Lo he pasado muy mal en el hospital. Me ingresaron un día a las once de la mañana y hasta el mediodía siguiente no me operaron. Esta espera fue infernal y me dio por pensar un montón de cosas que no tenían demasiado sentido, pero ahí las escribo para que no se me olviden y poder reírme de ellas en un futuro próximo:
- ¿Y si viene un terremoto grande mientras me están operando?
- ¿Y si el cirujano abre y resulta que mi estructura ósea es diferente a la de los japoneses y no sabe cómo seguir?
- ¿Y si se equivoca y me opera la pierna izquierda en vez de la derecha?
- ¿Y si se deja unas tijeras o algo dentro después de cerrar?
- ¿Y si me despierto en mitad de la operación porque la dosis de anestesia necesaria para un occidental es distinta y no lo han tenido en cuenta?
- ¿Y si me queda una pierna más larga que la otra para siempre?
- ¿Y si no me despierto y estas son mis últimas horas de vida?
- ¿Y si sale todo mal y me quedo mucho peor de lo que estaba?
Pensaréis que no tienen ningún sentido, pero en esas horas previas sin mucho que hacer, parecían tan razonables, tan creíbles… sobretodo la del terremoto, que faltó poco para salir corriendo del hospital. Bueno, si hubiese podido correr, claro.
Hoy ya he andado un poco más por el pasillo con el bastón y no me ha dolido tanto, también he podido dormir muy bien. Vamos progresando.
Ains. Me río. Pero es normal.
La de veces que he pensado yo esas cosas
… el día que tengas una operación ocular, fliparás.
Lo digo por experiencia.