay cervezas.

Mira tu por donde.

Marcho que tengo Capoeira!

Pues si, chatuelos morenos, me he apuntao a Capoeira. Qué diréis: ¡pues eso de japonés tiene lo mismo que Pipi Lastrum!, pues sí, pero mira, ¡que se me ha puesto a tiro vampiro!.

 

Yo tenía claro cuando llegué que me iba a apuntar a Karate, eso iba a ser así se pusieran como se pusieran en la aduana. Y me apunté, y últimamente estoy más contento que ni sé porque me están saliendo las cosas muy bien, a ver si cae el segundo dan antes de acabe el año. Me ponen a dar patadas tres veces por semana, con clases de hora y media cada vez.

Karate segundo combate from ikusuki on Vimeo.

 

Después apareció de refilón lo de las clases de la ceremonia del Té, que yo ni lo buscaba ni ná, pero mira, fuí y me pareció algo chulo que sólo iba a ocupar tres horicas los martes a la tarde. Encima me dan de merendar y me echan piropos, ¿cómo no voy a ir?, además que siempre es un placer compartir tiempo con Michiko porque entre ir y venir, háblamos de ligues y eso mola mucho.

Koichá from ikusuki on Vimeo.

 

Un día Jorge me contó lo del Yosakoi, que si una coreografía, que si vente y lo ves y luego ya haces lo que te salga de la pituitaria. Y fui y lo ví y me salió de la ñata quedarme porque me pareció chulo, aunque no daba pie con bola al principio y no habré ido ni a la mitad de las clases. La copla es los domingos por la mañana muy pronto en a tomar por cleta, y si hay matsuri cerca entonces también se va los sábados. Es un disparate eso de tener que madrugar más los domingos que entre semana, pero la emoción del día de la actuación lo compensa.

httpvh://www.youtube.com/watch?v=lWV7XQSbAao

Así que si echamos cuentas tenemos IkuKarate los lunes, miércoles y sábados, IkuCeremonia del té los martes e IkuYosakoi los domingos, esto nos deja libre los IkuJueves y los IkuViernes…

Pues resulta que el sábado pasado por la noche fuí a una fiesta brasileña donde hicieron una exhibición de Capoeira, y me encantó, me pareció tan distinto a todo lo demás, que me puse a preguntar aquí y allá… ¡y resulta que hay un dojo al lado de mi casa!, ¡pero al lado al ladito!, así que mira, ya tengo algo para hacer los jueves y los viernes. Y como parece que no hay casi festivales de Yosakoi en invierno, también podré ir algún que otro sábado o domingo, encima que las horas me cuadran muy bien.

¿Por qué Capoeira?, pues primero por casualidad, como casi todo lo que he empezado aquí, y porque el sitio me pilla genial. Pongamos después que el Karate es algo demasiado estricto, demasiado mecánico y más aquí donde estamos el 80% del tiempo haciendo técnicas básicas y katas, de hecho podría decir que en total he hecho más combates en las competiciones que en los entrenamientos, que ésto se dice pronto.

Tirándome el moquetis, creo que tengo cierta agilidad y una vena saltimbanqui a explotar, así que, sin dejar de ser el Karate lo más importante, físicamente hablando estoy convencido que aprender Capoeira me va a venir genial en todos los sentidos: fuerza, agilidad, flexibilidad… hasta ritmo, que los vascos nacemos con un bidé por cadera!!!

No aspiro a hacer ni una infinitésima parte de lo que hacen éstos, pero seguro seguro que algo aprendo más allá del pino-puente:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=oFwZoRgLvHg

 

¡Mañana empiezo!

A ver si la cosa sale por lo menos, por lo menos, como todo lo demás.. :vainas:

Ése momento

El sábado me volvió a pasar, ése momento…

Es tan fácil dejarse llevar río abajo por la corriente de la rutina, que uno se olvida de que está viviendo en un país diferente. Bueno, no es que se te olvide, es que distraes, o priorizas, la consciencia y te haces tanto a ello que deja de importar.

Cuando uno viene aquí de visita por primera vez, los sentidos se saturan con tanto que reciben: el idioma, la comida, los lugares, la gente… eres plenamente consciente de tu condición de extranjero y quieres creer que resultas exótico a los ojos de los que aquí viven, aunque muchas veces lo cierto es que eres totalmente ignorado, lo que, por otra parte, no tiene porque tener un significado negativo, ni mucho menos. Yo en la gran mayoría de situaciones, prefiero que me dejen en paz, supongo que porque soy más tímido de lo que pretendo.

Pero si trabajas, si vives aquí, todo es muy diferente. Dejas de prestar tanta atención a lo que te rodea, digamos que te acostumbras a casi todo lo que te encuentras en el día a día.

Todo se hace hábito: ir a trabajar en bici, el arroz, las reverencias, las latas de café caliente, el ramen, los izakayas, los trenes… se relativiza su importancia que ya no se le da, o no más que la que yo le daría a coger el coche en Bilbao o irme de pintxos. Es ya lo normal, algo inherente al pasar de las horas estando donde estamos.

Aunque de vez en cuando surge ése momento. De repente levantas la cabeza, miras a tu alrededor y súbitamente te das cuenta de que eres el único extranjero, de que todas las personas que te rodean son totalmente distintas a tí. Nadie te mira, nadie te dice nada, no importa en realidad, pero de repente tomas plena conciencia de ello y de alguna manera te afecta, te altera, te supera un poco. No sabría catalogar la sensación con exactitud, pero tiene algo de nerviosismo, una pizca de temor y mucho de emoción por estar viviendo eso tan raro de ser el bicho raro, el diferente.

El sábado fue en el último tren camino de Shibuya con una multitud de gente apretujándose. Al abrirse las puertas de la penúltima estación, los que querían salir empezaron a abrirse camino a empujones. Entonces miré, y no ví a nadie como yo. Japoneses entrajetados, grupos de jóvenes con la noche a medio empezar junto a parejas de retirada, pero ni un extranjero. Sólo yo. De repente se me hacinaron en la mente mil pensamientos. Entre otros, en ese momento te acuerdas de todos aquellos que hablan de lo racista que es Japón. Y por un momento sientes miedo por si fuese verdad, que rara vez resulta serlo en mi mundo: yo miraba a todos, pero nadie me miraba a mí, como suele pasar.

Los lunes casi siempre soy el único extranjero en la clase de Karate, y a veces el de más nivel, con lo que me ha tocado dos veces ejercer de senpai guiando a los demás al principio y al final de la clase. La emoción cambia radicalmente, ahí me siento como un total privilegiado que está viviendo una aventura imposible de describir en los términos del sentir, algo más parecido a una película que a la realidad. Y sienta bien, si señor.

En Yosakoi soy uno de los tres extranjeros, aunque raramente nos juntamos todos, y entonces me acuerdo de lo mucho que se supone que ligamos con las japonesas, y voy yo y me lo creo durante un poquito hasta que te das cuenta que de verdad no tiene tanto como alardean algunos. El sentimiento es de impotencia, no por no ligar, sino por no poder comunicarme con fluidez en su idioma, que es el de jóvenes de veintitantos que no paran de bromear entre sí. Soy uno más… si no me hablan mucho. Tristemente participo en las conversaciones con la boca al 30% y la mente al 130%.

Tres ejemplos que demuestran que ése momento es único cada vez, igual de único que lo es uno mismo en ese instante.

Pero de éstos, el más emotivo es el del sábado, el que sucede cuando menos te lo esperas. Ese tipo de ése momento a mi me da vértigo porque viene tan de golpe que te inquieta, te violenta, te descoloca y crees que debes reaccionar de alguna manera cuando en realidad no hace falta que hagas nada. Aunque durante un rato a mi me cueste sincronizar de nuevo la respiración y el pulso con la razón.

 

 

La mejor foto de Agosto

Sigo intentando ponerme al día con ésto de escoger el puñado de puntos de colores que compuso un momento vivido algo más del doble, para tratar de que sea olvidado sólo la mitad.

Aquél caluroso día de Agosto, me fuí con Guillermo y con Nerea a un festival donde lo famoso era que tiraban agua a los porteadores. El evento se convierte en multitudinario cada tres y ése, por suerte, no tocó. Esto nos permitió colarnos de lleno en la ceremonia de apertura donde los monjes que bendecían el altar lo hacían estrenando ilusión que a mi me pareció maravillosamente infantil.

Cuando éste hombre vió que le estaba sacando fotos, dejó de atarse el sombrero para posar lo más quieto posible y regalarme un poquito de ese momento que era más suyo que de nadie.

La sonrisa ya la traía puesta desde el desayuno y no se la quitó hasta mucho después de la cena

Cuando se aseguró que yo había acabado de hacer mis fotos, me hizo una reverencia dándome las gracias. Encima.

 

Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
Febrero
Enero
Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
Febrero
Enero
Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio

 

No dancing allowed!

Esta si que fue buena. Érase que se era que nos juntamos unos cuantos para ir al ガンビテル寺 (Gambiterji – Templo Gambitero). Todos sabemos que en el Gambiterji hay líquido purificador a cascoporro y feligreses variopintos que le dan el toque risueño y entrañable que le caracteriza, así que nunca está de más hacer un peregrinaje de vez en cuando para sanear el alma de los buenos pensamientos.

Yo venía de tirarme todo el día sin parar entre Karate y cena en casa de Michiko así que no tenía mucha fé en aquella velada porque venía ya con más sueño que oyendo a Maldonado dando chubascos en el litoral (el tema de la sosería implícita de Maldonado será analizado otro día, ¡tío más saborío no existe, que te ponía la misma cara pa un frente frío que pa sol en la mitad norte!). Pero el Gambiterji es el Gambiterji, así que allí nos presentamos previo paso de un servidor por un combini a redbulearme por las bandas.

 

Nada más llegar al santo recinto nos cruzamos con gente que se iba con cara agrímarga, algo se estaba cociendo en el sacrosanto santuario. Al final una rubia se nos puso a cascar inglés a todo meter y sin subtítulos, aunque yo creo que dijo algo así…

  • You know what? they say you can’t dance in the place!. What the fuck? I have the solution: Roppongi!!!

… después digo yo que se iria al encuentro de los maromos que te llaman brother y las primas de Picio que te ofrecen masajes con Colajets de regalo.

Total que nosotros bajamos las escaleras y de repente un cartel ahí en la entrada:

¡Ahí va la otia por lo segao!
:ahivalaotia: :bythesegao:

La cosa tenía tamagos en escabeche moreno, ¿una discoteca que no se puede bailar? :pirao: ¡tócate los tocables!. Resulta que la catedral no se ha sacado una licencia de no se qué gaitas, que les han prohibido que allí baile nadie y la poli viene de vez en cuando a controlar el asunto.

¡Qué realizados se tienen que sentir los policías de la redada bailotera!

  • A ver los papeles, que te he visto mover el glúteo derecho con una cadencia sospechosamente parecida al ritmo musical!!!
  • Tu has bailao a Biyonsí que te he visto yo!!!
  • Que no he bailao!!
  • Que si!
  • Que no!
  • Que caiga un chaparrón!! (y que no lo anuncie Maldonado, por Dios!)

Aunque bueno, pa lo que íbamos a bailar el zordor y yo… lo mismo daba que me daba lo mismo. En fin, nos achantamos y nos vamos al Gaspanic ese donde lo que había era una recua extranjeros dando voces y bailando a lo zote que parecía más una peli que de verdad. Sólo faltaba la pelea de partir sillas en la cabeza, la redada del FBI y el veterano de guerra del Vietnam tomando whiskis.

Una cerveza duramos allí…

¡y porque la habíamos pagao, no te jiba éste!
:menfadao:

El zordor, que resulta que casca italianini el muy perrete de Alpedrete, hizo de enlace con los italianos que venían con nosotros y decidimos que como el Gambiterji no hay due, que aunque no se pueda bailare, mientras haya líquido purificatore, pues que totus tus y Asahi en la de todos.

Dicho y hecho, nos plantamos en el Pure, pagamos entrada y descubrimos que allí no había ni la mitad de devotos que antes. Pintaban bastos, allí parecía que nos íbamos a aburrir más que leyendo el muro del facebook de Zapatero. Pero no hay pena que el brebaje de los monjes no diluya, tomemos posiciones.

De repente la peña se pone a bailar, y el segurata viene a todo meter a decirles que no bailasen, que estaba prohibido. ¡Jodé qué risas nos echamos de lo chorra de la situación! «por favor, no bailéis que nos ponen multa».

La gente se escondía y bailaba así de refilón por las esquinas, porque es que música había como siempre! y no es que pusieran ahí a Vivaldi, ¡que era cañera!. «Os he dicho ya tres veces que no bailéis, copón!«, jajajaja, tiene huevos, «Como lo tenga que decir una cuarta, os ato a la silla, hombre ya!»

Aquí la cuadrilla ikucaricas se ha ofrecido a escenificar lo acontecido.

¡Lucecicas! ¡Camarica! ¡Accionetis!

:secretico:
:vainas: :vainas:
:otiaya: :menfadao:
:vainas: :vainas: :vainas:
:otiaya: :copon:
:vainas: :vainas: :vainas: :vainas: :vainas:
:otiaya: :D

Pues nos salieron las cuentas que entre brebajes purificadores y bailes furtivos, nos dieron las cinco. Mira tu, de las peregrinaciones al templo que mejor me lo he pasado, si es que al final si uno se sabe adaptar, las religiones van a ser buenas y todo!!

:ungusto:

 

Brillando por tu presencia

Fui el tercero de la lista de los tres hijos de mi madre, aunque ejercí del mediano a expensas del mayor según me convenía y eso que me quedé a medio crecer entre cuatro casas, siete bares y un polideportivo que quedaba lejos.

Heredé el gusto musical del que compartía mi habitación, aunque él decía que era suya, y empezaste a acompañarme por entre andenes en polvorosa, pupitres en tela de juicio y noches de picos pardos y lunas negras.

Hablabas de poetas y aeropuertos, de placeres de besos sin amor y mentiras de obligado acatamiento mientras yo buscaba un atajo a Jauja por entre las líneas de mis manos. Levantabas la falda a la luna, te abrazabas a verdades desnudas de tus feas en hoteles dulces de amores furtivos y horas secretas porque se iban dando más allá de las diez. Y yo seguía sin conseguir poner mucho más de metro sesenta entre la suelas de mis zapatos y las entradas de mi frente que se agrandaban con cada intento.

Tu velabas veladas a la vez que yo aprendía a mirar fuera de tiesto, a invertir en velas para estar a alguna más que dos, a provocar que me bajasen de una hostia los humos, con acné, que intoxicaban la poca ilusión de mis amaneceres de tests de autoescuela.

Aquél día tu le hiciste un quiebro a la cerrajera con guadaña que venía a tu derribo, y apareciste con la cara redonda, cigarros de plástico y voz de antes del amanecer. Y todos te dimos por vivo.

A mi un juez que se creía Dios me condenó a soledades forzadas al desamparo de las leyes de la vida, aunque he aprendido a violar, cuando nadie mira, la orden de alejamiento contra la felicidad que también me impuso de propina mientras tu seguías componiendo tus sonetos de alterne con rima canallesca.

Te traiciono cada día, pero cuando el ánimo decide volar bajo dándomelas con queso, te las apañas para aparecer aventándome tu aritmética de pareja, tus doses de más de un par y tus infames verdades como incordios que me dejan la crisma sin blanca y me acartonan el dique.

Y es que, Joaquín, la gran mayoría de mis lágrimas han brillado por tu presencia.

Todo un gusto poder sentirte de nuevo ahora que llega el maldito invierno maquinando cómo cuartearme el talle desde dentro.

httpvh://www.youtube.com/watch?v=vkuw4ha_oUw

El guardián del aposento

Para tener una bici aquí hay que hacer algo más que comprarla, sobretodo si se quiere utilizar como medio de transporte diario. Por ley, la tienes que registrar a tu nombre, y luego no la puedes dejar en cualquier lado, no por largo tiempo al menos porque te arriesgas a que se la lleven directamente. Por ejemplo, eso pasó una vez que entré con una compañera de la oficina a un bar a tomar algo y cuando salimos al de un par de horas, ya se la habían llevado y tuvo que ir a recogerla a no sé qué sitio previo pago de una multica bonica del tó. Que al final es más la gracia de tener que ir a casa Buda a por ella que el dinero, pero bueno.

Cerca de las estaciones es donde la cosa está más vigilada, normal por otra parte porque es donde se acumulan. Siempre hay un parking de pago al lado, pero aún así se siguen viendo todos los días papelicos de advertencia o multas directamente. Si coincide, además, que haya un súpermercado o algún establecimiento con parking de bicis un poco cerca de la estación, ese estará atiborrado aunque la tienda esté vacía.

Vamos, que todos al final todos nos acabamos sabiendo los sitios «buenos» de los alrededores aunque normalmente si no dejas la bici molestando en el santo medio, no pasa nada porque esté unas horicas candada a un árbol.

En la oficina lo mismo, tienes tu espacio para la bici pero el conserje se encarga de que tengas la pegatina que demuestra que has pagado los quinientos yenes anuales de cuota. Michiko me lo contó nada más llegar, y vamos, sin problema porque no es dinero. Y con la pegatina puesta, yo aparco pues donde hay sitio mayormente, porque suele estar bastante lleno.

El otro día estaba dejando la bici y veo a un tipo de pintas raras que trabaja en alguna oficina del edificio. Parecía que estaba esperando a alguien, lo que no pensaba yo es que era a mí:

– Estooo, perdona pero ese no es tu sitio -va y me dice
¿Cómo que no es mi sitio? ¿es que hay un sitio o qué?
Si, cuando pagamos, elegimos el sitio donde queremos aparcar la bici y ese es el mío, también aparcaste ahí el martes y el jueves pasado.

Yo miro al suelo y no veo absolutamente ninguna marca, es más, las bicis están todas puestas unas contra otras prácticamente con lo que eso del sitio queda claro que es una bola como el Godzilla con gases de gorda, y que lo que le da rabia a Matías es que yo haya llegado antes que él hoy también y aparque donde él suele aparcar.

– Ah vale, pues nada, perdón -le digo mientras cambio la bici medio metro más a la derecha
– No no, no te preocupes, si no lo sabías no pasa nada, porque si lo supieses y lo harías igual… -no acaba la frase, pero concluye con otra en un tono muy extraño y haciendo amagos de reverencias- …pero no lo sabías…

Entro a la oficina y comento la jugada:

Michiko, ¿pues no me dice el de los pelos que estaba aparcando en su sitio?
¡¡Pinche baboso!!, aquí nadie tiene sitios, eso se lo ha inventado él, espera que voy!!!
No no, jaja, tranquila que es igual, prefiero aparcar un poco más para allá que encontrarme un día con las ruedas pinchadas
¡Pero nos quejamos al conserje!
No no, que es igual, de verdad

Y es que el tipo éste viene con traje y corbata por arriba, pero con culotes y zapatillas de ciclismo por abajo, cuando habla lo hace tartamudeando, suele cerrar y abrir los ojos con mucha fuerza y muy seguido y siempre está haciendo el ruido ese de tragar saliva. A veces he coincidido con él y le he oido hablar sólo y reirse consigo mismo, y una vez estaba mirando una por una todas las pegatinas de todas las bicis del aparcamiento apuntando el número en un cuaderno mientras susurraba vete a saber qué por lo bajini.

Así que si Matías me dice que ese es su sitio. Ese ES su sitio. Y si me quiere llamar Yoko Ono, yo SOY Yoko Ono.

 

The Pasatela Blues

Desde que llegué a Japón han cambiado muchas cosas en mi vida, seguro que muchas más de las que soy consciente. Algunas forzadas por las circunstancias y el resto pues entre sin querer queriendo y queriendo sin querer. Podría decir, no, afirmo convencidísimo que mi vida tiene poco que ver con la que tenía hace casi tres años cuando llegué.

Si lo pienso un poco, podría poner mil ejemplos, de hecho seguro que si me pongo hasta clasifico los cambios por temas: comida, aspecto, actitud, rutina, costumbres, amistades, prioridades… madre mía, creo que poco tengo que ver con el Tosca de antes. Y esto es para bien o para mal, porque hay de los dos tipos, y lo bueno quizás es darse cuenta de ambos.
Últimamente estoy viviendo un cambio del tipo A, de los forzados, y es que la empresa para la que llevo trabajando desde que empecé, se está quedando sin dinero. Llevo unos tres meses sin saber si me van a pagar el mes a tiempo para poder apoquinar el alquiler del piso. Este mes ha sido el que más al límite he estado, la transferencia llegó ayer, y el último día para pagar la renta es mañana, me he salvado por los pelos de tener que echar mano de los ahorricos que tengo en mi otro banco y cada día el de más gente.

A parte de cambios, conscientes o no, también tengo una especie de código a lo padre de Dexter. No es que me dé por salir por las noches a liarla parda con una jeringuilla, la cosa va por establecer una serie de límites dentro de los cuales me he de mover por entender que es mejor seguir por ahí. Una de estas normas es la de no gastar dinero de los ahorros de España, es decir, que mientras viva en Japón debo ser autosuficiente. Esto implica que durante los tres últimos meses no me he comprado nada de ropa, he estado cocinando la mayor parte de lo que me he comido, me he apuntado a menos gambieventos de los habituales… hasta me he comprado un chubasquero de cuerpo entero para seguir viniendo en bici a trabajar aunque caiga la de Dios es Cristo. Bueno, esto no por hablar del desodorante, que he cambiado el Axe pequeñito por uno japonés el doble de grande pero la mitad de efectivo, y si no preguntadle al pastababas que secundará mi opinión a la vez que come gyoza y bebe té sorbiéndose la moquera.

Básicamente el dinero ha sido algo que no me ha preocupado demasiado desde que llegué, no es que cobrase un dineral, lo cierto es que cobro menos que lo que ganaba en Bilbao, pero tampoco es que me dedique a comprarme todo lo que vea. Un izakaya de vez en cuando, visitas al Uniqlo y dos o tres caprichos de los gordos en tres años.

Así que en todo este tiempo de cambios, es normal, pues, que yo haya cambiado también y lo he notado en la manera que he tenido de reaccionar a esta incertidumbre económica en la que me han puesto. ¿Pues no resulta que últimamente me lo estoy pasando mejor que nunca?, no es que no piense en el problema, que está ahí, sino que me he adaptado completamente sin un mínimo de amargura. Es como un paso más que la sola resignación: entiendo lo que pasa, sé lo que puedo y no puedo hacer para remediarlo, y sigo con mis historias.

Si en Bilbao me dijesen de repente que quizás ese mes no me pagasen, habría reaccionado muy diferente aún teniendo el apoyo de mi familia muy cerca y siendo la situación bastante menos grave, incluso si me quedase sin trabajo allí habría sido la mitad de serio que si me pasase aquí.

Ayer me puse a pensar en las razones por las que aquí estoy tan tranquilo, tan feliz a pesar de todo. Creo que lo más importante es que estoy haciendo lo que me gusta: creo en la empresa, me gusta mi trabajo, me motiva y aprendo algo nuevo casi todos los días. No tengo que tratar con gente que me cae mal, no tengo más presión que la que me pongo yo mismo porque soy juez y parte en el proyecto, no hay ningún mal rollo al que enfrentarme a diario. Así que puedo decir que aunque mi economía ande parecida a la de Rumasa, profesionalmente estoy plenamente satisfecho. Si la cosa sale bien y despegamos, sería el tío más feliz de este lado del quinto pino.

A nivel personal estoy a medio soñar la mayoría de los sueños que he tenido siempre: sigo haciendo Karate y encima en uno de los mejores sitios del mundo. En Bilbao no pude porque no encontré mi lugar, y sabía que mi vida no estaba completa del todo. Así que saber que tres veces por semana voy a ponerme un traje blanco para hacer algo que sé que se me da bien, que me motiva por tanto que me pueden enseñar, hace que la parte física la tenga cubierta. Esto también he descubierto que es importante para mí, no sólo Karate, sino hacer ejercicio, creo que no ha habido ninguna época de mi vida en la que no haya hecho algo de continuo, aunque sea ir a correr por las noches.

Y descubriendo que es una gran verdad eso del Mens Sana in Corpore Sano, me da por estudiar japonés, ceremonía del té y aprender fotografía que me hace sentir que estoy haciendo algo con mi tiempo que merece la pena sólo por lo gratificante de los resultados que no dejan de mejorar, pero sobretodo porque pueden mejorar mucho más.

Añadiría a esto de la mente y el cuerpo, que también hay que cuidar el alma y entonces resulta que me da por escribir y descubro que las lágrimas que a veces mojan el teclado hacen las veces del psicólogo que nunca tuve. Me pasan muchas cosas por entre la mente y el corazón, y escribirlas es ordenarlas. A vosotros os cuento muchas de ellas, otras me las quedo para mi, pero qué alivio es tener las ganas de compartirlo, de sacar los pensamientos a secarse al sol para guardarlos bien templaditos después.

Además ésto es una cadena porque si te sientes bien contigo mismo, las ganas de hacer cosas salen de debajo de las piedras: que si disfraz del gatostiable, que si fotos y vídeos chorras… lo que me río yo con ello no tiene precio.

Y es que eso del dinero está sobrevalorado, no hay yenes suficientes para comprar lo que yo sentí el día que me saqué el cinturón negro, ni cuando salí en Ikebukuro a bailar. Tampoco me piden entrada cuando me siento en Honmonji por la noche a ver parejas de ancianos de mil años que van cogidos de la mano a rezar, y a día de hoy, eso del querer me lo dejan gratis.

Está claro que si cobrase el doble, mi vida sería mejor, pero ¿sabéis qué? que no sería el doble mejor ni de lejos.

Ale! Micaela! Fits!

¿Os acordáis del concurso de los chicles al que se presentaron Ale y Micaela?

!Pues que hay nueva edición!
¡y se han vuelto a presentar!
:vainas: :vainas:

Esto va por número de avistamientos YouTuberos, y si quedaron cuartos con el anterior vídeo con 188.490 pares de ojos que lo han visto hasta la fecha…

¡¡Para ésta tenemos que ayudarles a ganar!!
:copon: :otiaya:

Así que entre los dalantepatrases del FlashForward, los cojodiagnósticos del House y las verbenas del Dexter ved este vídeo muchas veces, por favor!!!

httpvh://www.youtube.com/watch?v=tD66ubrm_SY

También tenemos un «Cómo se hizo» en el que sale Micaela al principio con las gafas de Rapel hablando inglish pitinglish como Muzzy pero en rápido y con voz de chica, y después sale un montaje en el que se ve hasta como un paisano se pone a bailar con ellos!!!

:secretico: Por cierto, Micaela así como pa mi? ¿no? ¿no? :secretico:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=ixBidUyl26M

Pero el vídeo que hay que efecincoear hasta que no se vea la F es este!!

httpvh://www.youtube.com/watch?v=tD66ubrm_SY

Además que van ganando!!! jajaja, me encantan estas cosas!!!

¡¡ Mucha suerte !!
:gustico: :gustico: :gustico:

Al llegar las cinco de la mañana

Al llegar las cinco de la mañana, la noche agoniza amenazando con dejar al descubierto lo que ocurra a partir de su muerte, pero jurando llevarse a la tumba los secretos acontecidos bajo su cobijo.

La música se para dando tregua a los oidos y los focos se encienden poniendo a trabajar a las pupilas que estaban a media jornada viendo el doble de la cuarta parte en el mejor de los casos.

Los vasos desaparecen de su sitio y no queda otra que unirse a la procesión de almas desterradas en busca de algo que desayunar al amparo del sol que amanece, a traición, por la espalda.

El olor a tabaco es omnipresente, no hay un sólo zapato limpio y la garganta únicamente alcanza a emitir sonidos cuatro tonos por debajo.

Se hacen amigos que lo son el doble, amistades de hielos, burbujas y grados de fermentación que son testigos, bajo pena de querella por claúsula de nocturnidad, de manos que se escapan y besos con coartada que se esconden, altaneros, por lo bajo.

El estómago no sabe muy bien si aceptar lo que le ofrece el sentido común, y con ambos dando vueltas montamos en trenes cuyo estómago alterna jubilados con mochilas y cuerpos malogrados de almas dormidas que van a su exilio al son de amagos de latidos de corazones agonizantes. Huele a lágrimas de alcohol, a sudor de desencanto y, a veces, hasta a humo de contento.

Volvemos a casa defendiendo, una vez más, el título de campeones trasnochadores del vecindario, aunque, cabeza gacha, tratamos de no ostentarlo por evidente que resulte en un lugar donde lo único fresco que no acompaña al amanecer es lo que se nos vé entre la coronilla y el talón de aquiles.

Al llegar las cinco de la mañana los cuerpos quieren dormir y cuando lo consiguen, las mentes todavía no pueden distinguir si lo que ven es real o ya no.

Lo peor es no saber qué sendero elegir, si seguir un rato más por el de curvas de los sueños, o atreverse a tomar el desvío de cuestas del despertar en el que hay que pagar peaje a la luna por su servicio de confidencialidad. Y es que es terrible acordarse de golpe que ésa tipa sólo se conforma con dolores de cabeza, engrudo en las papilas y tragaderas del revés.

 

El ikupodcast

Esto me llevaba rondando por la cabeza bastante tiempo, y la verdad es que todavía no tengo claro si seguir adelante con ello o no, así que aquí lo cuento para ver qué me decís sobre el tema.

La idea feliciana que se me ha ocurrido es hacer un podcast leyendo algunas de las historias escritas en el blog. Últimamente he empezado a releerlo desde el principio para empezar a escoger lo que va a ir en el libro, y la verdad es que me han gustado muchas que son muy antiguas.

Así que mira, ya tengo dos razones para hacer esto: una para que no caigan en el olvido dándoles un nuevo enfoque, y la otra para poder grabar un CD de vez en cuando que enviarles a mis padres y así de paso me escuchan y se enteran de algo de lo que hago yo aquí, que sin internet la verdad es que no saben de mí más que lo poco que hablamos por teléfono.

Tengo que enterarme cómo se hace para poder suscribirse desde iTunes y todo el tinglao, pero de mientras aquí va la historia más reciente a modo de prueba para que me digáis si esto mola, o es una chorrada como un piano que no tiene ningún interés:

En caso de seguir, iríamos a una por semana, y como en el libro, puede que haya alguna inédita que sólo salga por ahí… :secretico:

¡Sed sinceros!

Y eso de Japón… (conclusión)

Esta es la conclusión de la historia de cómo llegué a vivir en Japan sin pan. Lo suyo es leerse primero las otras tres partes:

Y eso de Japón…
Y eso de Japón… (II)
Y eso de Japón… (III)

Hasta este punto podríamos resumir esto de Japón en:

  • Me dieron una beca del Gobierno Vasco para ir a Tokyo seis meses en el año 2001
  • Bea se vino conmigo con visado de turista, y al de un mes ya estaba trabajando con visado de un año
  • La beca se acabó y volvimos a Bilbao con un proyecto de la empresa de Beatriz que hicimos a medias a lo freelance moderno guay
  • Después de pasar por dos trabajos basura, acabé con un curro decente en el que estuve una temporada larga olvidándome de volver a Japón

Contaba justo al final de la última parte que después de muchos años Bea y yo dejamos de estar juntos. Lo cierto es que fueron momentos muy duros y los detalles son exclusivamente nuestros, pero sí que contaré que después de aquello la brújula ya no sabía para donde mirar. Sí que pensé que quizás me vendría bien un cambio de aires y empecé a escribir emails aquí y allí. Así retomé contacto con el presidente de la empresa donde Beatriz trabajó en Tokyo, un Irlandés con el que había coincidido algunas veces porque siempre nos invitaban a los dos a las cenas de trabajo.

Yo siempre había tenido muy buena imagen de esa empresa, un sitio donde trabajaba gente de muchas nacionalidades y que habían acogido tan fácil a Beatriz a pesar de saber que sólo iba a estar seis meses, tramitándole el visado y toda la pesca, así que digamos que me caían bien. Además hice trabajos temporales para ellos como traducirles la página web a castellano, así que sabía bastante bien qué era lo que hacían y cómo parecía que lo hacían.

Total, que le escribí preguntándole si tenía algo para mi, y resulta que estaba empezando con un nuevo proyecto que hablaba de crear una red social al estilo de Facebook pero con una perspectiva bastante diferente. La cosa pintaba bien, y después de hacerme llegar, firmar y reenviar un documento de confidencialidad, me pasó la documentación. Allí nos empezamos a emocionar, yo añadí nuevas ideas y empecé con un pequeño prototipo probando distintas configuraciones y tecnologías, tuvimos conferencias por Skype… sonaba serio y hasta habían empezado a tramitar los papeles para crear una nueva empresa.

Pasé un par de meses currando por las noches y los fines de semana mientras el mundo a mi alrededor se había ya desmoronado del todo, así que se me ocurrió que un cambio radical me ayudaría, al menos, a ver las cosas de otra manera. Desde Japón me decían que dejase el trabajo y empezase el proyecto nuevo desde casa, pero no era precisamente lo que yo quería, así que les dije que quería volver a Tokyo, al menos, una temporada.

Pero claro las empresas eran distintas, aunque el dueño era el mismo, y una estaba fundada en Japón mientras que la otra en América, así que si quería tener visado y vivir aquí no quedaba más remedio que trabajar en la de Tokyo, que era la misma en la que trabajó Beatriz, y el presidente de ésa empresa era otra persona distinta que no tenía porqué estar de acuerdo con todo esto…

Total, traduje mi CV y me encontré de repente escapándome de la oficina y yendo al coche porque un señor de madre japonesa y padre americano me iba a llamar para hacerme entrevistas de trabajo en un perfecto inglés del que no entendía de la misa a la half.

Así pasaron un par de semanas hasta que me dijeron que me cogían, que dejase el trabajo, comprase el billete de avión y me mudase a Tokyo. Que me contrataban en la empresa japonesa a media jornada tramitándome el visado, y la otra parte del tiempo lo dedicaría al proyecto de la empresa americana aún estando físicamente siempre en la misma oficina.

Mira por donde, 5 años después me encontré en el mismo lugar al que había acompañado a Bea a hacer su entrevista, pero ésta vez era yo el empleado.

A partir de ahí ya sólo quedaba tirar para adelante con esta nueva vida de salary man dos semanas al mes y programador el resto, con dos sueldos distintos, un inglés que desoxidar, un japonés que aprender y un español que no olvidar.

Así estuve año y medio hasta que finalmente pasé a trabajar sólo para la empresa americana aún viniendo a la misma oficina, y aquí seguimos hasta hoy mismo. Si alguien está interesado en qué paso desde entonces, por aquí se puede empezar. Sobre qué pasará a partir de ahora… eso no sabría decir.

 

La estructura del libro

Como algunos ya me dijeron, quizás lo más difícil de la aventura esta del ikulibro era empezar. «Todo es ponerse, todo es ponerse, resumen de una vida: todo es ponerse» dicen de vez en cuando los Celtas Cortos por mis auriculares, y qué razón tienen. Así que ya que nos hemos puesto y tenemos un título y una introducción, ahora toca pensar en qué va a haber entre la primera y la última página.

Lo primero que pensé fué copiar directamente las entradas del Kokoro del blog y la duda que me surgía era si ordenarlas cronológicamente o por algún otro criterio y rápidamente decidí que lo primero tenía más sentido porque así el lector no se perdería la perspectiva del tiempo, la progresión de estilos y temas.

Y es que recuerdo enviar las primeras historias de este tipo a Bea para que me aconsejase sobre si escribirlas en el blog o no porque quizás eran demasiado personales y no cuadraban con el resto. Al fin y al cabo esto era ya un blog sobre Japón más y no recordaba haber leido nada parecido en ningún otro. Había mucho de vergüenza en ellas, de inseguridad por contar cosas demasiado personales, y además, ¿para qué iba a querer nadie leer que yo pasaba frío por las noches?

Al final se fueron publicando, primero tímidamente y conforme el invierno se iba acomodando la cosa fue a más. Tanto es así que ahora mismo escribo una casi cada semana, a veces con situaciones vividas horas antes, otras sacando espinas clavadas mucho tiempo atrás y lo cierto es que a veces pienso que casi ninguna de las publicadas tiene un final feliz aunque me siento un privilegiado por haber vivido cada una de ellas. Algunas con otros finales también me han pasado, ¿eh?, ya irán saliendo… por si a alguien le interesa.

Así que pasé a la acción y me puse a maquetar algunas de las entradas como la que habla de la entrañable anfitriona de mi barrio y que considero la primera que escribí de este tipo, y empecé a imprimir distintos diseños. Aquello quedaba soso, ahí hacía falta algo más que letras, así que decidí que cada una de las entradas iba a tener, al menos, una foto que la acompañase y a todo color, lo más grande posible y con la mayor calidad que se pueda. Si hay que salir a la calle a sacar nuevas específicamente para el libro, se sale, todavía estoy en Tokyo y estoy muy a tiempo, total esto es algo personal y no tengo a un jefe que me diga que lo saque en un mes. Prefiero tardar el doble y hacerlo lo mejor posible.

También decidí que éstas historias iban a estar copiadas tal cual, con correcciones gramaticales y ortográficas, pero que me iba a permitir el inmenso placer de escribir algo sobre cada una de ellas a modo de introducción o conclusión. Por ejemplo, en la historia del malnacido aquél que pegó a la chica en el tren, la cosa quedaría más o menos así:


Lunes, 28 de Septiembre de 2009

Get your fucking hands out of me

Sobre las diez de la noche, apenas cuarenta minutos antes, estaba esperando el tren en la estación de Ikebukuro. Venía hasta Meguro donde, bici mediante, voy a volver a casa a dormir después de escaquearme de Karate y darme el placer de una buena cena en compañía de todavía mejor gente….

[…]

Después de toda la historia, en la siguiente página iría una foto ocupando la hoja entera, en este caso la foto no ha sido tomada aún, así que tendré que sacar una que tenga que ver con lo contado, como por ejemplo del tren marrón de la Yamanote. Esto de buscar imágenes a las historias es emocionante, por cierto.

Y en las siguientes dos o tres hojas vendría una reflexión o conclusión, como ésta que ya tengo escrita:

Lo que pasó después de ese momento es que sentí que era extranjero más que nunca. Esta sensación se nota sobretodo al principio, la de tener muy presente que eres diferente al resto: te entra una especie de complejo por el que crees notar que todo el mundo te mira, que eres el centro de atención allá donde vayas.
Pero luego es fácil que se te olvide porque al final sigues una rutina de diario que te abstrae y te acabas acostumbrando de tal manera que ni te enteras. En Tokyo uno pasa desapercibido excepto a los ojos de algunos niños que hasta te señalan divertidos (o asustados).

Yo ese día ví como uno «de los míos» hizo la barbaridad que hizo con unos aires de superioridad que yo habría imaginado sólo dentro de una película de Tarantino. Fue tan terrible la imagen que dió, tan impactante para todos los que allí estábamos, que yo no puedo evitar pensar desde entonces que a todos los extranjeros nos meten en el mismo saco hasta que nos ganemos la imagen contraria.

Ahora ando con mucho ojo cuando me cruzo con alguna persona del estilo de ese malnacido, y si yo como extranjero tengo ya ese prejuicio metido en la cabeza, me parece lógico pensar que cualquier japonés que se encontrase en ese vagón lo alimentase también.

No es bueno generalizar, no es bueno tener prejuicios, pero son inevitables a veces y, sin tener razón, parecen hasta razonables en según qué situaciones.


Otras veces no será una conclusión, sino una introducción del contexto en el que sucedió la historia, algo como «por aquél entonces yo seguía trabajando en la empresa de Meguro, aunque todos mis compañeros ya eran excompañeros y algunos hasta examigos…».

Y así, con ésta estructura, el libro contendría de principio a fin toda la historia de cómo llegué a Japón y qué iba pasando por el medio: cómo fueron surgiendo las distintas actividades que hago ahora: Karate, ceremonia del Té, Yosakoi… teniendo como eje principal las historias ya publicadas en el blog, pero rodeándolas de un contexto, una continuación e imágenes. También anticipo que habrá alguna historia que estará únicamente en el libro y de hecho ya tengo una en mente que nunca me he atrevido a publicar aquí.

Creo que por aquí van a ir los tiros. Es decir, esto no va a ser una guía de Japón donde me ponga a explicar cómo es un Maid Café, porque para empezar no tengo ni idea, sino que va a contar mi vida aquí tal y como yo la estoy viviendo, sin velocidades de conexión a internet ni megapixeles de móviles, ni tribus urbanas de Harajuku, pero sí con amores al té verde y desengaños con cerveza, soledades de interior y amistades de trenes, bares y futones, patadas con respeto, gritos de contento y llantos de felicidad triste.

Una vez más, necesito vuestra ayuda:
– ¿qué os parece que tire por aquí?
– ¿hay algo más que os gustaría que se incluyese como excursiones u otra cosa?
– ¿algo de lo que he puesto aquí no os pega ni con loctite?

:ungusto:
                        :ikugracias:

La chica de Shimokitazawa

La chica de Shimokitazawa

El día que compré la cámara de fotos grande decidí darme una vuelta por Shimokitazawa porque por aquél entonces la energía y la ilusión con las que cogía los fines de semana todavía no entendían de obligaciones y rutinas. Eran otros tiempos, a veces pienso que mejores aunque no los cambiaría por los de ahora de patadas de Karate y bailes de Yosakoi cuyo sudor tiene, a menudo, más que ver con el corazón que la propia sangre.

Recuerdo una lista interminable de barrios de Tokyo que iba recopilando durante la semana. A veces los veía por internet, otras me los contaban y yo siempre lo apuntaba todo. Cuando llegaba el viernes por la noche elegía uno, normalmente al azar, y copiaba los datos a lápiz en el reverso de unos papeles de origami que hacían las veces de postit: líneas y estaciones de tren, horarios, tiendas… Nunca pude hacer nada más que la grulla con ellos, pero supe darles un buen uso, al fin y al cabo componían las figuras de mis fines de semana.

Las pupilas saben que el escenario es el mismo, y el personaje principal sigue siendo el que sale en mis espejos, pero es claro que la función parece haber cambiado de acto y no ha lugar volver atrás porque aquello ya se representó con éxito. Hoy los sábados son de Karate y los domingos de Yosakoi aunque siempre haya entreactos en papel de origami y esperanzas con agujetas.

Había mucho de arrepentimiento aquél día, y los venideros, por haberme comprado una cámara que necesitaba de mucho más que un bolsillo para acompañarme, y supe entonces que el dineral que me había costado iba a costar ser amortizado entre tantos botones y ruedas porque seguramente el modo automático iba a mirar por encima del hombro a las ganas, o la pereza, de aprender a manejarla.

Quizás para tratar de olvidarme de tan caro, pesado y aparentemente inútil colgajo, decidí que ya iba siendo hora de marcar el teléfono que aquella chica me había enviado después de unos cuantos intercambios de mensajes con más mensaje que letras escritas. Siempre habíamos bromeado sobre que no nos íbamos a poder entender porque ella no hablaba inglés y yo tampoco japonés, pero que seguramente nos llevaríamos bien porque, al menos en aquellas palabras escritas en pseudoinglés, parecía que nuestros temples entendían a templarse mutuamente.

La llamada fue un desastre y acabó conmigo esperándola en la salida de la estación opuesta a la que ella me explicó de mil y una formas.

  • Don’t move, ne, ima ikimasu kara -me dijo
  • Ok -contesté a lo primero, con esperanzas de que lo segundo fuese lo que yo creía haber entendido
  • Osukaa? – escuché al de unos minutos- halooo

Cuando me giré vi a la chica más guapa del mundo y pensé que si era ella de verdad, entonces iba a pasar todas las noches de mi vida en vela estudiando japonés para poder seguir viéndola el máximo de los latidos que me quedasen. Me dolían los ojos a causa de su sonrisa y si los cerraba la seguía viendo porque ya me había cegado para siempre jamás. Su piel morena se burlaba de cualquier tópico, su pelo parecía dibujado y colocado al milímetro sobre aquellos ojos tan distintos a los míos, que no podía dejar de mirarlos.

  • Haloooo, nice to meet you finally -me dijo como pudo
  • Very nice to meet you -dije como pude esforzándome el doble que ella por hablar y no sólo por el idioma

Después fuimos a un bar, un irlandés de éstos que tan buena suerte me traen y pusimos dos jarras de cerveza negra entre nuestras sonrisas, la mía la más estúpida del mundo, la suya haciéndole competencia al sol. Yo no era yo. Era verano y tenía frío, y habría tenido calor de ser febrero porque mi cuerpo estaba desajustado por no saber qué hacer con todo aquello que le llegaba por los sentidos.

No fuimos capaz de acabar ninguna frase por culpa del idioma, pero el punto y coma lo poníamos riéndonos en todas y cada una de ellas.

Y parecía tan de verdad que yo me lo creí por si acaso.

Quedamos algunas veces más después de aquella, y yo siempre llevaba la cara de tonto puesta desde casa. Hasta que aquella mañana de domingo en el parque de Yoyogi dijo que quería hablar conmigo. Sonó tan serio que estuve nervioso, más si cabe, desde el primer minuto que la ví. Bajo el cotilleo omnipresente del sol paseamos durante largo rato hasta que nuestras piernas acabaron tomándose una tregua consentida en un banco. Allí me cogió de la mano derecha con su mano izquierda y puso la otra encima. Todo el calor del mundo se fué allí, a esos cinco dedos que daban envidia, de la mala, al resto del cuerpo. Deseé ser tan pequeño como mi mano y poder recostarme en una y taparme con la otra para dormir allí acurrucado para siempre.

Costó mucho, muchísimo, que empezase a hablar, y yo que sabía que lo que fuera que fuese que me quería decir tenía que ver con grietas y ventrículos, esperé pacientemente atesorando el tacto de sus manos mientras respiraba el olor pregonero de su silencio agridulce.

  • Hace tiempo que te quiero decir algo -su inglés sonó perfecto, se notaba que se lo había preparado- y es que tienes que saber…

  • Ya está, se acabó, un mes había durado el sueño y ya iba siendo hora de despertarse -dijo mi mente- Si, dime -camufló mi garganta.

Con una lágrima quitó el pestillo y las puertas de su alma se abrieron dando un portazo por la corriente provocada por sus miedos y temores. Habló de nacionalidades y de personalidades, de futuros hipotéticos y almas partidas en trozos que nadie supo juntar de nuevo del todo. Y todo sonó tan razonable, tan poco a mentira, que no pude más que acatar todos y cada uno de sus secretos.

Y de doloroso acuerdo, no nos volvimos a ver más que entre las líneas de algún mensaje que todavía hoy compartimos entre primaveras y otoños.

Ahora yo también guardo un secreto. Y es que la veo a veces cuando amanece sin nubes y después de mirar al sol por un segundo, vuelve su sonrisa a rubricar mis párpados por el lado de dentro.


 

El último empujón

No queda nada, la semana que viene los señores de Bitácoras tendrán a bien anunciar los blogs ganadores de éste año. El ikublog resulta que aparece en varias categorías, pero en la que mejor situado está es en la del blog personal. El caso es que después de ir en cabeza todas las clasificaciones parciales, ya había liado a un montón de gente para hacer el vídeo vestido del gatostiable comiendo Wasabi cantando «Desde Santurce a Bilbao«, y teníamos hasta el plan hecho: nos íbamos a Shibuya con más de una cámara, con una me grababan a mi haciendo el asunto y con la otra grababan la reacción de la gente. Ese vídeo iba a ser épico, habría un antes y un después en mi vida…

¡¡¡ Como que estoy por hacerlo de todas formas !!!
:pirao:

Hombre, si ganase lo haría con más gustico, pero total, el ikublog no ha ganado nada nunca y tan felices que andamos. Así que si os pega el quarter of hour, me vendrían bien unos últimos votos, pero vamos que el vídeo ¡lo tenéis fijo!. La que nos vamos a reír haciéndolo el Guille, la Nere, el Rodri y todo el que se apunte va a ser parda.

Votar en los Premios Bitacoras.com
Mejor Blog Personal
:ikugracias:

La patrulla de la bulla de Shibuya

Yo ya había leido algo de ésta gente, pero el vídeo que ví ayer me ha acabado de dejar chato , así que procedo a :comillo: escribir :comillo: el post regulero que, afortunadamente para vosotros, ha dejado de ser semanal para aparecer cuando le sale de sus floridos tamagos perfumados.

El tema de la apotema es que por Shibuya de vez en cuando se ven unos rascayús vestidos del Combat School que no queda muy claro de qué rollo van. Ahora que tampoco llaman demasiado la atención entre los de los pelos cardaos y las gambiteras de las piernacas (te sale un hijo josto y lo tendrás que querer, digo yo)

Pues estos elementos resulta que van en plan patrulla vecinal a «poner orden» llamando la atención a todo aquél que consideran que está molestando. No son policías ni gaitas in vinegar, sino unos tipos que se creen que hacen un servicio a la comunidad pero que se han crecido mucho y se están haciendo famosos por sus malas maneras. Yo no he tenido el placer de tener ninguna con ellos, de hecho sólo les he visto un par de veces, pero si les juzgamos por los vídeos, la verdad es que parecen lo más tonto’l nardo que ha parido madre:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=PoyVy_VYirI

httpvh://www.youtube.com/watch?v=jfxdVphMrXE

httpvh://www.youtube.com/watch?v=Ye6-VHKKNF8

httpvh://www.youtube.com/watch?v=WVef4LVGBD4

La palma se la lleva éste: resulta que a un chico africano que estaba tranquilamente apoyado en el guardaraíl le empezaron a tocar los mandinguis para que se levantase y él les pregunto que porqué. Entonces ahí fueron subiendo el tono hasta que el marine rantamplán empezó a decir que «le estaba hablando a un samurai» y gilipoyeces del estilo…

:peneke: :porsaquil: :palizero: :otiaya: :nunchakero: :menfadao: :bythesegao:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=sNzZNTeUR1I

Para colmo al chico se lo llevó la policía, aunque le soltaron al de nada después de unas preguntas.

Yo lo tengo claro, a mi se me acerca un tarao de éstos a decirme que no me siente en la acera y le hago caso para no tener que aguantar payasadas. Ya nos resentaremos si eso en cuanto doblen la esquina aquí los rangers de Shibuya. Ya véis, ser gilipoyas no entiende de razas ni de nacionalidades… para que luego vayamos por ahí generalizando.

:regulero:

Fuente: Japan Probe
Escrito en ocho minuticos entre bocao y bocao
:cocinicas:

:bythesegao:

Ikebukuro Yosakoi 2009

Domingo 11 de Octubre

Efectivamente, de tanto quererlo, pasan las horas volando y ya estoy otra vez en Ikebukuro, aunque ésta vez no soy el último.
Se repite lo del día anterior, con mejor tiempo y más ganas si cabe, pelamen, maquillaje y ensayos en el parque incluidos.

Miguel, al que conocí el día anterior, se ha apuntado también hoy así que le paso la cámara de vídeo para que no se pierda detalle y ya pasa el día con nosotros (¡gracias Miguel!). Hoy también viene Michiko que se ríe mucho del maquillaje y me dice que no me vuelve a hablar si ese domingo salgo de Ikebukuro sin novia.

Empieza el primer baile, también con nervios que se pasan pronto y con muchas ganas. Tantas que en un punto de estos de gritar se me escapa un naruko volando cerca de la cara de un señor bajito del público. Miguel lo graba en vídeo, yo no sé muy bien qué hacer y me dá por reirme mientras sigo bailando con uno sólo, entonces el señor lo recoge del suelo y me lo devuelve, y yo sigo bailando sin poder aguantarme la risa.

Después bailamos dos veces más y ya sólo nos queda el último, el que puntúa para el concurso. Yasuki, el responsable del grupo, es un tipo pequeño muy flaco que mojado no pesará más de 50kg, pero tiene una personalidad arrolladora. El tío nos junta a todos antes de cada baile y nos grita cosas en un japonés rudo, casi violento que contestamos a gritos. Vaya si motiva el asunto.

Durante la espera de éste último baile, los sentimientos están a flor de piel, algunas chicas se abrazan entre ellas. Ganbatte se escucha entre risas, nervios y juegos. Ganbatte ne.

Otros estiran en silencio… cada cual prepara el momento que está por venir a su manera.
Alguien me coloca bien la capa, la miro, le doy las gracias y no puedo evitar darle un abrazo aunque no sé ni su nombre. Ganbatte ne.

Los sentimientos de todos se entrelazan y forman uno sólo que se debe notar hasta en Shinjuku.

Ya nos toca. El último, el que importa, el que resume todo.

Cuando acaban los de delante, Yasuki nos junta, hacemos un corro en medio de la calle. Grita cosas entre las que entiendo «último» y «corazón», y después las de siempre a las que todos hacemos el coro: sore sore sore soooran hacemos que retumbe, que se oiga y de paso que se nos incomode la espina dorsal al levantar el puño. Ya está liada. Mirar para atrás es de cobardes, no desafiar al mundo está penalizado.

Volvemos a las filas, a la formación y nuestro compañero ya tiene el micrófono. Nos presenta y acaba con un yoroshiku onegaishimasu! que, una vez más, coreamos con una reverencia. Uno… dos… y separamos la pierna derecha. El nombre del baile nos agita las entrañas de nuevo: ¡Appareeee!, ¡Ha! contestamos y después ya sabemos bien qué pose nos toca, más nos vale.

Con el primer acorde elevamos la mano al cielo y las nubes ya son testigo del resto.

Qué sensación. Qué manera de ser feliz por cuatro minutos, qué plenitud. Sólo me acuerdo del corazón, ni idea de qué hizo el resto del cuerpo.

Volvemos a apuntar a las nubes con el último acorde y veo que no se han atrevido a moverse ni un milímetro.

¡¡Arigato Gozaimashita!! gritamos, y salimos corriendo para juntarnos más adelante. Nos abrazamos, reímos… y de repente muchas personas del grupo se ponen a llorar. Nadie consuela a nadie, no hay nada que consolar. Ojalá llorásemos así todos los días de nuestra vida. No quedaba más por hacer que explotar, nos lo hemos ganado.

Iro iro arigato me da por decir a todo el que se pone delante, «gracias por todo». Y de verdad lo siento así: gracias por tener la paciencia de explicarme el baile una y otra vez, de que no importe que no entienda japonés tan bien, por dejarme estar ahí a pesar de haber faltado muchos días. Gracias Jorge por llevarme a esto. Gracias a todos. Por todo.

Después de las cervezas, la cena y las risas, me despido de los que quedan. Me cruzo con Yasuki y me responde con un abrazo, este hombre es todo nervio.

Mientras espero al ascensor viene Hory, la primera persona que ví el primer día que entré a aquella sala donde un montón de gente estaba bailando.

  • Hory, muchas gracias por todo, de corazón, me lo he pasado como nunca. -no habla, pero sonríe. Me abraza por un rato.

  • Vete con cuidado, ne, Oskar.

Si -y desde dentro del ascensor veo cómo se queda a esperar que las puertas se cierren.

Hace tiempo que ya es de noche. En la Yamanote camino de casa veo mi reflejo en el cristal de las puertas. Un chico bajito, con un pelo indefinible que deja ver sus entradas con claridad. Va en vaqueros y lleva un niki blanco, una sudadera verde y amarilla con capucha, unas playeras azules y una mochila roja cargada hasta los topes de mucho más que ropa.

  • Has salido enfrente de un montón de gente en Tokyo a bailar -parece decirme- ¿no es acojonante?

  • Si lo es, si

httpvh://www.youtube.com/watch?v=lWV7XQSbAao

Los vídeos que grabaron Guille y Miguel los tengo todavía que procesar con más calma, este de aquí es el que grabó Zordor, que llegó a punto para este último baile.

:ikugracias: ¡Gracias a todos! :ungusto:

 

¡Por ahora me libro!

¿Os acordáis de la ikupromesa?, ya íbamos concretando el asunto:

Si ganaba el premio de Bitacoras al mejor blog personal cantaba «Desde Santurce a Bilbao» comiendo Wasabi vestido del gatostiable. La siguiente encuesta que tenía preparada era el lugar: en el medio de Shibuya, en Shinjuku, en Asakusa… y ya hasta había liado a otros para que me ayudasen a grabar el vídeo, peeeeeero

¡Nasti de plasti!
:vainas: :vainas: :vainas:

Ha salido la cuarta clasificación parcial y por ahora me libro de convertirme en el Hulk esmirriao… Guardo la encuesta por si acaso, que no se ha acabao, ¡la cosa depende de vosotros!

Votar en los Premios Bitacoras.com
Mejor Blog Personal
:ikugracias: