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Campeonato de Otoño de Ota

Aquí va el primer y único combate… a ver que se entiende aquí…

httpvh://www.youtube.com/watch?v=h1E9p_Fb_tw

Pues lo que pasó es que me descalificaron por falta de control, hubo dos patadas que le dí en la cara y reconozco que la segunda fue bastante fuerte aunque no estoy para nada de acuerdo con la primera amonestación. En cualquier caso esto no tiene nada que ver con racismo como han dicho por ahí, eso segurísimo.

Si en la anterior competición parece que faltó un poco más de fuelle, en esta por lo visto me pasé… habrá que intentar dar con un término medio para la siguiente. A pesar de haber perdido tan pronto, hay algo de lo que estoy muy contento: controlé muchísimo los nervios, estuve muy sereno todo el combate. Creo que sigo por el buen camino. ¡Ahora a por el examen de segundo dan, que lo tengo el día 25 de Navidad! Oss!!!

Aquí va otro vídeo del mismo combate grabado desde otro ángulo por Alain, en éste se ve la cosa un poco más clara:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=0bP1Pmt4Pow

Marcho, que tengo competi

Menuda semana llevo… desde que he empezado en la oficina no estoy en casa nada más que un ratico a las noches, lo justo para meterme al sobre, y es que como salgo un poco tarde, ando cuadrando mi vida para seguir haciendo lo mismo que hacía antes. Por ahora va la cosa bien, no me quejo ni un poco así, que de amargaos está el mundo a rebosar.

Total, que este fin de semana viene pardo: mañana competición de Karate, el campeonato de Otoño de la ciudad de Ota. Ya iba tocando, hace un huevo que no compito y tengo muchas ganas!. Si en la última salí contento porque me veía más ágil quizás por Capoeira, ésta vez ¿se verá algo distinto por el Parkour?, jaja, si veo que el tío se pone farruco echo a correr gradas arriba!

Encima, estreno Karategi, que los colegas de Tokyo pusieron bote y me compraron el más rechulo que había… ganar no se si ganaré algo, pero voy hecho un San Luis!!

Dicen que se vienen a verme, si a alguno más le apetece y no tiene nada que hacer mañana por Tokyo, que sepáis que se llega en un titá desde la estación de Heiwajima, que queda allá por Shinagawa. El sitio es el «Oomori Sport Center», vamos, un polideportivo de los de toda la vida, ahí va un mapica:


Ver mapa en gordo

Yo tengo que estar desde las nueve de la mañana, pero al principio son las categorías infantiles, y antes de las doce no salgo nunca… eso si, para las cinco de la tarde estarán todas las hostias dadas ya.

¡Deseadme suerte!

En otro orden de cosas (jaja, toma ya frase del telediario, Toscano Prats!), este fin de semana es la Nihon Jaia en Bilbao, un evento donde se han liado la manta a la cabeza organizando un huevo de actividades relacionadas con Japan sin pan que tiene una pinta del copón.

cartel_es.jpg

Pues mira por donde que aunque me lo perdí el año pasado, este me las he ingeniado para aparecer de un par de formas. La primera es por videoconferencia mañana desde la 13:30 hasta las 14:30. Si no me han partido la cara en la competición y todavía puedo hablar, allí apareceré encantado!! seguramente estaré en pijama de cintura para abajo para seguir en plan telediario, pero como me han dicho que participa el Capi, me pondré guapetón para la cámara.

Y la otra está relacionada también con este largo señor, que se vino hace ya milenios a los Tokyos y nos estuvo haciendo preguntas para un proyecto llamado «Crónicas desde Cipango«, pues bien, ya está finiquitado, ya se estrenó en Barcelona, y mañana también lo echan en la Nihon Jaia en Bilbao a las 18:30. ¡Ya nos diréis si os ha gustao!

httpvh://www.youtube.com/watch?v=GOdlSrEwDzI

Y el domingo Parkour en Yokohama… ¿ya pararemos quietos?… no se yo…

Arriando

Izo velas, todas, y tremenda ilusión por bandera y con viento favorable de alegría poniente, parto a casa de Michiko con la noble misión de darle los abrazos que le llevo debiendo desde la última vez que solté amarras en su presencia. Es familia, así que no hacen falta ni avisos ni excusas para arribar a su malecón, ni siquiera mapas, basta con mirar al cielo y seguir el brillo de hospitalidad de su faro para no perderse ni entre la más opaca de las nieblas.

No hacen falta excusas, pero yo tengo una: ayer fue su cumpleaños, así que llevo la bodega cargada con presentes que no veo el momento de entregar. Y setecientas historias que contar entre sueños saldados y deudas cumplidas. De corazón a corazón, como desde hace ya años, sin secretos en la guantera ni vergüenzas escondidas en el trastero.

Navego por el océano de estaciones de Tokyo con un puño apretado dentro de la gabardina, no vaya a ser que aparezca algún pirata, que dicen que los hay con muy mala baba, y fondeo en el puerto más cercano donde con el aire arrogante que me da el ser extranjero de allende los mares, recorro y tuerzo calles y esquinas exagerando andares, por si a alguien le diese por girar la cabeza a mi paso. Que se sepa lo que hay, que hoy pintan bastos.

Dejo el parking de bicicletas a la izquierda, avanzo hasta la farmacia y al pasar la peluquería me meto por la calle estrecha de la derecha hasta que el restaurante de tempura me da la bienvenida al vecindario, a mi otra casa, la que queda a muchos nudos dirección noroeste, más allá del bien y del mal donde naufragar está bien visto sin preguntas de por medio.

Haaaai, está abierto, pasa, sube! – se oye desde la cocina del segundo piso cuando llamo. Ya lo sabía, pero es de los pocos gestos corteses que aún conservo por alguna razón, aunque hace años que dejaron de hacer falta.

Abro la puerta, y me descalzo. Huele a tatami y protección, a café y a cariño, a cobijo.

Se me templa el pecho con una buena sensación, ¿será felicidad?, seguro que se le parece.

Subo las escaleras buscando sus ojos, y los encuentro allá por el penúltimo escalón. Son la mitad de los míos pero brillan el doble, aunque los pierdo de vista pronto porque el hola en esta casa se dice con un abrazo de los de apretar.

¡Muchas felicidades Michiko, que ganas tenía de verte y felicitarte!
Gracias, pero no me felicites, que me hago vieja, no es algo para celebrar. Celebramos que nos hemos juntado otra vez más, pero del cumpleaños no se habla hoy, ¿eh? -y se ríe, casi carcajea mientras sigue preparando algo entre una tortilla y lasagna.

Entonces empieza lo que nunca parece que vaya a acabar: hablamos y hablamos sin parar, de mi nuevo trabajo, de su nueva vida, de mi miedo al invierno, de su rutina, de todo a la vez, de nada por separado.

Ya nos hemos puesto al día cuando llega su madre del hospital, y me habla en japonés, despacio, sin prisa pero con convicción y yo la entiendo a medias, pero no le suelto la mano porque me recuerda a mi abuela, y yo quería mucho a mi abuela aunque no se acordase de mi. Me cuenta como está su marido, nos habla de las enfermeras que le han visitado hoy, y de repente se acuerda del día que fueron a Hakone juntos y vieron el Fuji hace ya más de cuarenta años, y se va para volver con fotos en blanco y negro tan antiguas como los surcos de su frente o el poso de sus palabras. Me cuenta lo que se acuerda de ese día hasta que se cansa y con disculpas y reverencias se va a su habitación, la única que queda con tatami en la casa, digo yo que a dormir un poco la edad.

Entonces le doy la caja con los regalos a Michiko, pero no los abre, nunca los abre si estoy delante. Me da las gracias, y la deja encima del sofá, después seguimos desgranando las horas pasadas durante horas hasta que vuelve su madre y llega su hija, y todos juntos nos vamos al restaurante de yakiniku de al lado de la estación.

Arropado.

Menos solo.

Así está la cosa por dentro.

Cuando llega la hora de pagar, saco la cartera, no por invitar sino por pagar mi parte, pero su madre se enfada un poco pretendiendo un mucho.

¿Has venido hasta aquí y todavía quieres pagar?, no señor, esto lo pago yo en agradecimiento por poder verte
Si, déjala que pague, que tiene mucho dinero -bromea Michiko

Y a mi, que tengo los ojos a punto de desbordarse, sólo se me ocurre agachar la cabeza e imitar sus reverencias.

Y darle las gracias.

De corazón.

Con toda mi alma, que yo vine vendido.

Cuando camino de casa, el móvil encuentra cobertura en alguna estación, recibo un mensaje:

Me ha encantado volverte a ver, ojalá que podamos juntarnos aunque sea una vez al mes siempre. Muchas gracias por los regalos, los guardaré toda mi vida para acordarme siempre de ti. No te digo que te quiero porque ya lo sabes de sobra, pero por favor, cuídate mucho y sigue bien. Muchos besos.
Michiko

Y yo no acierto a escribir siquiera un arigato en todo el trayecto porque no soy capaz de dejar de llorar.

Halloween 2010

Creo que el sábado pasado fue la primera vez en mi vida que celebré yo el Halloween este, y mira que por aquí tiene bastante fama que una semana antes ya está todo lleno de calabazacas sonrisudas y fantasmicos. Pero Alain, que se las sabe todas, ya empezó a remover el asunto un mes antes: que hay que espabilar, que hay que buscar un disfraz guapo, que cuanto antes mejor, que se alquila un bar y nos cascamos una fiesta en donde la Buya dice Shi…

El caso es que venía un tifón a Tokyo que tenía a todo el mundo acojonao, pero ná, eso era txirimiri de entrehoras de los nuestros, aunque yo para ahorrarme subir unas escaleras salté una valla en Harajuku y me pegué una ostia como un nikuman con el paraguas. Pero en fin, eso es otra historia a lo Steve Urkel que no ha lugar ahora mismo. A lo que íbamos: que nos juntamos en casa de Sara para disfrazarnos de vampiricos, y ojo que teníamos un kit acojonante: lentillas de colores y colmillos que se hacen a medida, como la protección de los piños de Karate, que les echas agua caliente.

Yo no me había puesto una lentilla en mi vida, menuda llorera… tardé un cuarto de hora en ponerme una y dejé pasar un rato hasta la otra…

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¡¡Anda que no molaron las lentillas!!
:gustico:

Después tiramos pa’l Hachiko, o Jashiiiiii como dice el Pretty Womon, donde habíamos quedado con el resto de gente…

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httpvh://www.youtube.com/watch?v=wh113heQhlA

Y ya para la fiestica donde teníamos barra libre por tres horas o algo así, yo me acuerdo de estar haciendo el chorralaire todo el rato ahí con la colmillada, que bien me lo pasé, madre mía, fue bonito ser un no-muerto-si-borracho!!!

Y luego pues al Camelotto que si ibas disfrazado entrabas gratis, yo ahí aguanté poco, a mitad de la noche no podía con mi alma ya. Digo yo que entre volver a madrugar para ir a la oficina y la clase de Karate de esa mañana me pasaron factura, bueno, eso y que estoy viejuno ya!!! agüelooooo, eso si, el momento entrar en el taxi vestido de vampiro con los ojos rojos y decirle todo serio la dirección, o el camino andando a casa envuelto en la capa porque hacía biruji no tiene precio, lo que daría por verme ahora mismo desde arriba!! jajaja

¡En plan hermandad!
:gambiters:



Trabajo

La historia es larga aunque la verdad es que no ha sido tan difícil como pintaba… menudo jaleo de búsqueda de ofertas, entrevistas, recruiters, trajes y gaitas moras. He acabado hasta los mismísimos colganderos. Por lo menos me he coscado de lo que se pide ahora mismo en temas de tecnología en Tokyo, de lo que se valora más, de como está un poco el mercado para los informáticos de la fauna del lugar, si supiese hace un par de meses lo que sé ahora no habría perdido el tiempo en según que cosas. A ver si lo cuento en condiciones por si pudiera ayudarle a alguien.

Tampoco tengo muy claro que quiero contar aquí, de un tiempo a esta parte me da un poco de miedo poner según que cosas en el blog porque aunque posteo menos que nunca, me llegan mensajes y veo movidas por ahí que Buda tirita. No sé si dan más miedo los que me perdonan la vida siete veces al día o los que me ponen en un altar pretendiendo que yo soy lo que ni de lejos soy en realidad…

Bueno, si diré que han cambiado mucho las cosas, que aunque sólo llevo desde el lunes parece que he ido a la oficina toda mi vida ya. Atrás quedaron los días esos en los que uno era esclavo de ese tiempo que sólo es libre en apariencia. Estamos contentos, sienta bien tener una rutina que exija cumplir ciertas normas sociales… vamos, que ya no parezco el Yeti de resaca: voy bien preparadito por las mañanas y en unos cuarenta minutos desde que salgo por la puerta de casa, estoy ya sentado en el ordenador de la oficina. Me han puesto clases de japonés, me pagan desplazamientos, no tengo que llevar traje, tenemos café, té y snacks gratis, y lo que más me gusta es que el trabajo está siendo empollarme la versión 3 del Google Maps API haciendo un prototipo para enseñar a un cliente, vamos que vuelan las horas delante del ordenador como hacía tiempo que no lo hacían.

Quitando a un par de figuras, la gente es maja. Somos unas cincuenta personas, de las que sólo diez somos extranjeros y eso mola. Las condiciones tienen muy buena pinta, el visado ya no es un problema… la inseguridad con la que he vivido el último año de repente se ha evaporado y se nota muchísimo en el ánimo, no pensaba que tanto. La idea de que quizás tendría que volver me llevaba rondando bastante tiempo y todavía tengo muchas cosas que quiero hacer por aquí. Ahora estoy mas desahogado, soy más yo mismo, disfruto más de las cosas por no tener esa capa de incertidumbre rondándome la nuca. Si algo malo he de decir, será que el horario no me cuadra porque no me da tiempo a ir a Karate. No se meten horas, pero se entra tarde y se sale tarde, prefiero mil veces madrugar y salir antes que perder el tiempo durmiendo un par de horas más. Pero bueno, todo se andará, hay clases de Karate a primera hora de la mañana y luego están los sábados. Vamos, que las prioridades siguen sin haber cambiado: Karate/Capoeira y luego el trabajo que me permita seguir con ello, nunca al revés, sea en Google o en un McDonalds.

Hablando de prioridades… cuando vienen mal dadas, que tampoco han sido tan terribles ni mucho menos, uno se da cuenta de golpe de los que importan. Hay un campo ahí delante de gente conocida, amistades viejas y nuevas, familiares, personas de tu entorno tanto físico como, digamos, virtual. Y de repente florecen tres o cuatro, no más. Uno se da cuenta de quien se da cuenta de uno de verdad, y esos son los que cuentan. No los que de repente son el triple de amigos cuando se enteran de mi affair con Google Japan, quedo en no se qué puesto de no se qué concurso o me han visto con no sé quien no sé donde… que cosa más triste, por el amor de Dios. Es de sentido común: me quedo con las llamadas muchas veces perdidas por mi culpa y con los mensajes de sólo-que-tal-estás, que uno no tiene edad ya para apariencias ni hipocresías de gente triste que no sabe que lo es.

En fin, es tiempo de reflexión, de que llegue el fin de semana, pararse y darse la vuelta para mirar a ésta primera semana de la nueva vida que me estoy probando y ver cómo me queda. Tiempo de ser más amigo de mis amigos, de pensar en lo que está por venir y planear en consecuencia: la competición de Karate, más Capoeira, más Parkour, más japonés, más fotografía, más viajes…

La cosa está clara: es tiempo de seguir amortizando cada latido sin hipotecar ni una sola respiración.

Un domingo de Parkour

Fresquete, pelete, biruji al mediodía de un domingo gris. Los tres mosqueteros y la reina del lugar, que también se ha animado, esperan en el punto señalado. Se ve a chavalería estirando, ¿nos acercamos?, ¿nos dejarán ir con ellos?, para cuando el Lorco y yo nos lo tenemos ya medio decidido, el Chiqui ya está parlamentando con ellos, no se sabe muy bien si les está engatusando dándoles tabaco o es que han sucumbido a sus dotes sociales amigueras, no es la primera vez del día que le vemos con nuevas amistades hechas esa mañana. Mucho que aprender de Albacete todavía, mucho.

Un profesor con pintas de estar pasándoselo igual que mi nevera de casa toma el timón: estiramientos, un poco de trote para acá y para allá, ejercicios de calentamiento… todo sin reírse ni una sola vez, porque ya lo hizo allá por el 72 cuando le salió aquella llaga y ya no puede quitársela de la cabeza que todavía tiene pesadillas con el Oraldine.

El resto: chavalería del instituto, la mayoría flacos como ellos solos que lo mismo te saltan una barandilla que te dan una voltereta para atrás. Un par de extranjeros más con los que poco tardamos en llevarnos bien por la cosa del envoltorio, y gente medio loca pero sana. Majísima, si quitamos al amargado que hace de profe, ¿quién habrá puesto a este tío aquí?. Ahora que el percal lo calamos pronto: hacemos lo que nos cuenta el caraflautas, y después nos adosamos a uno que sepa y que tenga más gracia y le damos la chapa hasta que nos explique las cosas. El método, que bautizaré como «tenemos el culo pelao de amargaos» funciona, y ya nos ponemos a hacer historias por nuestra cuenta a costa de los que saben y no les sale una úlcera por reírse.

Cambiamos de sitio un par de veces y acabamos en unas barandillas, la peña se sube y anda por encima de ellas, salta de unas a otras, van corriendo contra un muro, lo pisan y dan la voltereta para atrás como quien se rasca el ombligo. Hasta hubo uno que fue capaz de subir una pared de más de dos metros corriendo desde abajo.

¿Nosotros? pues no nos cortamos un pelo tampoco y algo ya hicimos también. ¿Las agujetas?, las peores de mi vida.

Pero ¿y lo bien que nos lo pasamos? ¿eso no cuenta, o qué?, yo no sé mis dos escuderos y la doncella, pero deseando estoy volver!

httpvh://www.youtube.com/watch?v=Nxi5CWeqKz4

:gustico:

PD: Que ganas tenía de estar en una oficina normal, con mi horario normal, compañeros no inanimados, vida social… buff, ya os contaré, ya…

Marcho, que tengo Parkour!

Primero, y como objetivo y motivo fundamental de venir aquí, marchaba porque tenía Karate. Después la cosa se complementó yéndome porque había quedao con la profesora de la ceremonia del té, luego seguimos con esto de ocupar el tiempo y nos pusimos con el Yosakoi. Para acabar de liarla parda, empezamos a dar volteretas en Capoeira, y ahora… pues ahora marcho que tengo Parkour.

¿Que qué es Parkour?, pues es esa gente que se lía a pegar saltos por la ciudad subiéndose a todo haciendo mil volteretas y cabriolas para esquivar los «obstáculos urbanos». Después de poner el vídeo de Capoeira, más de uno me sugirió que lo hiciese, me dio por buscar en internet y resulta que hay un grupo en Tokyo que te enseñan por la patilla!!. Así que este domingo me voy a Parkour con el LorcoNinja y el Chiqui que también se han animado. Veremos si volvemos con todos los huesos del derecho.

Un vídeo de estos señores, no veo el momento de empezar:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=58Jljo1TTXg&feature=player_embedded

Ala pues, que tengan ustedes un maravilloso fin de semana, el mío viene chato…

PD: ¡Tengo currelo!, buff, currelo y mucho más… ya os contaré, ya…

Se abre el telón

Yo no tenía estas ojeras antes… ni esto que está entre un lunar y una mancha que me ha salido debajo del ojo derecho, como si fuese una lágrima negra que llorase el alma por añorar la juventud.

Pero me siento bien. Ahora que casi siempre me siento bien, tampoco viene de nuevas, es como si hubiese aprendido a que de de verdad igual lo que se sabe que da igual.

… por la ciudad camino, no preguntéis a donde, busco, acaso, un encuentro que me ilumine el día y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden…

Con Sabina sonando en el cada vez más maltrecho iPhone que se desgañita por hacerse oir entre grifos y duchas, me vuelvo a mirar al espejo con la cara medio blanca esta vez, y cuchilla cual goma de borrar en mano, elimino todo rastro de sombra de la faz del de enfrente. La máquina de afeitar parece un quitanieves abriendo la autopista entre la oreja y la barbilla, tomando ahora el desvío al sur que lleva a la nuez, desbloqueando la rotonda que bordea los labios…

I have climbed the highest mountains, I have run through the fields, only to be with you… only to be with you…

Toca traje. Toca volver a coger tarjetas de visita con las dos manos, pintan reverencias de corbatas colgando. La cosa va de que se abra el telón y a uno le de por decir cosas en idiomas de otros, de repetir la historia de uno maquillando esto o lo otro según quien haga de público. Que presuntuoso, que prepotente es pretender que es posible que se llegue siquiera a intuir a una persona con apenas una hora de compartir oxígeno.

Besos, ternura, ¡que derroche de amor!, ¡cuanta locura!

Una señora con un carrito me habla mientras voy camino de la estación. Me suena su cara, creo que no es la primera vez que la veo por el barrio. Me quito los auriculares y digo adios a Ana Belén por un rato, y trato de entender a esta personita con la cara llena de arrugas que me habla, risueña, sin darse quizás cuenta de que vengo de lejos. Y que mas dará si ahora estamos aquí los dos.

Buenos días, mira, tengo aquí a Pichan, es muy pequeñito, lo estoy cuidando -creo entender en el idioma de las abuelas, ese que se habla despacito, haciéndose querer, como si todos fuésemos nietos por decreto.
Buenos días -contesto con mi mayor sonrisa que no le llega ni a la mitad a la suya- ¿Pichan? ¿es un perro?
Mira mira -dice, y por la manera de decirlo intuyo a la niña de la que viene esta mujer- es Pichan, lo encontré ayer en el suelo y no puede casi moverse.

Retira la manta del carrito y unos ojos casi sin abrir me miran desde allí dentro. Es un pájaro, un bebé recién nacido que sólo sabe volar lo que duran los saltitos que logra dar, como si todavía nadie le hubiese enseñado que si mueve las alas entremedias, no hace falta volver a caer tan pronto. Alargo la mano para tocarle, porque dan ganas de hacerlo, pero la niña se vuelve anciana de repente y se hace respetar de nuevo poniendo la manta entre mi mano y Pichan.

Lo estoy cuidando yo -repite, muy seria esta vez, y sigue andando dando por terminada la conversación con una reverencia.

Sigo mi camino pero no igual, el corazón pesa menos, se ha reblandecido, está un poquito más tierno y aunque Ana Belén hace tiempo que se fué, Robe me hace compañía el rato que queda entre Pichan y la estación.

Quedamos cerca del suelo, a la altura de tu cintura… quedamos cerca del suelo, donde se refleje la luna…

Repaso mentalmente lo que está por venir y me descubro pensando en inglés. Preparo las coplas que voy a cantar aunque la mayoría serán verdades a cachos, mentiras con que regalar los oídos de los que se pondrán delante que oirán lo que más o menos esperan que diga. El tren es mi camerino, y en un rato se subirá el telón. No hay pánico escénico, de momento.

You only get one shot, do not miss your chance to blow, this opportunity comes once in a lifetime…

Sigo instrucciones. Salida este, Starbucks a la derecha, Family Mart a la izquierda, recto un par de bloques. Una chica me sonríe y sus hoyuelos me agujerean el corazón ese que ya venía a punto de nieve desde hace un rato, le devuelvo la sonrisa sin hoyuelos, con ojeras, pero con gratitud. A tus pies, preciosa.

Como siempre que se cambian los papeles, voy a quedarme dormido en tu cintura…

Acaba el primer acto, no ha pintado demasiado bien… un público difícil tenemos este lunes, bueno, perder tampoco hemos perdido nada, es más, de no haber madrugado no habríamos conocido a Pichan, ni a la chica de los hoyuelos. Es lo que importa, lo demás sólo da igual. Es así como he reaprendido a vivir de un tiempo a esta parte, flotando de la mitad del vaso para arriba, que por debajo no hay aire.

Que dulce era hablar si te hacía sonreír, sentados en cualquier bar… tuve que marchar porque soy un músico loco…

En algo parecido a una cafetería me hago fuerte. Bueno en realidad no soy yo del todo, sólo una copia venida a más a base de traje y zapatos. Así que pongamos que esta versión seria del que no soy es el que se sienta en una mesa y le arranca una sonrisa a la chica del mostrador al señalar el plato de pasta diciendo «kore» pretendiendo ser todavía más extranjero de lo que ya se siente. Saco el ordenador, creo que es la primera vez que lo saco de casa desde que lo compré, y abro el entorno de programación…

Pero no lo toco porque tengo el alma tocada. Yo lo que necesito es desahogarme, achicar sentimientos, endurecer de nuevo el corazón para afrontar el siguiente acto un poco más entero. Y así vuelvo a empezar, mientras borro líneas, escribo párrafos y me seco las lágrimas en la manga del traje de Zara que me traje de Bilbao. El nudo de la garganta bloquea el arigato que le quería dar a la camarera cuando me rellena el vaso de agua, y mientras carraspeo para el siguiente me doy cuenta que más vale que me vaya acercando a la estación, que la comedia está por volver a empezar y el protagonista sigue sin llegar.

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Ikuteletrabajo

Amigos, amigas, chatos todos, hoy vengo aquí a hablaros sobre el teletrabajo, palabra soñada por muchos y ansiada por otros, quimera casi imposible de conseguir, la tierra prometida del informático, la grandísima mierda pinchada en un palo que me ha estado dando por el saco más de medio año.

He de reconocer que empecé esta nueva aventura pletórico de ilusión, motivado hasta las trancas, deseando decirle adios al despertador y al sieso carapán del acomplejado medio pirao de mi antiguo jefe que lo mismo ni te miraba a la cara durante dos semanas que te traía un regalo al día siguiente. Estaba hasta los huevos del aire acondicionado de la oficina que ni un sólo día acondicionó en condiciones, de ver la luz del sol un ratito sólo por las mañanas, de tener que hacer cola para expeler los tés que tengo a bien tomarme porque sólo había un baño para quince personas.

¡¡¡¡ Ay Toscanito, no sabías de que te quejabas,
pero es que no tenías ni puta idea !!!!

Peleé por no convertirme en un ermitaño, todos los días pasaba religiosamente por la ducha y ponía a la Gilette a currelar antes de sentarme delante del ordenador. Me preparaba casi casi como si fuese a la oficina: desayunaba temprano y cumplía mi horario a rajatabla. Por cierto, ¿de donde coño vendrá la expresión esta de cumplir a rajatabla?, ¿había un rascayú que rajaba las tablas más puntual que nadie?, ¿y pa qué tamagos vale una tabla rajada?.

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Bueno, total, que era como estar en una oficina pero sin jefes ni chorradas del estilo de por medio: estaba yo y un trabajo por hacer, y sólo tenía que sentarme y tenerlo hecho para el viernes que es cuando toca actualizar el servidor y mandar un email contando lo que mis dedos han tenido a bien teclear durante la semana.

Bien, pinta bien: no gasto dinero en trenes, cumplo mis horas y al acabar me piro a Capoeira o a Karate en bici sin tener que andar pensando si al resto de los de la oficina les importa o no que me pire yo antes. Esto se sostiene algunas semanas y parece funcionar, te sientes afortunado cuando ves entrajetados pasando por la calle a través de la ventana, estás como un nivel por encima de la masa aborregada, has hecho la de Darwin y ellos no, eres el puto amo de tu vida.

Si si puto amo…

Se empiezan a dar momentos raros… la cosa empieza a fallar… se perturba la fuerza y ya a veces te entra pereza y pasa como cuando tienes exámenes en la universidad: que haces de todo menos estudiar. Yo tengo hasta las legumbres ordenadas alfabéticamente en la cocina ya: Alubias, Arroz, Lentejas… de izquierda a derecha y de grano grande a pequeño (ya sé que el arroz es un cereal, Jordis Hurtados!!), hasta plancho los calzoncillos, no os digo más, que anda que no da gustico ponérselos cuando están todavía calenticos.

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De repente empiezas a darte cuenta, de alguna manera, que tus obligaciones están un poco diluidas, que no pasa nada porque un día te pires a ver un matsuri a Asakusa porque ya recuperarás el tiempo a la noche, que te vas a sacar fotos con el día que hace… y así, como si nada, una mañana te descubres a ti mismo levantándote a las doce de la mañana todos los días porque te has acostumbrado a hacer el trabajo hasta las tantas por las noches y ya no hay Dios que te haga dormirte antes de las dos. Eres Bill Compton, cara palo incluida pero sin la Sookie (gracias a Dios!!).

Te conviertes en una ojera con cuerpo debajo, te sientes cansado, somnoliento todo el puto día. Como te levantas tarde, incluso aunque al final del día hayas trabajado más horas de las que harías en una oficina, te sientes mal, tienes la sensación de no estar cumpliendo tus responsabilidades. El mismo ordenador que antes tenía la misión principal de entretenerte y servirte para hacer tus cosas, ahora es el que casi te grita que deberías estar trabajando, que cierres el Facebook, que dejes de procesar fotos, que te olvides de editar vídeos… prácticamente olvídate de lo que hacías en tu tiempo libre, porque ya no se sabe lo que es tiempo libre y lo que no, apenas eres consciente de que llueve o hace sol porque lo mismo da que da lo mismo.

Y mucho ojo, que esto es Tokyo. En términos teletrabajiles significa que tu ecosistema es una misma habitación que ahora resulta que es una oficina con futón. Eres un hikikomori como la copa de un sakura: duermes, te vistes, desayunas, trabajas, comes y te cortas las uñas de los pies entre las mismas putas cuatro paredes. El mismo puto sitio, todo el puto rato, estando solo… día tras día, semana tras semana, mes tras mes… Las cortinas son el equivalente al coco del Robison Crusoe, no les he pintado ojos por no tener que lavarlas después, pero yo creo que les hablo más, ¡menudas discusiones tenemos sobre el final de Inception!, cuando suena el móvil te asustas y te abrazas las rodillas balanceándote contra la pared deseando que se calle… la vez aquella que me descubrí poniéndome caras a mi mismo delante del espejo y riéndome, ya decidí que iba siendo hora de actualizar el curriculum y salir de este pozo antes de acabar tarao del todo.

Un día te da por pararte y mirarte con calma y resulta que eres un ser del que cuesta creer que tuviese piel debajo de semejante mata de pelambrera, tu cara es el culo de un koala, que hay que apartar la maleza para encontrarse la boca y meter elementos ingeribles dentro, en la lavadora sólo entran los dos pantalones de pijama y las camisetas de propaganda del súper de mi barrio, porque es tu uniforme de trabajo. En Karate y en Capoeira me llevan viendo con el mismo pantalón de chandal desde Junio, chandal que hace maratón de horas porque cuando conviene también es pijama y últimamente acojona darse cuenta que conviene mucho… hasta la chica del combini yo creo que está haciendo una colecta con sus compañeras para comprarme champú y un peine antes de que vengan los de sanidad a despiojarme…

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Pero lo peor de todo es la conciencia.

Menuda hijadeputa es la conciencia, que parece que le das esquinazo, pero no. Esta ahí… te habla… te susurra…. te putea la vida dándote martillazos en la sien a nada que te pones a hacer algo mínimamente personal, que te cuesta más levantarte e irte a Karate que si estuvieses rodeado de compañeros ponecaras en la oficina, que cuando vuelves de entrenar hecho polvo, los remordimientos todavía te empujan a sacar adelante dos o tres cosas más antes de dormir porque has estado perdiendo el tiempo viviendo un par de horas de la vida en vez de trabajar.

Parece que, por fin, he dado con un trabajo que me saque de esta tortura autoimpuesta, de esta muerte social, de esta mierda tan gorda en la que me metí antes de verano. Me costará tiempo recuperarme, puede que hasta que no tire las cortinas y me compre otras que no hablen no volveré a ser el que era antes, pero es un inicio.

Si me dais un poco de tiempo, seguramente seré capaz de volver a hablarle a la gente y dejar de hacer ruidos con la garganta. De mientras, tened un poco de paciencia conmigo e ignorarme si veis que me pongo a llorar y al minuto después estoy descojonándome dando palmas.

Es parte del proceso. Todo se andará.

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Por cierto, ya que estamos ahí sin pretenderlo, si veis que eso, votadme en el bitácoras a ver si me dan el premio ese y se me arregla un poco más el mes… aquí Flapy cuenta como se vota, digo yo que será lo mismo pero cambiando japoneando por el ikublog, y blog de viajes por personal en ataque… Pero vamos, tampoco os herniéis mucho, si os cuadra bien, y si no también.

Voy a ver si compila esto que llevo entre manos desde el martes… rezad por mi alma para que deje de ponerles nombre a los calcetines.

La Cotova

Mail de Bea del otro día:

Impresionante!

Mira!

Estoy ayer tomando unos potes en el casco viejo y de repente veo un tío que se mete a un bar con la cami de kotoba, pero no la nuestra, es decir no estaba impresa en nuestra cami con el borde blanco, pero eran las letras nuestras haciendo un circulo, solo que le faltaba el circulo.

Me quede tan flipada que dije, no puede ser, somos ya famosos y nos copian! somos como Loreak Mendian que los de Guru les choraron la flor!

Así que entre al bar, les dije a los que estaban conmigo, si tardo venis a buscarme que era un tío tocho e igual me parte la cara. Entro y le pregunto a ver donde la ha comprado y me dice que en el mercadillo de Madrid pero ya hace 2 3 o 4 años.

Vamos que nos copian, porque la nuestra tiene más tiempo.

Y la impresión es mala, esta también estropeada eh? pero la cami es negra y las letras son un poco más grandes, pero son nuestros hiraganas, me dice el tío que es profe de japones, me dice entiendes lo que pone y le digo, joder que ese diseño lo he hecho yo!!!!

Se queda flipado, nada hablamos un poco le digo que hacemos camis y le dejo la dirección de la web, así que igual nos dice algo algún día de estos…

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Tiene huevos el asunto… aunque tengo que reconocer que me ha hecho hasta ilusión y todo… pero bueno, da cosica que a la vez que uno compra pimientos se lleve también una cami nuestra plagiada, no, eso no hombre, maaaal, maaaaal.

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Comprádnoslas a nosotros y de paso os lleváis…

¡ Un peazo kitkat de té verde
estilo chocolatinaca única pero gorda!
:cocinicas: :gustico:

Eso si, hay que andar rápido porque a Bea le quedan sólo 5 de los que le mandé desde los Tokyos, y ella no me acaba de garantizar que me los va a respetar mucho tiempo…

Da igual que modelo de camiseta, mientras la pidáis por la web y no a la vez que compráis una cabeza de ajos y el nuevo de Shakira en el top manta!

:palizero:

Quedan
5
4
3
2
1

0
kitkases

Tatuaje

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Tengo un tatuaje. A veces me gusta mucho y a veces me gustaría no habérmelo hecho nunca. Es lo que tiene el a veces, que a veces.

De cualquier manera, es una marca llena de recuerdos, un hito en mi vida, algo así como apuntarse algo en la mano para que no se te olvide, solo que en la espalda, que no se borra con el sudor y que en vez de la lista de la compra, lo que no se me olvida son dos montañas de vivencias y una cordillera de sentimientos. A veces me encanta recordar unos y a veces no me gusta sentir otros, y al revés según haga tormenta o sol allá en las cumbres de ambos.

A veces…

Ese día fui con un amiga a un onsen nuevo que habían inaugurado a las afueras de Tokyo. Eran unos baños que tenían zona mixta, así que podríamos estar juntos en una especie de mini-piscina del centro lo que hacía el plan bastante atractivo. Siempre he pensado que es una pena que no haya más de estos, es una gozada ir a un onsen pero siempre toca separar los pitos de la maleza, y luego esperarse a la salida sin acabar de disfrutar el asunto del todo pensando en que igual nos están esperando ya. Vamos, que uno no pone los huevos a remojo con la tranquilidad que se merecen estos respetables atributos.

En fin, que nos fuimos a un onsen y quedamos en la piscina del medio. Yo me duché, me quité la roña hasta de los codos, y partí presto a la zona compartida donde vi que mi amiga estaba ya en proceso de arrugamiento dedil. Cuando iba más o menos con el agua por la zona cero, me viene una chica del local gritando cosas:

-Okyakusama, okyakusama! señor cliente, señor cliente!!

Hombre, yo soy un tipo atractivo que no deja indiferente a nadie, sobretodo cuando estoy en bolas y se hace más evidente mi parentesco con Alf, que llevo los calentadores de las piernas y el cojín ya puestos. Pero de ahí a que vengas corriendo hacia mí…

– Que mire, que lo siento mucho, pero que no puede usted estar aquí. Que tiene un tatuaje ahí como la copa de un momiji y están prohibidos.

– Huy, perdone usted, no lo sabía, pero si es muy pequeño que casi ni se ve, ni destiñe ni nada. Y yo como que de yakuza no doy el pego, ¿no?, tengo algún amigo borroka pero poco más…

– Ya, pero de verdad que lo siento, por favor vaya a la salida y le devolvemos el dinero. Si eso para la próxima vez se pone una gasa, o una tirita un poco grande que lo tape, y ya está.

– Hombre, pues ya que hemos venido hasta aquí, que nos pilla lejos, pues voy al primer combini que vea, me compro una, y vuelvo. Perdón, ¿eh?, que no lo sabía, ahora vuelvo!

– Pues es que hoy ya no puede volver… el problema es que el resto de clientes ya le han visto, así que hoy ya no se puede. El próximo día si lo trae tapado desde el principio, sin problema, señor.

Mucho he leido yo por ahí de las razones por las que no se permiten los tatuajes, y seguro que vosotros también, así que no me voy a poner aquí a hablar de lo que no sé. Quedó demostrado que es cuestión de imagen, no es por higiene, sino que se trata de no incomodar al resto de clientes. Me supo mal por mi amiga que se tuvo que salir también, aunque me supo requetebien el quintal de cervezas que nos bebimos después con el dinero que nos devolvieron en un restaurante cercano.

Ahora siempre llevo una tiritaca enorme metida en la bolsa en caso de hacer alguna excursión, para que si se da el plan onsen, pueda taparme la calcomanía y remojar los tamagos colganderos con el gustico que se merecen.

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Al salir me dice mi amiga algo así como:

-Hostia macho, lo que tu tienes ahí no es pelo, es una manifestación de gatos pidiendo whiskas!

Eso pensaba yo… que me tenga que tapar el tatuaje para no dar el cante con el calzoncillo de felpa Toscana de pata larga que traigo de serie…

Avanzamos, avanzamos

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Hace un par de fines de semana fue el evento de Capoeira del año: vinieron compañeros de Okinawa y tuvimos el lujo de contar con profesores muy distintos que nos enseñaron un montón de cosas durante tres días.

Yo fui el fotógrafo oficial y también me dediqué a grabar las clases dejando la cámara en un lugar estratégico todo el rato. Ayer viendo algunos vídeos me di cuenta que salgo dando botes, y me alegro de ver que he mejorado bastante en agilidad, aunque anda que no me queda nada!!!

Lo digo y lo repito: sin haber dejado Karate, me alegro una barbaridad de haber empezado Capoeira… se complementan ambos perfectamente, las técnicas rígidas de uno, con el movimiento y la agilidad del otro…

Aquí va un mini vídeo del menda dando botes, o como me dijeron en el blog de Alain «haciendo el chimpancé», jajaja, lo cierto es que el primer movimiento que se ve se llama «macaco», jaja.

httpvh://www.youtube.com/watch?v=xDWzfOVoVWI

¡¡ Buen fin de semana !!
:gambi: :gambi: :gambi:


La bonita canción del pedete

Últimamente me da por preguntar a amigos que me enseñen palabras raras en japonés. He aprendido a decir cojoncillos, moquera, cerilla orejera, pelotilla ombliguense… jajaja, mola mucho!!. El otro día me enseñaron cómo se decía pedo, que es «onara» por cierto, y me ha dado por ponerlo en youtube y va y me sale ahí una canción infantil que se titula algo así como «Entrenando para peerte», con su coreografía y toda la pesca… es chica la que me llevo riendo!!!!

httpvh://www.youtube.com/watch?v=E3ooduawmAs

DO-RE-MI-FA-PUPUPUUU dice!!! jajaja, Dios, sólo ha faltao que lo hiciesen en Nara con los ciervicos y dijesen que se tiran onaras en Nara, hacen eso y me matan ya! (Otia que idea, tito Fla, apunta!)

Aquí está el vídeo también de la chica que la canta cuando la grabó, que me descojono de lo feliz que parece, ahora que anda que no tiene mérito… yo del primer puuuuuu no paso, estaría llorando de risa ya!!!!

httpvh://www.youtube.com/watch?v=oE77XwEdMIw&feature=related

Jodo que post más regulero!!! tiene huevos, ponte un blog pa luego coger y enchufar cosas que hacen otros, jajaja!! ten cuidao no te vaya a dar un jamacuco de tanto esforzarte, ¿eh?, que a ver si le vas a dar a la neurona y te sube la fiebre o algo!!! jajaja, luego encima quéjate de que nadie comenta y échales la culpa por ser un soso moruno!!! si es que te obligan a cerrar el blog!!! hay que ver!!!! jajajaja, ahora ves y preséntate al bitacoras!!!

:regulero:

Mis horas

Son despertar cuando me avisan a malas los cuervos, un café con dos de legañas, la cara del que ya tiene pintas de señor con barba y bolsas en los ojos que me mira desde el espejo, una rebanada de pan de ayer que clausura el sueño hasta que mañana toque la de hoy con algún que otro cuenco de arroz de por medio.

Mis horas son un blog que se enfada conmigo por no poder atusarle, una cuenta de correo hasta los topes de letras puestas en el idioma de los Monty Pythons, un pajarito azul que habla pero siempre es breve, un concurso al que no me presento pero salgo, una corbata cuyo nudo queda justo debajo del nudo de mi garganta.

Son cervezas robadas a la rutina, llamadas perdidas de amigos que espero no perder, sueños con ojos abiertos de par en par y esperanza en vena, millones de quieros y decenas de no puedos hasta que alguien les de la vez para el especialista del corazón, emigrar entre estaciones peregrinando por pupilas ajenas, reflejos de charcos y aguaceros de anhelo.

Mis horas van de dar la mano a desconocidos y contarles mi vida a medida que me la van perdonando, justificar pulsos pasados, defender cada coma del papel ese que lleva la cuenta de lo que llevo haciendo de 8 a 6 desde que escapé un mes como el de hoy de la universidad, hablar al 80% pero sintiendo al 200%, esquivar tontos del culo, volar de la mano del reloj sin paracaídas de sensatez.

Son dormir la mitad y soñar el doble, darle patadas al mismo aire que cada vez más me cuesta respirar, dibujar futuros fingidos, mentirme sobre qué vendrá después, odiar conclusiones, llorar conjeturas aferrándome a ilusiones del iluso con entradas en el que me he convertido con toda la honra del mundo, un botón descosido y la cremallera de la esperanza casi rota.

Mis horas ya sólo valen su peso en minutos cuando te veo y me olvido de Google, visados y alquileres, entrecorto adrede la respiración y me guardo tus besos para que duren hasta mañana. Son esas en las que ojeo tus ojos de reojo cuando veo que no miras, manoseo obscenamente tu mano sin que lo sepas, avento alientos al viento para que airee tu pelo, choco contigo cada docena de pasos mientras aprendo a quererte, queriendo, como sin querer quererte todavía y me vuelvo a casa con la luna por cara hasta que se me empañan las arterias de recordarte.

Trabajo acumulado

Llueve.

El verano parecía haberse hecho fuerte ahí fuera y ya llevaba reinando más tiempo de lo debido. Aún así no se fue a su exilio sin pelear y nos dejó un último día de calor tropical a finales de septiembre. Poesía pura la del sol, ya me lo va demostrando unas cuantas veces este año.

Pero ya no. De un día para otro ya no es verano y es casi invierno. Hace frío, llueve y los pantalones cortos y camisetas tienen ya esa mirada entre miedo y resignación por saber que van a ser reemplazados por sus hermanos los mayores que se toman su trabajo en serio a base de pana y lana. A las baldas, fíjate, como que se las nota contentas por el cambio de inquilinos.

Eso si, nos iremos olvidando de ver minifaldas. Y hay quien dice que odia el verano, lo que tiene que escuchar uno.

Pues eso, que entre veranos tropicales y preinviernos, amanezco yo un sábado 25 de septiembre en el que la mayor sensación que me envuelve es la de tener que estar haciendo algo, que se me acumula el trabajo, que no me puedo permitir pararme a paladear respiraciones.

Que poco me gusta estar de esta manera. Con o sin sol.

Aunque no es así, es decir, tiempo tampoco tengo tan poco. Hay una absurda pegatina en mi pasaporte que se hace eco del no menos absurdo concepto del visado, la fecha de caducidad como ciudadano bienvenido y bien hallado, aunque de prestado, en país ajeno. Visados, pasaportes, fronteras, banderas… nunca entenderé sus significados más allá de preservar la propia identidad de uno mismo, ¿no es una sinrazón dibujarle líneas al planeta?.

En fin. Las cosas son así. Tendrá su lógica, aunque prefiero no saberla porque en mi mente de niño el mundo es de todos y las personas que nacemos en un sitio determinado tenemos la misión de cuidarlo y tenerlo bonito para cuando vengan a visitarnos personas que nacieron en otros lugares porque ellos están esperando a que nos pasemos por allí. Las aduanas y los pasaportes no son más que libros de visita para que alguien sepa que nos dimos un paseo una vez por aquellas tierras visitando a sus gentes.

Hace viento, pero no es el mismo del lunes, éste viene con mala baba a cortarme los labios en cuanto salga por la puerta, que lo sé yo.

Hoy cumplo 34 años y se me acumula el trabajo. Trato de terminar el proyecto actual mientras busco nuevas vidas entre oficinas y compañeros todavía sin cara. Me disfrazo de salary man recorriendo estaciones de metro, curriculum en mano, hasta llegar a mesas con personas delante que osan preguntar cosas sobre mi vida que casi tenía olvidadas en idiomas que nunca serán del todo míos. Es un duelo a muerte, porque esto es muy serio, así que suelto mini discursos ensayados delante del espejo en la soledad de mi habitación, y los encadeno para que parezcan espontáneos en el idioma alquilado para la ocasión.

Sin éxito, por el momento, pero no me desanimo, llevo poco tiempo intentándolo, apenas dos semanas y ya he hecho casi media docena de entrevistas. A este ritmo algo tiene que salir, seguro, es matemática pura.

Malditos cuervos, ni bajo la lluvia son capaces de callarse

Trabajo acumulado. Esa es la sensación. Coger el lego y construir, pieza a pieza, una rutina en la que haya estabilidad, que las facturas dejen de esperar su turno temerosas de ser olvidadas, que con cada nuevo paso esté más cerca de que en esta casa sean sólo los yogures los que tengan fecha de caducidad, que si se posponen planes sea por tener otros, que a parte de todos los besos que me quedan, te pueda regalar la luna pintada del color que tu me pidas.

34 años cumplidos en medio de una guerra. Yo disfrazado de entrajetado contra todos los entrajetados de Tokyo. La gano fijo, por mis huevos, por mucho invierno con el que contraataquen.

De mientras, a seguir forrado, que el dinero y demás pequeños trámites insípidos ya vendrán solos.

Tío Tosca: ¡felicidades! si es que todavía te caben más…

Okanemochi

Domingo, 19 de Septiembre de 2010. Iraila, kugatsu, septiembre… probablemente, el mes que más cosas increíbles me han pasado nunca. O no, no sé… igual es que se han juntado muchas seguidas y me lo parece, o puede que sea que desde que estoy sólo todo lo que hace contacto con la médula me da tres veces más calambre. Yo que sé…. si en realidad la mayoría de las veces no sé ni que tengo en la mollera, ponte a explicar esto.

El caso es que en Septiembre de 2010 mi hermano, el mediano que vive en Madrid, hace también los años, como cada año, y una semana después celebra su aniversario de boda, como no hace muchos.

También resulta que Google Japón ha respondido a mis emails y han accedido a concederme una entrevista de trabajo y que casi el mismo día fue el cumpleaños de la persona con la que resulta que en nada me he dado cuenta que no me importaría comparar legañas por las mañanas el resto de mi vida. Y encima, tócate los huevos si tienes y si no da palmas, es mi cumpleaños también.

Yo lo celebro, todo más bien, pero mi cumpleaños también. Celebro añadir un verano más a mi Curriculum, poder decir que la cana esta que me asoma encima de la oreja derecha me la he ganado a base de subir la guardia y que los inviernos me esperen en el recreo para aclarar cuentas a hostias. Ojo, que con los veranos nos llevamos bien, y llevaremos… por lo menos durante los 34 años que nos vamos conociendo la cosa ha ido bien.

Pero claro, estamos en Tokyo… este barrio de Bilbao que tan lejos queda de los míos: la señora María, la jefa, mi madre, cuyos «estás tonto tó, coño» todavía escucho cuando la conciencia sabe que lo que se hace no cumple el ISO Toscano de calidad, o aquél «ya te vale, titi» de Javi, mi hermano mayor que es el menor, y él sin saberlo… hoy y para siempre me doy cuenta que es la persona que más he querido y más querré en toda mi vida. Pongo los latidos de los dos últimos minutos y cientotreinta lágrimas por testigos.

Total, que no tengo un duro. A esto iba yo al empezar y me he puesto tonto a la mitad.

Gomen ne.

Sepan vuesas mercedes que he pasado el tercer fin de semana de Septiembre con dos mil yenes, que si echamos cuentas equivale a algo así como 18 Euros, tres mil pesetas de las de BUP. No es que no me haya gastado menos, sino que no tengo más.

Esta situación se venía venir desde lejos… me pagan en Euros, y si mi sueldo era del montón, con el yen por las nubes se queda todo en un chiste. También ando peleando contra el calendario en tema de visado y el casero, que es un tipo muy majo con cuatro pelos al que más bien se la plastifica todo lo relativo al mercado de divisas, tampoco es que me venga metiendo la carta del Jóker en el buzón en plan pasames.

Total, que no tengo un puto duro y estoy buscando trabajo para poder quedarme un poco más en el país en que las personas son iguales a nosotros pero con los ojos de otra manera y poco más que añadir.

Salgo nada y encima tengo que poner excusas a los colegas que rozan el límite de la honra y me suenan hipócritas aún siendo verdades como amaneceres, el 200% de lo que como me lo cocino yo, tengo las facturas apiladas y ordenadas por fechas para pagarlas el puto último día, y la gran mayoría de los planes que tenía están pospuestos hasta nueva orden económica.

Pero el caso es que no me siento mal, la situación no me engulle, sino que me es un 80% indiferente y un 20% aséptica. De repente, en Septiembre del 2010, me he dado cuenta que estoy en la mejor forma de mi vida, que, de una maldita vez por todas las intentadas, he encontrado a quien quiere contrarrestarme el invierno, que Google me dice que vaya a contarles lo que sé hacer porque lo mismo les cuadra, y a parte de Google otras cuantas más, que llevo viviendo en Tokyo casi cuatro años y, por fin, siento que sé que coño significa el aire este que se pasa de visita por el pulmón.

Son las once y media de la noche y me han sobrado 1.344 yenes. Pero, ¿sabéis qué?, pues que mañana he vuelto a quedar con la chica más guapa del mundo, y encima dice que quiere verme, que ojalá que pase pronto la noche.

Ahora mismo, no hay persona más rica que yo.

Y si la hay, me da igual. Porque seguro que no lo sabe y yo si.

Y ya, para ti el cambio.

Marimo

El otro día me trajeron un omiyage de Hokkaido. Omiyage, pa’l que no lo sepa, significa regalico que aquí es bastante típico comprar algo si vas a algún lado y regalarlo a los amigos. La que se hace siempre es comprar algo de comer y llevarlo a la oficina, lo que no deja de ser curioso porque por ejemplo los días de cumpleaños la peña no suele llevar nada. Bueno, esto lo digo yo que sólo he estado en una oficina en Japón, supongo que cada una será un mundo.

Total, que me lío y pierdo tres followers por párrafo y luego oye, como que meo desganao o algo.

El caso es que una amiga más maja que los yenes con agujero me regaló un envase de esos que tienen como papel albal ahí por fuera a lo termoaislante, y yo voy y lo abro y resulta que allí había un botecico con agua y dos bolondrios verdes medio flotando medio no…

Y me vino hasta con manual de instrucciones a lo Gizmo:

1- La temperatura del agua debe estar siempre por debajo de los 30 grados
2- Hay que cambiar el agua cada diez días
3- No se debe dejar que le de el sol de pleno
4- No meter en acuarios con peces y evitar que el agua contenga aceite o jabón

Yo por si acaso lo sigo a rajatabla no vaya a ser que se convierta aquello en un Critter y me arranque la pilila a dentellazos. Hablando del tema… ¿os acordáis de la mascota paquetuda? pues resulta que es un Marimo también!!

Menudo regalo original más bonico. Yo de vez en cuando las muevo un poco a ver si hacen algo, pero ná… y crecer yo diría que medio radián o así ya han crecido, cualquier día se me echan una novieta marima y me dejan aquí sólo, que la casa se me caerá encima. Hay que ver, toda la vida sacrificándome por ellos… pero claro, ley de vida, esto es así, que le vamos a hacer…

¡¡ En plan hermandad !!

 

Kawaii

Suenas a kawaii que das un mal rollo importante -va y me suelta la tía- y eso no puede ser

24 años de japonesa florida, 2 en Irlanda, 22 por los Tokyos con escapadas a Korea de picospardos, algunos meses rondando mi vera, como pasando, así, de pasada. Minifaldas de tortura, pantaloncitos con el bajo justo para albergar los bolsillos y desalbergar unas piernas que hacen arte del camino, escotes de exhibición, maquillaje de competición, morritos de comer helado sin manos, pestañas de kilómetro, ojos de denuncia.

Bendito verano.

Eso tiene que ser porque seguro que la mayoría de las veces que hablas en japonés lo haces con chicas y se te pega la forma de hablar, y pareces marica -desdeluego no se cortaba, no- pero no te preocupes que yo te arreglo eso si tu me enseñas algo de Español, por la cuenta que te trae.

Cobró sentido de repente la vez aquella que en Karate me preguntaron si era gay. Joder, había que hacer algo con mi japonés de chica de Shibuya pero ya, así no podíamos llegar nada lejos. Tiene huevos que me entere después de cuatro años… aquí, con mi prima la resalá de Ginza.

Pero claro, la tía se las sabía todas y dos más. De haber una boda, a ella mirarían todos cuando lo de que hable ahora. Todo lo que tenía de bajita lo tenía de irreverente, a lo extranjera maleducada pero en japonesa, y esa sinceridad, con tacones quieroynopuedo, me atormentaba la misma líbido que ella ponía en entredicho.

Vamos, que me ponía.

La madre que la fue a parir.

Uno, dos, tres, cuatro… -y ella lo repetía y se lo aprendía, así hasta que llegó a veinte pronunciando hasta las erres. No, si lista era un rato largo. De otras cualidades también entendía otro poco.

Su parte del trato pasó por quitarme, a base de descojonarse de mí, los nes y dayos de final de frase, me corrigió la entonación, me enseñó a dejar de ser kawaii porque…

lo que no puede ser es que seas mas kawaii que yo -después dijo algo que sonó a copón, y entre borderías y puñetazos, que me dejó el brazo morado, aprendí a dejar de parecer el Boris Izaguirre de Nishi Magome.

Nunca nos llegamos a liar. Bueno, no del todo, o sólo un poco, o no sé lo que sería prudente contar aquí… pero vamos, total, que la cosa no fue a más e inesperadamente nos convertimos en amigos de recámara, de esos que quedan de Pascuas a San Pedro cuando se tercia que la luna se ve muy sola estando solo.

El otro día fuimos a ver Inception. Yo hablé a lo macho cabrío de Hokkaido, bajé el tono todo lo que pude, aposta me dejé los dejes, esos que cuesta cuestas quitárselos, y cuando de repente salió un tren en medio de la película a toda hostia formando una escandalera en Dolby Surround o la madre que lo parió, yo me asusté.

– Maricón -me dijo en el más borde de los japoneses

– Mierda -pensé yo

Rezos en el Shojoshin-in

La mañana no se pudo esperar y le dio un golpe de estado a la noche interrumpiendo sueños de nivel uno. Busco la cámara de vídeo a modo de tótem y pasillo de madera y papel mediantes, llegamos a un altar donde dos monjes ya están cantando en sánscrito o algo. Extremeño seguro que no era.

Nosotros no entendíamos muy bien que estaba pasando, pero no perdíamos detalle por si acaso aquello no se volvía a vivir.

Curioso cuanto menos.

httpvh://www.youtube.com/watch?v=ITN1moinQz4

Después tocó el desayuno con los amigos comentando la jugada… decían que me viniese a vivir de monje aquí hasta que aprendiese a volar como ellos. Y es que dicen que de noche, cuando todos duermen, ellos siguen haciendo sus cosas pero sin pisar el suelo. Será por no armar ruido, digo yo. O será un sueño de nivel 2. Vete a saber.

Por si alguien se anima:
Templo Shojoshin-in, a una hora de Osaka. 9.600 yenes por persona con cena y desayuno vegetarianos y rezos a las seis de la mañana para todo el que quiera asistir. Uno de los monjes, al menos, habla inglés perfectamente y no aceptan tarjetas de crédito. Ah! y hay wifi, no se si será santa, pero es wifi.
Teléfono: 0736-56-2006

 

Koyasan

Koyasan

Aquí, al igual que allí, hay planes de esos de «hay que hacerlos alguna vez». Yo lo compararía con la bajada del Sella, el camino de Santiago o la ruta del Cares. Son esos planes que hay que organizar con un poco más de cuidado cuadrándolos con algún fin de semana largo o días de vacaciones. Yo de los tres anteriores he hecho dos, me queda el camino de Santiago que lo haré fijo, hombreeeee que lo hago.

Bueno total, que aquí también los tenemos, y si subir al Fuji, más bien bajarlo, fue uno de los desafíos morales más grandes, la ruta del Koyasan nos dejó las piernas para Tudela. Pero ¡había que hacerlo alguna vez!

Era el cumpleaños de una amiga, que visto que el año pasado se subió también al Fuji, parece que le ha entrado la genial manía de celebrarlos lo más lejos de Tokyo posible. Y como le tenía echado el ojo al Koyasan, pues nos lo propuso y nos apuntamos sin dudarlo. El plan era coger un autobus nocturno cerca de la estación de Tokyo que nos iba a dejar en Osaka por la mañana. Yo creía que no iba a dormir nada, pero es que estos buses están preparados flipantemente para que vayas sobao todo el viaje: los asientos se reclinan muchísimo, tienen una especie de almohada pequeñica, una manta, y, ojo al asunto, tienen unas capuchas que te las bajas ahí y quedas aislado como si fueses en una silla de ruedas de bebé!!! De precio estamos hablando sobre unos 7000 yenes la ida y 5000 la vuelta, supongo que la diferencia es porque los viernes hay más demanda que los domingos que te presentas en los Tokyos el lunes por la mañana que hay que currelar.

El tinglao es que apagan las luces del todo y sólo paran un par de veces en áreas de servicio, aunque el bus tenía baño estilo al de los aviones que cuando le das al botón aquello parece que se va a formar un flashforward. Total, que nos quedamos dormidicos y una vez en Osaka tiramos para la estación Kudoyama, desde la que se empieza a andar hasta el templo Jison-Jin, que es donde el monje salao sin flequillo nos contó la verdadera historia, o no, del perro Hachikero en comparación con el Gonchan suyo.

Y desde ahí uno empieza a andar subiendo y bajando montañas por un camino marcado por 180 hitos de piedra hasta que se llega a Daimon después de 23.5 kilómetros. Es un camino muy bonito por el monte, pero muy cansado porque siempre estás o subiendo o bajando, rara vez es llano y eso es un rompepiernas importante. En una de esas que bajas del monte, paramos a comer en un restaurante donde hicimos acopio de ingeribles y bebiles, y después de un rato descansando, tiramos para el último monte. Esto fue un poco deja vu, porque íbamos a dormir en un templo y la cena la daban a las cinco y media, así que íbamos otra vez contrarreloj como cuando la subida al Fuji.

 

Peeeeero llegamos al templo sobre las seis de la tarde, y después de llevarnos a las habitaciones, nos acompañaron a la sala donde se cenaba, y pedazo de cena!!! todo ahí super sano y bonico:

Aunque lo mejor sin duda fue la sala que era espectacular con sus tatamis, anda que no dio juego ni ná… ojo a las fotos de Kirai:

Dentro del templo al final es como estar en un ryokan con su ofuro y todo, no sabes que es un templo hasta que no sales a la calle o si pasa un monje de vez en cuando con su calvica… pero hay que reconocer que el sitio era muy bonito.

Y luego al día siguiente tocaban rezos mañaneros, a las seis menos diez el monje gongero le daba palos a un gong ahí formando escandalera por todo el templo, y a las seis un par de monjes rezaban ahí durante algo así como media hora…

Después desayunaco del mismo pelo que la cena y ya nos fuimos a ver el cementerio. Es que ojo, que el intringulis de todo esto es que es la sede central de la secta Budista Shingon, que la fundó un señor que resulta que también inventó el hiragana y toda la pesca. El caso es que el lugar se ha declarado patrimonio de la humanidad, y es que no me extraña, es un sitio precioso, primero por que hay algo así como medio millón de tumbas estimadas en el medio de un bosque, y segundo porque el complejo de templos es flipante. Así que los adeptos de la secta esta hacen el peregrinaje que hicimos nosotros hasta llegar al cementerio, aunque a nosotros ni nos iba ni nos venía el asunto, que lo hicimos por la experiencia. Yo, cómo no, me perdí por ahí sacando fotos en el cementerio y me costó un rato largo volver a encontrarlos porque no había cobertura en el móvil… hombre miedico no dio porque había mucha gente, pero de noche ya habría echado unos sprints, ya!

Luego buscamos un sitio para comer y con la panza llena, nos dedicamos a visitar los templos cercanos. Sin llegar a ser un Nikko o un Kamakura, el lugar no desmerece en absoluto:

Y luego ya aprovechando que había tiempo antes del bus, pues nos acercamos a Osaka a dar una vueltica sin resaca:

En Osaka resulta que no estaba la gente gritando a lo loco por la calle, ni eran tan abiertos que nos venían a dar abrazos como dice la peña, pero hay que reconocer que la vidilla es de otra manera. Para empezar, por la zona por la que cenamos, los restaurantes están a la misma altura que la calle, y eso mola… no como Tokyo que para todo hay que salir de un ascensor.

En fin, otro pedazo de fin de semana a recordar de por vida: bus capuchino, caminata de morirse, dormimiento templil, cementeriaco, templerismo y de propina un paseo por Osaka…

….ah….

:gustico:

 

Natsu 夏 Verano

Horas extras de la nevera, termómetro hasta los topes, sed en la mirada, lastre en los andares.

Abolición de las mangas, sudar por decreto solar, querer con pereza, pensamientos al baño María, soledad de pantalón corto y chanclas. Nadie al otro lado de la wifi, vacaciones Santillana pero no Tokyo, muerte social, planchamiento horario, internet a medio fuelle, banda estrecha de capa caída.

Natsu 夏, verano, chicharras de gira 2010, kakigoris en regla, surcos en la camiseta, desodorantes sin jurisdicción, telarañas en la balda de los jerseys, sábanas pegajosas, besos que empalagan, vivir x 1.5, mosquitos de juerga con barra libre, cuerpos que resbalan, lagartijas que envidiar, cucarachas de kilo y medio.

Intimar con el sol, negar todo frío conocido, aire con condiciones pactadas, grifos sin agua fría, piel que anochece de día, cerveza de exterior, barba que pica, calcetines que agonizan, siestas transpiradas, tés que queman, flexiones de menos, pulsaciones de más, poros de par en par, flequillos con la permanente de gratis, codos que gotean, pelos omnipresentes que ahora sobran, hielos con corta esperanza de vida, ir y no llegar nunca.

Minifaldas XS que figuran mas que estar, escotes de kilowatios que yo los bendigo, piernas de kilómetro y medio, ojos que meten horas, mentes desbordando imaginación, roscas que nunca se come uno aunque cuente diez, soñar despierto a razón de tres enamoramientos por hora.

Fuegos de esos que vuelan y están hechos por el hombre, yukatas, kimonos, abanicos, yakitoris callejeros, esterillas azules con gente encima, asahis, sapporos, kirins, ebisus, cielos rojos, estrellas sobreexpuestas, viento tibio, horizontes con lipotimia, lunas venidas a más.

Tus cuatrocientos treinta y tres atsuis por hora, mi risa cosida y tonta, tus orejas enrojecidas, mi pelo menos negro y más marrón, tus ojos todavía más pequeños, nuestras manos escurriéndose por los dedos, tu llámame, mi te llamo.

Te conocí este verano y tu no lo sabes, pero hace tiempo que te estoy liando para que durante el otoño te decidas a compatir mi invierno, ese infame achaque traidor mío que me seguirá matando más cada año si no te aclaras a quedarte de una vez.

Fujivideo

El suelo era como las minas de las películas, pero al aire libre y sin vagonetas ni railes. Si hubo algún diamante, yo sólo vi su reflejo.

El cielo lo pintó un niño con ceras azul marino que extendió con las yemas de sus dedos hasta dividir cualquier tono original en miles de ellos en un orden que sólo tiene sentido en su cabecita. Diría que hasta usó la uña del dedo meñique a veces para que hubiese alguna estrella.

Las nubes eran un vestido de novia blanco y gris que la montaña se puso esa noche más arriba de lo normal para que se le viesen bien las piernas. Un vestido tan largo que se arrastraba hasta donde se mira y ya no se ve.

El sol era un ovillo de lana de color mentira que pendía de un hilo del que alguien tiraba hacia arriba a velocidad paciente hasta depositarlo en el regazo de la novia que lo retuvo sólo un instante para después lanzarlo lo más alto que pudo. Bien arriba ahora que hace calor y tiene el ánimo y la fuerza de mandarlo tan allá que todavía tarda más de una docena de horas en caer.

Y nosotros éramos tan pequeños…

pero tan pequeños…

httpvh://www.youtube.com/watch?v=kkRyRBZQpy0

El Hachiko ese

El fin de semana nos fuimos a hacer una ruta de peregrinaje para celebrar el cumpleaños de una amiga. Original si que fue la cosa, porque nos pillamos un bus y aparecimos en Osaka donde después de un par de trenes, nos liamos a andar más de veinte kilómetros entre montañas hasta llegar a un complejo de templos precioso. Esto ya irá con calma, ya…

Total, que la ruta empezaba en un templo, y allí había un monje muy majete que nos empezó a contar historias del lugar. Resulta que tenían una estatua de un perro, y nos empezó a hablar de él. Por lo visto, el perro éste acompañaba a los peregrinos veintipico kilómetros montaña arriba enseñándoles el camino y cuando llegaban a su destino, se volvía para atrás él sólo. No me cosqué de mucho más y aunque nos dijo el nombre, «Gonchan», no he sido capaz de encontrar la historia para contarla aquí en condiciones, seguramente el nombre lo pillé mal porque decía que había ido hasta la NHK a grabar y a interesarse por ello y tal.

Actualización: ya he encontrado la historia, efectivamente es como dijo el monje, sólo que nadie sabe muy bien de donde salió el perro, y que el dueño del templo en aquel entonces no quería saber nada de él. Pero con el paso del tiempo como vio que era de utilidad para los peregrinos que lo agradecían, pues le acabó pillando cariño y lo adoptó. Me acabo de dar cuenta de que Héctor también ha contado su versión en Kirai, jajaja, mola!

Lo gracioso del asunto fue que empezó a poner a parir «al Hachiko ese tan famoso que tiene películas» . Decía que la gente en realidad estaba hasta los huevos de que estuviese todo el día en Shibuya, porque dejaba los alrededores de la estación llenos de premios perrunos, que aquello olía muy mal, y que había gente que intentaba echar al perro de allí porque no había cristiano, budista ni shintoista converso que aguantase el tinglao que tenía montao. El señor era muy majo, y sin saber si fue verdad lo que hizo uno u otro can, estuvo graciosísimo que nos contase la historia del «suyo» en plan rivalidad comparándolo con el perro aquél tan famoso de los Tokyos que no tenía tanto mérito porque casi ni kilómetros se hacía, que el suyo si que era un héroe y que por lo menos sabía donde ir a hacer sus cosas sin molestar a nadie, «¡que a Shibuya no había quien se acercase!»