Viernes, 18 septiembre 2009

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¿Por qué ya no sueño? me pregunto mientras me incorporo desde el futón, ¿o quizás es que no me acuerdo?… como quiera que sea, es cierto que hace mucho que no recuerdo mis sueños, esos en los que aparecían capítulos de mi vida con personajes mezclados, que nunca se habían conocido entre ellos pero que interactuaban como si así fuese. Había sueños en los que mi madre hablaba con mi antiguo jefe y lo hacían en japonés, ella hasta con acento extremeño, y todo parecía normal.

Pero esta mañana parecía que hacía una eternidad desde el último. Sin ser bueno ni malo, sólo raro. No importaba demasiado, hoy es viernes y había quedado con Michiko y una chica que me quería presentar en Ikebukuro. Apenas sabía nada de esta historia, pero me dejé llevar hasta el punto de estar entusiasmado, tanto, que planché la camisa blanca de manga corta que tan bien creo que me queda antes de salir de casa.

Afeitado y con gomina pedaleé los cinco kilómetros que me separan de la oficina, pero hoy con calma para no sudar más de lo normal no vaya a ser que el olor del aftershave fuese anulado antes de tiempo. Cuatro, cinco, seis, nueve… cando la bici tratando de no olvidar la combinación y entro en la oficina. Saludo y de cinco personas me lo devuelven tres, no está mal, haremos una raya en la pared.

Michiko me pregunta si he leido el correo, le digo que no y entonces me cuenta que la chica no puede venir, que mañana tiene que madrugar y que mejor otro día con más calma. Miro la camisa semiarrugada y me río, le cuento lo de la plancha matutina y nos reímos juntos, después le pregunto si tiene algo que hacer, que ya me había hecho a la idea de no irme a casa después del trabajo. Me dice que si no me importa ir con ella, que encantada, le digo lo mismo, nos volvemos a reír. Nadie nos entiende porque hablamos en castellano, y con esa complicidad implícita frente al resto quedamos a las seís y media cerca de la estación de Meguro.

Llego tarde, como un cuarto de hora porque mi ordenador no va todo lo rápido que yo creía, o porque me propongo hacer más cosas de las que debería, no sabría decir. Pero llego, le pido perdón y ella le quita importancia riéndose como siempre y preguntándome por temas de trabajo. Pienso en que el mundo sería maravilloso si todo el mundo fuese como ella.

Llegamos al izakaya y nos sentamos, pedimos dos cervezas y entonces nos falta tiempo para hablar. Ponemos un poco a parir a los demás de la oficina, no demasiado, a cada cual lo que le toca como harán ellos con nosotros. Y van llegando platos, y se van vaciando las jarras y llegan otras relajando la vergüenza y relativizando el respeto.

  • ¿Te acuerdas del día que llegué? yo estaba muy cansado y me moría de sueño

  • ¡Si me acuerdo! te abrí la puerta y llevabas una playera roja con un muñeco en la espalda, y dos maletas enormes, y mientras esperabas al jefe dabas cabezadas en la mesa del sueño que tenías. Ese día no te dije nada, pero parecía que habías llorado mucho

  • Fíjate, tenía tanto miedo que el chico que había a mi lado en el avión tenía que estar asustado . Pero imagínate, dejaba atrás mi vida anterior para empezar desde cero una nueva. Ya había estado en Tokyo una vez, como sabes, pero fué acompañado. Ese día llegué sólo y no tenía ni idea de nada de lo que iba a pasar.

– ¡Qué me vas a contar que me tiré diez años en México!. Me acuerdo que Eric te acompañó al hotel al que ibas, ¿te acuerdas de Eric? ¡mira que era raro el francés!

Alguien grita al lado, es una chica que está borracha. Michiko la mira fijamente, se la nota molesta

– ¿Por qué tiene que hablar así?

  • ¿A gritos? pues estará borracha, no le hagas caso
  • No es sólo eso, dice palabras muy feas, como si fuese un hombre, ¡pendeja!

Su acento mexicano me suena bonito, casi poético. Alguien nos interrumpe, una chica vestida con escasa ropa de cuero blanco nos pregunta si fumamos, le contestamos que no y se va disculpándose por habernos interrumpido. La miro irse y me arrepiento de no fumar. Michiko me ve:

– ¿Le decimos que vuelva?

  • Es que vaya vestidito que me traía… ¡si hace falta fumar se fuma!

La miro reirse y cómo se le acentúan las arrugas alrededor de los ojos que se le empequeñecen aún más. Con alguna jarra más de cerveza, llega su turno y no sé cómo la conversación empieza a girar en torno a su vida en México. Diez años, algunos atracos, un terremoto y mucho corazón.

– Voy a volver el año que viene, aunque mi madre se enfadará -al decir ésto, sus manos hacen el gesto de poner cuernos, creo entender que es la manera de gesticular el enfado- porque dejaré a mi padre sólo, pero quiero ir aunque sean dos semanas

– Claro que si, dos semanas no van a ningún lado y te lo mereces
-me pregunto si estaré hablando más de lo que debería- desde que tu padre está en el hospital no haces otra cosa que estar pendiente de ellos, no creo que pase nada porque vuelvas y así te olvidas de todo un poco

Me da la razón y aunque siempre me la dá, ésta vez sí que creo que la tengo aunque la sensación de hablar de más sigue ahí. Vuelve la camarera, trae más platos y más jarras. No me había fijado en ella, no es que sea especialmente guapa pero sí que es resultona… pienso en que a veces me gustaría no estar tan sólo.

– Qué pena que no haya venido hoy Chiaki, creo que te habría gustado -dice como leyéndome las pupilas

– Bueno, pero si hubiese venido ella, seguro que no hubiésemos hablado de todo lo que llevamos ya hablado, así que no pasa nada

Mis dos años y medio de esta nueva vida pasan ante nosotros, recordamos muchos momentos juntos y separados, nombramos personas que ya no están con nosotros, compañeros y compañeras que compartieron parte de sus vidas con las nuestras y de los que no sabemos nada. Nos desciframos mutuamente un poquito más hasta que finalmente nos despedimos con un abrazo enfrente de personas que normalmente no se abrazan por la calle. Ella se va en tren, pero antes de doblar la esquina se vuelve y me mira diciéndome adios con las manos. Le devuelvo el saludo y me vuelvo a casa sólo una vez más.

Mirando al cielo pienso en lo distinta que sería mi vida aquí sin ella. Entonces empiezo a bajar la cuesta que me lleva hasta la bici detrás de tres japoneses con traje que están borrachos y ríen y fuman y me obstaculizan el paso. Yo rebusco en mi bolsa, pongo música al azar y Doctor Deseo me recuerda de donde vengo aún estando donde estoy.

Tuviste que decirme adios, calles hundidas a mis pies para echarte en falta hasta la muerte, y yo bailando al ritmo de mis zapatos negros como una veleta fiel al viento…

Y bajo la luz de la luna caen algunas lágrimas de mis ojos. Lágrimas de felicidad y de tristeza, de dicha y de desdicha, de amor y de soledad. Lágrimas que me recuerdan lo que tenía, lo que tengo y que anuncian, desafiantes, lo que tendré.

Y yo sigo mi camino. Con ellas.

Vamos a engañarnos y dime, mi cielo, que ésto va a durar siempre…

Llamémoslo

Anda que entre el post de ayer del caso de los votos cruzados (también llamado Gatostiable Gate por Pau) y el post de hoy va de jaleo la cosa!!. Jaja, pero vamos, que es justo y necesario que diría el cura de mi pueblo.

Al lío!, el caso es que últimamente he tenido ciertos, llamémoslos, encuentros con distintas personas. Todos siguen el mismo patrón: yo escribo, digo o hago algo y ellos me dan su visión de lo escrito, dicho o hecho de una manera, llamémoslo, directa a la que yo replico a mi manera y entonces la tenemos.

En el caso del blog, resulta que es público: cualquiera puede entrar y dejar, llamémoslo, su huella. Lees, ves y escuchas lo que el autor ha querido poner ahí y puede que te entusiasme, te guste, te sea indiferente o que directamente te parezca algo palopinchable. Totalmente respetable, el que escribió sobre gustos era un charlatán, también hay gente que escucha reggeton y yo no les chillo. Allá cuidaos.

Pero que un blog sea público no significa que su autor tenga que aguantar que, llamémoslos, invitados non gratos vengan a joder la marrana que diría mi madre. Hay blogs cuyos comentarios dan vergüenza ajena y que sigan ahí publicados significa que al autor le importan más bien poco, o que ni siquiera los lee. Esto no va a pasar con el ikublog, eso lo tengo claro y además es una de las razones principales por la que me pasé al WordPress este. Para mi este tipo de comentarios son un insulto personal hacia mi, hacia lo que hago, y eso es algo que no voy a tolerar, así que he empezado a bloquear a cierta gente que no ha hecho nada más que dar por el saco.

Desdeluego que no busco con esto dejar en el blog únicamente los comentarios esos halagadores o buenos, todo tipo de opinión es bienvenida siempre y cuando no se falte al respeto. No es lo mismo decir: «no me ha gustado para nada el video, me he mareao, cómprate un trípode» que «vaya puta mierda de vídeo y vaya pedazo de gilipoyas que sale». Eso en persona no me lo dices esperando que me quede callado, es de sentido común.

También ha habido comentarios que sin faltar al respeto, no he entendido a qué han venido o no me han parecido correctos y a esos les he contestado y se han molestado. Esto siempre me ha sorprendido, es como si la opinión del autor del blog sobre los comentarios no se tolerase, como si uno no pudiese comentar los comentarios porque entonces «no se aceptan las críticas» o «se está susceptible», incluso «eres un prepotente». Si alguien escribe algo que no me parece bien, lo diré. Esto no va a cambiar aunque luego «tengan claro que no se volverán a pasar por aquí». Allá cuidaos, una vez más.

En el mundo real me he cruzado también con personas que sueltan perlas que me dejan asustado, aunque peor es sentir la indiferencia del resto. Estos son los «sonasís», que cuando he tratado de hablar sobre ellos me han contestado «es que es así», como si eso fuese una razón que justifique su comportamiento. Es decir, que si yo empiezo a faltarle al respeto a todo kiski… ¿al final todo el mundo entenderá que yo soy así y me aceptarán?.

Por ahí no paso, para mi esa, llamémosla gente, que con la autoexcusa de ser sinceros se permiten decir cualquier cosa no son más que maleducados con una prepotencia que está elevada al cuadrado. Voy a empezar yo a decir «eres lo más tonto que existe y te lo digo porque yo soy así y no me puedo callar», ¡venga hombre!.

Lo peor es que a estos no puedo bloquearlos para que me dejen en paz.

A los del blog sí, y eso que he ganado. Así que si no te sale el comentario nada más escribirlo, enhorabuena, has tenido el honor de pasar a la lista de los ilustres porsaquiles del ikublog, a ver si os juntáis otros tres más y montamos la cuadra.

Lo que me río dándole a eliminar sus rebuznos que ahora van directos a la lista de spam no tiene precio. :jumjum:

:porsaquil:

PD: Los del menéame no merecen ni que se les mencione, eso si que es un establo… :pirao: :pirao:

Premios 20Blogs – Invalidación de votos y sanción

Estimado usuario,

Nos ponemos en contacto con usted para comunicarle que la organización de los Premios 20 Blogs ha detectado que en sus votaciones (emitidas y recibidas) se han cruzado votos. Entendemos que la fecha y hora en las que éstos se producen indican que se ha producido un intercambio consciente de sufragios, acción prohibida por las normas del concurso.

Como la cifra iguala o supera los tres intercambios, pero no alcanza los diez, su blog no será expulsado del concurso, pero si sancionado con la invalidación de los sufragios intercambiados y una reducción adicional de 10 votos.

Estos son los datos que obran en nuestro poder…

* El 13/07/09 a las 11:00 usted votó por el blog ‘Nihon mon amour’ y su autor devolvió el voto a las 11:03 del mismo día.
* El 13/07/09 a las 10:59 el autor del blog ‘La Arcadia…’ votó por su blog, y usted devolvió el voto a las 11:02 del mismo día.
* El 13/07/09 a las 12:04 el autor del blog ‘El Pachinko’ votó por su blog, y usted devolvió el voto a las 15:50 del mismo día.
* El 23/08/09 a las 06:04 al autor del blog ‘Kiensueño’ votó por su blog, y usted devolvió el voto a las 03:42 del día siguiente.

Si existe alguna circunstancia o información que pueda explicar de forma convincente estas coincidencias, no será sancionado, por lo que le animamos a presentar las alegaciones que considere convenientes.

Estimado Pablo,

No puedo más que sorprenderme ante el contenido de su email y la conclusión a la que han llegado. Le tomo, pues, la palabra y procedo a dar una explicación a lo sucedido desde mi punto de vista:

– Las tres primeras votaciones a «Nihonmonamour», «La Arcadia de Urias» y «El Pachinko» se produjeron el mismo día en que abrieron las votaciones, es decir, el día en que todos los blogueros que nos presentamos recibimos un email animándonos a empezar a ver otros blogs para decidir nuestro voto. Estoy convencidísimo de que ese día ha sido el día que más votos se han emitido de todos los que ha durado el concurso, y si a eso le sumamos que sólo votamos los blogueros los unos a los otros, no puedo más que sentirme halagado porque tres de mis votos de ese mismo día hayan decidido votarme a su vez a mi. Ni yo les he pedido el voto, ni ellos me lo han pedido a mi, ni mucho menos nos hemos puesto de acuerdo. Creo que es bastante normal que votemos a blogs que seguimos habitualmente, y a éstos tres en concreto les llevo siguiendo desde hace mucho tiempo. Si les sigo es que me gustan, y si me gustan pues claro que les voto.

– Al cuarto, el autor del «Kiensueño» no tengo ni siquiera el gusto de conocerle, simplemente ese día empleé mi tiempo en indagar en los distintos blogs de la categoría y me llamó ese la atencion, así que decidí votarle. De nuevo me halaga que él también decidiese lo mismo.

La única publicidad que he hecho del concurso ha sido el banner que he colocado en el blog y la mención en twitter de que participaba, ni siquiera escribí un post al respecto.

Visto que es simplemente cuestión de estadística y azar, quiero entender, entonces, que el modo de actuar en el futuro para que no pase esto mismo es no ejercer mi derecho a voto si recibo muchos como ha sido el caso (y de nuevo, me siento halagado, lo diré tres y muchas veces porque es el verdadero premio que me llevo de mi participación). Pero vosotros mismos nos animáis a que votemos enviándonos los lunes esos emails en los que nos informáis de las categorías en las que todavía no nos hemos decidido.

No busco que me devolváis esos diez votos porque la votación está más que decidida y me siento totalmente satisfecho del resultado sabiendo que el que está ganando en mi categoría es realmente el que se lo merece con creces. Pero si que creo conveniente enviar éste email para que quede constancia de mi opinión que creo que contrasta con sus conclusiones.

Atentamente,
Oskar

Hola Oskar,

Admitimos tus alegaciones respecto a los tres primeros votos, no tanto respecto al que emitiste en favor de Kiensueño, pues es muy improbable que esa coincidencia se produzca. Los 5.500 concursantes han dispuesto de más de 1.500 horas para emitir sus sufragios, y esos dos votos se cruzan en menos de tres horas. Demasiada coincidencia, tratándose además de un blog denunciado en varias ocasiones por propuestas de intercambio.

Como no sucede lo mismo con los tres primeros votos que emitiste, no hay denuncias de propuesta de intercambio, no serás sancionado. Deja que te comente en todo caso que sí existía una contra tí a la que no dimos credibilidad por tratarse de un supuesto mensaje de correo cuyos encabezamientos parecían haber sido cambiados. Recibimos varias iguales contra varios usuarios y nos ha llevado un tiempo descartarlas.
Como ves, no es cuestión de azar, se han probado muchos intercambios de esta forma. Seguramente otros muchos quedaron impunes (intercambios efectivos, no propuestas) pero mejor dejar marchar a un culpable que penalizar a un inocente, al menos eso pensamos por aquí.

Un saludo,

Hola Pablo,

Gracias por tu respuesta.

Me vuelves a dejar de piedra con lo de que el blog ha sido denunciado por propuestas de intercambio. Fíjate que me acabas de decir que no seré sancionado, es decir que no gano nada contestando a este email, pero creo que debo hacerlo por si puedo aportar algo que pueda siquiera ayudaros a mejorar este sistema de detección que estáis utilizando (que me creáis o no ya es cosa vuestra):

Que alguien me haya acusado de proponer intercambio de votos ya dice mucho sobre algunos concursantes, yo en ningún momento he llevado a cabo ninguna actividad de ese tipo. Es más, mi conciencia no me permitiría ganar un concurso de esa manera, o el premio no tendría absolutamente ningún valor para mi. Mis actividades han sido poner el banner en el blog y anunciar sobretodo al principio y por twitter que me presentaba al concurso, creo que eso entra dentro de los límites «legales» y sobretodo éticos del concurso.

Y aunque parezca mentira, vuelvo a decir que ha sido casualidad el voto «cruzado» de Kiensueño y mi explicación es que ese mismo día, el 24 de Agosto recibí un email vuestro instándome a seguir votando en las categorías en las que no lo había hecho. Así que siguiendo la lista, fuí a la de «Latinoaméricano» e hice mi votación después de curiosear un momento por los 10 primeros. En este caso además la diferencia horaria es más que evidente (6:04 vota él, 03:42 del día siguiente le voto yo).

Volvemos a los números:
– La mayor parte de los votos se van a producir el día en que enviáis un recordatorio
– La mayor parte de los votos emitidos en las distintas categorías van a ser a blogs que ya están entre los diez primeros. Por comodidad, por desinterés o por ambos, al menos la mayoría de mis votos han sido así aunque reconozco que no debería, pero no tengo tiempo material para recorrérmelos todos.
– Yo por aquél entonces iba primero o segundo y por el número de votos que veo que tiene él, seguramente también estaba por ahí (no lo recuerdo).

Reconozco que he leido ese blog dos o tres veces pero me llamó más la atención que el resto. Y también reconozco que no lo he vuelto a leer.

Atentamente,
Oskar

Hola Oskar,

¡Que no te preocupes! Ya te digo que hemos descartado esas denuncias, hay mucho bloguero malintencionado que como decía ayer en el podcast está dispuesto a cualquier cosa por aparecer en el primer puesto de una lista. El problema es que descartarlas nos quita un tiempo precioso para detectar verdaderos fraudes. Un saludo,

Ushiku Daibutsu

Lo acertó Diego el primero al de nada de publicar el impresionante, impactante e increible documento audiovisual bicolor que se automulticroma. El domingo, después del baile de Yosakoi, me fuí a ver

¡ El buda de Ushiku de 120 metros !
:peneke:

Recuerdo que en el pueblo de mis padres había un montón de gente con motes, había uno que era El Sartén, luego estaba La Pichichilla y también teníamos a un Budarro. Pues bien, mamá, que sepas que ya puedes ir buscando otro mote para este último porque es totalmente ilegítimo. El Budarro es el pedazo de Buda que hay plantado en Ushiku, que mide 120 metros y pesa 4000 toneladas, ese si que es el Budarro auténtico y no el señor aquél de pantalones de pana!

Me ha sorprendido mucho que casi no hay información en condiciones en Internet sobre este lugar, así que aquí está el Tío Tosca dispuesto a que el Budarro sea visitado como se merece. O lo que es lo mismo con otras palabras:

ya me pierdo yo cinco veces para que no os perdáis vosotros ninguna

Lo primero y más importante: está lejos, no demasiado, pero sí bastante, y además hay que estar muy pendiente de la hora. Me explico: hay que llegar a la estación de Ushiku en la línea Joban, y lo más fácil es que nos vayamos hasta Nippori en la Yamanote (sube que te empujo, entra que te estrujo) y cambiemos allí. Haceros a la idea que desde Shibuya se tarda unos 89 minutos en llegar a ésta estación.

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Pero después no está todo hecho, sino que hay que montarse en un autobús que te deja a los piezacos de la estatua casi casi. Aquí he leído de todo, hasta que los habían quitado….

¡Mentiraca podridaca! :copon:

Los autobuses están allí, lo que pasa es que son autobuses regulares y no pone nada claro que te lleven hasta el Buda porque es simplemente una parada más de todo el recorrido. Así que nos vamos por la salida Este o también llamada «Chateau» (¡ya están los franchutes metiendo mano!), y enfrente veremos paradas de autobús de lo más discretas, pues bien, nos vamos a la número 1:

Dentro del autobús pueden pasar dos cosas: que vaya directo al Buda o que haga algo así como cinco o seis paradas entre medias (no me lo sé justo). A mi me tocó lo segundo, tu te sientas allí y ves fijo cuando es tu parada, así que tened paciencia porque llegaréis al de una media hora y pagaréis algo así como 600 yenes. Al volver me tocó el directo que tarda menos y te cobran sólo 500 yenes.

A mi lo que más me preocupaba era que el punto azúl se fuese acercando al rojo:

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Una vez allí hay que estar atento, porque no estamos cerca de la estación de tren precisamente y el último autobús sale a las cinco y media. Esto depende de si es fin de semana o día entre semana, y también cambia dependiendo de la época del año, así que aseguraros bien de venir por la mañana o de que cuando lleguéis os fijéis bien en el cartel que tienen pegado en la misma parada de autobús:

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Después hay que pagar entrada, son 500 yenes por entrar al recinto y 300 más si quieres subir por dentro del Buda, que hombre ya de estar allí pues se pagan 800 y nos dejamos de gaitas.

Y bueno, pues aunque desde el autobús ya se vé lo que hay, estar allí a sus pies te deja totalmente impresionado… para que os hagáis una idea, 120 metros son 6 veces la altura del Gundam que había en Odaiba (y que se han calzao ya), 3 veces la estatua de la libertad y 8 veces el Buda de Nara. Aquí van unas medidas copiadas del panfleto:

Altura: 120 metros
Peso: 4000 toneladas
Palma izquierda: 18 metros
La carica: 20 metros
Un ojo: 2.5 metros
El boquino: 4 metros
La napia: 1.2 metros (los Budas son más bien chatos)
Una oreja: 10 metros (compensan con las orejicas)
Dedo índice: 7 metros

En otras palabras, como dicen ellos, el Buda de Nara que mide 14.9 metros cabría en la palma de su mano, haceos a la idea los que habéis estado en Nara!!! (y si no habéis estado, aquí se ve). Normal que tengan el récord Guiness a la estatua de Buda más grande del mundo!

Luego pues se entra dentro, te quitas los zapatos, te meten en un ascensor y vas subiendo hasta el piso cuarto donde hay miradores muy chiquititos para ver el mundo desde la pechera y los hombros, lo primero en el mundillo es conocido como pechovisión o pecherascope:

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Impresiona ver que dentro es un edificio de lo más moderno con sus ascensores, sus salas de exposición y sus tiendicas de amuletos. Y te van contando cómo se construyó con fotos del montaje de lo más curiosas.

También había una sala con 3300 estatuitas de Buda y otra para meditar contra la pared donde no había nadie meditando, pero que creí entender que dan cursillos de iniciación y así.

Por fuera, pues tenemos un jardincillo japonés que es bastante bonito con sus carpas y todo, un quemador de incienso enorme y una campana que cualquiera puede tocar y que triunfa especialmente entre los niños, que todavía tengo la cabeza temblando y el cuerpo me pide uvas todo el rato. Pero sin duda todo queda eclipsado por mi amigo el Budarro y esa pose prekamehame que como le de por tirarlo no quedan ni las cucarachas vivas!

Otra ikuexcursión más!!

La señora de los paraguas, epílogo

Llevaba ropa oscura cumpliendo esa absurda regla universal de los ancianos, incluyendo un sombrero negro que apenas lograba ocultar su pelo blanco. Una vez pensé que una cana era un sueño tan tan deseado que al no cumplirse atormentaba a la persona hasta que ésta trataba de dejar de añorarlo eliminándolo por los poros destiñiendo un poco el color que la vida tenía hasta ese momento. Hoy sé que cada cana tiene un significado diferente y que todas y cada una de ellas se sabe a pies juntillas porqué está ahí aunque a su dueño se le quiera olvidar.

A juzgar por su mirada, a ella no parecía ya importarle eso de cumplir sueños porque su vida misma lo era. Debajo del sombrero había una sonrisa que le comía la cara y lo demás carecía de importancia. Me sonreía a mi, a otros vecinos, a los perros, a los coches, a los cuervos y a las nubes… A veces me daba los buenos días y yo no dudaba en pararme y devolvérselos con una reverencia que ella correspondía para darme la espalda satisfecha y seguir moviendo su escoba de ramas olvidándose al instante de mi. Me pregunto si supo alguna vez que yo era extranjero.

Sólo recuerdo una vez que alguno de sus paraguas tuvo sentido, quizás porque ese día se olvidó de sonreirle a las nubes y éstas lloraron un poco sobre su sombrero negro que ella tapó con un paraguas del mismo color. Tengo esa imagen remachada en la memoria, la de ella vestida toda de negro mirándome quizás sin verme, y sin sonreír. Como si todos los días de su vida se hubiese estado preparando para ese momento, colocando los paraguas con cuidado sobre el guardarail hasta que por fin llovió y a ella no le pilló de improviso. En mi mente la escena es en blanco y negro como el póster de una película antigüa. El blanco, el de su pelo y el de las nubes, el negro, el de su silueta, y todo lo demás gris, para que no destaque nada más.

Después no la ví más. Las ventanas de su casa dejaron de proyectar sombras de muebles que se veían desde la calle, los paraguas desaparecieron, ella desapareció. Nevaron pétalos de cerezo al son de tambores y pasos de baile. Llovieron tifones que fueron evaporados por soles abrasadores empapando el ambiente y la tez de las gentes. La tierra tembló una, dos, tres veces removiendo las razones por las que sigo yo aquí, pero ella nunca volvió a barrer las hojas de la carretera con su escoba de ramas, no volvió a rodearse de paraguas mirando a la gente con esos ojos desorientados dibujando una expresión limítrofe con el mundo de los cuerdos.

Este fin de semana una familia se ha mudado a su casa confirmando que ella no volverá. Y yo sé muy bien que éste pelo que antes era marrón claro como todos los demás, ha perdido su color para que nunca se me olvide una de las primeras personas que no dudó en regalarme su cándida sonrisa desde que llegué. Aunque a ella sí que se le olvidase al instante cada vez.

Un día de campeonato

Un día de campeonato

Adelanto que al final no se pudieron grabar los combates en video, así que aquí va la crónica ikukaratekiana:

Con mucho sueño, alguna legaña y una mochila con un traje de karate, guantillas, tiritas y esparadrapo aparezco en la estación de Harajuku a las 8:10 de la mañana sin desayunar porque hacía 10 minutos que debería estar allí. Y es que aparte de competir, me había apuntado como miembro de la organización para ayudar en todo lo que pudiese, así que me tocaba llegar hora y media antes que los participantes.

Por el camino me encuentro con grupos de Yosakoi porque resulta que este mismo fin de semana en el mismo sitio había un festival en el que salían los de mi grupo, pero que yo no pude porque coincidía.

Entro por la puerta de atrás del estadio, me dan una camiseta roja que nos distingue como Staff, y empiezan a explicarnos qué es lo que se supone que debemos hacer en cada tatami. A mi me toca el C, junto con el francés que también se había apuntado, y seis compañeros japoneses algunos de los cuales no conozco. Le hablo a una compañera y le digo que yo no puedo leer los nombres de los concursantes, ni tampoco apuntar, pero que para cualquier cosa que crea, que por favor que me lo diga y yo lo hago. Me dice que vale, pero después de dos horas no me dice nada mientras que ellos parecen ocupadísimos preparando todo. Decido seguir el ejemplo del francés, que hacía una hora que se había ido, me vuelvo a mi sitio, y cambio el uniforme de organizador por el de competidor, asumiendo ese papel a partir de entonces viendo que yo allí no pintaba nada, y, por supuesto, aprendiendo la lección. Para el año siguiente va a madrugar Yuko la onigirera.

Horas más tarde, a las doce, me toca competir en la categoría de Katas. En el mismo grupo que yo están dos de mis profesores, así que ya tengo claro que no voy a ganar nada. En Katas tampoco me esperaba mucho, y efectivamente, nada más salir me toca una que me he aprendido en el último mes, la Kanku Dai, que hago como buenamente puedo, pero me ganan, creo yo que con bastante diferencia. Mis dos profesores, como era de esperar, se clasifican para la final.

Muchas más horas más tarde, a las cinco, me toca combate. Caliento un poco antes con unos compañeros, y finalmente entramos al tatami. Me toca competir de los primeros, y salgo extrañamente tranquilo. Empieza el primer combate y yo muy relajado me dedico a lo mío y me resulta hasta fácil ganarle aunque pensaba que me iban a descalificar porque de repente él se puso a sangrar de la nariz, y el caso es que yo no recuerdo haberle tocado la cara.

El segundo combate fue distinto, resultó casi agónico. Nos íbamos marcando puntos alternativamente, hasta que de repente se puso también a sangrar de la nariz, y de nuevo tampoco me acuerdo en qué momento provoco yo eso. Nuevamente espero la decisión de los árbitros, y nuevamente no me descalifican. Esta vez recibo yo un puñetazo cerca del ojo, no es fuerte, pero al ser en la cara me deja un poco descolocado, pero está bien marcado así que el punto se lo lleva él. Le empato, y de repente se acaba el tiempo y el arbitro nos avisa: el primero que marque gana. Ahí es cuando ya salimos los dos mucho más acelerados, y un buen rato después me marca un puñetazo que ni veo, ganando él el combate.

Nos damos la mano, saludamos al público y nos vamos. Al salir, uno de mis profesores me felicita, llego a las gradas y mis compañeros me felicitan, y yo me quedo con un muy buen sabor de boca por mi actuación. Sobretodo porque no me puse nervioso en ningún momento, y esa ha sido una diferencia enorme con anteriores competiciones, aunque sólo gané este combate.

Después llega la competición por equipos, y resulta que me toca en el mismo grupo que el que me dejo KO la última vez, que hoy lleva cinturón azul y compite a mi lado. A veces me pregunto qué cinturón tendrá este hombre en realidad, porque parece que cambia según le conviene por competición, lo que me da muy mala espina.

Sale a competir él el primero y pierde. Salgo yo, esta vez con casco, y en un combate relámpago le marco dos puntos, uno de ellos con la pierna, y gano. El tercer combate del tercero del grupo no tiene lugar porque el adversario se retira, así que nos clasificamos.

En la segunda ronda el combate de mi compañero es casi idéntico, pierde sin marcar ningún punto. En el mío me marca los dos puntos el adversario y me gana, pero de nuevo me siento muy satisfecho con mi actuación, manteniéndole a raya y estando a punto de marcarle yo. Como hemos perdido los dos combates sin hacer ningún punto, el tercero tampoco se celebra y quedamos eliminados. Me resultó muy sorprendente las veces que nos pidió perdón el compañero cambiacinturones por no haber marcado ningún punto… este chico es más raro que ni sé, porque esa seriedad no era normal…

Cuando ya por fin me cambio de ropa, veo que tengo un arañazo de lado a lado en el pecho, un moratón en la espinilla derecha que todavía sangra, dos ampollas a añadir al estropicio que ya había en la planta del pie, y que me duele bastante la muñeca izquierda. Parece que en los combates pasan muchas cosas de las que no somos conscientes en caliente. Y a pesar de todo, a pesar de haber ganado menos combates que otras veces, me siento mucho más satisfecho porque sé que la diferencia ha sido tremenda, y todo para bien. ¡Oss!

¡Gracias a Miwa por las fotos!

 


 

Un día de campeonato

 

Capitulación

  • ¿Cuántos años llevas haciendo Karate? -le preguntó el profesor al francés de ojos azules
  • En Japón llevo 21, así que unos 15 -contestó él en el japonés más acaramelado y rimbombante que he oido en mi vida- poco a poco, ne
  • Da igual -contestó el profesor- da igual que practiques otros quince porque no vas a mejorar, lo que es admirable de verdad es que sigas viniendo a pesar de todo.

Ambos, el francés y yo, buscamos desesperadamente una mueca, una sonrisa en los labios del profesor que indicase que aquello no iba en serio, pero ésta no apareció. Los cinco o quizás diez minutos siguientes los pasamos en silencio acabando la hamburguesa que habíamos pedido y que fue la primera comida que compartimos en el campamento de verano.

Ayer volvió a venir, el francés, con ese gesto de eterno disgusto, con sus extraños andares de bailarina vieja, sus ojos azules, su rostro marcado por la delgadez y sus cerca de cincuenta años en las canas. Me saludó muy serio, como casi siempre y yo le hablé un rato, porque simpatizo con él desde aquél momento, de igual manera que desempatizo, si existe tal palabra, con el profesor cuyas opiniones dejaron de tener peso para mi. Eso fue cruel, por muy francés que sea. Pensé en lo mucho que me hubiese hundido a mi, en lo fácil que es hacerme daño y deseé ser un poco como el francés, envidiando su aparente indiferencia con el mundo.

Fué miércoles, y los miércoles es el día en que Kanazawa Kancho viene. Las clases son totalmente distintas a las de otros profesores, siendo, para empezar, mucho más frecuentadas multiplicándose el número de alumnos por tres. Si las de los demás profesores siguen un orden específico: calentamiento, técnicas básicas, descanso, técnicas por parejas y katas, las de Kanazawa Kancho no. Él cambia el orden, empezamos por un kata, seguimos por técnicas por parejas y descansamos casi al final, o no. Ello, unido a sus explicaciones que van mucho más allá del mero Karate, logran recargar de energía hasta a la pila del reloj de la pared que empuja a las agujas para que giren mucho más rápido.

La clase de ayer estuvo enfocada al campeonato del fin de semana, el nacional de Japón que se celebra en el estadio olímpico de Yoyogi, el del diseño inspirado en un templo, pero el pequeño de los dos que hay. No somos muchos los que nos presentamos, así que nos hemos convertido en protagonistas de las clases de las dos últimas semanas haciendo que todo el mundo tenga que repetir los katas que hemos elegido presentar. Curiosamente no hemos hecho ni un sólo combate libre aunque es la otra de las categorías del campeonato.

De los dos extranjeros que nos presentamos, destaca el chico belga que aunque no puede venir mucho a las clases debido a su trabajo, da gusto verle moverse. Viéndonos juntos, nadie diría que únicamente tiene un dan más que yo. No es que yo lo haga tan mal, sino que él lo hace realmente bien.

Kanazawa Kancho nos enseñó una serie de técnicas de kumite, pero de las pactadas, de las de «yo hago esto y tu haces esto otro». Las practicamos con el compañero y después, nos ordenó sentarnos a todos y sacó al chico belga y a otro para que las hiciesen en el centro del tatami con todo el mundo mirando. Las hicieron perfectas. Después me sacó a mi y a un chico japones y no hice ni una bien. Las ampollas de los pies dolían el doble, los nervios no me dejaban pensar y cuanto más me equivocaba, peor lo veía. Incluso dejé de entender lo que me decía el profesor hasta que me dí cuenta de que me estaba hablando en inglés desde hacia un rato. Parecía mentira que apenas unos minutos antes las estuviese haciendo sin problemas.

Con ese desastre sobre mis hombros volví a casa. Pensé en que el sábado cuando salga a hacer mi kata, quizás me pase lo mismo y vuelva a quedarme en blanco delante de todos. Me imaginé en el examen de segundo dan sin saber si el examinador me habla en japonés o en inglés, pero sabiendo que ninguna de las dos lenguas es la mía. Ví todo negro de repente, de ese negro oscuro que entinta la razón y alquitrana la ilusión.

Y vestido de negro por dentro, paso tras otro, emprendí el camino a casa. Más cerca de mi futón que de Honmonji miré al cielo y lo ví tan cargado de estrellas que parecía mentira que fuese Tokyo. Me senté en un muro a compartir un rato con ellas y aunque de mi boca no salía sonido alguno, les hablé durante mucho tiempo sobre todo lo que sentía. Ellas me pidieron que pensara en cómo no hacía Karate hace tres años y cómo lo hago ahora. Me enseñaron un libro en el que ponía que un tal Oskar Díaz se iba a presentar al campeonato de Japón, ganase o perdiese, hiciese o no el ridículo. Me hablaron del francés, que sigue viniendo, que quizás sea verdad que no mejore, pero ahí está, desafiante e incansable. Altanero. Arrogante.

Creí entender que el color negro del cinturón es en realidad el comienzo, y que es a partir de ahora cuando hay que ir desgastándolo con cada gota de sudor hasta volverlo blanco, no importando que a veces salga mal mientras al día siguiente se vuelva a intentar. Quizás por eso, el cinturón del francés es casi blanco de nuevo, de ese blanco que encala la ilusión, blanquea la razón y se ríe de los que se ríen, sean o no profesores.

Hoy he venido a la oficina cojeando, no soy capaz de hacer el más mínimo movimiento sin que me duela algo: brazos, piernas, estómago, cuello… pero a pesar de estar más muerto que vivo, resulta que estoy más motivado que nunca y que me plantaré el sábado delante de quien haga falta a hacer lo que sé hacer.

Y todo gracias a un francés. Quién me lo iba a decir a mi.

La ikubiblia

He leído tantas chorradas sobre el tema, que he decidido arrojar un poco de luz sobre las tan mentadas diferencias entre Japón y España. Que diréis: jodé que regulero anda el Toscano, anda que no habrá posts de esos. Pues si, los hay, pero yo me he decidido, cual caballero andante, a tener la lista definitiva, el inventario indiscustible de todo aquello que nos separa cultural, gastronómica y gambiterilmente.

Además, palabra de tío Tosca, me comprometo a mantenerlo actualizado incluyendo todas vuestras revisiones y sugerencias, que serán filtradas y comprobadas meticulosamente para que lo aquí escrito sea estrictamente verídico y verídicamente aregulero.

La cosa va a ir por fascículos, a lo PlanetaAgostini iré soltando temas y los dejaré ahí sujetos al critiqueo y pejigueriamiento por parte de todos vosotros. Cortaré aquí, borraré allí y pegaré allá con lo que me digáis, y de vez en cuando soltaré otro tema. Cuando todo esté en condiciones, juntaré todas las entregas en un megapost que será

¡La ikubiblia de Japón!
:copon:

Compañeros, demos paso, pues, a la primera entrega:

De transportes y cosas con ruedas

Trenes y metros

  • Si un metro o tren llega tarde porque se ha liado alguna parda, en las estaciones de destino suele haber personal repartiendo justificantes a la gente para que los enseñen en la empresa.

  • Todo kiski en Tokyo usa las tarjetas Suica o Pasmo. Es como una tarjeta de crédito que se recarga en las estaciones y que vale para pagar metro, tren y autobús. Es IC o eso, vamos que no hay que meterla en ningún lado, basta con acercarla al sensor y ya fona. También se pueden comprar bebidas en máquinas expendedoras y en los combinis de la estación. Las máquinas expendedoras tienen una antenilla para que eso funcione. Como la cosa sólo funciona en las estaciones y alrededores, Akira y yo todavía nos estamos pegando sobre donde está la información del crédito, si en la tarjeta o en algún servidor (o en los dos). Porque si fuese en la tarjeta, no haría falta antenilla y funcionaría en cualquier lado… Valen 500 yenes y la primera vez que las compras tienes que apoquinar mil: 500 por la tarjeta, y 500 de recarga. Si las devuelves en cualquier estación, te reembolsan los 500 (no tengo ni idea de si te dan el dinero que quede o no).

  • Los empujadores existen, aunque no son tan habituales como se cree, sólo en algunas líneas y en horas punta. Por ejemplo: en la línea Inokashira en Shibuya a eso de las 6 de la tarde ahí están como campeones, y supongo que sobre las ocho de la mañana aquello será el copón de la baraja.

  • En todos los vagones de tren y metro hay asientos reservados para embarazadas, ancianos y minusválidos, y hay que apagar el móvil si uno se sienta ahí aunque nadie, o casi nadie lo hace. Además, las embarazadas llevan un colgante que las identifica, para que no tengan que andar ahí pidiendo a la gente que se levante, aunque esto si no lo cuenta Nora, yo ni me entero.

  • Dentro del tren, por megafonía van diciendo los nombres de las estaciones y las líneas en las que puedes hacer transbordo. Primero en japonés y luego en inglés. Lo curioso es que en inglés dicen el nombre del lugar pronunciado en inglés. Por ejemplo: Meguro lo dicen como «Megurouuu» a lo Aznar. Por cierto, yo estoy convencido que la chica de los trenes es la misma que la de los cajeros automáticos, la de los súpermercados, la de los autobuses y la de cualquier cacharro que hable con voz de tía (todos, hasta está dentro de mi cámara de vídeo que me habla cuando la batería se va a acabar).

  • Cuando en un tren de Tokyo parece que no cabe una persona más, caben diez.

  • Los nombres de las estaciones están escritos en japonés pero también en alfabeto romano. Las máquinas de dar billetes tienen un botón para cambiar a inglés. Ambas historias aplican en Tokyo y alrededores, a medida que uno se aleja, ya no pasa tan a menudo hasta que deja de pasar y absolutamente todo está en japonés.

  • La mejor manera de moverse por Tokyo es pasar de los mapas de líneas de trenes porque eso es un jaleo del copón, lo que hay que hacer es mirar en alguna de las webs donde pones los nombres de la estación origen y de la de destino y te dice como llegar, por ejemplo la de Jorudan, hay hasta aplicaciones para el iPhone que tienen la base de datos ya metida y no necesitan acceso a internet (dentro del metro no hay cobertura por mucho Japón que sea esto). Además si sacáis la Suica o la Pasmo, os olvidáis de tener que adivinar lo que cuesta el billete del trayecto, con la tarjeta esa entráis y salis por donde sea y ya os cobrará lo que toque.

  • Por mi propia experiencia, en las estaciones y en los trenes la gente pierde las formas: te empujan, apachurran y pisan y ahí no suele haber reverencias. Supongo que es la manera práctica de actuar cuando hay trenes tan petados en según que horas.

  • Hay personal de la estación atento a cuando llega un tren al andén, y hablan por un micrófono inalámbrico diciendo cosas muy obvias: que viene el tren, que el destino es tal y cual, que la puerta se va a cerrar, que por favor de la línea amarilla para dentro. Aunque están siempre, también hay grabaciones que se ponen y dicen lo mismo pero las suelen cortar para hablar ellos. Serían algo así como nuestros jefes de estación, pero haciendo algo más que dar billetes (que sea o no útil ya será otra cosa)

Coches y tráfico

  • En Japón se conduce por la izquierda, por el otro lao, por del revés, por donde los ingleses. Yo ahora no, pero al principio siempre me metía por la bici por el lado contrario y me llevaba unos sustos chatos.

  • Existen unos modelos de coche de menor potencia y tamaño que son más baratos y hacen el apaño. Se distinguen, a parte de porque son minicoches, porque el fondo de la matrícula es de color amarillo. Lo curioso es que los hay de todas las formas: furgonetas, camionetas, coches deportivos… pero en mini

 

  • Las puertas de atrás de los taxis se abren y cierran solas, no hay que tocarlas. Nunca se da propina, los asientos tienen bordados de puntilla y en la mayoría no se puede fumar (hay algunos que sí).

  • Los conductores de autobús tienen micrófono con pinganillo a lo Madonna, y van «cantando» las paradas. A veces, si el autobús va lleno y hay gente de pies, el conductor avisa cuando va a hacer alguna maniobra un poco brusca para que la gente se agarre bien. En una ocasión, el tío avisó cuando iba a frenar de repente porque un semáforo se estaba poniendo rojo, y además pidió perdón.

  • Los coches de la poli tienen las sirenas extensibles. Es decir, que las sirenas se elevan un cacho por encima de coche para que se vean bien, por ejemplo, en mitad de un atasco.

  • Los surtidores de muchas gasolineras cuelgan del techo, es decir, el cacharro no está en el suelo, lo que deja mucho más espacio. En Tokyo, además, en la gran mayoría no tienes que salir del coche ni para pagar, te limpian los cristales, te vacían los ceniceros y te dicen cuando no hay tráfico para que puedas salir sin problema despidiéndote, además, con reverencias.

  • En los semáforos y paradas medianamente largas, los autobuses paran el motor y lo vuelven a arrancar justo al salir.

  • Los semáforos son horizontales, de través, de lao a lao, de paquí a pallí no de parriba a pabajo

  • Algunos vehículos, como los camiones de la basura, hablan. Tienen altavoces con una voz que dice: cuidao cuidao que giro a la derecha, cuidao cuidao que giro a la izquierda y se oyen mucho.

  • Las ambulancias normalmente van con mucha precaución, vamos, que a nuestros ojos van muy despacio que parece que para cuando lleguen ya está la cosa solucionada. Y también hablan diciendo cosas como: que vamos, cuidado por favor, vamos a girar, gracias por dejar sitio.

  • Muchos conductores apagan las luces del coche si están parados en un semáforo para no deslumbrar a los peatones  y las vuelven a encender cuando el semáforo cambia y ya se van.

  • Por Tokyo, la mayoría de los conductores no paran en un paso de cebra a no ser que estés ya pasando.

  • En Tokyo no se puede aparcar por la calle, los coches siempre están en garajes o en parkings. Hay edificios enteros que son sólo parkings y que están automatizados, tu dejas el coche en un sitio y el chisme lo eleva hasta el piso que sea. Después pagas y te lo baja y te lo dejan en un sitio donde el suelo es giratorio para ponerlo derecho y que puedas salir según vas.

  • Los semáforos están muy por delante del lugar donde se tiene que parar uno y si es girando se puede pasar. Es decir, si giro a la izquierda y justo hay un semáforo en rojo, puedo tirar palante siempre y cuando no haya nadie pasando por el paso de cebra.

  • Los coches llevan una pegata para identificar a los novatos, como nuestra L, pero aquí tiene forma de hoja verde y amarilla. El símbolo resulta que se ha adoptado también para indicar lo que es fácil de utilizar («para novatos»): lo podrás ver en tiendas de electrónica al lado de modelos de cámaras de fotos, impresoras, etc…

  • También existe una L pero para los señores mayores, en esta ocasión es de color amarillo y naranja y los ponen los jubilados para que los demás los tengan en cuenta

Bicis

  • Desde hace un par de semanas te pueden meter un multón de menéate y no te agarres si vas borracho conduciendo la bici. También, en teoría, te pueden multar si vas conduciéndola con una mano (hablando por el móvil o con un paragüas), o si van dos en una bici.

  • En Tokyo es muy normal ir por la acera con la bici, nadie pone mala cara y siempre te suelen ceder el paso. Y si no, para eso está el timbrecillo.

  • No se pueden dejar las bicis en cualquier lado, hay parkings de bicicletas que suelen ser baratos. A pesar de eso, la gente las deja cerca de las estaciones arriesgándose a que les pongan multa o a que se las retiren directamente. Si esto pasa, hay que ir a un sitio a pagar por recogerla. Normalmente no te la quitan a la primera, sino que te dejan un aviso ahí pegao al manillar.

  • Existen bicis con batería que son la leche pirula. Las de los polis tienen, y la gran mayoría que he visto yo son de madres que llevan a sus hijos ahí palante y patrás. Aunque el modelo de bici que más triunfa es el «mamachari» que es la bici de paseo de toda la vida, que las hay desde poco más de 10.000 yenes.

  • Las bicis están matriculadas, es decir, te ponen una pegata con un número y te la registran a tu nombre. De vez en cuando hay controles donde te piden el carnet y comprueban que la cosa coincida (yo voy por el quinto en dos años y pico). Yo para aparcar la bici en la oficina he tenido que pagar y también tengo una pegata. En mi caso son 500 yenes al año, así que es nada.

  • Por regla general se respeta a los ciclistas, yo voy al currelo por una carretera de tres carriles para cada lado y nunca he tenido ningún susto, siempre me suelen dejar pasar y me esperan. Vamos, que me tienen en cuenta.

  • Como la bici es un medio de transporte más que un medio de hacer ejercicio o de entretenimiento, es normal ver situaciones como entrajetados con el maletín en la cesta yendo a trabajar conduciéndola mientras se fuman un cigarro.

  • Por lo mismo del punto anterior, venden todo tipo de artilugios: como cacharros para enganchar un paraguas abierto en el manillar o reposavasos para llevar latas abiertas en posición vertical. Yo llevo, además, dos luces que van a pilas, una blanca que enchufa a flashes para delante y otra roja que hace chiribitas para atrás.

 

Esperando en Shinagawa

Ayer estuve esperando a una amiga en la estación de Shinagawa. Me apoyé en una pared, me quité los auriculares y me descubrí ensimismado mirando a montones de personas que no dejaban de pasar por delante de mis ojos.

Ví cuerpos sin alma que caminaban como si morirse fuese dejar de hacerlo. Otros, sin embargo, iban iluminando la estación allá por donde pasaban con sonrisas de 1000 vatios y chispas en la mirada.

Había grupos de chicas con teléfonos móviles que hablaban a gritos entre ellas sin despegar la vista de la pantalla, y entrajetados que les miraban las piernas con descaro, y señoras con mochilas y gorros que subían y bajaban al ritmo de sus reverencias de despedida.

A mi lado había una papelera a la que alternativamente venían personas con dinero suficiente para pagar el billete y estar dentro de la estación, pero no como para comprar algo que leer, así que sacaban periódicos y tebeos rebuscando en la papelera y continuaban su camino. Sus ropas sucias y zapatos roídos no merecían apenas las miradas de los que estábamos allí, su olor, sin embargo, si.

Me giré y enfrente estaba yo reflejado en un ventanal. Me ví jóven, con el pelo más largo que nunca y pensé que últimamente me dejaba barba por bastante tiempo. En el reflejo estaban detrás de mí mis padres, él me ponía su mano derecha en mi hombro izquierdo, y ella su izquierda en el otro y me sonreían. Si me giraba no estaban, así que seguí mirando al reflejo por un rato y casí pude sentir de verdad el peso de su apoyo invisible en los hombros, esos que sirven para equilibrar la cabeza calibrando, acaso, la cordura.

Escuché risas y ví a un grupo de niños con gorros amarillos y mochilas rojas que se pegaban entre ellos mientras caminaban. Había tres chicas mayores acompañándoles. Dos reían con ellos, la otra no. Dos deslumbraban y la otra asumía el papel contrario, como si fuese el agujero negro del grupo poniendo empeño en deshilachar la alegría de todo el resto. Pensé en que si de mí dependiese, hacía tiempo que la habría despedido.

El que esperaba al lado mío dejó de hacerlo cuando aquella chica de pelo anaranjado llegó. Apenas se miraron a la cara dos segundos, pero se hicieron reverencias y se fueron caminando juntos. Pensé en que quizás eran novios, de hecho por su edad podrían perfectamente estar casados y seguro que se querían con locura, pero ni siquiera se rozaron los dedos cuando se encontraron. O tal vez simplemente eran dos compañeros de trabajo que apenas se conocían.

Alguien me estaba mirando, así que miré y era otro extranjero que estaba también esperando pero por el lado de fuera de la estación. Creí por un instante en eso de que las personas podemos sentir las miradas de otras, aunque también pensé que es simplemente casualidad como cuando miras un reloj digital y ves la misma cifra en todos los números. Mantuve su mirada justo hasta que aquella chica la interrumpió pasando entre nosotros y nuestros cuatro ojos se pusieron a caminar con ella.

Era mayor, tenía un pelo negro largo, larguísimo, que le cubría toda la espalda. Llevaba un niki blanco ajustado que publicaba su delgadez con titulares de elegancia y una minifalda que atormentaba la imaginación. Caminaba encima de unos zapatos de tacón de altura inalcanzable, como ella misma. Seguro que esta vez no fue casualidad porque mi mirada la podía notar hasta yo, así que se dió cuenta y me respondió con la suya, y me sonrió, y me iluminó el alma… me pregunto a cuantos más habría puesto a sus pies ese mismo minuto.

Me giré para intentar recordar para siempre su manera de andar mientras se alejaba, y al hacerlo me choqué con un señor mayor que se había puesto detrás de mí tal vez para hacer lo mismo que yo. Nos pedimos perdón a la vez y él se alejó unos pasos por si acaso yo me dejaba embelesar por otra y le empujaba otra vez al verla alejarse de mi.

Entonces llegó mi amiga, y me pidió perdón por llegar tarde, y dejé de ser espectador para convertirme en actor, pero de esos que se empeñan en tratar de iluminar, no vaya a ser que a alguien le dé por fijarse y yo no esté sonriendo.

 

El uso de la bici en Tokyo

Por alguna razón, cada vez que me monto en la bici me vienen a la cabeza Pantxo, Bea, Javi, Tito y hasta el Piraña silbando la cancioncita. Pero coincide que esto es Tokio y de ponerle algún color al verano, sería más bien el gris del asfalto, los edificios y hasta del cielo, que rara vez se ve azul.

Así empieza el último artículo que me han publicado en Soitu, donde trataba de contar de primera mano cómo es el uso de la bicicleta en Tokyo. Lo que me ha parecido curioso ha sido la reacción de algunos comentaristas. Yo trataba de contar cómo aquí conviven ciclistas y peatones en perfecta armonia y cómo esto es posible a pesar de no haber infraestructuras, porque todavía estoy por ver un carril bici en Tokyo. Mi conclusión era que la diferencia era meramente cultural, que no hace falta que me llenen Bilbao de carriles bici porque luego en la práctica resulta que por ahí va la gente paseando a los perros, sino que lo suyo sería que peatones, ciclistas y conductores entendiesen que es perfectamente posible coexistir siempre y cuando haya respeto mútuo.

Pero, como me temía, no estamos preparados. Y no me pongo del lado de ninguno, porque aquí soy ciclista pero en Bilbao era conductor y peatón, sino que simplemente queda bien claro que no nos respetamos y si no empezamos por ahí, mal vamos.

Quizás en Tokyo lo que pasa es que la inmensa mayoría de los peatones que van por la calle son a la vez ciclistas de diario, y claro así no hay posturas a acercar que valgan porque bien juntas y claras que están.

 


Otros ikusoitus:

Mi vida en 20 metros cuadrados
Un día cualquiera en la ciudad más cara del mundo
Sayonara sale
Esas cosas que te han contado de los japoneses

Melancolía

  • No sabría decirte porqué, de verdad que no lo sé, creo que no hay una sola razón sino muchas que se van acumulando durante semanas hasta que de repente hacen que me pase lo que me pasa.

  • Esta mañana, por ejemplo, he llegado a la oficina después del terremoto, y me sentía muy bien. Era una mezcla entre temor por si alguna vez ocurre ése tan tremendo que dicen que están esperando, y emoción por haber vivido la experiencia. Así que llego, abro la puerta de la oficina, doy los buenos días y, como siempre, sólo Michiko me responde. Las otras tres personas apenas se dignan a apartar un instante la vista de sus monitores para ver qué ha perturbado la atmosfera. Pues bien, esa ha sido la razón, digamos, desencadenante. De repente me ha entrado algo parecido a un escalofrío por el pecho y se ha quedado ahí para todo el día inundándome de pena, haciendo que ya ese día no vea nada con claridad. Y fíjate, tan contento como estaba.

  • Por supuesto, sé que no merece la pena, que estos tres miserables de ego inflado no se merecen ni un recodo de mis sentimientos, pero ha pasado y pasa aunque entiendo que no tenga sentido, me ocurre y no puedo hacer nada para remediarlo más que dejar pasar las horas. Es como si luego, con el reposo de la noche, se desenredasen solas todas las preocupaciones y se dejasen en un montón que el nuevo amanecer se encarga de barrer, y aquí no ha pasado nada.

  • Si toca uno de esos días, no se puede sacar nada en claro. No hay Karate que valga, ni té verde en polvo que batir, ni coreografía que ensayar. Incluso el blog, del que sabes que tan orgulloso estoy, me resulta pedante y aburrido, y de repente creo que es una total perdida de tiempo, hasta contesto a comentarios con desdén.

  • ¿Sabes eso que decimos nosotros de la botella medio vacía?, pues yo no es que la vea así, sino que la botella en sí me da igual.

  • Curiosamente esos días suelen ser los más productivos en el trabajo, me aislo, cosa bastante fácil en mi oficina, y tecleo sin parar con el objetivo de mantener mi mente entretenida en algo que me permite dejar de pensar que el maldito reloj cuenta hacia atrás cuando no miro.

  • Y llego a casa, y como chocolate y mi cuerpo pesa el doble en el futón. Allí me quedo pensando en lo que siento, pero no hay razón aparente. Y entonces lloro al ver algo normalmente relacionado con mi pasado: la foto de mi hermano Javi, la letra de una de las cartas de mi madre… no es que rompa a llorar desconsoladamente como en las películas, no va por ahí la cosa. Es mucho más íntimo, brotan lágrimas durante largo tiempo aunque apenas hacen que se perturbe mi respiración, pero ¿sabes?, con cada una de ellas el escalofrío del pecho va perdiendo fuerza, como una batería que se descarga.

  • Despues, exhausto de sentir y con los ojos todavía templados, me duermo profundamente, como si hubiese corrido una maratón. Y al día siguiente todo está en su lugar. Es como si mi corazón cumpliese el cupo de sentir y reclamase ser vaciado. Y luego todo vuelve a empezar como si nada hasta dentro de unos meses que volverá a ocurrir.

– O sea, que tu, como nosotras, también tienes la regla.

  • Visto así….

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El campamento de Karate

El cuartel general del mundo de la asociación de Karate fundada por Hirokazu Kanazawa está a un cuarto de hora en bici desde mi casa, concretamente a cinco minutos más para allá del McDonalds al que me he propuesto no mirar cuando paso no vaya a ser que me de por pararme.

La asociación se llama SKIF, Shotokan Karate International Federation, aunque se podría quitar la I porque casi ninguno de los profesores hablan otro idioma que no sea japonés, cosa que me parece normal por otra parte. Kanazawa Kancho sí lo habla, y con bastante soltura desde hace un montón de años cuando se propuso que el Karate se conociese en todo el mundo. Bien pensado… dejaremos la I porque resulta que existe la asociación en más de 31 países.

Kancho es un sufijo de estos japoneses que se ponen después del nombre, como San o Sensei, que significa presidente o fundador y sería de mala educación referirse a él sin utilizarlo, aunque también es cierto que yo nunca le he llamado directamente. Las veces que he hablado con él han sido para agradecerle una explicación o contestarle alguna de las preguntas que me ha hecho derrochando esa cordialidad que le caracteriza.
Pues bien, decía que Kanazawa Kancho habla inglés aunque poco importaría que no lo hiciese porque basta con verle moverse para entender perfectamente por donde van los tiros. Envidiable y sobretodo admirable que mantenga semejante pasión por lo que hace a sus 77 años de edad.

Al campamento de hace dos semanas, al contrario que al del año pasado, no vino porque nos apuntamos muy pocos, o se apuntó poca gente porque no venía él, no sabría decir. Y tampoco hubo muchos chavales, así que los protagonistas absolutos fuimos nosotros, las 16 personas que decidimos encerrarnos con un profesor a pulir lo más posible eso de moverse con las rodillas dobladas dando puntapiés y parando golpes imaginarios.

La cosa fue en Chiba, en un pueblo pesquero llamado Katsuura donde hay un centro de alto rendimiento de artes marciales. Esto que suena tan a :ikufantasma: no es más que una especie de ryokan gigante con muchísimas habitaciones donde hay canchas para hacer ejercicio, con la peculiaridad de que todo lo que se hace son artes marciales. Allí ves desfilando por pasillos a gente con trajes blancos de Karate, azules de Judo y marrones de vaya usted a saber de qué, andando de acá para allá con cara de enfadados al encuentro del tatami donde les toca entrenar esa vez.

Estoy convencido, este año más que nunca, que el verdadero beneficio no es el físico por mucho ejercicio que se haga, sino que este campamento tiene la magia de hacer conocer de verdad a quien uno cree que ya conocía, esas personas que uno ve tres horas por semana y con las que casi no comparte frases con sentido entre descanso y descanso de clase. Aquí no, aquí se desayuna, se come, se entrena y se duerme porque no hay otro sitio al que ir. Y uno conoce un poco más a sus compañeros, con los que la relación ya habrá cambiado para siempre ganando complicidad y calidad en esas tres horas que se volverán a compartir en el futuro.

Llegamos el sábado, descargamos maletas, ocupamos habitación y empezamos con la primera clase de dos horas y media acompañados del sonido de mil cigarras y libelulas que ocasionalmente se colaban en la cancha que nos había tocado. Patadas, puñetazos, paradas, katas y mucho sudor después nos encontrábamos en los baños del lugar donde, una vez más, el pelo que tengo en el pecho fue el protagonista. Y eso que no tengo tanto, pero soy el Yeti comparado con ellos.

Después, barbacoa de las de comer mucho. No se si será machismo, costumbre, o machismo por costumbre, pero en este tipo de eventos las chicas siempre se encargan de que los chicos tengamos el vaso lleno sirviéndonos todo el rato. Rara vez ocurre al contrario, aunque también pase, así que la chica de cinturón naranja se encargó de intentar que la mayor parte del contenido de las Asahi pasase, temporalmente, por mi vaso antes de que se acabase la comida. En aquél momento me pareció que era una forma de romper el hielo bastante resultona que sirvió para que entablásemos conversación que quizás habría sido más difícil de otra manera. En el pasado seguro que fue machismo, en el presente es simplemente una costumbre heredada de aquellos tiempos a la que no merece la pena buscarle connotación alguna.

Así que comimos y bebimos, y luego continuamos bebiendo en la habitación. Este año no estaba Kanazawa Kancho para encandilarnos con sus maravillosas historias, pero no faltó conversación, ni risas, ni fotos.

 

A la mañana siguiente tocaba ir a correr, concretamente a las seis, así que pasé una noche en la que me dediqué a mover el futón de todo aquél que roncaba, que creo que fueron todos. Desistí definitivamente de dormir cuando a alguno le dió por rechinar los dientes a todas las y cuarto.

El sol naciente y nosotros fuimos a correr, y si esto no es voluntad de sacrificio que venga Buda y lo vea. Con resaca y sin haber dormido nada, estuvimos echando carreras hasta el mar, poniendo buena cara y mejor estómago cuando nos cruzábamos con alguien. Después desayunamos, y en el descanso de dos horas en el que todo el mundo se dedicó a dormir lo que había en el DEBE de la noche anterior, yo me bajé al pueblo a sacar fotos.

Luego tocó la última clase, otras dos horas a dar lo que se puede después de todo el tute del día anterior, con medio resaca y muchas agujetas pero poniendo más carne en el asador que la noche anterior en la barbacoa.

Después, pues despedida y cierre. Cada uno a su coche a cumplir como buenos pasajeros y dar conversación al conductor para que allí nadie se durmiese. Es de caballeros eso de aguantar y no mostrar debilidad hasta que ya no mira nadie, momento en el que uno, por fin, puede relajarse y morir exhausto en el futón sin ronquidos ni rechinar de dientes que perturben el reposo del guerrero…

Concretamente 15 horas reposando se tiró el guerrero que os habla…

La chica que doblaba toallas

Hay días en que aprovecho la hora de comer para salir de la oficina e ir de compras. En el mismo edificio de la estación de Meguro hay un Uniqlo y un Muji a parte de muchas tiendas pequeñas, con lo que no es raro verme por allí curioseando aunque no compre nada, para acabar comiendo algo rápido del combini de la esquina y bajando la cuesta con la bici casi a contrareloj para cumplir el horario.

Ese día decidí tomármelo con calma y compré un par de camisas de manga corta, y por alguna razón salí por la otra puerta del Uniqlo que daba a un pasillo con más tiendas que curiosear.

En una de ellas vendían objetos para el hogar de esos artesanales de madera incluyendo artilugios y aceites para dar masajes. A mi estas cosas siempre me han llamado la atención, así que empecé a toquetear, abrir y oler… hasta que cogí lo que yo entendí como un masajeador de piernas cuyo hipotético uso empecé a ejercer.

Entonces llegó ella, una chica de más o menos mi edad que estaba doblando y colocando toallas en una estantería. Dejó de hacerlo y se me acercó. Hacía muchas reverencias y sonreía tanto que había momentos en que costaba saber si tenía los ojos realmente abiertos. Su pelo largo y negro se confundía con la chaqueta del uniforme negro y rojo de la tienda, totalmente inapropiado para el calor que hacía aunque he de reconocer que era muy elegante y le quedaba perfecto. O eso me pareció.

  • Excuse me -me dijo en un inglés forzado- that … that ….
  • Hai -le contesté en mi japonés forzado- que esto no es para las piernas, ¿verdad?
  • Oh, hablas japonés muy bien
  • Que va, que va
    Pues es que eso que has cogido es un masajeador de espalda, ¿me permites?
  • Ya me parecía a mi raro, toma toma

Cogió el chisme, que era poco más que un palo con dos rodillos de madera con pinchos, y me empezó a dar un masaje en la espalda. Al acercarse más a mi pude notar un olor suave pero muy fresco, que supuse de champú y de repente quise acariciarle el pelo y olerlo más de cerca. En vez de eso seguí sujetando las bolsas del Uniqlo y ella siguió presionándome lo que sea que tenga yo entre los omoplatos con firmeza, haciéndome algo de daño a veces al clavarlo demasiado. Nunca he entendido eso de que un buen masaje debe doler, pero me dejé hacer el rato largo que duró la demostración.

  • Joe que gozada, ¡no pares! -dije. No era mentira del todo porque aunque dolía, me gustaba tenerla cerca… dejémoslo en que era una verdad desafinada-
  • Jajaja, ¿a que si? Pues así se usa, aunque es mejor con alguno de estos aceites, se lo puedes regalar a tu novia y así que te de masajes, jajaja
  • Eso si tuviera novia, claro -¿dato sonsacado?, o eso quisimos creer mi ego y yo-
  • Jaja, bueno pues a tu madre, qué remedio
  • Un poco a desmano le pilla también, ¡está en España!
  • Vaya, jajaja, pues ¿alguna amiga?
  • No se yo… me parece que cuando quiera un masaje, vendré aquí y me pondré a masajearme los pies con el masajeador de espaldas hasta que aparezcas tu -parecía que era otra persona la que estaba hablando por mi-

Ella, lejos de cortarse, me siguió el juego:

Jajaja, vale, pues ya me fijaré por si vienes otra vez. ¿Qué haces en Japón? ¿estudias?
Anda, pues si que me ves jóven, no no, estoy trabajando aquí cerca
Pues no te había visto nunca por aquí
Creo que es la primera vez que entro aunque la mitad del sueldo me lo dejo en el Uniqlo de ahí detrás
Jajaja -de nuevo esa sonrisa encantadora. El olor del champú de tanto estar ya no estaba- Uniqlo es barato y está bien, lo malo es que cuando te compras algo, lo tiene medio Tokyo
Si, eso es verdad

De repente una voz salió de detrás de la caja registradora gritando Eri y algo más que no supe entender.

  • Me tengo que ir, espero verte más por aquí
  • Si si, en cuanto me duela algo vuelvo
  • Jajajaja -esta vez sí que llegó a cerrar los ojos del todo, estoy seguro-
  • Hasta luego Eri
  • Are? ¿como sabes mi nombre?
  • No te asustes… lo acaba de gritar tu jefa a medio Meguro. Yo soy Oskar, encantado
  • Encantada, vuelve otro día, ¿vale?, aunque no te duela la espalda
  • Vale, trato hecho -mientras sigas usando ese champú….-

Otros encuentros:

La chica del shamisen
Desclasificando una noche
Calor humano
La chica de Okinawa
La chica del bar de Shibuya

Ikumanual de instrucciones

Desde el ikucambio, el blog funciona algo distinto. No es que se haya ararunao, ojo, que ha quedao mu chulo. Pero es que la cosa va de otra forma, especialmente el sistema de comentarios, porque ahora cogemos y apuntamos en un postit cuando comentáis, así para la siguiente vez que entréis no hace falta que volváis a meter los datos que ya nos acordamos más ufanos que ufanos.

Como también se puede poner una imagen y muchos de vosotros no lo habéis hecho, el ikublog va y os asigna una de un monstruito al azar. Esto es así porque a mi me hizo mucha gracia y así se queda, pero como algunos os habéis rayao, aquí van las instrucciones para que pongáis la foto que os de la real gana:

1- Id a gravatar y registraos dándole a la flechita del menú de arriba «Log in to, or Sign up for, Gravatar» y seleccionar «Sign up»
2- Meted ahí el mismo email que usáis para comentar en el ikublog. Por ejemplo: «patapon@copon.com»
3- Los señores de gravatar os mandarán un email a esa dirección pa estar seguros que sois vosotros y no un otro, así que con ir al correo y pulsar en el link que os mandan ya se fían
4- En la pantalla que sale, hay que elegir usuario y contraseña a lo Chloe.
5- Ahí ya se puede elegir una de las imágenes que tienen ellos, o subir la que queráis

Además, ahora es posible contestar a un comentario en concreto en vez de poner uno general en el post, así que como es más fácil, me veréis mucho más activo ahí contestandoos.

Luego están las ikucaricas, ¡ay las ikucaricas!. Yo cuando ví que se podían poner las que uno quisiese, ví una mina ahí. Así que cuando me viene alguna tontez a la cabeza, busco una carita por ahí por internet y la ikuadapto. Aquí van las instrucciones de uso:

:ikufantasma: el primo rojuno del fantasmico se usará cuando algo que se haya puesto en el post, o algún comentario de alguien sea una fantasmada como una morsa de gorda.

:copon: expresión de estado de ánimo alteradamente encabronil, usualmente utilizado al final de una frase

:jumjum: este se pondrá cuando lo que se haya dicho vaya con intención porsaquense, a lo Risto Mejide

:ikugracias: porque nunca se dan de más

:gatostiable: himno a la libertad creativa, pero con criterio antiulcerítico, voz de protesta ante el bicho aboquil multipateable tarambanil. Este tampoco se pone nunca de más.

:gambiters: ícono representativo de todas las situaciones verbenerofestivas, expresando el carácter golfo de los participantes

:pirao: es bastante relativo eso de decir que uno está pirao, pero tampoco está de más señalarlo de vez en cuando

:viejuno: cuando uno está viejuno o se hace alguna actividad viejuna, es menester poner la ikucarica correspondiente

:bythesegao: icono pensado inicialmente para indicar el camino de salida de aquellos comentaristas porsaquiles, pero resulta que el pueblo llano ha decidido usarlo para despedirse con lo que yo también lo uso con tal significado. Lo que no quita para que tanto yo como vosotros mandéis a cortar pinos con él a quien consideréis necesario

:cry: si la cosa se pone tierna, soltaos, soltaos

:regulero: cuando se crea que el post publicado ofende a los lectores por su escasa calidad, se deberá indicar con este iconico. Ojo, que también se utilizará para calificar comentarios, que aquí hay pa todos

:peneke: ikucarica pensada para una sección en concreto, pero que se podrá utilizar para expresar asombro en cantidades ingentes

:palizero: cuando por circunstancias algún post o comentario te ha tocao los webos, se deberá dar una ostia virtualmente con este macarra amarillo. O tas tas al culete, como dice Nuria

:ahivalaotia: ikucarica bilbaína del barrio de Rekalde que ha flipao en estéreo y en HD con lo narrado en el post, o con algún comentario

:pliebre: no está muy clara la diferencia entre gambitero y pataliebre, aunque ambos tienen un matiz cariñoso de amistad que nunca debe malinterpretarse. A no ser que aparezca dos veces seguidas, que entonces habrá que mentar a la familia del pataliebrante si el pataliebrado lo considera necesario.

Y bueno, yo creo que con esto ya está todo el intringulis desenredado… si hay algo que todavía no os cuadre, en los comentarios os espero con todo mi esmero.

:bythesegao:

¡Ikusuki en La Noche Despierta 2.0!

¡¡Que ayer me echaron por la radio!!

Aunque por mucho que me puse, no fuí capaz de grabarlo esta vez. Pero Iratxe, que es más maja que ni sé, me ha pasado la grabación!!! Ahí va:

¡¡ :ikugracias: señores de la radio !!

Otra radioapariciones ikucianas :

La noche despierta
Cadena 100
La planta que bloguea
Crisis!!
Ikusuki en Graffiti
Otra de Graffiti
Y otra más de Graffiti
Y otra
Otraaaa
Y otraaaa

Recuerdos

El día que llegué tenía los ojos hinchados y una maleta que pesaba una cuarta parte que mis recuerdos.

Aterricé en Tokyo y empecé a luchar contra ellos, a tratar de deshacerlos para intentar creer que no hubiesen existido nunca mientras pasaba por terminales, andenes, aceras y miradas. Pero ellos ganaban siempre y se encargaban de aliñar mi existencia con una melancolía que impregnaba todo mi ser y lastraba mi alma.

Entonces la conocí y al segundo supe que quería que me adoptase porque su voz me hacía sentir tan cerca aún estando tan lejos, que no quería dejar de escucharla. Y con ella como pilar construí paso a paso toda mi rutina, tal y como yo quería que fuese y la seguí punto a punto porque debía ser así para amasar rápidamente nuevos recuerdos que eclipsasen a los que pesaban.

Y entendí que no debía luchar, sino caminar junto a ellos. Y les cogí de la mano y les miré de frente y les desafié. Me ví recordado, ignorado, querido y odiado. Encontré huecos que nunca se habían llenado y otros que se desbordaban. Me crucé con los míos, con los que decían que lo eran y con los que no podían serlo, con voces que dolían y miradas que endulzaban, y supe que todo era parte de esto de vivir.

Me esforcé por ser acogido un poco más de lo que me tocaba, y llegó un momento en que los meses ya dejaron de contarse hacia atrás. Y aunque recordaba con más fuerza que nunca, mi alma cada vez pesaba menos hasta que ese hueco acabó por desbordarse también.

No creí poder aprender tanto de piel para adentro, a veces de buenas personas, a veces de personas de otros tipos. Por el camino me enamoré muchas veces al día, ayer sólo y en secreto, hoy a voces y compartido, mañana quizás de verdad.

Miré a los ojos del destino y no fuí capaz de sonsacarle nada más que verme a mi mismo mirándome a los ojos. Y seguí por ahí, por ese sendero de sueños, esperanzas, lágrimas, muecas y sonrisas mientras trato de que lo que doy alcance, aunque sea de lejos, un poco a lo que recibo ahora que los recuerdos ya no pesan y es más fácil evocarlos porque ya no duelen siempre. Sólo a veces cuando llueve o hace frío y las noches duran el doble.

 

Tiene tamagos

Blogs sobre Japón, pues sí, estamos arreglaos. Anda que no hay, y la cosa es que no sólo de gente que vivimos aquí, yo he leido posts que me dejan turuchato escritos por personas que no han estado aquí en su vida. Digo turuchato en ambos sentidos: algunos son flipantes y otros son mentiras como manatís de gordas.

Vamos, que como dijeron una vez en menéame sobre el Ikublog: por 5 duros ponme otro blog de Japón. También es verdad que lo que digan en menéame a mi me idem, pero ahí no les faltaba razón a los dioses puntuadores-comentadores (que normalmente no han escrito un post en su vida, pero esto, amigos, es otro tema).

Aunque supongo que como todo Cristian, yo considero al mío, al ikublog, único en su especia. Allá cuidaos lo que hagan los demás, yo voy a mi aire y me enorgullezco de haber puesto siempre lo que me ha brotado de la pelota esta que tengo por melón sin ser sensacionalista, sin inventarme gaitas para tener más comentarios. Vamos, que lo que pongo o me ha pasado a mi, o son chorradas como pingüinos, pero todas verdad y hechas o vividas por mi. El día que me ponga a escribir cosas como «verdaderamente la tecnología de las conexiones pirolíticas de la megapólis que es Tokyo es de otro planeta», hacedme el favor de darme una ostia con inercia.

Lo cojonudo del tema es que sin tener más criterio que dejar que fluya el arte este que tengo, resulta que el ikublog va ganando en los premios 20blogs en la categoría de los quintopiniles.

¿Tiene o no tiene tamagos el asunto?
:pirao:

El post regulero de la semana

Viernes viernero. Empieza a ser tradición en este último día laboral de la semana plantar un post de esos que cuesta menos escribirlos que abrir el grifo del agua. La filosofía básica de este tipo de posts es plagiar algo que haya puesto alguien y ponerlo aquí sin más, sin tener que pensar, teniendo la cara más larga que Silvester Stallone, exhibiendo tener unos tamagos de avestruz y un respeto revirao por los lectores.

En definitiva: siendo muuuuuy regulero.

Así que sin más, que esto se supone que tiene que ir rápido, ahí va:

¿Os acordáis del Scatman?, era un viejuno con sombrero y pendiente que la gente contaba que era tartamudo pero que cantando lograba poner la cadenilla y tirar de seguido. Aunque la verdad es que el bigotudo este movía la boca ahí a todo meter y decía un montonaco de cosas que no se le entendían, pero que molaba cómo sonaban.

Ahí va el primero de los videos plagiaos donde se le ve cantando una canción con estribillo en japonés: Su Su Su Super Kirei (super chulo)

httpvh://www.youtube.com/watch?v=gpQ7mDqxdjU

Pos el post regulero viene inspirado en que hay un video con la canción famosa del bigotesombreril pero cantada por Ultraman:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=jb32d3xr2Us

Es menester que utilicéis mucho la nueva ikucarica en los comentarios, las cosas claras y el colacao a cucharadas que den tos.

:regulero: :regulero: :regulero: :regulero: :regulero: :regulero: :regulero: :regulero:

Fuente: Tokyo Five
Dificultad del post: lo he escrito recien levantao con legañas, no te digo más.
Tiempo medio en escribirlo: empecé a las 9:17 y son y 23, así que echa cuentas

Marcho :bythesegao: , hoy más que nunca

自分の気持ち Jibun no kimochi

El domingo conté la quinta vez que fui al ensayo de Yosakoi. Se trata de bailar, de hacer una coreografía de cerca de cuatro minutos al ritmo de música tradicional. Esto va de sudar, de girar, agacharse, saltar y gritar cosas en japonés a poder ser todos a la vez y siempre con una sonrisa que aparece sola de lo de verdad que es.

Está lejos, como a una hora de viaje, y la clase suele empezar los domingos a las 10 de la mañana. Olvidémonos, pues, de esas noches secretas de sábados sin reloj vigilante ni permiso de no tener que parecer vivo al día siguiente.

«Recibes algo si das algo, es así. Si has recibido sin dar es que has tenido suerte«, me decía una amiga cuando le contaba que últimamente no encontraba tiempo para nada. «Así que aunque ahora no lo veas, estás recibiendo mucho en forma de nuevas personas que entran en tu vida, nuevos retos, nuevas vivencias. Sigue dando más de ti que te merecerá la pena y algún día añorarás no tener estas oportunidades«. Ella es tremendamente alegre pero de vez en cuando saca de algún lugar de su ADN una solemnidad japonesa que asusta y me dice cosas de estas que me dejan pensando por días.

Así que el domingo volví al Yosakoi y aprendí un poquito más del baile que casi todo el mundo se sabe. Reviví esa sensación de torpeza de mis primeras clases de Karate, esa frustración, ese querer y no poder, pero forzándome, a pesar de ello, a seguir queriendo.

Me equivocaba una y otra vez, cuando por fin parecía que me lo sabía, me volvía a equivocar… Me lo pasaba bien intentándolo, pero no del todo lo bien que sé que me lo podría pasar.

Con la camiseta empapada, después de los estiramientos acabó la clase y se formaron algunos grupos en la calle con los que nos resistíamos a irnos. Yo me quejaba, les decía que me veía a mi mismo como un muñeco que miraba a los lados tratando de imitar sin ninguna gracia lo que hacían los demás. Entonces un chico me habló del «Jibun no Kimochi«, que traducido como «sentimiento propio«, tiene un significado que no es tan obvio como parece.

Hablamos de que al principio todos estamos en esa fase en la que tratamos de aprendernos los movimientos y los repetimos mecánicamente. Primero nos esforzamos en hacerlos una y otra vez, encadenarlos en el orden correcto para ser capaces de aprendernos todos. Después entra el jibun no kimochi. A cada movimiento le añadimos nuestro toque personal, ya no hace falta que miremos al compañero para imitarle, sino que ya nos lo sabemos y lo hacemos nuestro, lo interiorizamos, lo entendemos de una manera y lo exteriorizamos. Y esto es lo que hace que sea bonito, que brille, que ese movimiento transmita un sentimiento que es único en cada uno aún pareciendo igual a los de los demás.

De tan verdad que me pareció, me di cuenta que no es sólo con el Yosakoi o cualquier otro baile, sino que es con todo. Una vez que uno se sabe un kata en Karate, lo que hace que deslumbre es que la persona consiga transmitir su propio sentimiento más allá de la repetición mecánica de movimientos.

Y cuando pensé que lo mismo ocurre con la ceremonia del té, me dio por creer que es una muy buena manera de entender la vida. Que cada uno es como es y no tiene sentido intentar parecerse a nadie ni limitarse a repetir mecánicamente lo que hacen los demás. Que la rutina quizás no lo sea tanto si soy capaz de poner un poco más de corazón entre este hacer y deshacer que es la vida. Y que si ese día consigo relucir siquiera un poquito aún en la más pequeña de las cosas que haga, entonces lo podré apuntar en la lista de los días que significó algo haberlos vivido.

 

Ikudiccionario

De vez en cuando me mandan mensajes preguntándome por términos y palabras utilizadas en este humilde diario que por lo visto no se entienden muy allá. Algunos son de algún país latinoamericano aunque también es verdad que hay muchos que no viven mucho más lejos de Huesca.

Como no queremos que nadie se quede sin entender plenamente el sentimiento adyacente de nuestra lírica, aquí va una revisión de los vocablos creados y utilizados por el Departamento de Voces y Expresiones de Ikusuki:

  • Pastababas: dícese del ciudadano de la República Popular China afincado en Japón con el cual el Tío Tosca comparte oficina en Tokyo. A pesar de la milenaria cultura del país natal del elemento que nos ocupa, este rascayú (ver término siguiente) acostumbra a comer con la boca abierta poniendo a prueba la paciencia de los de su alrededor que aguantan estoicos la bonita melodía y la panorámica acuosa del deguste y paladeo del alimento. Aunque el tío tiene una piñata que se necesitaría licencia de obras para arreglar, es simpático y amable siempre y cuando se eviten las horas de comida.

  • Rascayú: expresión popular que designa a un elemento peculiar dentro de un conjunto de individuos. Normalmente más feo que el sobaco un ñú mojao.

  • Parlapuñaos: teniendo California como lugar de nacimiento, este elemento decidió emigrar a Japón y el azar también quiso que compartiese oficina con el Tío Tosca y el yantar diario del Pastababas. Lo que el Pastababas es a la comida, el Parlapuñaos lo es al hablar: le da una nueva perspectiva. El tío no se calla ni pegándole, y lo que sale por su boca son o tonterías como trombones o quejas. Si no se le ocurre cómo seguir, erupta. Nótese que el Tío Tosca está realmente encantado con la banda sonora original de su oficina. Gracias a Dios, Buda, las estrellas, el espíritu santo, nintendo y los hermanos Calatrava, el Parlapuñaos hace una semana que ha dejado la empresa.

  • Pataliebre: el símil con la velocidad de actuación de la pata de una liebre nos revela otra expresión popular que en las entendederas reviradas del Tío Tosca viene a significar una persona que se pasa de listo, que actúa sin pensar, que se las quiere saber todas aunque normalmente no se cosca de la misa a la mitad. Se puede decir que alguien pataliebrea cuando está liando alguna parda.

:pliebre:

  • Tontoalastres: tomando como referencia las agujas del reloj, diremos que hay un tonto a las tres cuando exista un individuo con cuyo carácter no concordamos a la derecha de nuestro emplazamiento actual. Hoy en día ha perdido su matiz orientativo, y no importa demasiado el enclave del sujeto en cuestión. Esta expresión es muy combinable con Rascayú y es sinónimo del Parlapuñaos. Derivados del mismo son tontoalasseis y tontolnardo.

  • Picopalable: diremos que estamos delante de un picopalable cuando veamos a una persona que no da un palo al agua y, además, decide llamar la atención de la manera más inverosimil y mamarrachante que se le ocurre. El Tío Tosca les quitaba los piercings, la siniestrez y los cardaos de los pelos de siete bofetones a rodabrazo y les daría un pico, una pala y trece zanjas que cavar hasta que les salgan ampollas como higos chumbos.

  • Gatostiable: término ya popular entre gente con criterio, este vocablo hace referencia a la característica intrínseca que tiene Hello Kitty por la que provoca querer meterle una ostia bien dada por ser como es, vestir como viste y hacer las majaderías que hace. La que dibujó a semejante icono de la tarambana y el adefesio hereda per se la misma naturaleza multipoliostiable de su creación, o más.

:gatostiable:

  • Gambitero: palabra, expresión, voz utilizada en la España rural por la que se definía a aquél aldeano que tenía muchas novias en los pueblos de alrededor y se gustaba de las verbenas, las chanzas y cuchufletas, el jolgorio, la parranda y la jarana. Actualmente el término define a todo aquél que realiza actos de pilluelo y golfillo como irse de juerga, pimplarse medio bar y actuar de manera bribona y truhanesca especialmente con las mujeres. El Tío Tosca utiliza el término en su versión femenina para referirse a aquéllas cuando visten mundanamente vislumbrándose más carne que tela.

  • Por lo segao: locución indicadora del camino de salida, normalmente utilizada cuando se quiere instar a algún pataliebre o rascayú a que será mejor que se vaya si no quiere recibir una ondonada en todo el jerol que le pondrá la cara más roja que el que confundió la fanta con el oraldine.

:bythesegao:

  • Ondonada: ostia

  • Jerol: morros

Y hasta aquí la primera entrega del Ikudiccionario. Por favor, no duden en dejar sus preguntas en los comentarios y nuestro departamento les atenderá gustosos.


Aclaración: como hay alguno que no le ha parecido bien que venga yo a decir que me he inventado estas palabras, aquí va una explicación. Gambitero y Pataliebre las uso porque las decían mucho en el programa de TVE Muchachada Nui, yo las uso a mi aire aunque el significado será parecido a lo que yo he escrito aquí, pero vamos que esas no me las he inventado yo. Creo que esto lo sabía todo el mundo, pero ya por si acaso que sepáis que yo tampoco me he inventado lo de Por lo segao, que lo decía un vecino mío de Zalla y me hacía mucha gracia. Tontoalastres y Rascayú son de dominio público, Parlapuñaos lo dice la madre de una amiga mía y se refiere a gente que no se calla ni haciendo largos a mariposa.
Mira tu, gatostiable, picopalable y pastababas si con mías. Eso si, usadlas mucho mucho sin problema, que esto no es la SGAE.


 

Pagando a una modelo

¿De esto que un grupo de señores mayores ponen bote pa pagar a una chiquita pa que ponga morricos y sacarle fotos?

Pues eso

 

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Hazme el Michael Jackson chata!… nótese al currela del fondo que es el que hace posible el término indicador de dirección allá por donde él ha pasado
:bythesegao:

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El caso es que estábamos el tío Fla, Guille y yo ahí aprovechando la coyuntura y entre pose y pose, se nos ponía a posar a nosotros. Gracias chata!

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El porlosegador de la derecha está pensándose cobrar comisión por salir en la mitá las fotos él también

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¡Anda, pues ahora me doy cuenta que no había tanto viejuno!
¡Si también había mozos casaderos!

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La chica no es que fuese especialmente guapa pero tenía desparpajo con o (que con a suena feo)

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Esto iba a tiempo, y la señora ésta gastó su turno en moverla ahí cual maniquí pa sacarle un par de foticas como mucho

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El rascayú de las gafas es el cuentatiempos, y a la que caducaba el turno mandaba cambiar y entonces se acercaba otro

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No sé si ponerme el sombrero o quitártelo a ti de una ostia

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Parecerá muy pueril pero yo ahora pongo la pose del morrito sombreril

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Estará pensando el de la gorra: estos pataliebres no han puesto bote y están sacando más fotos que yo… efectivamente, amigo, esto es así
:pliebre:

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No sé si ponerme el sombrero o torear un miura… ba, mejor me decoloro un poquico

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Total, que yo no pagaría por esto… aunque me han contado que por Barcelona también se hace… ¡allá cuidaos cada uno con sus dineros!

El barrio donde vivo

El barrio donde vivo no tiene casas con escaleras que se puedan subir más allá de tres pisos y los coches se ceden el paso unos a otros porque la carretera no tiene una raya que la parta por la mitad.

Viven a mi alrededor ancianos que me triplican en edad y que hace tiempo que me dejaron de mirar curiosos porque ya se han acostumbrado a que yo les mire curioso.

En el barrio donde vivo también viven cuervos y gatos seguro que desde hace mucho más que yo, y seguirán graznando y maullando mucho después de que yo me vaya, aunque yo les seguiré escuchando allá donde me toque dormir, como ahora sigo escuchando la voz de los míos.

Hay cinco cerezos por cada farola y tocamos a mil flores por vecino que se reparten en primavera. Yo ya he guardado dos mil novecientas noventa y nueve en el saco que tengo entre los dos ventrículos. La que falta se la regalé a la quinta chica de la que me enamoré aquella tarde de lluvia donde sólo tocó sentir eso tan raro de ser feliz.

El barrio donde vivo me ha guardado siempre el secreto de todas esas noches en las que no dormí en él y me recibe con un guiño al verme llegar al amanecer sin preguntar de dónde vengo o qué he hecho sin él.

Uno sólo sabe que está en una ciudad al llegar a la parte de arriba de cualquiera de los caminos, porque todos se hacen subir, y desde allí se ve a esos otros que viven en casas de muchas más escaleras y neones y ruidos.

Como la estación de tren está lejos, para salir del barrio donde vivo existe un indispensable y maravilloso requisito: dar un paseo. Al estar todos obligados a ello, es inevitable cruzarnos cada día. Las sonrisas parecen impuestas por ley, y los vecinos nos encargamos de ejercerlas la mayor parte de las veces sin conocernos.

A veces alguien me pregunta por el lugar donde vivía antes. Y entonces hablo sin parar de casas, personas, olores, sabores y lugares que poco tienen que ver con éste en apariencia, pero siendo en esencia tan iguales que asusta cerciorarse de ello. Lo hago en voz baja, para que el barrio donde vivo no se entere que no he vivido aquí siempre, no vaya a ser que deje de guiñarme el ojo cuando llego.

Si alguna vez uno de los cerezos del barrio donde vivo sigue desnudo a pesar de que todos los demás hace tiempo que han florecido, es que ya no viviré allí y habrá decidido guardarme las flores que me tocaban esa primavera.

Eso es que sabe que volveré a por más cuando ya no me queden, y eso será porque las habré regalado todas. Porque yo sé que mientras el saco donde las guardo siga latiendo, no se marchitarán.

Muy relacionado con este post: La ciudad donde vivo