Hola!
Esto llega un poco tarde, pero es que acabo de descubrir las fotos en un rinconcillo del ordenador y os tengo que contar la historia!
El tema del paraíso terrenal ya os los solté no hace mucho. El caso es que aquí el San Valentín es más bien un San Nestlé, cosa de la que me alegro un huevo (Kinder!). Llovieron chocolates por todos los flancos: a la oficina trajeron Michiko y la profesora de Japonés, un par de clientes nos enviaron también… pero lo que nunca me esperaba yo es lo que me pasó esa tarde!
Cogí la bici y me fui a una tienda de aquí al lado de casa a comprar un cablecillo. Iba yo ya metiendo cuarta a lo Indurain cuando me encuentro con un control de la policía. Uno de esos que llaman la atención. Un tío con casco estaba en el carril de los lentos (el mío), haciendo gestos como un loco con un banderín. Más que un policía parecía una animadora.
Me para, claro, y yo ya pensando en donde tenía yo metida la Gaijin Card que me iban a pedir en 0.3. Chato me quedé cuando me hacen meterme cerca de la acera donde había como cuatro ancianitas con unas bandas colgadas al cuello estilo Miss Asilo, y con cestas dentro de las cuales tenían paquetes de pañuelos.
La señora me dice lo que yo entiendo como «Perdona que te hayamos parado, pero como es San Valentín, te queremos dar este regalo y recordarte que debes tener mucha precaución cuando vayas con la bici». Y coge la buena mujer y me da un paquetillo.
El cheerleader policía con una sonrisa en la cara que ni Bardem ayer por la noche, no hacía más que señalar el paquete (el de pañuelos) y decía «chocoleit, chocoleit, chocoleit». Le doy la vuelta, y ¡¡coño!!, ¡¡me viene con una chocolatina!!
Así que me fui de allí más flipao que Gasol con un peine!!!













