La NHK, que es la RTVE de aquí, que resulta que tienen un programa en el que enseñan español, que andan buscando caras nuevas, que hay una audición para seleccionar presentadores, actores y locutores. Anda que buena pinta, pero seguro que hay unos requisitos ahí que ni para Shogún. ¡Pues no!, defenderse con el japonés, ser nativo hispanohablante y tener visado de trabajo en condiciones. Que rellenemos una hojica y metamos una foto de carnet y alguna de cuerpo entero, que venga, que total por probar.
¡Dicho y hecho! Hoja rellenada, foto de carnet sacada con una sonrisa de yunke a caracol, y fotos de cuerpo entero, como cinco o seis: en medio de la ceremonia del té con kimono, en mitad de una clase de Karate, vestido de Yosakoiero, llevando un omikoshi… que si no me cogen que no sea por sosaínas.
Llega mail, que me han preseleccionado, que vaya el domingo para una audición y que lleve una copia del visado. Primero me han invitado a una fiesta en la embajada de México donde voy a hacer de Papá Noel, así que allí que me voy todo entrajetao cual accenturo sieso cancamusero. Coincido con Miguel, que resulta que salió en la NHK hace unos años y me cuenta un poco como fue su entrevista, todo un privilegio hablar con él aunque la mía al final no tuvo nada que ver. La cosa se retrasa, y yo me tengo que marchar, así que le cedo el honor al lorco a traición. El tío va y lo hace genial mientras yo marcho muriéndome de risa.
¡Qué bien me lo pasé, Miwa, gracias!
Guille, gomen neeeeee
Cuando ya estoy cerca del edificio de la NHK se me cae el teléfono móvil, pero lo cojo antes de que caiga al suelo aunque por el camino arrugo las hojas que llevaba… eso ya ni es copia del visado ni es nada, así que me meto en un combini a resacarlas, menos mal que llevaba el pasaporte encima.
Me viene a buscar una chica con un peto que en mi mente presenta un programa infantil, pero que seguro que coincide que no. Es muy maja, se ríe mucho y además que me dice que conoce Bilbao y todo (¿así como para mi una de la tele? hum, hum…
). Me lleva a una sala donde hay dos chicos más, uno con pelos largos y otro con patillas raras, me siento y me dan dos hojas. En una hay un texto sobre el acueducto de Segovia, como unos cuatro párrafos con datos históricos. En la otra un cacho del cuento de la cigarra y la hormiga, pero con un grillo en vez de una cigarra. Los diálogos de las hormigas están subrayados. Me dicen que los voy a tener que leer, que me los prepare y que espere que ya me llamarán.
Finalmente me llaman, entro a un plató enorme con unos focos estilo San Mamés. Me dicen que me ponga ahí en medio, justo delante de dos pedazo de cámaras que me miran de frente muuuuy atentas. Hay dos mesas y cuatro personas sentadas, dos a la izquierda y dos a la derecha. Me hablan en japonés, que me presente primero en castellano y luego en japonés. Lo hago aunque digo el doble de cosas en mi idioma que en el otro. Después me hablan en Español, que si me gusta Bilbao, que si he visitado el Guggenheim, que cuente como es mi ciudad. Yo mientras sea en castellano sin problema, sonrío mucho y cuento que el museo tiene su aquel, pero que las obras de «arte» no las entiende ni Blas, ni Epi, ni Chema el del pan. Después de algunas preguntas más, todo en castellano, pasamos a las preguntas en japonés con las que lidio lo mejor que puedo, que cuente eso de que vine aquí en el 2001 y como es mi trabajo de ahora, y yo lo cuento.
Castellano de nuevo, que lea el texto del acueducto, que lo haga lo más claro posible como si fuese para la radio. Lo leo acordándome del ikupodcast, haciendo pausas deliberadas y entonando lo mejor que sé. Después pasamos al cuento donde hago de las hormigas, ahí ya me suelto más y le pongo distintas entonaciones: la hormiga enfadada, la buenaza… la chica que me da la réplica también pone voces, así que creo que lo estoy haciendo como se pretende.
Llega lo último. Que haga lo que me de la gana delante de la cámara: que cante, o baile o lo que yo quiera. Se me pasan por la cabeza los bailes de Yosakoi, cuatro o cinco canciones del karaoke en japonés y hasta un striptease. Finalmente tiro las hojas al suelo y, con traje y corbata, me dedico a hacer Capoeira y Karate mezclado, poco más o menos que lo mismo que en el vídeo del gatostiable, riéndome mucho. Cuando acabo le hago una reverencia a la cámara y cuando les miro, veo que se están riendo. Lo dicho, si no me cogen que no sea por soso.
Vuelvo a la sala de espera mientras el chico de las patillas en punta entra. Allí me llaman por mi nombre y me dan mi pasaporte. Yo no entiendo nada de primeras. Me lo explican: una chica que fue a sacar una fotocopia al combini y que se lo encontró dentro de la fotocopiadora, y como era de un Español pues que seguramente estaría en la audición… vamos que había perdido el pasaporte con todo el tinglado que eso conllevaría, y lo había recuperado sin darme yo ni cuenta… le doy las gracias mil veces! y hasta besos al pasaporte!!.
Salgo de allí más contento que ni sé. Pienso que si hubiese hecho esta entrevista tres años atrás, hubiera estado tan nervioso y tan bloqueado que hubiese parecido otra persona. De hecho, era otra persona. Resulta que he hablado en japonés, a mi estilo pero me he defendido, he leido textos y he medio bailado en traje delante de cinco o seis personas que no conocía mientras me grababan en la tele.
Como si me cogen me muero, prefiero olvidarme de la entrevista porque a nada que piense lo que significaría, me entra un sinvivir y un comecome que estaría con el móvil en modo vibrador metido por dentro de la camisa para no perder ni una llamada.
Así que nada. A olvidarse y lo que tenga que ser, será. Y de mientras a lo mío.
Onigiri onigiri!
java java!
Mira que si me cogen y dejo las teclas… tiro el ordenador al río!!

¡tócate los tocables!. Resulta que la catedral no se ha sacado una licencia de no se qué gaitas, que les han prohibido que allí baile nadie y la poli viene de vez en cuando a controlar el asunto.






!, ¡tan atractivo no era!).
himno a la libertad creativa, pero con criterio antiulcerítico, voz de protesta ante el bicho aboquil multipateable tarambanil. Este tampoco se pone nunca de más.
ícono representativo de todas las situaciones verbenerofestivas, expresando el carácter golfo de los participantes
cuando uno está viejuno o se hace alguna actividad viejuna, es menester poner la ikucarica correspondiente
si la cosa se pone tierna, soltaos, soltaos
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no está muy clara la diferencia entre 












