El martes volví al hospital donde me cortaron el fémur para introducir un artefacto de hierro unido a una bola que se iba a convertir en la base del juego de mi pierna derecha, esa con la que endosaba mawashi geris en la cara a gente que me sacaba la cabeza. Si lo piensas, es una locura muy grande… todavía hoy, con el chisme dentro, me lo sigue pareciendo. A veces visualizo en mi cabeza cómo el cacharro ese está moviéndose según la posición en la que me encuentro… si giro la pierna hacia la derecha, la bola estará girando para ese lado y el fémur entonces quedará alineado así, ¿se desgastará si ando mucho? ¿igual chirría y hay que beber aceite de oliva o algo?.
Es de locos esto, en serio. Pensar que yo estoy moviendo mi pierna como siempre, pero que lo que hace que yo siga haciéndolo es un engranaje metido dentro de mi cuerpo todavía no sé ni cómo, me sigue pareciendo de ciencia ficción.
A este hospital de Setagaya, en Tokio, he seguido yendo todas las semanas desde la operación. Aquí el sistema, la manera de proceder está muy pensada. Quiero decir que estoy en un grupo de Reddit de operados de la cadera por todo el mundo y en Japón se hacen las cosas distintas, a juzgar por lo que cuentan allí. A mi me tuvieron una semana ingresado, no se aceptaban visitas de ningún tipo, todo estaba planificado a la hora: ducha, comida, rehabilitación, medicinas, masajes, la máquina de frío, el tiempo de descanso… Y una vez en casa, la rehabilitación y los chequeos han seguido el mismo patrón de organización: una vez por semana a revisar rango de movimiento, el primer mes todo con bastón, el segundo ya subimos y bajamos escaleras alternando los pies, empezamos con sentadillas y estiramos de esta o aquella manera…
Si lo que cuentan en Reddit es verdad, básicamente a la gente la chutan a casa al día siguiente puestos hasta arriba de pastillas y que se busquen la vida encontrando donde les hagan el physical therapy, como le llaman ellos. Yo una semana después ya no tomaba nada para el dolor porque no me dolía nada, por no hablar de la cicatriz, que la mía es la mitad de las que pone ahí la gente que vaya escabechinas les hacen. Supongo que he tenido suerte de que esto me pase aquí y no en los EEUU de donde intuyo que es la mayoría de la gente de ese grupo. No tengo ninguna duda de que en España también hubiese sido igual o mejor que aquí, por cierto, en sanidad si no somos los mejores del mundo, cerca estaremos.
Pues el martes yo volvía a la revisión de los tres meses. Es importante porque es la fecha clave en la que ya se supone que la prótesis está ya asimilada, se ha construido hueso y músculo alrededor y no es tan fácil que se disloque, que se salga, que es el mayor riesgo de esta operación. Yo iba con ilusión porque aunque estoy recuperando poco a poco mi vida anterior, aún hay muchas cosas que no puedo hacer y con cada visita al cirujano albergo la esperanza de que me deje hacer algo más y así huir un poco más del viejo Toscano y acercarme a esa persona joven que yo pensaba que era hace medio año, cuando no necesitaba un bastón ni tenía que dormir con una almohada entre las rodillas.
Llegué algo menos de un cuarto de hora antes y enseguida me hicieron pasar a la máquina de MRI, recuerdo que antes de la operación, el resultado de esta máquina fue decisivo porque la resonancia magnética detectó que el interior del fémur se estaba quedando hueco debido al roce y que el dolor que sentía solo iba a ir a más con el desgaste. Ahora estábamos comprobando si un artilugio de titanio y cerámica seguía en su sitio ahí haciendo su juego como lo planeó algún ingeniero, a lo robot de Boston Dynamics: que me empujen y que no me caiga, ¿no sabes?.
Qué cosas.
La siguiente prueba eran simples radiografías, pero cual fue mi sorpresa cuando en la sala de espera me encontré al señor Takahashi. Tenía sentido, claro, nos operaron a la vez, nuestras revisiones coinciden en el calendario, raro era que la hora no lo acabase haciendo también.
Me alegré, de corazón, de verle.
— Oskar chaaaan, ven, siéntante aquí, ¿qué tal estás? ¿y el bastón?
— Takahashi san, cuanto tiempo, ¿qué, a la revisión, no?
Y de repente estábamos hablando como cuando nos operaron y las pasábamos putas uno al lado del otro en aquella habitación tratando de distraernos del dolor a pura conversación entre dos personas de razas y culturas distintas que compartían, desesperados, interminables noches de no poder dormir.
Al de un rato de ponernos al día, yo me sentí un poco mal porque mi recuperación había sido mejor y, por alguna absurda razón, exageré el dolor que sentía a veces e incluso mentí diciendo que todavía usaba el bastón de vez en cuando, anque la realidad es que ahora mismo ni sé donde está porque lo guardó mi mujer en algún rincón del trastero.
Supongo que fue por empatía, pero hoy, escribiendo sobre ello, sigo sin verle el sentido a lo que hice. Debería haberle dicho la verdad, que estaba ya muy bien y que podía hacer vida muy normal sin ningún problema.
ごめん。
Él, como siempre, estaba de muy buen humor y mejor ánimo. Todavía tenía dolores, sobretodo al bajar las escaleras y me contó también que se cayó de la cama un día y se golpeó una de las dos rodillas operadas y se le abrió la herida. Yo le vi bien, pero no tan bien como habría esperado por comparación.
De repente pasó una de las enfermeras que nos atendió a los dos aquella vez. Enseguida ella se paró y enseguida él le habló:
— Maeda chan, mira quien está aquí, Oskar chan
— Hombre, os ha faltado tiempo para sentaros juntos, ¿eh?
— Hoy ha venido solo, le ha dejado su mujer y vive solo, pobrecito, ¿no le ves que está triste?
— usooo daaaaa
En esas que me llamaron para las radiografías y al volver, decidí preguntarle por Ginchan, el husky siberiano cuyas fotos tan orgulloso me enseñó. Así me enteré de que se puso enfermo y murió casi de repente, que estaba bien un día y al otro no y que aunque le operaron, no pudieron hacer nada por él.
Lo contó afable, por supuesto que con pena, pero me habló con mucha delicadeza y ternura, como si el de la pregunta incómoda la hubiese hecho el amigo de alguno de sus hijos y no yo. Me contó todo lo que le había pasado, los años que llevaban juntos… y aunque yo le pedí perdón por haberle preguntado, quise entender que agradeció, de alguna manera, poder hablar de él con alguien ajeno a la situación.
Digo esto a tenor del buen rato que lo hizo sin yo haberle insistido.
Después le tocó a él entrar a hacerse las radiografías y tardó un buen rato en salir. Mi prótesis es solo una y yo me muevo con soltura, pero las dos de sus rodillas y sus más de 70 años son otro cantar.
Al volver empezamos a hablar de las vacaciones y de mis hijos y no sé qué le conté que se empezó a reír y el señor que estaba sentado a mi derecha en la sala de espera nos echó la bronca. Que hablábamos muy alto, dijo. Le pedimos perdón y estuvimos un rato en silencio hasta que llegó el turno de este buen hombre que desapareció por alguna sala del hospital.
— Hostia, se ha enfadado, ¿eh? —dije yo
— Bah, este tipo de gente sobra. Siempre hay gente así que le molesta todo, ni caso, a todo que si y a lo tuyo, no merece la pena ni discutir. Habráse visto que me eche la bronca a mi un viejo, aunque bien mirado era más joven que yo, jajaja, vaya amargao.
La señora que estaba enfrente sonrió conmigo al escucharle justo cuando Maeda chan, la enfermera, dijo mi nombre y me tocó entrar a hablar con el cirujano. Una hora más tarde de la cita que tenía, por cierto, algo bastante poco habitual aquí, quizás alguna urgencia que tuvo que atender entre medias le trastocó la agenda.
La resonancia magnética y las radiografías estaban perfectas, la cicatriz ya ni la miró. Ya no hay casi riesgo de que se salga la prótesis y conviene que empiece a hacer ejercicio más en serio, que vaya al gimnasio y que siga andando mucho, que coja la bici si quiero aunque con mucho cuidado porque cualquier golpe brusco es todavía peligroso y que nos vemos en noviembre para la revisión de los seis meses.
Al salir ya no estaba Takahashi-san. Me mandó un mensaje al line, que tenía un compromiso de trabajo en Ginza y que no le daba tiempo, que había cambiado la cita con el cirujano y que perdonase por no haberse despedido en persona, que le avise cuando tengamos un día libre y nos vamos a comer a la pizzeria del barrio.
大丈夫だよ!車には気をつけてね。妻と話して、また連絡するね。お大事に!!
Lo primero que hice al llegar a casa fue coger la bici y darme una putivuelta por todos los konbinis de mi barrio. Qué puto gustazo volver a la normalidad.
La verdad es que tratar con gente como 高橋さん da
. Lo malo es que no ha tenido suerte con la caída y con lo del pobre perrito. A ver si la próxima vez que os veáis puede dar buenas noticias!
Y qué bueno que te esté yendo todo bien!
Yo como siempre marcho
Enhorabuena por la recuperación tan buena que estás llevando!