Mi primer video con la nueva cámara… no ha quedado mal, aunque para el siguiente intentaré que no se mueva tanto!
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KyotoKyoto -The day after-
Hola hola hola!
Os dejé ahí con la palabra en la boca, pero a ver que os habéis pensado, que no sólo vosotros tenéis semana santa!. Aquí hay una historia que se llama Golden Week, que estoy seguro que ya sabéis lo que es, y si no, pues ya os lo cuento yo: que he estado de vacaciones!!! ya os contaré ya!
Ahora que se ha acabado el invento, y antes de que se me olvide, os cuento…
Después de Gion, me fui al hotel a dormirla, que estaba más cansado que cuando Julián Muñoz hizo la última declaración de la renta. Y como hacía lustros que no dormía yo en una cama, se me hizo más raro que ni se, y ni dormí ni dejé de dormir. Total, que me levanté al día siguiente con medio dolor de cabeza, y después de desayunar en el Starbucks Kyotense de la esquina, enfilé mis pasos hacia el:
Ninnaji
que fue la leche en verso!! Esto va por zonas, así que este es el primero de la ruta del día. Aunque el resto prometían más que este, o por lo menos tenían más renombre, mira por donde que me llevé la sorpresa del día. No es que sea un templo, sino que es un sitio mágico. Siempre bajo la atenta y eterna mirada de las montañas que rodean Kyoto, podemos seguir incontables senderos que nos llevan a edificios antiquísimos, a ríncones donde lo único que apetece es sentarse a admirar el entorno. Es un lugar muy grande, donde uno siente que está más paseando por los jardines de un palacio que por un templo.
Aunque el templo no fuese de oro, ni estuviese colgando de un precipicio, creo que el entorno natural del Ninnaji fue lo que más me gustó de todo lo que visité en Kyoto. Además, justo en la puerta, se puede entrar en un jardín japonés. A mi el precio de la entrada me mereció mucho la pena, pero juzgad vosotros mismos:
Aunque la verdad es que estaba loco por ir a lo más famoso del viaje, a lo que todo el mundo le da tanta importancia, así que paseando paseando, llegué al:
Ryoanji
Este sitio es famoso no por el templo, ni por el lago que hay ni nada, sino por el jardín Zen que tiene en su interior. Mayormente lo que hay es un montón de turistas sentados contemplando un recinto rectangular cuyo suelo son un montón de diminutas piedras blancas que están como peinadas. Encima de estas piedrillas hay quince rocas, pero el truco es que da igual donde te pongas que tu solo ves catorce. Efectivamente, tiene huevos. Yo sobre este lugar he leido de todo, que si el sentido de la vida, que si Zen, que si Zan. Así que aquí va mi versión: es un sitio chulo, si esperas un poco a que la gente vaya desfilando, puedes sentarte delante del todo y admirar el jardín intentando contar más de catorce rocas, aunque no lo vas a conseguir. Es un sitio bonito, curioso… aunque más lo sería si no hubiese sietemil personas alrededor. Pero vamos, que hay que ir!
Entonces cogí el autobús y me planté en el que quizás es el templo más famoso de todo Japan con pan:
Kinkakuji
El templo de oro! chato que está recubierto de oro!!! Yo que estaba todo orgulloso del titanio del Guggenheim, anda que!. Aquí uno entra, y se encuentra un lago, y justo en una esquina del lago, un templo dorado que brilla a la luz del sol y que se refleja en el agua. Un señor mayor no paraba de repetir que el valor del templo era de siete millones de yenes, yo no se si será para tanto, pero la verdad es que es un sitio precioso.
Aunque me fui con una sensación extraña. A ver si soy capaz de explicarlo. Seguro que habéis visto mil fotos del Guggenheim, entonces váis a Bilbao y efectivamente es lo mismo de las fotos. Por supuesto, no tiene nada que ver verlo en una foto que estar allí en vivo y en directo, pero en cierto grado, es lo que os esperábais. Pues esto mismo. He visto tantas fotos del Kinkakuji, que cuando estuve allí, fue lo que me esperaba. Ojo, no le quito méritos, es un sitio precioso, pero el factor sorpresa del Ninnaji me cautivó más.
Y en la otra punta, a tomar por cleta del Kinkakuji, me topé con el
Heian
Que en la guía pone que es sintoísta, aunque para mi es como si dice que veneran a Mortadelo, así que yo os cuento lo que ví, que para eso me leéis. Hay un pedazo de puerta de esas Torii que te quedas chato, es enorme, además está puesta de través ahí entre medias de una carretera, con lo que pasan por debajo coches, autobuses… yo creo que cabe hasta Godzilla de puntillas!
Y el templo, pues un sitio enorme. Como se estila por los Kyotos:
Aquí va mi ikureflexión: Kyoto rezuma historia, mucho más que Tokyo. Es mucho más pequeño, en cierto modo, menos moderno. Está repleto de templos, de edificios antiguos, de retazos del Japón de hace cientos de años. Por estas razones, uno se cruza con muchos más extranjeros que en Tokyo, lo que me llamó bastante la atención.
Pero de igual manera, fue precioso reencontrarse con el Japón más tradicional, ese que a veces se echa de menos en el Tokyo de rascacielos, luces de neón y tiendas de electrónica… aunque todo depende de lo bien que uno sepa buscar.
Volveré a Kyoto, algún día. Con más tiempo, con más calma, quizás con más dinero…
KyoToKyoTo
Kyoto fue la capital de Japón durante más de mil años, desde 794 hasta 1868. Se dice que alberga más de 1600 templos en su interior, y más de un millón y medio de habitantes.
El valor de su historia ha sido recompensado por la Unesco otorgando el grado de Patrimonio de la Humanidad a 13 templos,3 santuarios y un castillo.
Rodeada de montañas, Kyoto está situada en un valle a 513 Km de Tokyo.
Cuna de Samurais y Geishas, de novelas y leyendas, de…
Este Jordi no tiene remedio. Hurtadooooo que lo sabes tó! Vale Jordi, muchas gracias por los datos serios! ya voy completando yo el asunto si eso!
Estaba en casa, con un fin de semana largo por delante mirándome el ombligo, cuando pillé el tren pato ese que siempre va con prisas, y me planté en Kyoto en un poco más de dos horas.
El tren se llama «Nozomi» que significa «Esperanza», y es pasote!. Yo que vengo de un servicio ferroviario donde más valía coger dos trenes antes del que normalmente tocaría si querías llegar a tiempo a un examen, estuve flipando todo el viaje!!
Por dentro es igualito a un avión, con sus ventanillas que no se pueden abrir, su azafata pasando con comida y bebida… así que cada vez que paraba, a mi me entraba un poco de yuyu! era como si parase en un par de nubes antes de llegar a Kyoto o algo!
Una vez que llegué, lo primero que me llamo la atención es que no se puede usar la Suica, que es la tarjeta IC con la que te manejas en todas las estaciones de Tokyo, y luego que sólo hay dos líneas de metro!! qué entrañable!
Así que de repente me vi yendo en autobus a todos los lados! qué cambio más radical! y que ostia me pegué cuando el autobus arrancó y yo no tenía donde agarrarme! ahora que peor lo tuvo la pobre señora en la que aterricé, no supe como pedirle perdón, le tuvo que doler un huevo…
Y la primera parada fue en el templo …
Sanjusan gendo,
que dicho así es como si pongo tararí que te ví, pero que ya os lo traduzco: «sala de las 33 alcobas«, jajaja, os habéis quedao igual!, jajaja. Ya os cuento lo que hay hombre, no preocuparse. Es un templo muy largo, tiene 115 metros, y dentro hay una pedazo de habitación enorme con mil estatuas puestas en filas. Las estatuas son de Kannon, esas que tienen un montón de brazos a cada lado y encima cuatro o así por delante, vamos, que te fríe un huevo, te cambia al niño, te hace unas popitas, se suena los mocos y todavía le sobran trece!! Eso si que es amortizar un cortauñas!
Bueno, pues impresiona un huevo ver tantas estatuas iguales, hechas a mano y puestas todas en un edificio enorme tan antiguo. En internet alguno ya se ha saltao la prohibición esa.
Después de apoquinar la entrada y admirar tanto brazo junto, pillé el siguiente bus que me dejó en el templo …
Kiyomizudera,
el templo del agua pura. Esto que tiene un nombre más fantasma que ni sé, es un templo super chulo que está después de subir una cuestaca, con lo que te medio metes en la montaña. Ahí hay una pagoda, un montonazo de árboles, otro tanto de turistas como yo, y un templo que está ahí encajado en un mini acantilado. Eso, unido a que se ve Kyoto desde las alturas, le da un atractivo especial!.
También se paga entrada, y se sigue un recorrido ya prepensao ahí. Cuando llegas al final, hay tres chorros de agua, de ahí el nombre, y en teoría tienes que elegir beber de uno de los tres. Dependiendo de cual pilles, se supone que ganas larga vida, prosperidad o inteligencia… dilema tenemos!. Yo ante la cola que había, decidí dejarme de chorreces e irme de tiendas, que la calle de la cuesta estaba repleta y daba gusto, pero no sin antes zamparme unos udón en el restaurante que había allí montao.
Y para acabar el día, me fuí a Gión que es donde te dicen que puedes pispiar alguna Geisha si andas vivo. Así que allí aparecí, y lo que te encuentras es un rinconcillo de unas cuantas calles que son calcadas a las películas que se ven de samurais: estrechitas, todo casitas de madera bajitas, con sus farolillos y todo. Es un sitio chulísimo… si no fuera porque está permitido el paso de coches, y cada tres por dos tenía a un taxi detrás pitándome porque estaba intentando sacar alguna foto.
Esto, señores de Kyoto, está muy mal pensado!! es la calle más turística de la ciudad y dejáis que pasen coches??? pero bueno!!! una señal de prohibido quiero!
Pero bueno, como el tío Ikusuki tiene más suerte que al que le salió el sobre oro de nescafé, yo me topé con un par de chavalitas vestidas de Geisha, que Jordi nos dice como se llaman:
- «Maikos, y no son geishas, son aprendices»
Vale campeón, gracias!.
Y esto fue todo por el primer día… mañana os cuento el segundo
Rainbow Bridge a patita
El Rainbow Bridge, que suena a los osos amorosos pastelosos con voz de pito, es un peazo de puente clavao al de Mapfre pero en blanco y sin jubilaciones de por medio.
Los maeses hacedores de puentes lo acabaron en 1993, tiene 570 metros de largo y lleva ahí tres diferentes agujeros para que pasen cosas: una autopista de dos carriles pa cada lao, una autovía conocida como la avenida del puerto y las vías del Yurikamome, que es un monoraíl super cuco.
Une la Bahía de Tokyo con Odaiba, una isla ahí toda artificial. Epa, si ya os conté los trucos aquí aquí y aquí!
Bueno, pues cuando no he planeado nada para hacer, siempre hay dos alternativas: una es ir a Shibuya a tiendas de ropa a gastar perras, que soy peor que Gabrielle Solis con un bonozara. Y la otra es a Odaiba, siempre que haga buen tiempo, claro. Además me pilla bien, porque puedo coger el monorail en Shimbashi, que está en mi misma línea de tren.
Pero yo, que soy un fijón, me he dado cuenta que cuando pasamos por el puente se ve gente andando!. La primera vez pensé que eran guardias o así, pero noooo, que el otro día había un tío en niki y con gorra!! y más que poli parecía un latin king japonés (japan king?).
Así que el domingo, después de lo del tuitos, o tuikol, o tuirol o como se diga, me fui a Odaiba decidido totalmente a volver andando si fuese menester.
Y fue fue! Tienes dos rutas, dependiendo de si vas por la derecha o por la izquierda, y se tarda sus buenos veinte minutillos. Por un lado ves Tokyo, con la torre Eiffel esa que aquí la tienen más larga, y los rascacielos y tal. Y por el otro ves Odaiba, con los edificios tan chulos como el del Fuji TV. Y hagas lo que hagas, pues ves mar que para eso es un puente, copón!
Si pasáis un día en Odaiba, sólo tenéis que ir a la base del puente y andar. De verdad que lo recomiendo casi más que ir a las tiendas, que al fin y al cabo son tiendas!
Y que no me entere yo que no hacéis caso a los carteles, eh???
No dejéis de hacerlo!!! es mucho más bonito que, por ejemplo, subir a la Tokyo Tower…
El zoo de Ueno
Uy la leche pirula!
Había echo yo un montón de intentos de ir al zoo este que resulta que es el primero de todo Japón (mia que está leho hapooooon), y como lo cierran más pronto que las panaderías los domingos, pos nunca llegaba.
Así que este domingo me puse serio y me pegué un madrugón de estos que si me oye mi madre me da tres pescozones: a las 11 !!
Y para el zoo que me fuí!. Ueno está a tomar por saco de donde vivo yo, y encima el día anterior había ido a karate, así que estaba ya muy condicionao para que la galvana me invadiese al tercer o cuarto bisho.
Ueno tiene un parque que es famoso por los cerezos, y a parte del zoo, tiene un par de templos muy chulos y un lago enorme con nenúfares. Es un sitio bonito para pasear e ir en plan tranquilo, y además hay bastante ambientillo de gente haciendo historias: tocando música, haciendo magia… estoy yo planteándome hacer el gamba allí en medio a ver si me saco unas perrillas…
Bueno ya os contaré más del parque, vamos a centrarnos en el zoo (o «sú» como diría el yanki, yankiiiiiiiii, vocaliza!!!).
La entrada vale 600 pepinos japoneses, unos 4 frigodedos europeos, así que no es nada cara. Pero hay que andar rápido porque cierran a las cuatro. Está todo muy bien organizado, vamos que no te pierdes ningún bichejo porque la ruta está clara, y es el zoo más limpio que he visto en mi cómica y ridícula vida.
La atracción es el oso panda gigante, que es como el osito Misha pero sin pluma:
Allí hay más bichos que en el trastero de Torrente, y están super bien cuidados. Pero aquí va mi reflexión toscanil: los animales, como en todos los zoos, están apanaos. Están sobaos, atontaos y tienen la cara más triste que cuando le regalaron un espejo de cuerpo entero a Freddy Kruger. Estaban allí tiraos en el suelo pasando de todas las cámaras que les estaban sacando fotos (la mía incluida).
Así que me fui de allí con sentimientos encontrados. Por una parte me gustó ver animales tan raros y distintos, y por otra me daban unas ganas de pegarle unas patadas a las jaulas y que saliesen por ahí a correr y comer gente!!!!
Resulta que durante la segunda guerra mundial, el ejército japonés ordenó que se acabase con todos los animales peligrosos y salvajes del zoo porque tenían miedo de que las bombas de los americaninis lo alcanzaran y de repente se vieran ahí leones por las calles de Tokyo. El personal del zoo intentó que se trasladase a los animales a otro sitio, pero nada. Así que les dieron comida envenenada, y se recuerda especialmente la muerte de los tres elefantes que existían entonces (John, Tonky y Wanly).
Esto que os he contado en mi tono gilipoyesco característico, es verdad que pasó, así que más a mi favor en contra de los zoos (y de las guerras!).
Así que para toda esa gente que devora todos los blogs sosos sobre Japón que hay por ahí, aquí va mi ikuconsejo de hoy: si vais a estar poco tiempo en Tokyo, ¡no vayáis al zoo de Ueno!, aprovechad para ir a ver a los frikiplanets de Harajuku que gruñen parecido y encima es gratis!!
Echadle un párpado a esto:
Ikusuki va al sumo
Por fin, eh?, ya os veía todo caninos venga a darle a F5 para ver si os contaba la historia, aisss, si es queeee. Pero vamos, que tengo razones, que el lunes fue fiesta y ayer hice los años, hombre!
Sin más excuseo barato, paso, pues, a la historia titulada
Durante mi estancia aquí siempre he tratado de probar cosas nuevas: todos los tés distintos que veo, comidas cuanto más extrañas mejor, discotecas, bares, quedadas… y la mayoría de las veces es para bien: descubro algo nuevo que me gusta y estoy contento de ser así de animao.
Pero luego están esas cosas que no salen bien, como cuando me comí de golpe unos pimientos verdes pequeñitos (quizás demasiado) que había frito y que no es que picasen, es que daban calambre!
Y por último, en mi afán por hacer de Cristobal Colón, descubro cosas que no me arrepiento de haber probado, pero que no volvería a hacer porque no me merecen la pena, como ir al Ikea, o, ya véis por donde voy, ir al sumo.
El estadio se utiliza para exhibiciones o competiciones relacionadas con artes marciales, y la verdad es que es muy chulo.
Lo bueno es que ya tenía entrada, así que no tuve que hacer cola, simplemente entramos y nos sentamos en el sector atomarporsaco donde los luchadores de sumo parecían madelmans allá a lo lejoooos.
Se iban presentando, se saludaban, se ponían uno delante del otro agachados y… ¡¡pues no!! ¡¡no luchaban!!, uno de ellos se levantaba y se iba a su rincón, el otro hacía lo mismo porque como no pelease con el arbitro…. Así que cogen sal y la echan por todo el ring, para espantar a los malos espíritus he leido por ahí, y se vuelven a poner. Así hasta que los dos deciden que ya están listos, momento en el cual se lanzan uno a por el otro y el combate más largo no dura ni veinte segundos.
Resumiendo: cinco o diez minutos de preparación para ver diez segundos de combate. Eso sí, cuando se empiezan a empujar y tal, es chulo, pero la mayor parte del tiempo estás nada más que animándoles para ver si se deciden de una vez.
Y así poco a poco, se va eliminando gente hasta que llegamos a la final, y gana un señor, y todo el mundo aplaude. Y, de repente, empiezan a darle premios: una copa detrás de otra, un reloj, otra copa… nos fuimos cuando llevaban un cuarto de hora dándole cosas y sacamos fotos del exterior. Como estábamos lejos, nos volvimos a colar por la parte de abajo y el tío ahí seguía recibiendo regalos!!!
Como os decía, es una experiencia. El estadio es muy chulo (yo ya había estado en un campeonato de Karate), y el ambiente está también muy bien. Pero para los ojos de un occidental, es lento, muuuuy lento.
Así que no volveré a gastarme las cuatro mil y pico pesetas que vale la entrada, pero mira, por lo menos lo puedo contar porque lo he vivido!
Me voy al sumo!
Aqua-bus desde Asakusa a Odaiba
Hoooola
Estoy mueto! Vengo de Karate, y estar hora y media pegando patadas descalzos en un suelo de madera… tengo los pies estilo socarrat! ayayayay
Pero tengo que acabar de contaros mi Golden Week!!! así que con o sin pies, paso a narraros lo que hice a partir de la subida al monte Petao, digo Takao.
Viernes, 4 de marzo, por la tarde
Estaba yo arriba del todo poniendo los ojos como un japonés sospechando para intentar ver el Fuji cuando me suena el teléfono. Es Lekesan, que hay cena en su casa, que tiene bakalao al pil pil, que vaya, mecagüentxotx, que vaya. Como uno es cualquier cosa menos un desaborío, por supuesto que acepté, y me dispuse a bajar del monte esquivando al personal.
Y me fuí a casa de Lekesan, y conocí a Celia de Japanizeme, y me lo pasé pipa con el hijo de Leke y sus juguetes, y comí jamón, y bebí Rioja y cené Bakalao al pil pil!
Y después de un par de patxaranes, quedamos al día siguiente con los de la tele. El plan: desde Asakusa coger un «Aqua-Bus», la txalupa de aquí, que te lleva por el río Sumida hasta Odaiba, la bahía de Tokyo.
Sábado, 5 de marzo
Quedamos con los televisivos, y como somos más majos que los yenes de 500, les fuimos a buscar al hotel otra vez. Y de ahí a Asakusa, y cosa extraña en Japón, tuvimos que hacer cola para comprar el billete!
Y ya llegando, apareció éste mostrenco. Parece ser que el diseño lo ha hecho un dibujante de manga, y la verdad es que la pinta toda la tiene de salir en Doraemon o alguna de esas. Es como una nave espacial!
Ya por la noche, nos despedimos de los de la tele pensando en que seguramente no nos iban a sacar (aunque al final lo hicieron), y de todo esto ha quedado una experiencia inolvidable y una larga amistad. Bueno, y un sobrino!
Un templo de Nishi Magome
Ultimamente me ha dado por ir a correr. A parte de para hacer deporte, me vale para localizar los sitios que me convienen, como la lavandería o el todo a cien. Cada noche tiro para un lao, y así poco a poco descubro lo que tengo cerca.
El otro día vi como un monumento o algo así iluminado a lo lejos… y tiré para allá. De repente, me encontré con una pagoda de cinco pisos, rodeada por un cementerio, y al lado de un templo enoooorme.
Para mi fue muy emocionante, no es lo mismo ir a visitar algo, que ya vas preparado, a que te encuentres una maravilla como la que vi yo así sin más. Por lo inesperado, fue precioso.
He vuelto unas cuantas veces desde entonces, la última ayer antes de mi entrevista con los polis. Y hoy he ido con la cámara a sacar las fotos que se merece semejante lugar.
Se ha acabado la batería antes de que pudiese sacar todo. Pero me ha dado para unas 160. Eran muchas, como muchas son las seleccionadas. Espero que no os canse mucho verlas.
Hasta luegooo